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se complace en presentarle poemas del escritor
Gerardo Morales.
También en primicia para la revista les ofrecemos una dosis
de poesía de su libro en proceso Rutas de frontera.
Lo invitamos
a leer y disfrutar su poesía.
1.
La palabra múltiple.
En mi boca la palabra perdida
la solícita palabra múltiple que alguien en
el origen
olvidó pronunciar
y que solo tú conoces o dices conocer.
En
alguna parte de mi lengua,
distante del canto y de la métrica,
la incandescente y efímera palabra.
En
alguna parte de tu cuerpo,
extranjera, la palabra vecina,
manifiesta y latente, a un tiempo,
sin dejarse ver ni tocar.
2. Documental Super 8.
En
el vídeo los anfiteatros de sal
los cielos ficticios del rapsoda,
la noche tejida y fijada con fragmentos de nada.
En
el vídeo las catástrofes y los cartógrafos,
el mapamundi inexacto,
las coordenadas invisibles de la recién descubierta
nueva curvatura de la escasez.
Atrás
y al lado /(pausa publicitaria)/ la vida de las grandes
ciudades
y sus inhóspitas carreteras.
Pero
inútil todo a esta hora,
Inútil a esta hora, que tú duermes,
ciega y desnuda, / ciego y denudo/ bajo las arenas de una
constelación lejana,
desposeída y desposeído de todo reconocimiento
y abrazo.
E inútil yo, que no puedo llegar a ti,
que no puedo decirte al oído: levántate y
anda. |
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3.
Límite cero.
Despierto en otra frontera,
en los límites de ninguna dirección conocida,
en una ciudad lejana, atrapado en el cruce de una lengua
extraña, sin un gesto amable.
Despierto
en tus entrañas, disperso a lo largo y ancho del pronombre
ellos,
con un diminuto nosotros en la frente que es tan solo un signo
de lo que no soy,
ni somos.
Despierto
en la línea de fuego, bajo edificios de hollín,
sentado a la diestra del mar, sin esperanza alguna de conocerte,
moribundo y anónimo,
por decisión de quienes,
desde el tiempo inicial,
me dejaron solo para siempre.
Despierto
sin palabras
agobiado de gestos ininteligibles
desconocido por todos
en un mundo anexo y ajeno,
en el que viví o creí haber vivido.
4.
TV
En la frontera de mi soledad
los agujeros negros
me despiertan cada mañana.
A
una hora indeterminada avanza la TV hacia el centro
de mis ojos y se instala callada-mente.
Y callada-mente me lanza a un infinito mundo de
plasma donde un cyborg beta me hace repetir varias veces:
“Mi
realidad es mi no realidad.
Vivo ahora en el mundo del sueño.
La ficción me construye. No hay tiempo,
no hay sucesión, solo instante”.
Y
soy, ciertamente, el tiempo del instante,
que me prometieron los profetas:
en un solo parpadeo vivo y muero,
simultáneamente.
5.
La hora incierta
Tienes que entender, mi pequeño amigo,
que esta realidad no es la realidad
que este momento no existe realmente
que lo bueno y hermoso está por llegar
que una vida mejor se despliega
en los cuatro puntos cardinales
Tienes que entender, mi dulce amiga,
que los muertos que ves
no son reales:
un niño, una mujer, un anciano, un joven
de veintiún años, o una niña de brazos,
hechos trizas, son una invención malévola,
una falsa imagen que la TV alternativa
difunde subrepticiamente.
6.
La nueva verdad
Esta es la verdad:
la incertidumbre y el riesgo
forman parte de nuestra vida
cada uno de nosotros
será su propio ejército
y deberá estar alerta, día y noche, ante el abrazo
del amigo
la cercanía del hermano
o del padre
quienes se disfrazarán de amigo
hermano o padre
para aniquilarnos, morbosamente,
en el tiempo del sueño.
7.
El Otro extraño
Mil
veces es más grande la vida nuestra
que la vil y merecida muerte de ellos
la sobrevida, es decir, el exceso de vida,
como un día evocó Fernández Retamar,
será para nosotros y no para ellos
ellos no son ni tu ni yo
y sus moradas son tan oscuras
como sus fríos ojos de arena.
8.
Poshistoria
La
historia llegó a su fin
no hay más contradicciones
no hay más tesis ni antítesis
el mundo es uno
un solo mercado una sola moneda
Una sola cultura.
El
reino de la necesidad ha dado paso, por fin,
al reino de la libertad.
Y
el mundo, por primera vez,
es perfectamente redondo.
9.
Quiero
escribir una novela
me dices,
de mi vida y de la vida de mis amigos,
una novela o un poema,
de retazos de tela, de corteza de árbol,
una novela de mi pequeño tatuaje en el brazo,
de mi piel, de mi deseo.
Quiero escribirla,
me dices,
para que alguien, en el año 3000, se acuerde de mí.
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