Otra vez Luis
Bolaños nos entrega sus textos que, como en este caso,
además de la comicidad del caso, nos presentan una anécdota
muy simpática. Culturacr.com no se cansa de
invitarlo a pasar un buen rato con sus textos.
Los fantasmas
del CENOC
Luis Bolaños
(Costa Rica)
Esta
es una historia verídica que sucedió a principios de la
década de los 80. Por aquel tiempo había en San José
un grupo de cinéfilos llamado CENOC (Centro de Orientación
Cinematográfica) que mostraba películas clásicas.
Y por aquel tiempo también yo había estado deseando llegar
a conocer a un personaje surrealista semejante a los de Luis Buñuel,
digamos, un ser acosado por absurdos, pesadillas y contratiempos. Pero
nunca me imaginé que yo mismo llegaría a ser uno de ellos.
Todo comenzó la mañana del miércoles 22 de septiembre
de l982 cuando abrí La Nación y, en la página de
culturales, encontré un titular que decía: “Discuten
filmes de Luis Buñuel”.
Según el aviso, el CENOC había programado, “para
los próximos miércoles y jueves”, un foro sobre
“El fantasma de la libertad”. En el primer párrafo
se indicaba que la película se proyectaría en el Auditorio
de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica.
Puesto que era miércoles 22 y la redacción del anuncio
estaba en tiempo futuro, supuse que la presentación sería
ocho días después. Sin embargo, el último párrafo
mencionaba otra charla sobre Buñuel que el CENOC había
ofrecido el miércoles de la semana anterior.
Ante la ambigüedad del periódico y la posibilidad de perder
una buena película, decidí cerciorame.
Busqué en la guía telefónica el número de
la Facultad de Educación. No estaba. Llamé a los cuatro
números de la central de la Universidad que aparecen en la guía.
Tres teléfonos ocupados. La cuarta llamada se extravió
y timbró en la sala de disecciones de la Facultad de Medicina.
Me contestó un estudiante bromista y dijo: “No, aquí
no hay fantasmas, sólo cadáveres”. Al fin contestó
la central de la U. “No sabemos nada de eso, pero llame a la Facultad
de Educación”. Me dieron el número que no estaba
en la guía. Ocupado. De nuevo ocupado. Al fin, “No, nosotros
no tenemos nada que ver con el CENOC; sólo les facilitamos el
auditorio; llámelos directamente a ellos, a la casa del señor
Blanco”. En la casa del CENOC no contestaron las cinco llamadas
que les hice en el transcurso del día. La sexta la contestó
la empleada del señor Blanco. “No, yo no sé nada
de eso, pero déjeme su nombre y teléfono para que el señor
lo llame cuando regrese”.
Empecé a temer que el CENOC en realidad no existía y que
ellos mismos eran fantasmas en libertad. Entonces pensé que Radio
Universidad tendría noticias de todas esas actividades culturales.
“No, no le sabría dar razón; le aconsejo que llame
a la Oficina de Acción Social”. Tampoco ellos sabían
nada. Me di por vencido porque ya se me estaban gastando las huellas
digitales.
Por si acaso, esa noche me aventuré al Auditorio de la Facultad
de Educación, corriendo bajo un aguacero que se llevaba los paraguas.
Llegué empapado y sudando a las ocho en punto. El público
esperó diez, quince, veinte minutos. A las ocho y media volví
a pensar en los espectros del CENOC y me reí mientras esperaba.
A las ocho y treinta y cinco entró uno de los fantasmas y nos
informó que por media hora habían estado telefoneando
a la casa de dos proyeccionistas pero que nadie sabía dónde
estaban. Que se habían comunicado con otro, que venía
de camino, que tuviéramos paciencia y esperáramos otros
veinte minutos para ver la película. La gente empezó a
irse y, antes de las nueve, la sala quedó vacía.
Al día siguiente, jueves 23, en la página cultural de
Excélsior apareció una breve reseña que invitaba
a la proyección de esa noche de “El fantasma de la libertad”.
Leí: La misma cinta se ofreció anoche en el Auditorio
de la Facultad de Educación ante una gran asistencia de público
que, al término de la función, participó en un
interesante foro, del mismo modo como se realizará hoy jueves.
Puse el periódico a un lado y cerré los ojos. ¿Era
yo en realidad Luis Bolaños o un personaje de Luis Buñuel?
En eso sonó el teléfono: “Aló, ¿hablo
con Luis Buñuelos? Mire, es de parte del CENOC…”
Más
textos del autor:
INSTRUCCIONES
para BAÑARSE con AGUA FRIA en COSTA RICA
Por el Dr.
Luis Bolaños Ugalde, director del Departamento de Aguas Negras
del Ministerio de Salud
Señor
Turista: siga las instrucciones que le damos a continuación
cuando visite aquellos lugares de Costa Rica donde no hay calentadores
de agua (thermoheats), o donde los thermoheats se queman con un
corto circuito cuando uno los conecta, o cuando le caen a uno
encima mientras se baña. Estas instrucciones le permitirán
lograr un buen lavado en seco e inclusive podrían salvarle
la vida.
1.
En primer lugar, antes de bañarse asegúrese de que
usted está completamente despierto y de que no está
borracho. La mayoría de los accidentes mortales ocurren
cuando la gente se baña dormida, sonámbula o hasta
el rabo. Cerciórese además de que está desnudo.
2.
Antes de bañarse saque una póliza de vida y haga
su testamento.
3.
Confiésese, comulgue y reciba los santos óleos y
la extrema unción.
4.
Encomiéndese al cielo, al ángel de la guarda y a
Santa Úrsula Tamalera, patrona de congelados, ahogados,
electrocutados, sonámbulos y tapis.
5.
Conecte el switch que activa el thermoheat. Asegúrese de
que sus manos estén secas para que no se electrocute. También
puede usar guantes aisladores de hule o de cuero, a la venta en
cualquier ferretería. Se recomienda además usar
anteojos de soldador para protegerse de las chispas de un posible
corto circuito. Si el thermoheat se desprende del tubo y le cae
encima y usted recibe una descarga de mil voltios, llame inmediatamente
a Fuerza y Luz, al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE)
y a Acueductos y Alcantarillados. Puede que lleguen en cuatro
semanas, siempre y cuando usted haya pagado el último recibo.
Si no lo ha pagado no llegarán nunca, así es que
corra desnudo al banco, con el thermoheat pegado a la cabeza,
haga fila y pague lo que debe. Y no se preocupe. Los electrochoques
son buenos para la salud mental. |
|
6. Si después
de conectar el switch el thermoheat no se activa, y si no hay corto
circuito y usted no recibe ninguna descarga eléctrica, y si el
artefacto no le cae encima, todo eso es señal de que el aparato
está descompuesto y de que a usted no le queda más remedio
que bañarse con agua fría. Abra entonces la llave del
tubo con mucho cuidado y deje que salga un chorrito de agua fría
que no sea muy peligroso. Para alcanzar la llave del tubo, meta la mano
despacito y de medio lado, paralela a la pared y lejos de la aspersión.
7. Si no
entiende la palabra “aspersión”, salga del baño
y búsquela en el diccionario. Si no tiene diccionario, no pierda
su tiempo, time is money, after all, y váyase así como
está a la Biblioteca Nacional, que se encuentra de la Catedral
Metropolitana 400 metros al norte y 800 este. No se le ocurra cruzar
desnudo por la Plaza de la Cultura porque lo violan.
8.
La biblioteca se encuentra frente a un parque lleno de árboles,
flores, niños y parejas enamoradas. Ahí hay también
perros y filibusteros. Como esta biblioteca por lo general está
cerrada porque todo el mundo anda tomando café o está
incapacitado o anda en el Seguro, camine entonces 200 metros hacia el
sur y 100 al oeste y móntese en el bus de San Pedro al pie de
Cuesta de Moras y váyase desnudo a la biblioteca de la Universidad
de Costa Rica, que por lo general está abierta, a menos que sea
Semana Santa, Semana Universitaria, o que estén en vacaciones
de quince días o en las de tres meses, o a menos que todo el
mundo ande en una manifestación en contra de la liberación
de Iraq y de la erradicación de niños, mujeres y mezquitas.
9. Bájese
del bus en la esquina de la iglesia de San Pedro. Si es usted católico
y la puerta de la iglesia está abierta, cúbrase las vergüenzas
con una mano y persígnese con la otra. Siga caminando desnudo
unos 500 metros hacia el norte. La biblioteca está a mano izquierda.
Suba al segundo piso y busque la palabra “aspersión”
en el Diccionario de costarriqueñismos de Carlos Gagini. Si no
la encuentra ahí, devuélvase por donde vino, tome los
buses de regreso a su casa u hotel y prosiga con su baño.
10. Métase
de nuevo al baño pero no se coloque directamente debajo del chorro
para que no le dé un ataque de frío o un congelamiento
repentino, un colapso nervioso, un paro cardiaco, o simplemente para
evitar un alarido.
11. Mójese
ahora la punta de los dedos y lávese la cara dándose golpecitos
lentos y suaves con las yemas de los dedos. Sólo así podrá
evitar que se le paren todos los pelos y que se le erice la carne como
si fuera usted una gallina. Este masaje es también un buen tratamiento
para la piel y le ayudará a prevenir arrugas, especialmente patas
de gallo.
12. Evite
que el agua fría le moje de un solo golpe el pecho o la espalda.
De lo contrario podría sufrir ataques cardiacos, arritmias y
derrames cerebrales; estironazos de pata, desmayos, síncopes
y atarantamientos; epilepsias y caquexias; derrames de orines y diarreas
inesperadas; exabruptos, onomatopeyas, metáforas y sonetos; soponcios,
pataletas, patatuses y demás desbarajustes.
13. Enjabónese
la cabeza para evitar un ataque de caspa.
14. Si
es usted persona valiente, respire hondo dos veces y meta la cabeza
entera en el chorro frío. Aúlle si es necesario.
15. Después,
moje y enjabone sus axilas con las yemas de los dedos. Use movimientos
circulares que son los mejores para estos menesteres. Si siente cosquillas,
ríase sin vergüenza.
16.
Y ahora atrévase a lo máximo: lávese las partes
nobles por delante y por detrás, de nuevo usando las manos y
los dedos con sumo cuidado. Para enjuagarse use un algodoncito húmedo
o un trapito mojado, nunca una palangana o una bacenilla. No exponga
sus senos o sus partes nobles al chorro frío porque se le pueden
congelar y con el peso se le pueden desprender. Después de lavarse
las vergüenzas, asegúrese de que todas ellas estén
en su lugar. Revise bien. Y cuéntelas. Por lo general son dos
si es usted mujer o tres si es usted hombre.
Recuerde que éste es un asunto de vida o muerte. La mayoría
de los paros cardiacos y las muertes repentinas pueden evitarse siguiendo
estas simples instrucciones, o también bañándose
con abrigo, bufanda, guantes, botas, anteojos oscuros y una sombrilla.
Disfrute
de su baño en seco y de su estadía en Costa Rica.
Este mensaje
es cortesía del Instituto Costarricense de Turismo, del Dry Cleaning
La Margarita, de Pollos As de Oro y Funeraria La Auxiliadora, donde
“para evitar su pena lo hacemos todo”.
Pero antes de bañarse, APRÉTESE CON UN POLLO AS DE OROS
(Squeeze the Ass of a Golden Chicken)
Asimismo, le entregamos
este hilarante texto del buen amigo, poeta y talentoso prosista Luis
Bolaños. Con la Editorial Costa Rica publicó su poemario
Para encender la noche, antes ya había escrito cuentos para niños
con el título de Globitos, ahora nos deleita con texto de humor
fino e irónico, del que se disfruta por cada palabra, por cada
juego con el lenguaje y el ser costarricense. Le recomendamos leer con
cuidado y deleitarse a cada paso.
LAS TRES MUERTES
de LUIS ARBOL
por Luis Bolaños
SEATTLE,
Acan-Efe y CNN, 7 de octubre.
Como lo ha reportado incansablemente la prensa internacional,
el escritor costarricense Luis Bolaños, también
conocido en actas como Luis Arbol, desapareció por mucho
tiempo de los radares de la autopista cibernética.
Se pensaba que había sufrido un accidente mientras navegaba
la red, tal vez que había chocado contra un disco duro,
un ícono o una ventana, o que se había equivocado
y había presionado a destiempo la tecla delete de borrar
y se había borrado a sí mismo accidentalmente. Se
creyó también que había sido raptado por
los piratas, hechiceros, saltimbanquis, alquimistas, magos, malandrines,
diputados, ex-presidentes y demás bichos infernales que
transitan por la vía láctea del correo electrónico.
Otros creían que había sido engullido por las arañas
que deambulan, pululan y ululan sobre los hilos de la red electrónica.
Muchos supusieron que su bienamada computadora, Dulcinea del Tornillo,
había sido víctima de un virus mortal o que un gusano
le había devorado las entrañas, la memoria, el cigüeñal
y la caja de cambios.
La verdad es que Luis Arbol murió tres veces en los últimos
tiempos. Y no murió de pie como los árboles de Casona,
sino postrado en una rústica cabaña, pues su padre
fue un viejo trovador de la montaña, y por mucho tiempo
estuvo zumba que zumba debajo de las cobijas, con fiebre y sin
poder leer ni moverse, debido a una seria y mortal operación
que le hicieron en el ojo izquierdo para cerrarle un hueco en
la retina, cirugía que lo dejó invidente, incoherente,
impávido, implícito, ínclito y vagamente
esdrújulo, y lo mandó al otro potrero y lo dejó
in medias res, es decir, en las medias de una vaca, pero siempre
impertérrito, indómito e impoluto, deambulando por
las sombras del otoño con un solo foco, a media luz los
dos, crepúsculo interior, bailando un tango de Gardel a
la luz de la luna liberiana, luna para amar, misteriosas noches
que embriagan de amor...
Como
resultado de esta operación, Luis Arbol murió por
primera vez y fue a parar a las puertas del cielo. San Pedro le
dijo que ahí no lo querían debido a su largo historial
delictivo como traficante de metáforas y contrabandista
de metonimias. |
|
Su
segunda muerte aconteció cuando un virus devastador le invadió
la tubería digestiva y lo tuvo corre que te alcanza, a lo largo
de las catacumbas lóbregas, nauseabundas y malolientes del Servicio
de Aguas Negras de Seattle. Esta vez San Pedro se puso vivo y ni siquiera
le abrió las puertas sino que lo mandó directamente al
infierno. Ahí el diablo lo vio, lo olió y salió
corriendo, pidiendo auxilio y gritando “¡Ufa! ¡Guácala!
¡Vade retro, Ludovicus, vade retro Luisifer!”
La tercera vez, Luis Arbol que tiendes hacia las nubes, en un ejemplo
de elevación, murió de un ataque fulminante de bronquitis
que lo mandó al cementerio de Guadalupe, contiguo a la Editorial
Costa Rica. Pero, como es costumbre cada octubre, con las lluvias torrenciales
del invierno todas las tumbas se inundaron y los muertos se salieron
de sus nichos y empezaron a nadar cuesta abajo hacia Calle Blancos,
Cinco Esquinas y Bajo Piuses. Así es que el Arbol fue a dar con
sus hojas y ramas húmedas y ateridas al pulga--torio, pero ahí
también lo rechazaron, esta vez porque no era perro y no tenía
pulgas. Pero al menos aprendió a nadar.
Puesto que no cabía en ninguno de esos tres lugares, Luis Arbol
anduvo deambulando de limbo en limbo, dando voces en el desierto, levantando
los brazos, abriéndose paso entre las sombras, intrépido
alzando su tea fulgurante para alumbrar así su camino en busca
de un lugar donde descansar sus huesos. Por ahí se encontró
con el Cadejos, quien lo miró y salió aullando aterrorizado.
La Llorona lo vio y se puso a llorar a cántaros.
Despreciado,
rechazado y exiliado, llegó al fin a la ribera sur de la Laguna
Estigia. Ahí trató se sobornar al barquero Caronte con
un cheque sin fondos, pero Caronte se puso vivo y le dijo: “¡Es
usted un vil estafador! Debería estar trabajando para el gobierno.
Aquí al Hades no puede entrar porque usted no viene de la Grecia
Antigua, sino de la Grecia Joven de Alajuela”. Y como Caronte
era bilingüe en tres idiomas, griego, español, cabécar
y latín, le dijo: “¡Vade retro, impostóribus!”
Desmoralizado, desraizado y deshojado, Luis Arbol siguió deambulando
por los caminos del Más Allá, sin encontrar un nicho en
el mundo fantasmagórico de ultratumba sea del bravo soldado,
el pendón blanco, rojo y azul.
Se tienen noticias de que no le quedó más remedio que
regresar al mundo de los vivos y que sigue viviendo en los bajos fondos
de Seattle, entre la espuma de la bahía y los rascacielos y la
lluvia, disfrutando de la vida aventurera de los pájaros marinos,
sin tener para ir a otra ribera la prosaica visión de los caminos
que el tiempo ha borrado y que juntos un día nos vieron pasar,
y se sabe también que las pocas hojas de su cabellaje han empezado
a cambiar de color, de verde a rojo y amarillo con el frío del
otoño. Pero también se sabe de buena fuente que ahora
tiene buenos los ojos y que regresó a su pueblo y ahí
levantó la frente al sol refulgente de la libertad y supo ser
libre y no siervo menguado. Tenemos noticias en fin de que disfruta
de buena salud noble bandera, de blanco, azul y rojo, y que sigue dando
guerra allá en los Estamos Sangrientos y Desunidos.