A propósito del momento de polarización
ideológica que vive Costa Rica, con el tema del TLC, Culturacr.com
les ofrece este discurso que Cantinflas pronunció en una de
sus películas. Por su vigencia, quisiéramos recordarlo
con nuestros lectores. Colaboración del politólogo Ulises
Rodríguez.
"Me
ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho
porque, como quien dice, así me los agarro cansados. Sin embargo,
sé que a pesar de la insignificancia de mi país que
no tiene poderío militar, ni político, ni económico
ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés
mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o
de los Colorados.
Señores
Representantes:
Estamos
pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta a la misma
humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el
hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente
es un pigmeo. La opinión mundial está tan profundamente
dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el
singular caso, que queda en solo un voto. El voto de un país
débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue
de un lado o se cargue de otro lado. Estamos, como quien dice, ante
una gran báscula: por un platillo ocupado por los Verdes y
con otro platillo ocupado por los Colorados. Y ahora llego yo, que
soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque,
de ese lado seguirá la balanza.
¡Háganme
el favor!.. ¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad
para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la humanidad,
sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político
y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo
embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en
otro.
El que
les habla, su amigo... yo... no votaré por ninguno de los dos
bandos (voces de protesta). Y yo no votaré por ninguno de los
dos bandos debido a tres razones:
Primera,
porque, repito que no se sería justo que el sólo voto
de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado,
decidiera el destino de cien naciones;
Segunda,
estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos
de los Colorados son desastrosos (voces de protesta de parte de los
Colorados);
¡y
Tercera!... porque los procedimientos de los Verdes tampoco son de
lo más bondadoso que digamos (ahora protestan los Verdes).
Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación
de saber lo que tenía que decirles.
Insisto
que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas. Para mí
todas las ideas son respetables aunque sean "ideítas"
o "ideotas" aunque no esté de acuerdo con ellas.
Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor
(señala), o ese de allá de bigotico que no piensa nada
porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos
muy buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra
manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de
andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo
a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y
unos cuales y al ratito andamos a la greña.
¿Ustedes
creen que eso está bien?
Tan fácil
que sería la existencia si tan sólo respetásemos
el modo de vivir de cada quien. Hace cien años ya lo dijo una
de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro
continente: "El respeto al derecho ajeno es la paz" (aplausos).
Así me gusta... no que me aplaudan, pero sí que reconozcan
la sinceridad de mis palabras.
Yo estoy
de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia (alusión
a Alemania) con humildad, con humildad de albañiles no agremiados
debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de
la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda
del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos
la barda (risas).
Pero
no la barda de las ideas, ¡eso no!,¡nunca!, el día
que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para
convertirnos en máquinas, en autómatas.
Este
es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza
sus ideas y su sistema político y económico, hablan
de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿existen esas
libertades en sus propios países?
Dicen
defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no
tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura
universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores
porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación
de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie
de naciones sin permitirle que se den la forma de gobierno que más
les convenga.
¿Cómo
podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido
atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad
de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto?
No, señores
representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho
con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos,
pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza
en todos los países de la tierra (voces de protesta).
¡El
que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir
a los demás! -los Colorados se levantan para salir de la Asamblea-.
¡Un
momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos?
Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento.
Ya sé
que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen
algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento,
no sean precipitosos... todavía tengo que decir algo de los
Verdes, ¿no les gustaría escucharlo?
Siéntese
(va y toma agua y hace gárgaras, pero se da cuenta que es Vodka).
Y ahora,
mis queridos colegas Verdes,¿ustedes qué dijeron?: "Ya
votó por nosotros", ¿no?, pues no, jóvenes,
y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen
mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son
medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás
tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia
y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su
voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero.
Yo estoy
de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo
e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas
de la vivienda, del vestido y del sustento. Pero en lo que no estoy
de acuerdo con ustedes es la forma que ustedes pretenden resolver
esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo,
se han olvidado de los más bellos valores del espíritu
pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo
en los acreedores de la humanidad y por eso la humanidad los ve con
desconfianza.
El día
de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador
de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba
en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión;
ju... y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles
si todavía andamos descalzos?, ¿para qué queremos
refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?,
¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos
suficientes escuelas para nuestros hijos? (aplausos).
Debemos
de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado
por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por
el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de
paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana
y de sus altos destinos.
Pero
esta aspiración no será posible sino hay abundancia
para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia
social. Es verdad que está en manos de ustedes, de los países
poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a
nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos,
ni con alianzas militares.
Ayúdennos
pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras
materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables
adelantos en la ciencia, en la técnica... pero no para fabricar
bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria (aplausos).
Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestras costumbres,
nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones
por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia
y la verdadera fraternidad que nosotros sabremos corresponderles,
pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero
de la política internacional. Reconózcannos como lo
que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorios,
sino como seremos humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.
Señores
representantes, hay otra razón más por la que no puedo
dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté
mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada.
Consecuentemente
no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano,
como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo,
cree interpretar el máximo anhelo de todos los hombres de la
tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo
delegar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo
mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia.
Y qué
fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor
en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos
y pobres pudiésemos vivir como hermanos. Si no fuéramos
tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos
nuestras vidas por las sublimes palabras, que hace dos mil años,
dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin
frac ni condecoraciones:
"Amaos...
amaos los unos a los otros", pero desgraciadamente ustedes entendieron
mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo
que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: "Armaos
los unos contra los otros". ...
He dicho...".
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