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CULTURA/ ENTREVISTA

 

Texto patrocinado por Galería Taller Edgar Zúñiga

En esta página le presentamos el artículo de Ricardo Bada Rolando Hinojosa, candidato al Cervantes, en el cual el escritor Bada defiende la candidatura de Rolando Hinojosa a este famoso premio de las letras hispanas.

Otros textos en este espacio:

Rolando Hinojosa, candidato al Cervantes, de Ricardo Bada.

Todas las voces todas del poeta Edmundo Retana. Enseguida una respuesta de Paola Valverde a la denuncia planteada por el primero y que titula Un festival para todos.

Una interesante entrevista al presidente de la Biblioteca Nacional de Francia Jean-Noël Jeanneney, sobre el papel de Google en el manejo de la cultura.

Entrevista a Mauricio Penagos de Costa Rica Pura Vida, sobre el folclor y la música costarricense. Esperamos que le sea de utilidad.

Por su valor explicativo, Culturacr.com le presenta este ensayo escrito por Carlos Morales para el Suplemento Forja del Semanario Universidad.

Literatura costarricense: apuntes desde el margen

Uriel Quesada

Tener conciencia de que un cambio histórico está ocurriendo resulta un raro privilegio. La mayoría de nosotros vivimos el momento con sus contradicciones, y no es sino hasta cuando nos detenemos a mirar atrás que nos enteramos de la magnitud de los cambios y de nuestra participación en ellos.

Si nuestro punto de partida son los años ochenta, creo que a mi generación —aquellos escritores nacidos entre finales de los cincuentas y finales de los sesentas— le ha tocado una época especialmente intensa, pero aún muy próxima en términos históricos. Por ello mismo falta mucha elaboración respecto a lo que pasó en esa década y sobre todo hay muchas cosas por contar. Habría que considerar, por ejemplo, el triunfo y crisis de la revolución sandinista, incluyendo sus conexiones con Costa Rica; la infame administración Reagan o la misión verdad y la neutralidad perpetua del presidente Luis Alberto Monge. Los ochentas traen a la memoria los aeropuertos clandestinos en el norte del país, el atentado de La Penca –en el que varios periodistas murieron y que jamás ha sido resuelto–, la represión contra los homosexuales orquestados desde el gobierno. En esa época explotaron bombas en el centro de San José, se habló de una conspiración Libia, se organizó el grupo terrorista "La Familia", mataron a su líder Viviana Gallardo cuando supuestamente estaba segura en una cárcel, vino el Papa y Oscar Arias se coronó Premio Nobel de la Paz.

En ese contexto un grupo de jóvenes empezamos a escribir, la mayoría de nosotros alrededor de alguna figura fuerte en términos culturales. La mía fue Carmen Naranjo, quien fundó un taller de narrativa en el Museo de Arte Costarricense en 1982, el cual posteriormente emigró a las oficinas de la Editorial Universitaria Centroamericana, EDUCA, en San Pedro y hasta estuvo por un breve periodo en el edificio de Letras de la Universidad de Costa Rica. Con pocas excepciones, los escritores que se formaron en los ochentas mantuvieron lazos de continuidad, más que de ruptura, con las generaciones anteriores. El taller de Carmen fue una puerta abierta para entender lo que estaba pasando en aquellas épocas, tanto en lo literario como en lo político, muchas veces contado por sus propios protagonistas. Fue un gran privilegio conocer a tantas personas y aprender de ellas, pues la Costa Rica que coincidía en las oficinas de Carmen Naranjo siempre era otra, muy distinta de lo que se percibía a simple vista en las calles o en los medios de comunicación.

Los ochentas marcan también un momento alto en el interés por la literatura de la región centroamericana, al menos en el ámbito de los académicos, o para ser más preciso: los académicos norteamericanos. Esa situación, en principio positiva, arrastró una paradoja, porque esos críticos definieron América Central en función de sus propias necesidades y anhelos ideológicos, centrándose en textos que implicasen liberación política y el surgimiento de un nuevo orden, borrando las literaturas nacionales en función de una literatura centroamericana que respondía a rasgos muy precisos. Los países inmersos en guerras civiles se convirtieron en la representación del Istmo, lo que marginalizó producciones como la hondureña, la costarricense y la panameña. No hace mucho tiempo uno de esos críticos que teorizaron sobre literatura centroamericana me comentó que jamás había leído un libro costarricense.

Así las cosas, por más de 20 años en Costa Rica hemos ido levantando una literatura menor, en primer término con respecto a América Central y, en un ámbito más amplio, con respecto a Latinoamérica. Escribimos una literatura que hace 20 años no tenía interés político y ahora no tiene interés de mercado. Seguimos siendo un país culturalmente pequeño, con limitadas incursiones en lo que se llamaría una literatura mundial —quizás ahora sería más apropiado referirse a los centros del mercado librero—, destinado a ser a la vez exótico y anodino y a permanecer siempre al lado, como a la espera de una oportunidad que no llega.

Esta situación de marginalidad, de hallarse en el extremo de una periferia cultural, puede ser la base de grandes oportunidades. Es un desafío para ser más críticos de nuestro propio discurso como escritores y de nuestro papel como intelectuales. Como ha ocurrido en otros países, en Costa Rica los escritores han dejado de ser una referencia moral y política. Todavía hay algunos pocos con sus columnas en los periódicos, pero la gente ya no recurre a los escritores en busca de iluminación o guía. Nuestra literatura ya no representa un "espíritu nacional" homogéneo y único, pues la Costa Rica de hoy es plural y compleja, y nuestra escritura no pasa de ser un ángulo más entre muchos otros que pueden ser complementarios e incluso contradictorios. Quizás hemos perdido terreno, pero hemos ganado libertad.

Uno de los cambios más significativos en el espectro literario costarricense es la crisis del modelo editorial estatal. En 1959 se funda la Editorial Costa Rica (ECR) como un ente público autónomo cuya misión era estimular la creación literaria en el país. Aunque después hayan surgido editoriales universitarias, la ECR significó por casi tres décadas un punto de convergencia para los creadores nacionales. Sin embargo, desde 1987 la ECR ha estado en un permanente estado de crisis, afectada por las limitaciones económicas de los entes públicos, la mala administración y la imposibilidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Como consecuencia han proliferado pequeñas editoriales privadas como Guayacán, Lumbre, Perro Azul o Uruk. Hace unos años se decía que "los ricos" eran quienes publicaban en esas pequeñas editoriales, pero la verdad es que quienes recurren a ellas tratan de encontrar salida a una necesidad que las casas estatales ya no pueden atender. Grupos de escritores han empezado a afiliarse a algunas de esas casas con propuestas renovadoras, incluso radicales. Autores de la talla de Fernando Contreras, Alexander Obando o Luis Chaves se han dado a conocer por estas vías alternativas. Ahora bien, aún queda mucho por hacer, pues si bien los editores privados imprimen primorosamente sus libros no son capaces de venderlos, ni siquiera de poner a circular sus catálogos, ni de vencer el cerco impuesto por muchas librerías contra la literatura costarricense. Falta también la fi-l editor—agente, la cual ha ido surgiendo en algunos países como un profesional que representa y ayuda a los escritores a acceder a nuevos públicos.

Alguna crítica reciente sigue gravitando en torno al problema de la conformación de una literatura nacional. Los ochentas marcan un nuevo paradigma en la forma en que se piensa el país. Se va articulando un discurso influenciado por las ideas de autores como Hayden White (los difusos límites entre la historia como narrativa y la ficción) o Benedict Anderson (la nación como una comunidad imaginada, soberana y territorializada). Pronto surgen las novelas históricas de Tatiana Lobo y José León Sánchez, o los cuentos de memoria y exilio de Virgilio Mora. La idea de una esencia de lo costarricense, de particulares rasgos raciales, políticos y culturales, se empieza a erosionar.

Sin embargo, a más de dos décadas de iniciado este proceso, cabe preguntarse si todavía importa definirnos como literatura nacional. Al menos desde fuera de las fronteras del país el tema parece más bien irrelevante, quizás porque lo costarricense se entiende como una forma de convivencia, no como una identidad. Además, escritores como José León, Tatiana, Virgilio, o yo mismo, nos hemos movido en espacios que permiten u obligan a otras formas de afiliación que no apelan a términos nacionales. En lo personal me ha tocado vivir en ambientes culturalmente muy distintos, en los que incluso no se habla español. Como costarricense en el exterior no he encontrado una colonia de connacionales, pues los ticos estamos dispersos y, con pocas excepciones, no fundamos sólidas redes identitarias. He tenido, por lo tanto, que negociar constantemente mi propia identidad. Me uno al grupo que me acoja, y en la aventura aprendo mucho. He sido un poco cubano, otro tanto mexicano. Tengo algo de boricua, de homosexual blanco americano, de colombiano, hondureño, chapín, y hasta de lo que sería una "person of color" sureña.

Además, a los escritores costarricenses nos faltan cosas por discutir. Una de ellas es nuestra relación con los lectores. A pesar de ser los otros protagonistas de una literatura, los lectores usualmente son los grandes ausentes en todo diálogo sobre el tema. La proliferación de librerías y la diversificación de la oferta de libros en Costa Rica son signos de que contamos con lectores sofisticados, con una amplia gama de intereses. Si vemos la experiencia de otros países, el despegue internacional de sus autores pasa primero por el tamiz del lector local.

Debemos también mirar alrededor para recordar que Costa Rica es una sociedad abierta, plural y compleja, y que en esa profundidad se hallan las historias que debemos contar. Ya no es la época de los esencialismos nacionales, ni de las sociedades imaginadas y territorializadas a lo Benedict Anderson. Es la época de las migraciones, de las tecnologías, de los medios sofisticados de comunicación y de la soledad más terrible. Esta es la época de una clase media cuyos puntos de referencia se han dislocado, es época de miedo, de otredades, del mundo en la pantalla de una computadora. Vivimos en un planeta que se queda sin agua, y donde las desigualdades adquieren nuevas formas.

Abramos los ojos y escribamos.

Publicado en Otrolunes.com, revista de PEN Escritores Independientes Cubanos.

ENTREVISTA CON CARLOS RUBIO SOBRE EL LIBRO DE LA NAVIDAD

Carlos Rubio es un connotado escritor de libros para niños y jóvenes en el país. Ha ganado los premio Carmen Lyra (del cual ha sido jurado también) y Joven Creación de la Editorial Costa Rica, entre otros. Pedro y su teatrino maravilloso, La mujer que se sabía todos lo cuentos, Papá es un campeón y El libro de la navidad, que estrena edición este noviembre, son algunos de los libros publicados por Rubio. Le ofrecemos esta entrevista exclusiva para Culturacr.com realizada el pasado 23 de octubre para la revista cultural.

¿Esta es una reimpresión o reedición del libro?

La primera edición de "El libro de la Navidad" se publicó en 2001, con el sello de la Editorial Universidad Nacional. Esta segunda edición se encuentra a cargo del Grupo Editorial Farben Norma y se incluye en la colección "Cajita de palabras". Es una colección de 24 cuentos, de tal manera que parece un calendario de Adviento: hay un cuento para cada día, del 1º al 24 de diciembre.

¿Tiene algo de novedosa esta nueva propuesta?

Hace seis años, varios ilustradores costarricenses se unieron para hacer el libro. Algunos interpretaron un texto, otros se encargaron de varios. Descubrieron que era posible realizar un trabajo unidos, y por eso, fundaron el Foro de Ilustradores Costarricenses Gama, el cual ha laborado ininterrumpidamente en la organizaciòn de exposiciones, en la divulgación y la dignificación del arte del artista gráfico. Empezó con poco más de diez integrantes, hoy superan los cincuenta. Por eso, en esta edición, se le rinde un homenaje a los ilustradores. En las últimas páginas aparece un texto de la artista Vicky Ramos, así como una fotografía y una reseña biográfica de cada uno de los ilustradores que participan en "El libro de la Navidad".

Así, en esta versión participan Rolando Angulo, Ruth Angulo, Félix Arburola, Isabel Fargas, Nela Marín, Ana Luisa Núñez, Vicky Ramos y Fernando Zeledón. Aparecen nuevas ilustraciones de Álvaro Borrasé. Mary Anne Ellis, Héctor Gamboa, Carlos Sossa y Fernando Thiel.

Sobre el libro, ¿cuál es el aporte más importante que realiza a la visión de los niños sobre la navidad?

Se modificó el formato y el diseño de la portada, de tal manera que el libro sea una excusa para que la familia se reúna alrededor de la palabra, el disfrute y el gozo. Cada día, se "abre una ventana" para explorar diversos misterios de una de las fiestas más humanas: cuentos que se despprenden de evangelios apócrifos y canónicos, de las historias de abuelos disfrazados de San Nicolás, de niños que conversan con árboles en un centro comercial, de San Francisco de Asís y del poeta costarricense Carlos Luis Sáenz, cuentos de aquí y de allá, en una celebración universal.

¿Qué hacemos con una navidad plagada de lo comercial, en que todo se mide en función del tener, cómo le enseñamos a los niños el "verdadero" sentido de la navidad? ¿Cuál es ese "verdadero sentido" según usted?

Así, el libro presenta una crítica al consumismo desmedido, a la comercialización de los sentimientos y hace una defensa de la Navidad como convite del espíritu, del encuento de familias y de la diversidad cultural puesta en el portal.

¿Cuáles libros ha publicado recientemente? ¿Trabaja en alguno inédito?

Recientemente, publiqué "La mujer que se sabía todos los cuentos" (Grupo Editorial Norma, 2003) y la novela "Papá es un campeón" (Grupo Editorial Norma, 2006). Actualmente trabajo en una colección de cuentos de hadas.

¿Por qué la literatura infantil debe ser considerada en el mismo canon de la de adultos?

Quien asume la tarea de escribir literatura para las jóvenes generaciones, toma las mismas responsabilidades de quienes escriben literatura sin adjetivos: literatura para adultos. Por igual, existe la búsqueda de una estética, se viven procesos de investigación y se dedican muchas horas a la lectura y a la creación.
Esta literatura, que llamamos "infantil", es muy reciente, y se deriva del folklore, de la oralidad. Hace más de trescientos años, niños y adultos escuchaban los mismos cuentos, cantaban las mismas coplas, pues ni siquiera se había establecido el concepto de "niñez", ¿se ha definido en la actualidad? Fueron los mismos niños los que seleccionaron lo que les gustaba. Así, antiguos mitos y leyendas, relatos de los tiempos de la horda, los cuales abordaban la violencia, la sexualidad, las pasiones y los resplandores de los seres humanos se convirtieron en juguetes de los niños. Así, en Eurpoa, en los siglos XVIII y XIX se consolidó una literatura "diferenciada" para las jóvenes generaciones. Aún así, los niños saben separar los textos de mala calidad de los buenos. Saben que hay autores y autoras, con buenas intenciones, que los subestiman, les llenan los textos de anodinos argumentos, de un vocabulario recargado de diminutivos y pequeñeces.
La literatura, la verdadera, no tiene adjetivos, no es para niños ni para adultos. Todas y todos la leen y la disfrutan, como una textualidad que hace soñar, crecer, aspirar y volar.

¿Cuál es el panorama actual de la literatura para niños y jóvenes en CR?

En el 2009 se celebrará el 90 aniversario de la creación de la Cátedra de Literatura Infantil de la Escuela Normal de Costa Rica. En esta cátedra, idea visionaria de Joaquín García Monge, se forjaron los primeros textos y estudios de una lteratura nacional para niñas y niños. Los primeros profesores fueron Carmen Lyra, Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto. También, en esa misma época, María Leal de Noguera, discípula de don Joaquín García Monge, publicó sus entrañables "Cuentos viejos". Estos autores se fundamentaron en el folklore, en la oralidad, en lo que se decía en Europa, en las Antillas y en Costa Rica, de lo que resplandecía en boca de cuenteros o poetas que, tal vez, nunca fueron a la escuela.
Hoy día, existimos unos pocos autores (demasiado pocos), que intentamos escribir una literatura alejada de la didáctica, que nos permita leernos como niñas y niños del siglo XXI, que tengamos conciencia de que la poca reflexión sobre los usos de la tecnología, los tratados comerciales internacionales a los que nos obligan a alienarnos, la desvalorización de nuestro idioma materno. Nos hace tener una gran responsabilidad: la de escribir en las lenguas propias, sobre lo que ocurre a los niños de hoy, su necesidad de fantasía, de la calidez de la palabra y de ser, como lo afirma la brasileña Ana María Machado, regionales y universales al mismo tiempo.
Lamentablemente, siguen publicándose obras con fines didácticos y doctrineros que intentan ver la palabra como una forma de manipulación de las personas pequeñas. Los niños se repliegan y olvidan, pronto, esa basura.

Esta literatura, a diferencia de la de adultos, se vende más, ¿eso permite mayor prosperidad para este tipo de obra?

Sí, se vende más. Eso depende de muchos aspectos, entre ellos, polìticos. Por eso, las editoriales tienen una inmensa pugna por lograr colocar sus obras como textos de lectura obligatoria en el sistema educativo. Pero, la misión del escritor trasciende la de vender. Somos artistas, no mercaderes.
Eso sí, en España y en otros países con sistemas editoriales más desarrollados, algunos escritores de literatura "infantil" pueden "vivir" de sus derechos y de las regalías por conferencias ofrecidas en escuelas y colegios. Aquí, todavía estamos muy lejos de trabajar de esa forma.

En los últimos años el Premio Carmen Lyra de la ECR ha tenido muy pobre convocatoria, incluso en un año (2005, creo) solo fue presentada una obra y se tuvo que declarar desierta. ¿Por qué se da esto si ese concurso es el único costarricense, hasta este año que la Embajada de España abrió una para narrativa? ¿Por qué además si esta liteartura es próspera en ventas, a diferencia de la otra?

Existe mucha desinformación sobre la literatura para niños. Se cree que debe cumplir una función didáctica y de que se trata de una textualidad ñoña, pobre en estética, en contenido, dirigida a lectores limitados en pensamiento y en experiencia. Todo lo contrario, las niñas y los niños son lectores curiosos, exigentes y demandan originalidad, belleza, humor, vida, tristeza, frescura. Demandan que un autor "niño" les escriba. Eso mucha gente no lo entiende y son pocas las personas que se dedican a investigar y a leer, con seriedad, las obras dirigidas niños.
Necesitamos que personas jóvenes se dediquen a escribir y a investigar. Eso sí, con dedicación, tesón y con amor.

Carlos Rubio estará en el programa Al rojo vivo del próximo viernes 2 de noviembre de 2007, 960 AM, 1 pm.

Escuche los programas anteriores de Viernes Cultural en Al rojo vivo.

Librería extranjera y TLC

Carlos Morales

Las vastas complicaciones técnicas de un convenio comercial múltiple como el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC), hacen indispensable su esclarecimiento a la luz de casos prácticos, cotidianos, que estén a la mano del hombre común, porque, de lo contrario, su esencia se queda solo para eruditos.
Hay un ejemplo, en el campo de la cultura, que tal vez sirva para entendernos…Y hasta para votar.
Allá por los años sesenta, cuando se fundó la Editorial Costa Rica, los escritores y artistas nacionales -productores de libros- se vieron muy beneficiados con la frecuente publicación de sus obras, la repetida convocatoria a certámenes, la aparición de nuevas librerías y un resurgimiento de la lectura y del libro que, rápidamente, auspiciaron la creación de nuevas editoriales y el desarrollo de una industria librera que resultó ejemplar en el istmo centroamericano.
Con la creación del Ministerio de Cultura, en 1970, su Departamento de Publicaciones entró también en la competencia y comenzó imprimiendo textos con tirajes iniciales de 7.000 ejemplares, muchos de los cuales se regalaban en sus oficinas a un público ávido que subía tres pisos y hacía cola para retirar el suyo. Se contrataban obras por encargo, se inventaron talleres, se estimuló la joven creación y hasta un concurso anual de portadas se realizaba.
Es evidente que aquella florescencia no sólo se sustentaba en lo económico y comercial, sino que prodigaba un enriquecedor baño de conocimiento y arte con el traqueteo de múltiples imprentas en todos los rincones del país. Hoy por hoy, esos destellos de cultura en las décadas 70 y 80, se consideran "de oro" en muchos ámbitos de la creación nacional. El teatro y la danza, por ejemplo.
Después vinieron la crisis del petróleo, la guerra en Mesoamérica, los PAE, la devaluación de la moneda y la impagable deuda externa, que le dieron una puñalada dorsal a la cultura del libro; pero por ahora sólo quiero referirme a un factor doméstico que descarriló por completo la ingente tradición de lectura que teníamos los costarricenses.
Mi primer libro, en 1975, circuló 7.000 ejemplares y, su segunda edición, tres años después, 3.000 ejemplares más; según consta en los colofones que tengo a mano: Imprenta Nacional e Impresora Crisol, respectivamente. Eso era lo usual.
Hoy, la edición de un libro costarricense no pasa inicialmente de 500 ejemplares, a menudo llega sólo a 200, y casi nunca tiene segunda edición o reimpresión.
Estamos hablando -en términos estadísticos- de una disminución en tiraje, por título, del 97%; es decir, que la industria editorial como negocio y su consecuente baño de cultura, disminuyeron -en 25 años- casi a cero, porque publicar veinte decenas de un libro, es como decir nada o como decir mucho para el agravio de un país que se considera culto.
Es posible que haya otros factores concomitantes en este escenario triste de la ignorancia nacional, y no vamos a considerar, por ahora, a la internet, porque ella no había llegado aun cuando apareció el fenómeno que paso a explicar y que hoy incomoda a muchos.
En los años 80 germinaron por todo el país pequeñas librerías receptivas a la creciente producción y demanda editorial. Uned, Macondo, Francesa, Italiana, Esotérica, Azul, Motivos, Porvenir, Claraluna, Nueva Década, Acrópolis, Jurídica, Antares, Alexandría y mil nombres más se unieron a las tradicionales Universal, Lehman, Trejos y López que siempre habían atendido el mercado.
Todas crecían despacio pero juntas; sin aspavientos pero a buen ritmo, y tendían a especializarse en temáticas o -algunas veces- en electrodomésticos, pero aun así conservaban como gran orgullo el abrirle sus estantes a la producción costarricense, y en sus vitrinas destacaron con agrado los nombres de los autores nacionales que, sea como sea, eran y son, los que empujan ese hervor vital de la idiosincrasia y la cultura nacionales.
Pero sucedió que un día, ahí por los noventa, una empresa de gran capital extranjero, dicen que bávaro-mexicano, hoy justamente denominada Librería Internacional compró, en exclusiva y por volumen, los derechos locales de distribución de los mejores sellos españoles, decidió a cuáles libreros nacionales les vendía y a qué precio, y prácticamente logró sacar del mercado a los autores, a los libreros y a los editores costarricenses. Salvo, por supuesto, las contadas excepciones que la legitiman o mucho le convienen.
Instalada a todo lujo en el aeropuerto principal y en los llamados "moles o males", esta bookshop optó por vender, con otra franquicia, sus saldos del extranjero a precio de nuevos, y así introdujo abundante basura literaria como si fuera verdadera creación artística.
Aunque importó títulos buenos, sus lujosos anaqueles de cedro amargo se colmaron de Coelhos, Chopras, Stills, Crichtons, Kings, Benítez, Rowlings, Browns, Shreks, Montaneres, y de toda esa subliteratura fuereña que no debería importarle mucho a la ciudadanía costarricense.
El público se fue acostumbrando a las ampulosas campañas de marketing, y a comprar libros caros y malos, como si fueran buenos y baratos, pero en alfombra de espuma con servicio de cappuccinos. Entonces el libro -como producto cultural- fue cambiando en su concepto intrínseco, pues si no venía en acabado de lujo, con código de barras y a precio inaccesible, entonces no debería ser comprable. "Lo barato sale caro", habrá dicho algún leso por ahí. ¡Coelho y todos sus cofrades estaban de fiesta!
La transnacional fue imponiéndole sus reglas al mercado y cambiándonos, de paso, nuestra vieja manera de justipreciar el libro. Y según parece con todo éxito, si nos atenemos a los muchos competidores que tuvieron que cerrar puertas.
Para que un autor o editor costarricense logre colocar sus textos en esa empresa foránea de alfombras y cappuccinos, debe cumplir los requisitos múltiples y arbitrarios que ella exija, debe someterse a su sistema lento de pago y encima, concederle de regalía el 55% del precio que cueste la obra. Y aun así, lo más seguro es que le digan que NO califica, salvo, por supuesto, que se trate de un libro escolar de lectura obligatoria y, por tanto, negocio asegurado; ante lo cual el gigante extranjero baja la testuz y acepta uno que otro producto criollo… Por lástima casi.
He visitado recientemente librerías en Argentina y puedo asegurar que el prohibitivo sistema de precios vigente en Costa Rica es de alguna forma consecuencia del influjo de esta transnacional, por lo que aquí los libros valen hasta tres veces más que en Buenos Aires, y no se puede decir que sea por impuestos, pues el libro no los paga. Por ejemplo, el volumen Autobiografía de Fidel Castro, tomo II, vale aquí ¢32.000 y allá sólo ¢l2.000. Historia del rey transparente de Rosa Montero, vale aquí ¢11.200 y allá sólo ¢3.500. Esto se puede comprobar ipso facto con solo ingresar a la página de Amazom.com.
Por otro lado, el excluyente programa de compras de la cadena transnacional y su poderoso mercadeo, obligan a los pequeños impresores locales a ponerse en el nivel, o morir. Y claro, mueren. Aunque boqueen por un rato.
Porque con ese agresivo (aunque solapado) sistema de destrucción de la literatura nacional, la rica empresa foránea se convierte a veces en monopolio y a veces en monopsonio; las librerías y hasta las distribuidoras locales fueron cerrando vitrinas, muchos editores también clausuraron, desaparecieron los sellos nativos y los autores o poetas de acá venden, a pie, sus tirajes de veinte ejemplares.
Cuando un extranjero pasa raudo por Costa Rica, suele pensar que sólo esa librería existe. En el aeródromo no permiten otra y por eso no sería raro que diga: "aquí ya no existe cultura de nada" y piense que solo esos cuatro o cinco libros, más o menos ticos, son nuestra producción en lo que llevamos del siglo.
En apoyo a lo costarricense hay excepciones: Universal, Nueva Década, Claraluna. Pero eso mismo confirma la regla, pues las demás ya desaparecieron o bien como la bookstore gringa, aplican una lobotomía intelectual con el 55% de ganancia.
Toda esta degollina de la industria librera nacional se ha ejecutado a vista y paciencia de tirios y troyanos, sin contar siquiera nuestros verdugos externos con el privilegio de "negociado para extranjeros" que les dará el filibustero TLC, el cual garantiza -para estos casos de controversia- un arbitraje en los tribunales de la Cochinchina.
Así de fácil es la cosa: proyéctelo usted a la agricultura, a los embutidos, a los frijoles enlatados, a las medicinas, a la biodiversidad, a cualquier producto o invento local…
Vamos a quedar en nada de nada y, si surge alguna duda: se reclama en algún país neutro, como los Estados Unidos.
Me entienden ahora para qué sirve el TLC.

OSCAR ARIAS: LA CARRERA DE UN MILITAR EN CARRERAS

“la banda bucanera cayó a tu sombra herida, heroica y bendecida, salvaste el patrio honor”
(Himno Patriótico costarricense)

Carlos Delgado*

La primera vez que Oscar Arias consiguió un grado militar, fue en la reciente campaña electoral que lo llevó a la presidencia. A alguno de los publicistas de su banda bucanera, se le ocurrió que el barco de la patria necesitaba capitán, y ese era precisamente Oscar Arias. El segundo nombramiento ha sido recién, cuando los bomberos le han designado comandante honorario de ese cuerpo. Es bueno que echemos una rápida mirada a su carrera militar.

La primera derrota del capitán fue, antes, incluso, de estrenarse en el mando, cuando La Nación (vocera de la banda bucanera) había anunciado un triunfo arrollador del capitán en las elecciones. No obstante, apenas y pudo ganar con una diferencia insignificante frente a Otón Solís.

Pero él y sus muchachos no entendieron nada. Por ejemplo, que en política no basta ganar, sino que en ocasiones (como ésta) hay que hacerlo con contundencia, de lo contrario se corre el riesgo de carecer de capacidad de dirección. Sin comprender esto, el primer pulso que el capitán Arias (tal vez, podría ser Garfio) decidió echarse, fue con los muchachos de la cultura. Quería trasladar la casa presidencial a la antigua fábrica de licores, donde hoy reside el Ministerio de Cultura. Inmediatamente se encontró con una resistencia organizada de los funcionarios y artistas, que consideraron semejante ocurrencia, una afrenta. Fue su segunda batalla perdida, al frente del bergantín de corsarios, en que ha convertido al gobierno de la República.

Luego, definió que el escenario en que se iba a dilucidar el tema del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) iba a ser la Asamblea Legislativa, en donde había puesto a una buena parte de su tropa corsaria de élite. Pero el asunto tampoco marchó bien en ese frente. Las cosas se fueron complicando, a tal punto que tuvo que cambiar de estrategia. Luego de que José Miguel Corrales (excandidato presidencial) planteara el referendo ciudadano, al buen capitán Garfio se le ocurrió que él también lo iba a hacer. Un tribunal electoral sumiso y complaciente dictaminó que iba el referendo por decreto. Hasta ahí parecía que finalmente algo le salía bien. Luego, sin pudor, como el mejor de los piratas, declaró que el torcía, y torcería brazos para lograr su propósito. Está claro qué significa esto, en términos de la institucionalidad del país. Digamos que es ponerla al servicio incondicional de él, su hermano, y la banda bucanera que los acompaña.

También ha probado en el terreno internacional. Digamos que quiso, el capitán, surcar otros mares, como lo hizo en su primer mandato. Pero, las cosas han cambiado radicalmente. Hasta la fecha no ha conseguido que nadie le invite a ningún evento internacional importante. Hasta trajo unos paramilitares colombianos, que le solicitaron que metiera sus narices en el conflicto de ese país. Arias les dijo que lo tramitaran ante el gobierno de su país (Colombia), para que éste luego se lo pidiera a él. El gobierno colombiano hasta la fecha ni siquiera se ha referido al asunto; y esto que Arias es amigo del presidente colombiano.

A Hugo Chávez lo intentó provocar, a ver si conseguía algo de proyección internacional, a la sombra de alguien que si la tiene. Hugo ni siquiera se dignó responder. Simplemente dijo que estaba pensando retirar del país a la empresa ALUNASA, propiedad del gobierno de Venezuela. Arias y su ministro de exteriores solicitaron explicaciones, y pidieron un diálogo de gobierno a gobierno. No lo hubo. Pero cuando los trabajadores de ALUNASA le solicitaron al presidente Chávez que no se llevara la empresa del país, este les dijo que quería hablar con ellos personalmente, y se los llevó para Venezuela. El grupo de humildes trabajadores sí lograron convencer a Chávez, de no retirar a ALUNASA de Costa Rica; y ahí está la empresa funcionado y desarrollando una respetable proyección social en la ciudad de Esparza y sus alrededores.

Ortega también le ha dejado mal parado. En una reunión en Nicaragua del Parlamento Centroamericano, dijo que era conocido que todos los presidentes centroamericanos contemporáneos de Arias, hubiesen deseado que el premio se lo dieran a Napoleón Duarte. Lo terrible de esto es que Arias, cuando fue consultado, ni siquiera pudo responder con agilidad o picardía. En realidad, no pudo decir nada. Y como si fuera poco, ahora es Ortega el que se reúne con Lula, el presidente Argentino, Hugo Chávez, los presidentes de Bolivia y Ecuador. Ortega, además, es la figura más destacada entre los mandatarios centroamericanos. Incluso ha establecido recientemente una relación estratégica con el presidente de Honduras. En cambio, a Arias, en Centroamérica, no lo invitan a tomar café, porque lo consideran, simplemente, indigerible. Ni siquiera en la región tiene el más mínimo liderazgo. El capitán, con su banda de corsarios, navega solo, por aguas tempestuosas.

Pero, volvamos al ambiente nacional y a un tema que dejamos pendiente. Luego de intentar un subterfugio desesperado robando y apropiándose del referendo ciudadano de Corrales, a ver si por ahí podía salirse con la suya, aunque fuera al estilo bucanero, las cosas no le han funcionado por ninguna parte. Los militantes del No siguen creciendo, organizándose en todo el país, y con los Comités Patrióticos han constituido un frente extraordinario de lucha, que avanza incontenible a la victoria.

En cambio, los del sí, ni siquiera se visibilizan a pesar de que lo que les sobra es dinero e influencia en los medios de comunicación. Porque gente organizada y luchadora, no tienen. En todas parte en donde va el Capitán, con su comitiva de secuaces es recibido con alguna forma de protesta popular; por ello, el presidente es acompañado permanentemente por un dispositivo de seguridad, que casi siempre se toma los alrededores de los lugares en que éste se presenta; sobre todo para evitarle el ridículo, al que sería expuesto por los ciudadanos comunes hartos de sus mentiras, demagogia, soberbia, cinismo e incompetencia.

El día en que se celebraba la anexión de Nicoya a Costa Rica en la provincia de Guanacaste, a Arias, o a alguno de sus poco distinguidos asesores, se les ocurrió hacer los honores oficiales en la ciudad de Liberia. Ese mismo día tuvo que pedir disculpas por la torpeza y burla cometida, en contra de los nicoyanos a quiénes dejó esperando. Pero ni siquiera en Liberia le fue bien. Aparte de los compañeros del No, que se manifestaron, una niñita le dedicó un poema cuyos contenidos ofendieron al Capitán y su comitiva. Zarpó de ese lugar, una vez más abatido y perdidoso, a buscar otro puerto, en donde hacer el ridículo.

Deberá ser por esta brevísima reseña del capitán Garfio y su banda bucanera, que los bomberos han decidido cambiarle de grado militar. Ahora es comandante. Suponemos que de tropas de tierra. A punto de estrenarse, como nuevo Comandante en Jefe de los muchachos de la benemérita institución, y ya le salen las cosas mal.

El viernes pasado un liberacionista, miembro del grupo del No de ese partido, denunció que casa presidencial había pagado a hacer una encuesta entre los costarricenses para saber quién iba a ganar, si el No, o el sí. La respuesta fue concluyente, el No va ganando, no solamente en términos absolutos, sino que además es la gente más dispuesta a ir a votar. Pero, los hermanillos Arias han ocultado los resultados, dice Oscar Campos, firmante de la demanda. Nada les sale al Comandante Oscar Arias y su lugarteniente Rodrigo.

A los bomberos, a quiénes respetamos profundamente, así como lo hace la mayoría de nuestro pueblo, les decimos que se equivocaron irrebatiblemente. Arias no ha hecho un solo acto decoroso y significativo para conseguir semejante nombramiento. Aunque estamos seguros de que esa ha sido una jugadilla de la cúpula de la distinguida institución, y no de la mayoría de los bomberos. A esa colectividad de muchachos y muchachas, abnegados y valientes, les decimos que su único comandante es el pueblo de Costa Rica, que va a derrotar sin apelaciones a la banda bucanera del sí.

Compañeros bomberos, les expresamos, que luego de la victoria del No, ustedes seguirán teniendo el respaldo institucional que hasta ahora los ha convertido en el mejor cuerpo de América Latina, en ese campo. A pesar del yerro, les enviamos nuestro reconocimiento y el de miles de costarricense que apreciamos y admiramos su trabajo.

Los del No también tenemos una dirección. No son capitanes ni comandantes, sino ciudadanos, que, eso sí, sabrán asumir con decoro cualquier responsabilidad que implique defender los intereses de la patria, incluso con la vida, si es necesario.

Al capitán, o Comandante, no sé, y su banda bucanera, les decimos que volverán a caer derrotados ante la sombra de las mayorías de nuestra patria, a pesar de las torceduras de brazos, del aplauso de los esbirros, de la complacencia vergonzosa del Tribunal Supremo de Elecciones y la Sala Constitucional; de la complicidad sin límites de la gran prensa televisiva, radial y escrita (con distinguidas excepciones).

Con los Comités Patrióticos, con la dirección unificada del movimiento, encabezada por los mejores hijos que tiene este país; con los sindicalistas, los muchachos de las universidades, las mujeres organizadas, los campesinos, los empresarios honestos, los curas comprometidos con su pueblo, los intelectuales, los maestros, los jornaleros, los trabajadores del estado, con las comunidades; en fin, con las grandes mayorías que aspiran a un nuevo país, con justicia social, con dignidad, con acceso a la salud y educación, para todos, triunfaremos sin apelaciones. Decimos, con la canción de Dionisio Cabal (que ya es un himno del movimiento del NO),” Llegó la Hora de Juanito Mora”.

Réquiem para el Comandante y su banda bucanera.


*Historiador y analista social.

Rolando HINOJOSA,
candidato al Cervantes

Ricardo Bada*

No pienso polemizar repitiendo que el Premio Cervantes se convierte a veces en una rebatiña gobernada por intereses extraliterarios. Y mucho menos pienso polemizar repitiendo que el Premio carga con un pecado original, que es el de la alternancia: los años pares un autor español, los impares uno ultramarino. Dicho sea en lenguaje cuartelero: el que manda manda, y cartuchos al cañón. O en otras palabras: como España dota el premio, tiene la sartén por el mango ("y el mango también") y se arroga el privilegio de otorgarse un Cervantes cada dos años. Cuando en rigor de verdad, tanto por demografía como por calidad, le correspondería nada más que uno cada lustro... o cada década. Pero no quiero polemizar.

[Aunque lo más curioso es que los peninsulares discriminan además entre ellos mismos: los diecisiete galardones autoadjudicados desde 1976 se distribuyen entre nueve escritores castellanos, cuatro andaluces, dos gallegos, un santanderino y un asturiano. No es necesario mirar el mapa de España para darse cuenta de que además de Euzkadi, Baleares y Canarias, faltan Murcia y el reino de Aragón en pleno, y sobre todo Cataluña, con sus dos Juanes mayores: Goytisolo y Marsé. Para más inri, y sin insistir en los ninguneos citados más arriba, el análisis del palmarés Cervantes arroja ausencia clamorosas entre los ya muertos (José Angel Valente, Juan Rulfo, Julio Cortázar), así como ausencias o ninguneos igualmente clamorosos entre los vivos. Pero en fin, como los vivos todavían tienen una chance, peor es continuallo].

El alto diapasón inicial, con Jorge Guillén y Alejo Carpentier, se interrumpió tan pronto como el cuarto año, en 1979, con una nota falsa: la división del Premio entre Jorge Luis Borges y Gerardo Diego, que es algo así como si premiásemos retrospectivamente ex aequo en el siglo XVII, con un galardón homologable, a don Miguel de Cervantes y a doña María de Zayas y Sotomayor. Y a quien me retrucase que después de todo Gerardo Diego era uno de los miembros más destacados de la generación del 27, podría yo replicarle que doña María, aunque hoy olvidada, fue una excelentísima escritora, elogiada por Lope de Vega y apostrofada como "la décima musa de su siglo", amén de ser una avanzada de la literatura erótica de orientación feminista: y ello nada menos que en ese lejano siglo XVII.

Sea como fuere, y ajustándome a esta política pendular que parece dar la hora de los premios, supongo que el sucesor del gran Antonio Gamoneda deberá venir del otro lado del gran charco y me pregunto que por qué no del lado más septentrional del mismo. Sí, de los Estados Unidos.

En la Enciclopedia del español en el mundo, editada entre otros por el Instituto Cervantes, las cifras cantan: se evalúa en 41,3 millones la población latina de dicho país (cifras de julio 2004, que ya deben estar más que sobrepasadas), y en seis millones el número de estudiantes matriculados en idioma español en la enseñanza pública y privada y en el propio Instituto, "y el mercado", según puede leerse en esa Enciclopedia, "está muy lejos de su saturación: por lo visto, hay todavía una posibilidad de crecimiento de hasta un 60% más. (...) Las consecuencias de esta contabilidad, sin duda, imponen un ejercicio de responsabilidad".

Y esta es, creo yo, la frase clave: esa responsabilidad, a mi leal saber y entender, incluye el reconocimiento de una literatura escrita en el peculiar español de los EU, y entre ella, sobre todo, de la literatura chicana. Y a título muy personal, pero que quisiera ver y saber muy avalado por todos aquellos a quienes se les llena la boca hablando del futuro del español como segunda lengua en los Estados Unidos, yo les sugeriría que apoyasen la candidatura de Rolando Hinojosa al Premio Cervantes 2007.

La trayectoria literaria de Rolando Hinojosa es de tanto calibre que solamente cabe llevarse las manos a la cabeza al constatar que un narrador tan grande, tan fabuloso, "tan rico en aventura", es gloriosamente desconocido fuera de su público estadounidense (y algo en México), y de los medios académicos de todo el mundo que se han especializado en literatura chicana. Para ellos, el nombre de Rolando Hinojosa es un santo y seña, el patriarca de esas letras, el fundador de un territorio mítico, El Valle, que en los propios Estados Unidos compite con el Yoknapathawpha de Faulkner, y en nuestro mundo hispánico se echaría un pulso con Comala y Macondo.

No sé si tiene mucho sentido enhebrar aquí, como perlas de un collar, los títulos de sus libros: Estampas del Valle y otras obras, Klail City y sus alrededores (que fue Premio Casa de las Américas 1976, cuando ese premio significaba algo), Mi querido Rafa, Claros varones de Belken y last but not least –como decimos los puristas– Becky y sus amigos. Wolfgang Karrer, un profesor alemán especialista en esta obra, ha llevado a cabo un censo de los personajes que pueblan El Valle, y su número se acerca al millar. Es un mundo lleno de savia y de vida, de gracia narrativa como muy pocas veces le ha sido concedida a un narrador de nuestro idioma: a Galdós tal vez, tan amado por Hinojosa.

Me limito aquí a tirar la piedra sin esconder la mano. Ahora son los especialistas quienes tienen la palabra. Pero pocas veces se la podrán otorgar con tanta justicia, en el otro lado del gran charco, a quien ha izado tan alto en el mástil la bandera del español en los Estados Unidos.

*Cortesía del autor.

Todas las voces todas

Edmundo Retana*

Me encantan los festivales de poesía. Es el medio por excelencia para que muchos de nosotros conozcamos a creadores que, de no ser por esos encuentros, serían simplemente inaccesibles. Sin embargo, algunos de los que se han organizado reflejan la fragmentación que sufre la poesía y los poetas en este país.

El panorama no puede ser más evidente: aquí y allá los poetas se dividen y subdividen alrededor de otros poetas, proyectos literarios, sellos editoriales, estilos, o simplemente se adhieren a determinado bando que tiene como principio de identidad el no ser del bando contrario. En principio el fenómeno podría ser considerado como algo natural, propio de la naturaleza plural del quehacer literario. El problema surge cuando estas diferencias se tornan en enemistades a muerte, descalificaciones, serruchadas de piso o simplemente son el justificativo para la exclusión de unos en beneficio del protagonismo de otros.

Por otra parte, se dice frecuentemente que vivimos un buen momento, tanto por la diversidad, como por la calidad de nuestra poesía. ¿No serían los festivales una excelente oportunidad para mostrar esa riqueza, en lugar de ocultarla o mostrarla solo fragmentariamente?

De poco vale que llevemos a los poetas visitantes a los rincones más lejanos de Costa Rica si, al mismo tiempo, no les damos a conocer la diversidad de nuestras voces. Sé, que en algunos momentos, fugaces y espléndidos, se ha logrado romper un poco esta seguidilla de grupúsculos y enemistades particulares para entrar en el intercambio abierto y sin aprensiones, que es connatural a la poesía. Pero todavía no es suficiente. Hace falta un esfuerzo común, un impulso desprejuiciado y generoso que incorpore, en estas y otras actividades, la multiplicidad de nuestra producción poética en su rica variedad de tonos y propuestas.

A veces pienso que esa continua división y subdivisión de nuestros poetas en campos a veces antagónicos, que se desconocen y combaten entre sí, proviene del aldeanismo y el aislamiento que ha caracterizado ciertas actitudes nacionales. Pareciera que solo reconocemos como prójimos a nuestros vecinos más cercanos y descalificamos todo lo que esté fuera de nuestra estrecha visión intermontana.

Pero la poesía, ya lo sabemos, solo fructifica, como el arte en general, en la densidad más amplia del espíritu humano; allí donde todos los que tienen voz y fruto quepan, pensando y sintiendo distinto. Pluralidad de signos, profundidad de voces, caudal de significados y expresiones, que, como lo diría Debravo, no son de nadie, nadie, nadie...

Sí, me gustan mucho los festivales de poesía, y entiendo y valoro el esfuerzo que hay detrás de ellos, pero me gustarían más si mostraran, ante nuestros distinguidos visitantes, todas las voces todas de nuestra geografía poética y humana.
*Poeta costarricense.

Un Festival para todos

Paola Valverde

La poesía debe ser de todos, no de un grupo. Siempre busqué esa unión, la voz generosa, la que se expande, la que sabe ser realmente hermana. La busqué por años. Conocí poetas de todo tipo, desde mis jóvenes compañeros del alma, hasta los que han dedicado su vida a las aulas de un colegio, de una universidad, los que con esfuerzo donan su tiempo a los talleres de poesía, haciéndola genérica, llevando sus beneficios, esa varita mágica a todo aquel que la necesite.
Sin embargo nunca conocí un proyecto más soñador, más ambicioso, más completo que el Festival Internacional de Poesía que se realiza en mi país. Con él rescato la labor de Norberto Salinas, Julieta Dobles y Rodolfo Dada, así como los jóvenes que se han adherido a la lucha como Pablo Paniagua, Bernardo Corrales y Esteban Aguilar. Gracias a la nobleza de estas y muchas personas más que me es imposible nombrar, es que el Festival ha florecido y se mantiene en pie. Porque sólo el positivismo y las fuerzas del amor son capaces de sostener tal barco a como de lugar.
En carne propia viví los desvelos de la organización. Nadie se imagina lo que cuesta todo lo que se ha logrado hasta que está allí, tras bastidores, con la carga en el lomo y la esperanza puesta en Costa Rica, en educar y sensibilizar al pueblo a través de la poesía.
Este no es un Festival de exposiciones protagónicas, este es un Festival de trabajo y de intercambio. Por eso el número de invitados es reducido para que así, cada uno, pueda dar lo mejor de su conocimiento a cada comunidad. Estamos claros de que nuestro objetivo no es concentrar la poesía en una ciudad, eso se realiza en otros países con éxito. Nosotros tenemos otro tipo de búsqueda, creemos que entre más tiempo el poeta se relacione con su comunidad mayor será la enseñanza que éste pueda transmitirle.
Además de llevar la poesía a zonas verdaderamente alejadas, Casa de Poesía y Editorial Lunes publica un libro de cada poeta y lo vende al menor precio posible. Libros de autores que no encontramos en nuestras librerías y que si los encontramos son inaccesibles para la mayoría por su alto costo. Entonces, a la gran labor le sumamos la responsabilidad social del cambio que está produciendo en la sociedad costarricense, pues los libros se han vendido todos, lo que significa que los ticos estamos leyendo poesía, buena poesía.
En este momento me encuentro en Tegucigalpa. Por tal razón no pude estar presente en todas las actividades que realizó el Festival, sin embargo hice todo lo posible para poder estar los últimos días y me enorgullece lo que vi y sentí.
Claro, hay muchas cosas que mejorar, si las buenas intenciones del total de la poesía nacional se acercan al proyecto, es probable que logremos un mayor alcance y suplamos los baches. Casa de Poesía no excluye a nadie, todos tienen el derecho de asistir a sus actividades. Si los creadores nacionales permanecen cerca de la organización, se les tomará en cuenta, no solo en las lecturas, sino en la estructura de un mundo mejor.
Por el momento sigo siendo parte del Festival, parte de la idea que rescata el sueño de Joaquín García Monge. Asimismo me siento parte de Centroamérica, de esta tierra que es una sola y que con trabajo y amor lo será también en la poesía.

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"No se puede dejar a Google todo el manejo de la cultura"
Lo dice el historiador francés Jeanneney

Por Patricio Arana
Para LA NACION de Argentina

PARIS.– En 2004, cuando Google anunció que digitalizaría 15 millones de libros y que los pondría a disposición de los internautas por medio de Google Search Books, los editores y autores se miraron con preocupación. “¿Qué pasará con nuestros derechos?, se preguntaron. Otro interrogante surgió en las bibliotecas nacionales. “¿Qué lengua y, en definitiva, qué cultura dominará con esa herramienta?”

“Un libro no es un objeto que sale así, de la nada; es el representante de un cierto tipo de cultura”, dice con firmeza Jean-Noël Jeanneney, un historiador que fue director de la principal radio pública francesa y hoy es presidente de la Biblioteca Nacional de Francia.

Pero el combativo Jeanneney, autor del libro Cuando Google desafía a Europa, en rigor no se opone a Google, sino que no comulga, aclara, con la forma en que el famoso portal ofrece los resultados de una búsqueda sobre algún tema.

“Por supuesto que estoy feliz cuando se enriquece la oferta de libros en Internet: eso es un progreso formidable”, admite, comparando la invención de la Red con la imprenta de Gutenberg. “Es una manera posible de poner fin a esta injusticia, o desigualdad, que existe entre los que tienen un fácil acceso a las bibliotecas y librerías, y los que no lo tienen.”

En mayo de 2005, Jeanneney publicó su pequeño libro para impulsar un debate en la opinión pública. En 2006, sacó una segunda versión actualizada, prueba de que su iniciativa tuvo éxito en Francia. En el medio, varios editores iniciaron acciones legales contra Google, y los políticos de Europa, alentados por la adopción de la declaración universal de la Unesco sobre la diversidad cultural, dieron apoyo económico a los proyectos destinados a contrarrestar la iniciativa del portal.

Es así que, luego de Google Search Book y de su joven competidor, Live Search Book, de Microsoft, nació la biblioteca digital europea ( The European Library, www.theeuropeanlibrary.org ), que propone los fondos de diferentes bibliotecas nacionales europeas en veinte lenguas.

-¿Cómo definiría el sistema de búsqueda de libros propuesto por Google?

-Es una selección de libros y una manera de presentarlos. Sin lugar a dudas, esta oferta será organizada sobre la base de dos ejes: primero, habrá una oferta mayoritaria anglosajona, y segundo, este motor de búsqueda vive de los beneficios de la publicidad. Como yo lo entiendo, no hay nada malo ni en lo primero ni en lo segundo. Pero estoy inquieto por el principio de monopolio. Google es una empresa que funciona con un clima estadounidense, anglosajón, y con la búsqueda de beneficios, es decir, la publicidad. Y desde que cotizan en Wall Street es más que evidente.

-Pero al mismo tiempo se alegra por el proyecto.

-Nos alegramos por la iniciativa de Google. No obstante, nosotros queremos una oferta diferente. Hice búsquedas en Google Search Book sobre Victor Hugo. Encontré veinte libros en inglés y uno en alemán. Y recibí una carta de un editor inglés que me contaba que había hecho una búsqueda sobre Grandes esperanzas , de Charles Dickens, y en el resultado apareció un vínculo publicitario para una empresa organizadora de casamientos. No tengo ganas de que al lado de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, aparezca un vendedor de zapatos y al lado de Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline, uno de medialunas.

-Y qué es lo que propone con el proyecto Gallica -la biblioteca digital francesa- o con el europeo?

-Un libro no es un objeto que sale de la nada; es el representante de un cierto tipo de cultura y, en especial, es el representante de todos aquellos libros que no fueron digitalizados y puestos online. ¿Por qué ese libro y no los otros? ¿Cómo será presentado? La cultura no es simplemente un conjunto de pequeños granos de arena. La cultura son conjuntos geológicos majestuosos, organizados de cierta manera.

-¿Cree que el proyecto europeo podrá tener más peso que los otros?

-No digo que es necesario que haya un monopolio de una biblioteca universal europea, sino que haya una competencia entre diferentes tipos de oferta que pueda aguijonear los espíritus críticos. Bien me gustaría que si usted hace una búsqueda sobre la guerra de Indochina el punto de vista francés esté presente, además del norteamericano. Le doy un ejemplo: si hago una búsqueda sobre la Revolución Francesa, no tengo ganas de que sólo aparezca en primer lugar Historia de dos ciudades, de Charles Dickens; me gustaría que figure Noventa y tres, de Victor Hugo. Quiero asegurarme de que haya una diversidad suficiente. Si busca algo sobre Cervantes, me parece más importante que encuentre algo comentado por un español, en lugar de por una universidad de Wisconsin.

-Recuerdo una cifra que va en el sentido de lo que usted afirma sobre la diversidad. Gran Bretaña no llega a traducir ni el 1% de la producción editorial en español.

-Es un problema. Los novelistas hispanos son más traducidos al francés que al inglés, y los franceses son más traducidos en lenguas mediterráneas que en inglés. En Estados Unidos traducen muy poco, son muy insulares y a la vez muy planetarios en su influencia cultural. Ojo, lo anglosajón no es el diablo, y me interesa saber qué es lo que dicen allá sobre Europa; simplemente, no quiero que a través de Internet se reproduzca ese desequilibrio. El nuestro es un proyecto colectivo europeo; los chinos ya están digitalizando sus textos, los indios también, la biblioteca de Alejandría también. Tiene que haber una verdadera diversidad, con un fondo hispanohablante, otro lusófono y sucesivamente.

-¿Es una lucha?

-Si quiere llamar así al hecho de que queremos que el mundo de mañana esté marcado por la diversidad, entonces, sí: es una lucha. Una resistencia. No atacamos a Google, sólo creo que no tenemos que dejar a Google todo el terreno libre. También se ven rápidamente los inconvenientes de un monopolio, se ve en la arrogancia de Google, en especial hacia los editores, con la digitalización sin permiso de libros con derechos.

-En Bélgica, justamente, la justicia condenó a Google por no respetar los derechos de autor.

-El derecho de autor y el derecho moral son algo esencial. Los editores tienen un fin comercial, pero también ofrecen un servicio público, y para ello tienen que estar protegidos; es por eso que van a ser incluidos en la biblioteca europea, pero con su pleno acuerdo.

-Esta revolución digital ¿puede influir en un futuro sobre la existencia del libro tal como lo conocemos?

-No lo creo. Durante mucho tiempo existirán, por un lado, el libro, y, por el otro, su versión digital. Es un uso complementario. Pienso que el libro, con su forma, el tacto, el olor y ese diálogo particular que tenemos con el objeto durará mucho tiempo. Los diarios quizás estén más amenazados que los libros, porque los diarios se tiran, son instantáneos, no se los necesita en las bibliotecas.

-Ya que usted estuvo vinculado a los medios de comunicación, en especial como director de la principal radio pública francesa, es historiador y se interesó particularmente en la evolución de la prensa. Dígame, ¿cuánto afecta desde su punto de vista la prensa gratuita a la prensa paga?

-Para darle una imagen fuerte, le diré que siempre habrá agua de la canilla y agua mineral. La competencia de Internet amenaza con hacer reducir, en varios países, la cantidad de ejemplares vendidos, pero observe las diferencias de un país a otro. En Japón, por ejemplo, los diarios más importantes no tienen prácticamente erosión alguna en sus tiradas, porque las costumbres son diferentes. Creo, personalmente, que habrá cada vez más distinción entre diarios con noticias inmediatas, que serían como una especie de zapping televisivo pero en diario, y los que ayudan a reflexionar en una sociedad en donde la gente los necesita cada vez más. Creo que los diarios van a instalarse con sus diferencias, y los diarios de referencia quedarán. Si Le Monde, en vez de intentar vender 450.000 ejemplares como antes se conforma con 250.000, pero cuya influencia sería quizá más grande en el conjunto del cuerpo social, no sería una catástrofe, y hasta quizá les permitiría vender mejor sus espacios de publicidad, porque conocerían bien su mercado; no son los ricos solamente los que leerían el diario, sino más bien los ciudadanos comprometidos con la reflexión.

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