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Les entregamos las primeras reacciones del
medio ante el anuncio de los Premios Nacionales 2006. Envíenos
su comentario y si desconoce los resultados puede
verlos aquí.
Premios Nacionales
y endogamia
Iván
Molina Jiménez
Escuela de Historia
Universidad de Costa Rica
Sería
interesante que alguien, a corto plazo, hiciera un estudio histórico
de los premios nacionales, y en particular, que combinara el análisis
de premiados y jurados, y de sus eventuales relaciones en términos
laborales y afectivos, con una recuperación testimonial mediante
entrevistas a los jurados de los criterios que han prevalecido en
el otorgamiento de los premios.
Es muy probable que un estudio de este tipo revele situaciones como
las siguientes (presentes con una intensidad desigual según
las distintas categorías de premios):
1. Nombramiento de jurados sin atender a su competencia o a sus
logros en el área específica a que corresponde el
premio que deberán otorgar.
2. Tendencia de las instancias o autoridades que seleccionan los
jurados a nombrar a las mismas personas con intervalos menores a
cinco años.
3. Práctica de un amplio cabildeo, emprendida por algunos
de los posibles premiables o sus parientes o amigos, con los miembros
del jurado.
4. Fuerte inclinación de algunos miembros del jurado de vetar
o premiar a priori a ciertas personas, independientemente de la
calidad de la obra considerada.
En tales circunstancias, a veces la persona premiada habrá
elaborado una obra o realizado un trabajo que verdaderamente merecía
el premio; pero, en otros casos, quizá la mayoría,
no será así. De esta forma, la conexión entre
premio y calidad depende, básicamente, del azar. |
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Una de las razones que podría explicar el predominio de esta
dinámica es que los jurados de la mayor parte de los Premios
Nacionales proceden mayoritariamente de los departamentos de Bellas
Artes, Letras y Humanidades de la Universidad de Costa Rica y de la
Universidad Nacional, y de algunas organizaciones fuertemente vinculadas
con esos departamentos, como la Asociación de Autores, la Academia
de Geografía e Historia y la Academia de la Lengua. Puesto que
las personas potencialmente premiables también pertenecen a las
instancias indicadas o tienen relaciones con ellas, todo el asunto de
la premiación se convierte en una experiencia culturalmente endogámica,
fuertemente influida por los conflictos y las alianzas entre quienes
integran esos pequeños mundos culturales.
Corregir tal endogamia, en un medio cultural tan pequeño como
el costarricense, no es fácil, ya que su base es un criterio
de especialidad (¿se nombran especialistas como jurados?). Uno
de los casos más graves, en este sentido, es el Premio Nacional
de Historia, donde jurados-historiadores nombrados por los directores
de la escuelas de Historia de la UNA y la UCR deben decidir entre las
obras publicadas por colegas historiadores que laboran mayoritariamente
en esas dos unidades académicas (aproximadamente, unas 60 personas
entre ambas). Todo queda en casa. En tales circunstancias puede entenderse
mejor por qué los premios carecen de interés y significado,
y no sólo para los medios de comunicación.
Considerado lo anterior, sería bueno que el MCJD elaborara un
manual dirigido a quienes son merecedores de premios nacionales, el
cual debería empezar con esta advertencia: Por favor, no se tome
este premio en serio.
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