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Volver es una
forma de llegar
Vernor Muñoz
Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Educación
Las
discusiones en torno a la firma y posible ratificación del
TLC han sido útiles en muchos sentidos.
Cuando se afirma, por ejemplo, que el tratado comercial es sinónimo
de desarrollo, se nos obliga a reflexionar nuevamente acerca de
esa concepción del desarrollo y cuáles son, entonces,
los problemas que podría enfrentar Costa Rica si convierte
las prioridades nacionales en cuestiones de finanzas, negocios e
indicadores macroeconómicos.
Hemos insistido muchas veces acerca de las nefastas consecuencias
que tiene, por ejemplo, el considerar a la educación como
un bien del comercio y no como un derecho que el Estado tiene la
obligación de tutelar.
En el mismo sentido, debemos valorar si las demandas del consumo
y de la eficiencia mercantil resultan compatibles con nuestras necesidades
ambientales y con el respeto a los derechos sociales y culturales,
que no se rigen por los parámetros del comercio ni tampoco
pueden sustraerse de los mecanismos de justiciabilidad de los derechos
humanos.
Quizás porque las respuestas institucionales han apostado
la mayoría de sus recursos a la atención de la economía,
antes que de la sociedad, hemos caído en una lógica
errónea, que en palabras de Latouche, propone comprender
el bien-estar como bien-tener.
El desarrollo no es resultado de una negociación financiera
ni la pobreza es producto de la ausencia de comercio.
Podríamos pensar en el desarrollo más bien como un
proceso de aprendizaje colectivo, que nos permita construir una
ciudadanía responsable y feliz, a partir del reconocimiento
de nuestras capacidades y de nuestros ideales. |
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Por esa razón, el único desarrollo aceptable es aquél
que tenga como fin garantizar todos los derechos humanos de todas las
personas.
Si admitimos esa premisa, debemos también reconocer la necesidad
de reformular las políticas públicas para vincularlas
con los verdaderos propósitos del desarrollo, de modo que cada
día estén más y mejor conectados con la generación
de oportunidades y derechos y con el disfrute pleno de los frutos de
la humanidad.
Tal vez tengamos que ceder ante la premura de los tiempos y pensar si
vale la pena vender lo que nos falta, comprar lo que ya tenemos o mirarnos
al espejo para saber cuál es nuestro destino. Quizás debamos
preguntarnos, como diría Alejandro Lerner, si volver es una forma
de llegar.
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