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De William Walker a George Walker
Pablo
Barahona Krüger, Marzo 30, 2007.
El
mejor escondite es siempre el resguardo de lo evidente, aquello
que por resultar tan obvio a nuestros sentidos pasa de lejos sin
que la conciencia o la lógica reparen en ello.
No es sino a través del señalamiento veraz o la denuncia
certera que se retrae el efecto de vivir en la desmemoria, hecho
que para un pueblo equivale a repetir su propia historia tarde o
temprano.
Notando este síntoma en nuestro entorno procedo a rememorar,
justamente en días de celebración patria, lo que pocos
costarricenses recuerdan: William Walker es ascendiente de George
Walker, este último mejor conocido como George W. Bush.
El filibustero viejo es familia del filibustero nuevo, esa es una
realidad documentada profusamente por biógrafos e historiadores
políticos (vbgr. Graziano, 2004. Editorial Sudamericana).
Esa W que muchos pasan por alto cuando se lee el nombre completo
de George W. Bush corresponde a su condición de heredero
directo de la oscura dinastía Walker, antecedido en tal “honor”
por su padre George Herbert Walker Bush, conocido más a secas
como el ex-Presidente George Bush.
El hoy Presidente estadounidense habla bien español y un
inglés sureño tan básico como su intelecto
unidimensional y maniqueo. La retórica la conoce solo por
nombre y la epistemología le suena a palabra rara e impronunciable.
En preconclusión, heredó de su antecesor William,
no solo la ambición mercenaria sino la estrechez de mente
y la desaprensión espiritual. |
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William
Walker, ya a sus 29 años, se autoproclamó Presidente de
la República de Baja California, fundaba así, según
el, un país dentro del propio. En esta aventura era la fiebre
del oro la que le inspiraba y las ideas esclavistas las que le servían.
Pero no tantos pensaban igual y al tiempo lo perseguirían sus
propios gobernados, quienes artos de su despótico cuasi dueño
lo obligarían finalmente a huir y buscar refugio al Norte, encontrando
resguardo solo al alcanzar al ejército Norteamericano que lo
salvaría del linchamiento.
Pero esa no sería la única vez que Walker huiría
por su vida. Lo que aconteció después, específicamente
en 1856, es –o debería serlo- historia un poco más
conocida: dos veces tendría que recular. La primera al discurrir
marzo en Santa Rosa y la segunda en Rivas apenas un mes después.
Los costarricenses, tan humildes como valientes, se ganaron su sitial
en la historia jefeados por Juan Rafael Mora y guiados militarmente
por José María Cañas, cuya obra ayudaría
a culminar el heróico Máximo Blanco, quien de junto a
los esfuerzos militares de otros Estados Centroamericanos lograría
la rendición en noviembre de 1857 del filibustero cuya historia
impía no acabaría ahí, siendo que sus financistas
le patrocinaron varias expediciones más, eso sí, no sin
antes haberle rendido honores en Nueva Orleans por su “valentía
y sacrificio”.
Pero no fue William el único Walker huyente. De George Herberth
Walker, el expresidente que comandó a principios de los noventas
la aventura milico-petrolera “Tormenta del Desierto” se
conoce también su historia “valiente”. El caso es
que en el decurso de la Guerra contra Japón, el joven George
pilotaba una aeronave Avenger que había sido modelada especialmente
para acuatizar en caso desesperado asegurando el descenso ordenado de
sus ocupantes. Así mismo y también por especificaciones
del ejército, este tipo de aeronave se diseñó de
modo tal que las bombas viajaban en una bodega adentro del avión
compartiendo espacio con sus ocupantes. El avión torpedero pilotado
por aquel joven que después se convertiría en Presidente
fue alcanzado en un día de fragor por la artillería Nipona.
El piloto no intentó acuatizar sino que recurrió a su
paracaídas abandonando dentro de la nave a los demás ocupantes.
Fue el único sobreviviente de aquel episodio que de no ser por
los aviones compañeros vecinos nunca se habría contado.
Trató él, eso sí, de relatar una historia rosa
cuando se candidateo por primera vez a la Presidencia. Su heroica versión
sería corregida con furia por varios de los ya viejos testigos,
todos excompañeros de campaña en el Mar de Japón.
Las huidas siguieron sucediéndose como parte de la herencia de
los Walker, quizá ya no tan calamitosas claro esta. George Walker
Bush, el actual Presidente de la potencia, se evitaría la molestia
de acudir al “llamado de la patria” y pelear en Vietnam.
Como muchos de sus coétaneos hijos de los clanes financiero-petroleros
norteamericanos –incluido Bill Clinton-, se ahorraría el
viaje a lo que fue un moridero de pobres en que se sumaban por millones
los cuerpos putrefactos de ambos bandos.
Toda esta historia ha de ser contada porque como sostenía mi
abuelo Luis: “Somos lo que hemos sido”. La herencia no es
solo material, se hereda la historia de quienes nos anteceden. ¿Se
heredarán también los proyectos? ¿Se heredará
el cinismo? ¿Y la desvergüenza que se parece tanto al deshonor?
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