“¿Sirve la
poesía en el tercer milenio?”
Gabriel Impaglione(1)
La poesía nace con el hombre
¿Sirve la poesía en el tercer milenio? ¿Sirve el
tercer milenio? ¿Sirve el hombre en el tercer milenio?
¿Para qué o para quién o a quien sirve el hombre?
Sin el hombre, ¿qué harán los Mercados, tan celosos
de las pequeñas perturbaciones del aire y los geranios?
¿Sirven las ideas en el tercer milenio? ¿Qué ideas,
las ideas de quienes sirven en el tercer milenio? En el caso que sirvan
los hombres, estos tienen la terrible costumbre de forjar ideas, y las
ideas que nacen y se forjan, en cierto sentido, en determinados rumbos,
claro, son siempre peligrosas... los dioses del marketing y sus empleados
hacen lo imposible para que las ideas esten todas en sus jaulitas, o
en los umbrales del nuncajamás, como es debido. ¿Pero
qué sucedería si de pronto el Olimpo del Marketing fuese
burlado por la salvaje, monstruosa, maloliente, pornográfica,
atea, comunista, homosexual, inmigrante, clandestina, pobre y hambrienta,
incendiaria y tierna poesía?
¿Sirve el amor en el tercer milenio?
Pregunta alternativa: ¿sirven las armas? ¿De qué
vale un misíl de largo alcance? ¿En qué cosa es
útil un tirano en el tercer milenio? ¿Para qué
le sirve a la gente un idiota útil encaramado en el Gran Poder
Central? ¿El Gran Poder Central en el tercer milenio sirve para
algo? ¿Ha servido para algo alguna vez?
¿Cual es el verdadero valor de la fórmula tener y tener
y tener más, en el tercer milenio? ¿El “esto-es-mio” de
los dueños del mundo es más importante que un manojo de
versos en la calle?
¿Es que los tanques, que parecen ser tan importantes también
en el tercer milenio, son los que distribuyen amor en el planeta?
Los binoculares infrarrojos de los marines no están hechos para
ver el vuelo de la mariposa sobre las lavandas en flor, para estas cosas
de la vida se necesitan ojos y cierto diálogo interior que amanece
con la palabra. Pero parecen ser más útiles los binoculares.
Los diarios hablan de ellos con mayor énfasis que de la poesía.
Inclusive, de las mariposas sobre la lavanda, a excepción de
poetas y algunas tías cuidadosas del jardín, no habla
nadie.
Qué tipo de comunión establece con la vida un cañón,
en el tercer milenio?
Pocos quieren escuchar – se permiten escuchar- a los poetas, las mayorías
prefieren el telenoticiero central, más de lo mismo de lo de
siempre. Más para seguir siendo menos, más de lo mismo
para ahondar el gran vacío de un nuevo siglo ganado por la apatía,
la superficialidad, el no me importa, el individualismo del consumo.
Sirven los telenoticieros en el tercer milenio?
La poesía sirve para entender que la luna cabe en una mano.
La poesía es el signo de interrogación más elocuente.
La poesía sirve para mirar el horizonte. También para
ver donde se camina.
Para encontrar la puerta de salida y de entrada. Digo, para encontrar
y encontrarse. A veces es como una llave: una llave sirve para abrir
puertas, cajones, baúles, armarios, candados, jaulas y perímetros
blindados... una llave es la poesía, a veces. ¿Sirven
las llaves en el tercer milenio?
La poesía es subversión, guerrilla, el mal que viene del
otro lado a morderle los tobillos al bien instaurado en la cima. Digo
la Poesía, aquella brutal caricia del amor que no se mete en
los salones de las lentejuelas.
La poesía es expresión consciente de la realidad en su
belleza y en su dramaticidad y no es posible sin el compromiso del hombre
con esa realidad y con el futuro. ¿De qué sirve el futuro
en el tercer milenio?
La poesía es el palmo de tierra donde fracasan los imbéciles,
los vanales, los mercaderes de todas las cosas. Se puede hablar de poesía
revolucionaria, de poesía en lucha, de poesía social,
no se puede hablar de poesía mercantil, poesía de la bolsa
de valores, poesía capitalista. No se puede hablar de mercado
para la poesía, porque la poesía no acepta mercados. La
poesía respira en cada ser humano que la respira. Para los mercados
jamás existirá la gente, solo se entiende con clientes.
Sirven los mercados de lectores en el tercer milenio? Qué es
un mercado lector?
Se vende la poesía?
La poesía nace con el hombre: el primer nombre de la primera
cosa que encontró el hombre en su camino nació de una
metáfora. La metáfora es poesía. La poesía
es el primer arte, la primera gran maravilla del hombre, la revelación
original.
Tiranos y usureros y otros residuos de esta especie no han podido con
ella. Con la Poesía. Sirve la libertad en el tercer milenio?
La poesía es en infinidad de casos el único ejemplo concreto
de justicia para millones de personas. De qué sirve la justicia
en el tercer milenio?
La poesía como la piedra sirven para decir basta.
La poesía lleva a la tierra prometida, y la tierra prometida
es sencillamente eso: la tierra prometida. ¿La tierra prometida
queda en el tercer milenio?
La poesía no es el pensamiento político correcto.
Es la belleza y también la más cruel de las imágenes
de la barbarie. En ambas busca la esencia del hombre, y nos advierte.
¿Para que sirve la realidad en el tercer milenio?
La poesía crea y recrea, inclusive a los dioses.
Inventa y reinventa máquinas, planetas y animales fabulosos,
ángulos perdidos, luces que no se terminan, nuevas rosas de los
vientos.
La poesía Emociona.
La poesía es el niño que le dice al rey: “Usted va desnudo”
La poesía no es la Sissi de los salones, es una muchacha cualquiera
de un pueblo cualquiera, sin tiempo y sin medida... a la poesía
no le caen bien las reverencias, ni los sarcasmos detrás del
abanico... ni las pelucas entalcadas, los corsets, los espejitos de
responder ustedeslamásbella.
La poesía asiste a los bailes de máscaras sólo
para mostrar el rostro descubierto.
La poesía sirve para inventar la rueda cuando tenemos necesidad
de una rueda. ¿Sirve la rueda en el tercer milenio?
(1) Gabriel Impaglione: nació
en la ciudad de Morón (provincia de Buenos Aires, Argentina)
en 1958. Es poeta y periodista. Publico: "Echarle Pajaros al mundo",
(poesía, Ediciones Panorama- Flandria, Buenos Aires- 1994); "Breviario
de Cartografía Mágica" (poesía, El Taller
del Poeta- Galicia- 2002); "Poemas Quietos" (Antol. Editorial
Mizares- Barcelona- 2002); In e-book "Todas las voces una voz”-
Universidad de Educación a Distancia, Madrid, 2002; "Bagdad
y otros poemas" (El Taller del Poeta- Galicia- 2003); "Letrarios
de Utópolis" (poesía, Linajes Editores- México-
2004). "Cuentapájaros" (poesía, in stampa, Taller
del Poeta- Galicia). Participación en la Antologia Canto a un
Prisionero, Edit. Poetas Antiimperialistas, Canadá, 2005; “alala”,
Taller del Poeta, España, 2005, también en versión
italiana. Carte di Sardinia, Uni Service.Trento- Italia. Poesia, 2006."Explicaciones
con mar, y otros elementos. Poesia, bilingue. Uni-Service, Trento, Italia-
2007. Ha sido traducido al portugués, italiano, sardo, francés
e ingles. Recibió diversos premios por su labor poética
y periodística. Fundo y dirige la revista literaria Isla Negra,
de circulación internacional, también editada en italiano,
portugués y sardo. Cura el blog http://isla_negra.zoomblog.com.
Colabora con sitios literarios de la web y del mundo grafico de diversos
países. Reside actualmente en la localidad de Lanusei, Sardegna.
Italia.
El
último libro de Vilma Vargas
Guillermo
Fernández A.
Vilma
Vargas, una reservada autora del parnaso costarricense, publica Quizá
el mañana (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2007),
tercer libro de su parca producción poética. (Imagen:
de izquierda a derecha: los poetas Guillermo Fernández, Alejandra
Castro, Vilma Vargas, José María Zonta -de pie- y Mauricio
Molina)
Se trata
de un poemario de una simpleza rigurosa. No es un libro de tópicos
donde la moda impone descifrar el misterio del erotismo con imágenes
de telas sedosas o frutas tropicales. Nada de eso. Es una poesía
que se elabora como el diálogo más profundo, ese de la
reflexión impostergable, de la razón con su tristeza.
Sorprende
la brevedad intensa de Vilma Vargas, quien evade los ripios trascendentalistas
que ahogaron la poesía nacional, o las sangrantes encías
bukowskianas, que entusiasman a tantos —incapaces de pensamiento claro
o comunicación humanizada.
Vilma Vargas
cuestiona a los festivales de poesía, donde abunda el alfombrado
de la afectación, el regusto por los temas advenedizos: Me dijeron:
“Escribe un poema con duende”. / Un poema ameno para un festival.
Celebro,
por ejemplo, haberme encontrado un poema como “Moneda extranjera”, y
que me ofrece una interpretación de este hoy que nadie sabe asir,
un hoy gelatinoso, financiero, de tonos gansteriles en los crepúsculos:
Hace tiempo mi país está desgobernado [...] La vida hay
que ganársela / y en moneda extranjera.
Un poema
como “Cuenco” atestigua su habilidad para llegar con pocos elementos
al corazón del lector:
En un país
que cabe en el cuenco
de una mano
somos familia todos,
pero no hermanos.
Desde lo
cotidiano, la poeta Vargas traza un camino hacia lo universal, mediante
un tono sencillo, casi una confesión descarnada.
Mamá
dice:
este frío ya no es del trópico.
¿Qué se hizo la poza del camarón?
La orquídea no florece a tiempo.
Me da miedo acercarme a la ventana
y ver que el mundo se ha caído.
Quizá
el mañana es un poemario que fija un principio de necesaria mesura
en la poesía de nuestro país. Al terminar el libro, se
tiene la impresión de que la autora nos ha dicho lo principal,
ninguna redundancia que se olvide.
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Quizá
el mañana del Vilma Vargas Robles
Alfonso Chase
Brenes
Este
libro de poemas, editado en la colección Lira Costarricense,
afirma la trayectoria poética de Vilma Vargas y define más
allá del mañana, o del futuro, su presencia como una de
las voces más respetadas dentro del desarrollo de la poesía
que empezará a editarse en los años ochenta. De escribir
y editar en el reposo, que marca su meditación sobre la palabra,
la escritora ha dejado que los sucesos e inspiraciones aniden en el
tiempo, para proyectar, ahora, su trabajo hacia el porvenir. Es un libro
de preguntas introspectivas, escritas las respuestas en una especie
de soberanía del lenguaje, donde lo que se dice, como presencia
ante la indagación, viene a definir un oficio sereno, lúcido
y reposado, para admitir el abrazo de las estrellas reales, sobre el
cielo, y no el sonoro clap clap que suena a desolación íntima.
Pareciera que Vilma Vargas escribe para sí misma: es decir para
nosotros, en esa unidad entre lo personal y lo colectivo, que le permite
escribir poemas de índole social, buscando la verdad de lo solidario
antes que la proyección de su palabra hacia lo comunitario, para
gravitar sobre una culpa ajena, que en esta escritora es voluntad de
extender las manos para darle forma a la vida.
Es una poesía que de forma sutil y continuada, castiga las máscaras
sociales y pone sobre la palabra el devenir sarcástico de nombrar
las cosas por su propio nombre, como ha hecho en todos sus libros anteriores,
a partir de 1983. No es poesía que necesite del fuego para darnos
interpretaciones, sino que más bien le sirven las cenizas para
lograr escudriñar, en su mudez, los diversos temas que dan forma
al continuo de los poemas, admirablemente dispuestos para su lectura.
Lo singular de esta poesía es que naciendo en lo profundo del
cuerpo atrapa, por la mirada, los objetos exteriores, los participa
del poema y de la vida, y al observarlos les da hálito y los
comparte con nosotros, todo escrito de una manera elegante, reposada,
inteligente. Plena en la belleza como única voluntad de permanencia.
Es cierto, como ella lo dice, que la poesía es un oficio de silencio
y que trasciende cualquier contención deliberada, para estallarse
al fin entre el principio del mundo que huele a ruina y orfandad de
valores. No siendo moralista, la escritora rechaza la máscara
y asume su propio rostro, de combativa deidad, para transformarse en
la poesía y trasmutarnos a nosotros en su lectura.
El valor social de su poesía es político y es literario.
La poeta, convertida en oráculo, da testimonio de ese mundo que
somos y volvemos hondo y duro, con solo el arte de escribir sobre ella
misma y sobre los otros. Un libro inusitado, en su belleza contemporánea,
que a la vez que recrea, señala. Un índice alzado para
decir: yo existo, yo soy: única entre el misterio de la educada
escribiendo y la mujer en llamas.
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La
palabra innumerable de Eunice Odio
Francisco
Rodríguez Cascante
CIRCA
En su escrito
“Tamayo y el reino de la luz”, Eunice Odio (1980, 95-112)
define la obra de arte como un objeto independiente del tiempo físico
e inscrita en un espacio-tiempo espiritual. Esta concepción metafísica
de la estética, que en el presente caso alude a las artes plásticas,
constituyó una de las preocupaciones básicas del proyecto
artístico planteado y asumido por la autora del Tránsito
de fuego.
Mediante
el cuestionamiento del proceso de escritura esta poética que
atraviesa las prácticas y los géneros, se constituye en
un campo de sistematización de criterios, que parten de la necesidad
de independencia del trabajo creativo. Así, son constantes las
asociaciones del arte con la luz y con el misterio. En relación
con el género de la poesía específicamente, en
“Nostalgia del paraíso”, explica: “Ya que confiere
a las cosas su ser y naturaleza, el poema no es un conjunto de ideas
y palabras sino un orden substancial. Un poema es la acción del
Verbo” (1980, 85).
En la concepción
odiana, el arte debe poseer aquella dimensión aurática
que explicaba Benjamin (1968, 217-251) era parte de la concepción
moderna de arte, la que le otorgaba carácter de obra al elemento
artístico, al igual que otros calificativos como autenticidad
y elevación, acercándolo a una solemnidad de tipo religoso.
La poesía,
entonces, posee una clara función: es objeto de conocimiento,
“un instrumento para poner de manifiesto lo más oculto;
si, como debemos, identificamos al poema con la revelación, esto
es, con la acción de manifestar la verdad oculta, inmediatamente
colegimos que ningún poema que lo sea puede ser, al mismo tiempo,
oscuro”. (1980, 86).
Esta propuesta
es coherentemente asumida por Eunice Odio, en quien teoría y
práctica se convirtieron en una unidad inseparable en el ejercicio
escritural, delineando tanto un sostenido esfuerzo productivo como una
actitud ante la vida artística donde, como afirmaba ella “todos
son seres éticos superiores” (1980, 112).
Esta conjunción
entre la vida y la escritura, la condujeron al enfrentamiento con doctrinas
de obvio carácter restrictivo. Me refiero al realismo socialista
imperante en el México de la primera parte del siglo XX y al
nacionalismo estético, atrincherado en la escuela del muralismo.
Al primero se refiere como “nacionalismo neurótico”
(1980, 98) y al segundo lo llama “la máquina realista-socialista”
(1980,100).
Estos enfrentamientos,
tienen como fundamento el principio más importante de la poética
odiana: la defensa de la libertad artística, la cual se opone
tanto a restricciones de carácter ideológico-político
como de tendencias artísticas determinadas.
En este
sentido hay que leer también su relación con las vanguardias.
La autora es muy clara al señalar su distancia de ellas. En “El
surrealismo en la pintura de México”, puntualiza que “no
estoy adherida al suprarrealismo [...]. Mi poesía y mis cuentos
son, por ejemplo, lo contrario de la escritura automática. Una
y otros están pensados al centravo y superestructurados a tal
punto, que esa es una de las características que los distingue
de la literatura que hoy se escribe, en español o en cualquiera
otra lengua” (1980, 154).
Del
surrealismo le interesa esa libertad “de hacer lo que a uno le
dé la gana” (1980, 154), pero se distancia de la posibilidad
de ausencia de profundidad porque su mayor obsesión fue la construcción
literaria entendida como densidad.
Quiero
apuntar también que vinculado con la defensa de la imaginación
está el reclamo de autonomía artística, principio
tan caro a las vanguardias y hoy considerado elemento definidor de los
proyectos de esta escuela. Desde este punto de vista, tal consideración,
vincula la escritura odiana con la estética de la modernidad
latinoamericana. Así pues, esta propuesta dialoga con una época,
con una serie de autores de primera importancia en el área. Sólo
como un ejemplo del carácter epocal de las preocupaciones de
la autora, y dado mi interés por la escritura del guatemalteco
Luis Cardoza y Aragón, no deseo dejar de pasar la oportunidad
para mencionar que la misma concepción de la poesía como
trascendencia es defendida en el mismo período por Cardoza (citas
como: “La poesía no quiere ser. Es” 1991, 21; “La
suprema finalidad de la poesía es el acto puro: crear el mundo
perpetuamente” 1988, 230; “El proceso de la creación
es cósmicamente misterioso” 1991, 22 dan una ida al respecto),
así como su enfrentamiento con el realismo socialista y específicamente
con Diego Rivera en México. También su interés
en las artes plásticas, el ensayo y principalmente la poesía.
Con esto señalo un “espíritu de época”
que atraviesa importantes prácticas de escritura en Centroamérica.
Sostiene García Canclini que “una de las utopías
más enérgicas y constantes de la cultura moderna, desde
Galileo hasta las universidades contemporáneas, de los artistas
del renacimiento hasta las vanguardias [fue]: construir espacios en
que el saber y la creación puedan desplegarse con autonomía
(1990, 32). Igual opinión apunta el crítico Hugo Achugar
al afirmar que “la noción de belleza que domina la estética
de la modernidad [...] nada tiene que ver con lo masificado; se trata
de lo único, de lo singular, de lo preciso y absoluto”
(1994, 243).
A analizar
con profundidad, amplitud y rigor esta estética se dedica el
libro editado por Jorge Chen y Rima de Vallbona La palabra innumerable:
Eunice Odio ante la crítica. Sin lugar a dudas, este conjunto
de estudios es el acontecimiento más importante en la crítica
odiana después de los esfuerzos iniciales de Juan Liscano, Rima
de Vallbona y de la edición de las Obras completas de la autora
efectuada por Peggy von Mayer en 1996.
El valor
de la publicación radica en varias razones. Primero que nada
quiero destacar que se trata de un importante esfuerzo interpretativo,
pues el volumen reúne 15 trabajos que abarcan los diversos géneros
y problemas de la escritura odiana: tres de ellos son aproximaciones
a Los elementos terrestres, cinco se dedican a la lectura del Tránsito
de fuego, dos a la última poesía de Eunice, uno a la ensayística,
otro a las cartas y los dos finales a la cuentística.
En segundo
lugar, las lecturas se realizan desde diferentes perspectivas, lo cual
enriquece la panorámica ofrecida. Desde un examen de la recepción,
pasando por la pragmática, la estilística, la lectura
filosófica, la perspectiva de género y la lectura psicoanalítica,
La palabra innumerable da cuenta del carácter de obra abierta
de la escritura odiana, universo inagotable en sí mismo.
También,
es de gran importancia el hecho de que los editores han convocado a
una amplia comunidad internacional. Así escriben profesores de
la Universidad de Costa Rica, la Universidad de Puerto Rico, la Universidad
de Murcia, la Universidad de Buenos Aires, y diferentes Colleges y universidades
de Estados Unidos. Esta convocatoria sin dudas que expandirá
la lectura y el conocimiento de Eunice Odio en el ámbito internacional.
No voy
a detenerme en la descripción minuciosa de cada uno de los interesantes
artículos porque lo hace el Dr.Chen Sham en su esclarecedora
introducción titulada “El ‘vuelo supremo’ de
Eunice Odio”. Más bien, me interesa destacar algunos elementos
de las reflexiones que nos ofrecen los estudiosos.
El estado
de la cuestión que escribe Rima de Vallbona es un nuevo aporte
a la ya destacada labor de edición y estudio de la obra odiana
que sostenidamente ha realizado esta escritora. Ella muestra cómo
la crítica ha ido evolucionando desde un impresionismo anclado
en los paradigmas lingüísticos patriarcales, hasta los estudios
de Baeza Flores y Juan Liscano, de quien afirma que hizo “el primer
acercamiento objetivo y completo a la obra de esta poeta” (2001,
26). Además de Liscano, son fundamentales los estudios y ediciones
de la misma Vallbona y de Peggy von Mayer.
El artículo
“Los elementos terrestres: la restauración del papel de
la mujer física en la poesía mística” de
Vincent Spina, apoyado en la distinción que realiza Julia Kristeva
entre el tiempo lineal masculino y el tiempo circular femenino, compara
el texto odiano con “El cantar de los cantares” y con el
“Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz, concluyendo
que los dos primeros son masculinos, mientras que el de Odio es femenino
por manifestar otro concepto respecto al fluir del tiempo, considerado
como suplantación del tiempo lineal por el cíclico. La
importancia de esta suplantación, señala, Spina, radica
en que Eunice restaura el tiempo cíclico del océano, de
la luna y del proceso vida/muerte, en fin, el tiempo de la mujer.
Loreina
Santos Silva realiza un acercamiento al mismo texto desde la categoría
del materialismo místico, entendido éste como la fusión
del misticismo oriental, el Dios inmanente en la materia y el Dios occidental,
emanante de la misma. En este sentido, el poeta y su oficio es comprendido
como un camino humano hacia lo divino. Por ello, sostiene Santos Silva
que Eunice como surrealista insiste en la poesía como búsqueda
de la luz, un “ritual mágico que convoca la palabra más
allá de lo empírico hasta el final del mundo” (2001,
74).
En “Vocación
de espesura. Eunice Odio bajo Sombra del paraíso”, el profesor
Vicente Cervera compara Los elementos terrestres con el texto de Aleixandre
citado en el título. El elemento comparativo es la estética
existencial que el crítico observa en ambos poemarios: “el
‘humanismo naturalista’, con ecos claramente existencialistas,
vendría a definir la poesía de nuestros dos escritores
convocados: la necesaria recuperación de todos los posibles paraísos
perdidos para la conciencia histórica del sujeto contemporáneo”
(2001, 79).
Cuatro
de los artículos referidos al Tránsito de fuego tienen
como preocupación básica problematizar la relación
entre filosofía y poesía. Norma Pérez Martin plantea
la categoría de “lirismo reflexivo” para referirse
al carácter estricto del diseño arquitectónico
del texto, en el que observa un “ascensional itinerario”
pleno de lúcidas conceptualizaciones, las cuales funcionan como
resorte impulsor hacia senderos de trascendencia ontológica.
Por su
parte Cida Chase, argumenta que la noción de palabra es concebida
por Odio desde una metafísica logocéntrica, puesto que
no constituye simplemente un símbolo, sino que es substancia
verdadera con existencia y fundamentos propios. Con base en esto la
crítica percibe ecos cabalísticos y teosofistas en sus
planteamientos místicos. Pero de mayor importancia, asegura la
autora, es la afinidad de Ion con Cristo dado su sacrificio, su falta
de reconocimiento y su soledad.
Peggy von
Mayer Chaves se dedica al análisis de elementos platónicos
en el texto, basada en la correlación entre el Logos y la Palabra
creadora de Dios. El estudio establece un paralelismo entre el potencial
creador del verbo expresado en el Evangelio de San Juan y la capacidad
creativa de Ion, por su voluntad de hacer y el poder de su verbo, ya
que las cosas son creadas desde el momento en que son dichas. Así
pues, la poiesis de Odio crea un mito en el sentido platónico.
Rafael
Lara Martínez igualmente sostiene que la escritora costarricense
practicó una forma de platonismo laico, como alternativa al antiplatonismo
que caracteriza a la modernidad filosófica y como opción
al auge del marxismo en Centroamérica.
Diferente
es la perspectiva de Elba D. Birmingham-Pokorny, puesto que realiza
un acercamiento desde las teorías del género con base
en el estudio de las constantes de búsqueda y destierro. Su artículo
arriba a dos conclusiones: en primer lugar que la poeta cuestiona la
genealogía como índice de la identidad personal y rechaza,
a través de la acción transgresiva de ser la artífice
del texto, de su propio ser y de su creación poética,
las bases del logos dominante. En segundo lugar, ve en Odio un sujeto
que se insertó en la actividad intelectual y artística
de un mundo estructurado por la ideología masculina.
Los artículos
de Jorge Chen y Manuel Ossers se ocupan de la poesía posterior
de Eunice Odio, específicamente de “Pro Sancto Michaele”,
“Argos del día oculto” y “En la vida y en la
muerte de Rosamel del Valle”. El primero de ellos, desde una perspectiva
pragmática, examina el acto de la plegaria poética en
los dos primeros poemas mencionados. Plantea Chen que el sujeto lírico
mediatizado por la trascendencia de lo sagrado se transforma en un médium
que interpela, en su condición poética, la realidad última
de las cosas. La función del poema-ritual, concluye el autor,
es dar sentido pleno a las dudas existenciales del hombre y con ello
comprender que sólo en el oficio de la poesía el tiempo
se neutraliza y las acciones humanas se redimen.
Ossers, por su parte, realiza un acercamiento estilístico a la
tropología de “Pro Sancto Michaele” y “En la
vida y en la muerte de Rosamel del Valle”. El crítico privilegia
la metáfora y entre ellas la pura, que carece del elemento comparativo.
Asegura que Odio ha ascendido a un nivel tal de fecundidad de imaginación
y de imperio sobre la palabra, que su reacción alcanza un paralelismo
perceptivo con la divinidad que pretende plasmar en su inspiración
poética.
Los últimos
cuatro trabajos del volumen se dedican a la prosa de Eunice. Anabella
Acevedo analiza la manera en que la poeta integra el espacio privado
y el espacio público, a la vez la forma en que va desarrollando
una estética propia. Asegura Acevedo que la honestidad y el rigor
analítico son los aspectos determinantes de la ensayísica
odiana, mientras que sus cartas dan constancia de un carácter
metacrítico porque en ellas reflexiona sobre el proceso de su
escritura. De sus cuentos afirma que se inscriben dentro de la corriente
fantástica, textos cuyo carácter fragmentario recuerdan
las mejores páginas de la narrativa experimental hispanoamericana.
Luis Jiménez
se ocupa del arte epistolar de Eunice Odio, las cartas que la autora
dirigió al escritor venezolano Juan Liscano. Jiménez afirma
que cuando se llenan las páginas de una carta, la narración
se disemina de manera fragmentaria en segmentos autobiográficos
sobresalientes, escogidos por la persona literaria. Esta fragmentación
que caracteriza las cartas de Odio son una visión parcial de
las experiencias vivenciales del yo discursivo, en un esfuerzo por comunicar
asuntos de su vida secreta a un tú confidente. En esas cartas
Eunice convoca experiencias extraordinarias, en un esfuerzo por reivindicar
el discurso de la locura.
El estudio
de Margarita Krakusin sobre el relato “Había una vez un
hombre” enfatiza que Odio analiza la realidad como un continuo
de espacios y de tiempos, donde el lenguaje de símbolos se transforma
en pasión que desencadena al protagonista dándole la libertad
como camino ascendente hacia planos superiores. En este sentido, la
crítica relaciona la prosa odiana con la escritura de Cortázar,
quien buscaba conducir al lector hacia “zonas insólitas
y exóticas”.
Finalmente,
Mayela Vallejos Ramírez analiza el fenómeno de la transmutación
de las mariposas en los dos cuentos de Eunice. En “Había
una vez un hombre”, el personaje Pedro pasa de un estado material
a una situación atemporal espiritual, mediante la transformación
de su alma. En este sentido, su vida se llena de esperanza al sufrir
la mutación. Mientras que en el otro relato “El rastro
de la mariposa”, el motivo de este animal representa la búsqueda
continua del hombre de inmortalizarse en su creación.
Hay que recibir la publicación del volumen La palabra innumerable:
Eunice Odio ante la crítica como un gran acontecimiento en la
crítica sobre la autora, un texto cuya riqueza analítica
y profundidad lo sitúan como un libro indispensable en los estudios
sobre la lírica nacional. Parafraseando a Eunice, la seriedad
con que fue concebido este volumen de los profesores Jorge Chen y Rima
de Vallbona, el conjunto de los trabajos muestran que “un[os]
y otros están pensados al centavo y super-estructurados a tal
punto” que conducen al lector hacia todos los ámbitos del
complejo mundo de la gran poeta costarricense.
Bibliografía
Achugar,
Hugo. “Fin de siglo. Reflexiones desde la periferia”. Posmodernidad
en la periferia. Enfoques latinoamericanos de la nueva teoría
cultural. Eds. Hermann Herlingghaus y Monika Walker. Berlin: Langer
Verlag Berlin, 1994, 233-255.
Benjamin,
Walter. “The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction”.
Iluminations: Essays and Reflections. New York: Schoden Books, 217-251.
Cardoza
y Aragón, Luis. Pintura Contemporánea de México.
2da. edición. México: Era, 1988.
---. Miguel
Angel Asturias, casi novela. México: Era, 1991.
Chen, Jorge
y Rima de Vallbona. La palabra innumerable: Eunice Odio ante la crítica.
San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, Instituto
Literario y Cultural Hispánico, 2001.
García
Canclini, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para
entrar y salir de la modernidad. México: Editorial Grijalbo,
1990.
Odio, Eunice.
“Nostalgia del paraíso”. La obra en prosa de Eunice
Odio. Ed. Rima de Vallbona. San José: Editorial Costa Rica, 1980,
85-93.
---. “Tamayo
y el reino de la luz”. La obra en prosa de Eunice Odio. Ed. Rima
de Vallbona. San José: Editorial Costa Rica, 1980, 95-112.
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Centro
de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas (CIICLA)
Centro de Información y Referencia sobre Centroamérica
y el Caribe (CIRCA)
Costado
Norte Facultad de Letras
Ciudad Universitaria Rodrigo Facio
San José, Costa Rica
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Elementos
para el estudio de la conciencia poética
Gerardo Morales
Una buena
metáfora es un extraño y extraordinario acontecimiento
en la vida del lenguaje y la cultura. De pronto está uno ante
una especie de ruptura de la convención que induce a pensar que
hay otras formas de ver, comprender y sentir el mundo, la naturaleza
o lo que se define como real. La magia de la metáfora consiste
en crear, a partir de términos o elementos separados, un universo
inédito de sentido, un nuevo texto que reorganiza el lenguaje
y las relaciones del mismo, que rearticula o resemantiza el mundo. La
metáfora nos sumerge en la trama del esplendor, de lo maravilloso
verbal; con su economía, con su disposición y densidad,
nos abre puertas a "otros mundos que están en éste"
(Paul Eluard). Con una metáfora se ilumina la oscuridad de lo
indiferenciado y se reúne lo separado. Como en la alquimia, con
la metáfora asistimos a la integración de los opuestos.
Pensar
en metáforas y más allá, en imágenes, es
utilizar nuevas áreas del cerebro, establecer nuevas relaciones
entre los hemisferios y desarrollar a plenitud la capacidad creativa.
El reciente interés por la visualización creativa, por
la curación con imágenes, expresa la necesidad y urgencia
de explorar las múltiples dimensiones de la naturaleza de la
mente, de los complejos procesos de construcción del mundo o
modelos del mundo mediante los cuales los seres humanos se relacionan
con los otros, con la ecología y consigo mismos. En estos procesos
el papel de la metáfora y de las imágenes es fundamental
pues amplía lo que Aldous Huxley llamó "las puertas
de la percepción". Del objeto al signo, del signo a la significación,
de la significación a la cultura: prácticas mediadas por
el símbolo, la imagen, el símil, la alegoría, y
la metáfora. Formas y contenidos de la conciencia que nos permiten
penetrar en el denominado Orden Implicado del mundo, tanto como en el
Orden Desplegado del mismo; puentes y pasos, asimismo, que nos conectan
a las redes más profundas de la comprensión y el conocimiento.
La reivindicación
de la metáfora, no solo como elemento fundamental de la creación
poética, sino como modalidad de aprendizaje, como vía
para activar la intuición y la llamada inteligencia emocional
(Goleman, 1995), no es un fenómeno aislado. Se relaciona directamente
con un movimiento de viraje que pugna por redefinir los paradigmas dominantes,
al menos en Occidente, que estudian los procesos de la cognición
y las relaciones entre el cuerpo, la mente y el espíritu. La
crisis de percepción que vivimos se orienta, al parecer, hacia
la formulación de nuevas estructuras de pensamiento, de nuevas
formas de integración de las estructuras de relación,
de las " pautas que conectan" (Bateson), pese a la evidente
fragmentación y violencia imperantes. Aunque desde hace bastante
tiempo se llamó la atención sobre las limitaciones de
los sentidos para comprender la totalidad de lo real, no es sino hasta
ahora que se amplía, desde la psicología y otras disciplinas,
y en particular desde la psicología transpersonal, el concepto
mismo de conciencia y el de realidad. Como han señalado Charles
Tart, Daniel Goleman, Lawrence LeShan, Stanislav Grof, Kent Wilber,
Roberto Assaglioni, Aldous Huxley, y otros muchos, la conciencia no
se puede asumir ya como un simple receptor mecánico que procesa
información enviada por los cinco sentidos, ni la realidad como
un abigarrado cúmulo de objetos o cosas, que vemos y tocamos,
o como lo que está ahí, frente a nosotros, como creían
los positivistas y cierto tipo de racionalistas. La conciencia es más
bien un espectro de procesos capaz de experienciar los niveles más
profundos del ser, del sí mismo, de integrar absolutamente todos
los niveles de la mente, el cuerpo y el espíritu, de vivenciar
plenamente lo que David Bohm define como Orden Implicado. La realidad,
por su parte, esconde dimensiones inéditas que el hombre puede
experienciar a cambio de modificar sus estructuras de percepción,
sus filtros mentales, sus visiones y maneras dominantes de relacionar
y asociar.
El nuevo
campo de la conciencia, los enfoques y metodologías para su estudio
nos conduce a recuperar, como campo para la ciencia y la experimentación,
las antiguas tradiciones que postulan la posibilidad de la expansión
de la conciencia, de experienciar, como lo afirman los místicos,
una relaciones plenas con la Totalidad. Es ahora cuando cobra sentido
las "experiencias cumbre" de Abraham Maslow que, según
él, vivencian las personalidades autorrealizadas. Gurdjieff,
por su parte, hablaba de un hombre mecánico, incapaz de autorrealizarse,
por la disociación de sus centros de energía: intelectual,
emocional, motor y sexual, disociación que impide el desarrollo
de una Conciencia Superior que no pasa de ser en la mayoría de
las personas una vaga latencia o un lejano recuerdo. Una vez integrados
los centros de energía, mediante el recuerdo de sí y la
Conciencia Objetiva, seremos capaces, afirmaba Gurdjieff, de experienciar
la expansión de la Conciencia, y entonces "hacer" verdaderamente.
Lo anterior se relaciona con lo que expresa Huxley en el siguiente párrafo:
"El hombre es un anfibio que vive en muchos mundos al mismo tiempo:
el mundo de la razón, el mundo de la percepción, el mundo
del movimiento, el mundo de la actividad visceral, el mundo de las posibles
experiencias místicas. Pero durante siglos, la educación
ha insistido tan sólo en el desarrollo de la razón, y
en la transmisión de información; y ahora muchas de nuestras
otras facultades yacen durmiendo o funcionan de forma aberrante."
Se trata,
pues, de niveles superiores de la Conciencia, de experiencias de nuevo
tipo, de relaciones con las múltiples dimensiones del Ser y la
Realidad. Asimismo, de un cuestionamiento profundo del pensamiento lógico,
o del llamado por Edward de Bono "pensamiento vertical" que
privilegia lo conocido, los estándares de repetición y
margina lo desconocido, lo que no se ajusta a la legalidad dominante.
La emergencia
del paradigma holístico, la recuperación de las tradiciones
de la Sabiduría, ha puesto sobre la mesa viejos problemas acerca
de cómo conocemos, qué conocemos, cuáles son los
alcances de los sentidos, qué es la experiencia, qué es
la Conciencia, qué son los estados alterados de la misma, etc.
Está más o menos claro, sin embargo, que nuestro aparato
sensorial es capaz, únicamente, de relacionarse con una pequeña
porción de lo real, que puede operar en dominios bastante restringidos
y manejar cierta cantidad de información. Pero nada más.
Más allá de eso es incapaz de dar cuenta de otras dimensiones
de lo real, de otro tipo de legalidades, en las cuales operan otras
lógicas, otras estructuras de aprehensión, otras estrategias
de conocimiento. A partir de éste límite se originan los
nuevos enfoques de la conciencia, que pasan por el estudio del cerebro,
de la naturaleza de los hemisferios, de su posible integración,
como del llamado efecto "mente-cuerpo" de Benson, que redefine
el punto de vista mecanicista predominante. Textos como los de Carlos
Castaneda, confirman la necesidad de reevaluar la naturaleza del conocimiento,
lo que entendemos por Conciencia y, con mucha más razón,
lo que denominamos inteligencia. Los nuevos argumentos de Daniel Goleman,
fundamentados en las investigaciones de Feldman y Gardner, pero también
en sus experiencias de meditación, replantean este punto. La
inteligencia emocional es más que el pensamiento lógico,
más que una mente racional prefijada, lineal y unidimensional.
En ésta misma línea es interesante recordar lo que planteara
hacia 1912 P.Ouspenky, discípulo luego de Gurdjieff. Ouspenski,
utilizando el punto, la línea, el plano y el volumen, llegó
a vislumbrar la real posibilidad, en condiciones específicas
de conciencia, de acceder a otras dimensiones. Para ello debíamos,
como se adelanta hoy en día, modificar el punto de vista, es
decir, utilizar una serie de funciones de la mente y de la conciencia
que generalmente no se utilizan. De ahí que la propuesta de Goleman,
del desarrollo de la inteligencia emocional, tenga pleno sentido. La
inteligencia emocional se definiría como una estructura superior
de la mente y de la conciencia. Integra, para decirlo con pocas palabras,
lo sensorial, lo emotivo y lo espiritual.
La metáfora,
como una mediación de la conciencia, como una forma de acceder
a otros niveles de realidad a través del lenguaje y como una
manera de experienciar la Totalidad, se inscribe como una opción
extraordinaria para coadyuvar en el proceso de expansión de la
conciencia. Como elemento central, pero no el único, hablamos
de la metáfora como puente hacia la conciencia poética,
que integra, al igual que la inteligencia emocional, estructuras de
la mente muy poco utilizadas y que consideramos fundamentales en el
desarrollo de una conciencia unitiva, holística y muy superior
a la ordinaria. La conciencia ordinaria, o conciencia del sentido común,
es, si bien útil, bastante pobre en cuanto a opciones experienciales.
La Conciencia unitiva o Poética, como pauta que conecta y relaciona,
permite, con la mediación metafórica y simbólica,
nuevas formas de experiencia, no solo del entorno sino del espacio interior.
El reconocimiento
de la existencia de la conciencia poética tanto como la viabilidad
de su desarrollo es uno de los aspectos más interesantes de la
Psicología Transpersonal y Cognitiva. Por primera vez se reconoce
que el ser humano ha limitado profundamente sus potencialidades creativas,
al mismo tiempo ha discriminado campos fundamentales de su Ser. No solo
se ha alejado de su Cuerpo sino de otros muchos niveles de su ser interno,
negándose la posibilidad de experienciar estados de verdadera
iluminación o de conexión con la Totalidad. Godel llamó
a éstas experiencias "liberadoras" en tanto quien las
vive se libera de los marcos ordinarios de la conciencia y accede a
realidades mucho más profundas y significativas.
La Conciencia
Poética, asumida como Conciencia de la Unidad, como nueva actitud
ante lo real, como verdadera conciencia de las relaciones, nos acerca,
a través de las metáforas e imágenes, a una visión
mucho más comprehensiva de los seres humanos y de sus relaciones.
No se trata, tan solo, de acercarse a la Poesía, o a la Diosa
Blanca del poeta Robert Graves, sino de hacerse con una nueva visión
cultural, un nuevo modelo de experiencia y de vida, donde el asombro,
la meditación, la contemplación, y la intuición
de la Totalidad son centrales. Como lo planteara Erich Fromm, es hora
ya de pasar de la cultura del tener a la del ser. De la visión
mecanicista y reduccionista a la visión de Totalidad. La conciencia
poética es una mediación esencial para éste propósito.
Reconocer que no estamos frente a "cosas" u "objetos"
sino ante procesos complejos y pautas de relación es ya participar
de un nuevo modelo del universo y de una nueva Conciencia. La Conciencia
Poética es también una Conciencia Emocional, una nueva
forma de ver y sentir las relaciones. Esto quiere decir, para concluir,
que la poesía como género literario, como forma, como
lenguaje, que se reconoce en un poema, que es una estructura muy determinada,
es apenas una parte, un elemento de un fenómeno mayor, que es,
precisamente, la conciencia poética. Este fenómeno es
mucho más que una estructura lingüística. Es un punto
de vista, un modo de comprensión, una vivencia y un modo de vida.
La conciencia poética es una particular manera de relacionarse
con el mundo, con las otras personas, con la ecología y con uno
mismo. Ser conciente, poéticamente, no implica necesariamente
escribir un poema o ser un poeta de acuerdo a la convención cultural,
sino relacionarse con el entorno de una manera distinta al sentido común.
Por supuesto que quien tiene conciencia poética es sensible a
la poesía y a la música, al arte y a la mística.
Y también a la política. Porque reconoce que es posible
otro mundo y otra sociedad. Adentrase en el mundo de la conciencia poética
es apasionante, empezando por el estudio de los poetas y la poesía.