Texto
patrocinado por Galería
Taller Edgar Zúñiga
En
esta página le presentamos el artículo de Ricardo
Bada Rolando Hinojosa, candidato al Cervantes, en el cual el
escritor Bada defiende la candidatura de Rolando Hinojosa a este famoso
premio de las letras hispanas.
Otros textos en este
espacio:
Rolando
Hinojosa, candidato al Cervantes, de Ricardo Bada.
Todas
las voces todas del poeta Edmundo Retana.
Enseguida una respuesta de Paola Valverde a la denuncia
planteada por el primero y que titula Un festival
para todos.
Una interesante
entrevista al presidente de la Biblioteca Nacional de Francia
Jean-Noël Jeanneney, sobre el papel de Google en el manejo
de la cultura.
Entrevista
a Mauricio Penagos de Costa Rica Pura Vida, sobre el folclor y la
música costarricense. Esperamos que le sea de utilidad.
Por su valor explicativo,
Culturacr.com le presenta este ensayo escrito por Carlos
Morales para el Suplemento Forja del Semanario
Universidad.
Literatura costarricense: apuntes
desde el margen
Uriel Quesada
Tener
conciencia de que un cambio histórico está ocurriendo
resulta un raro privilegio. La mayoría de nosotros vivimos el
momento con sus contradicciones, y no es sino hasta cuando nos detenemos
a mirar atrás que nos enteramos de la magnitud de los cambios
y de nuestra participación en ellos.
Si nuestro punto de partida son los años ochenta,
creo que a mi generación —aquellos escritores nacidos entre finales
de los cincuentas y finales de los sesentas— le ha tocado una época
especialmente intensa, pero aún muy próxima en términos
históricos. Por ello mismo falta mucha elaboración respecto
a lo que pasó en esa década y sobre todo hay muchas cosas
por contar. Habría que considerar, por ejemplo, el triunfo y
crisis de la revolución sandinista, incluyendo sus conexiones
con Costa Rica; la infame administración Reagan o la misión
verdad y la neutralidad perpetua del presidente Luis Alberto Monge.
Los ochentas traen a la memoria los aeropuertos clandestinos en el norte
del país, el atentado de La Penca –en el que varios periodistas
murieron y que jamás ha sido resuelto–, la represión contra
los homosexuales orquestados desde el gobierno. En esa época
explotaron bombas en el centro de San José, se habló de
una conspiración Libia, se organizó el grupo terrorista
"La Familia", mataron a su líder Viviana Gallardo cuando
supuestamente estaba segura en una cárcel, vino el Papa y Oscar
Arias se coronó Premio Nobel de la Paz.
En ese contexto un grupo de jóvenes empezamos
a escribir, la mayoría de nosotros alrededor de alguna figura
fuerte en términos culturales. La mía fue Carmen Naranjo,
quien fundó un taller de narrativa en el Museo de Arte Costarricense
en 1982, el cual posteriormente emigró a las oficinas de la Editorial
Universitaria Centroamericana, EDUCA, en San Pedro y hasta estuvo por
un breve periodo en el edificio de Letras de la Universidad de Costa
Rica. Con pocas excepciones, los escritores que se formaron en los ochentas
mantuvieron lazos de continuidad, más que de ruptura, con las
generaciones anteriores. El taller de Carmen fue una puerta abierta
para entender lo que estaba pasando en aquellas épocas, tanto
en lo literario como en lo político, muchas veces contado por
sus propios protagonistas. Fue un gran privilegio conocer a tantas personas
y aprender de ellas, pues la Costa Rica que coincidía en las
oficinas de Carmen Naranjo siempre era otra, muy distinta de lo que
se percibía a simple vista en las calles o en los medios de comunicación.
Los ochentas marcan también un momento alto en
el interés por la literatura de la región centroamericana,
al menos en el ámbito de los académicos, o para ser más
preciso: los académicos norteamericanos. Esa situación,
en principio positiva, arrastró una paradoja, porque esos críticos
definieron América Central en función de sus propias necesidades
y anhelos ideológicos, centrándose en textos que implicasen
liberación política y el surgimiento de un nuevo orden,
borrando las literaturas nacionales en función de una literatura
centroamericana que respondía a rasgos muy precisos. Los países
inmersos en guerras civiles se convirtieron en la representación
del Istmo, lo que marginalizó producciones como la hondureña,
la costarricense y la panameña. No hace mucho tiempo uno de esos
críticos que teorizaron sobre literatura centroamericana me comentó
que jamás había leído un libro costarricense.
Así las cosas, por más de 20 años
en Costa Rica hemos ido levantando una literatura menor, en primer término
con respecto a América Central y, en un ámbito más
amplio, con respecto a Latinoamérica. Escribimos una literatura
que hace 20 años no tenía interés político
y ahora no tiene interés de mercado. Seguimos siendo un país
culturalmente pequeño, con limitadas incursiones en lo que se
llamaría una literatura mundial —quizás ahora sería
más apropiado referirse a los centros del mercado librero—, destinado
a ser a la vez exótico y anodino y a permanecer siempre al lado,
como a la espera de una oportunidad que no llega.
Esta situación de marginalidad, de hallarse en
el extremo de una periferia cultural, puede ser la base de grandes oportunidades.
Es un desafío para ser más críticos de nuestro
propio discurso como escritores y de nuestro papel como intelectuales.
Como ha ocurrido en otros países, en Costa Rica los escritores
han dejado de ser una referencia moral y política. Todavía
hay algunos pocos con sus columnas en los periódicos, pero la
gente ya no recurre a los escritores en busca de iluminación
o guía. Nuestra literatura ya no representa un "espíritu
nacional" homogéneo y único, pues la Costa Rica de
hoy es plural y compleja, y nuestra escritura no pasa de ser un ángulo
más entre muchos otros que pueden ser complementarios e incluso
contradictorios. Quizás hemos perdido terreno, pero hemos ganado
libertad.
Uno de los cambios más significativos en el espectro
literario costarricense es la crisis del modelo editorial estatal. En
1959 se funda la Editorial Costa Rica (ECR) como un ente público
autónomo cuya misión era estimular la creación
literaria en el país. Aunque después hayan surgido editoriales
universitarias, la ECR significó por casi tres décadas
un punto de convergencia para los creadores nacionales. Sin embargo,
desde 1987 la ECR ha estado en un permanente estado de crisis, afectada
por las limitaciones económicas de los entes públicos,
la mala administración y la imposibilidad de adaptarse a los
nuevos tiempos. Como consecuencia han proliferado pequeñas editoriales
privadas como Guayacán, Lumbre, Perro Azul o Uruk. Hace unos
años se decía que "los ricos" eran quienes publicaban
en esas pequeñas editoriales, pero la verdad es que quienes recurren
a ellas tratan de encontrar salida a una necesidad que las casas estatales
ya no pueden atender. Grupos de escritores han empezado a afiliarse
a algunas de esas casas con propuestas renovadoras, incluso radicales.
Autores de la talla de Fernando Contreras, Alexander Obando o Luis Chaves
se han dado a conocer por estas vías alternativas. Ahora bien,
aún queda mucho por hacer, pues si bien los editores privados
imprimen primorosamente sus libros no son capaces de venderlos, ni siquiera
de poner a circular sus catálogos, ni de vencer el cerco impuesto
por muchas librerías contra la literatura costarricense. Falta
también la fi-l editor—agente, la cual ha ido surgiendo en algunos
países como un profesional que representa y ayuda a los escritores
a acceder a nuevos públicos.
Alguna crítica reciente sigue gravitando en torno
al problema de la conformación de una literatura nacional. Los
ochentas marcan un nuevo paradigma en la forma en que se piensa el país.
Se va articulando un discurso influenciado por las ideas de autores
como Hayden White (los difusos límites entre la historia como
narrativa y la ficción) o Benedict Anderson (la nación
como una comunidad imaginada, soberana y territorializada). Pronto surgen
las novelas históricas de Tatiana Lobo y José León
Sánchez, o los cuentos de memoria y exilio de Virgilio Mora.
La idea de una esencia de lo costarricense, de particulares rasgos raciales,
políticos y culturales, se empieza a erosionar.
Sin embargo, a más de dos décadas de iniciado
este proceso, cabe preguntarse si todavía importa definirnos
como literatura nacional. Al menos desde fuera de las fronteras del
país el tema parece más bien irrelevante, quizás
porque lo costarricense se entiende como una forma de convivencia, no
como una identidad. Además, escritores como José León,
Tatiana, Virgilio, o yo mismo, nos hemos movido en espacios que permiten
u obligan a otras formas de afiliación que no apelan a términos
nacionales. En lo personal me ha tocado vivir en ambientes culturalmente
muy distintos, en los que incluso no se habla español. Como costarricense
en el exterior no he encontrado una colonia de connacionales, pues los
ticos estamos dispersos y, con pocas excepciones, no fundamos sólidas
redes identitarias. He tenido, por lo tanto, que negociar constantemente
mi propia identidad. Me uno al grupo que me acoja, y en la aventura
aprendo mucho. He sido un poco cubano, otro tanto mexicano. Tengo algo
de boricua, de homosexual blanco americano, de colombiano, hondureño,
chapín, y hasta de lo que sería una "person of color"
sureña.
Además, a los escritores costarricenses nos faltan
cosas por discutir. Una de ellas es nuestra relación con los
lectores. A pesar de ser los otros protagonistas de una literatura,
los lectores usualmente son los grandes ausentes en todo diálogo
sobre el tema. La proliferación de librerías y la diversificación
de la oferta de libros en Costa Rica son signos de que contamos con
lectores sofisticados, con una amplia gama de intereses. Si vemos la
experiencia de otros países, el despegue internacional de sus
autores pasa primero por el tamiz del lector local.
Debemos también mirar alrededor para recordar
que Costa Rica es una sociedad abierta, plural y compleja, y que en
esa profundidad se hallan las historias que debemos contar. Ya no es
la época de los esencialismos nacionales, ni de las sociedades
imaginadas y territorializadas a lo Benedict Anderson. Es la época
de las migraciones, de las tecnologías, de los medios sofisticados
de comunicación y de la soledad más terrible. Esta es
la época de una clase media cuyos puntos de referencia se han
dislocado, es época de miedo, de otredades, del mundo en la pantalla
de una computadora. Vivimos en un planeta que se queda sin agua, y donde
las desigualdades adquieren nuevas formas.
Abramos
los ojos y escribamos.
Publicado
en Otrolunes.com,
revista de PEN Escritores Independientes Cubanos.
ENTREVISTA
CON CARLOS RUBIO SOBRE EL LIBRO DE LA NAVIDAD
Carlos Rubio es un
connotado escritor de libros para niños y jóvenes en el
país. Ha ganado los premio Carmen Lyra (del cual ha sido jurado
también) y Joven Creación de la Editorial Costa Rica,
entre otros. Pedro y su teatrino maravilloso, La mujer que se sabía
todos lo cuentos, Papá es un campeón y El libro de la
navidad, que estrena edición este noviembre, son algunos
de los libros publicados por Rubio. Le ofrecemos esta entrevista exclusiva
para Culturacr.com realizada el pasado 23 de octubre
para la revista cultural.
¿Esta es una
reimpresión o reedición del libro?
La
primera edición de "El libro de la Navidad" se publicó
en 2001, con el sello de la Editorial Universidad Nacional. Esta segunda
edición se encuentra a cargo del Grupo Editorial Farben Norma
y se incluye en la colección "Cajita de palabras".
Es una colección de 24 cuentos, de tal manera que parece un calendario
de Adviento: hay un cuento para cada día, del 1º al 24 de
diciembre.
¿Tiene algo
de novedosa esta nueva propuesta?
Hace seis años, varios ilustradores costarricenses se unieron
para hacer el libro. Algunos interpretaron un texto, otros se encargaron
de varios. Descubrieron que era posible realizar un trabajo unidos,
y por eso, fundaron el Foro de Ilustradores Costarricenses Gama, el
cual ha laborado ininterrumpidamente en la organizaciòn de exposiciones,
en la divulgación y la dignificación del arte del artista
gráfico. Empezó con poco más de diez integrantes,
hoy superan los cincuenta. Por eso, en esta edición, se le rinde
un homenaje a los ilustradores. En las últimas páginas
aparece un texto de la artista Vicky Ramos, así como una fotografía
y una reseña biográfica de cada uno de los ilustradores
que participan en "El libro de la Navidad".
Así, en esta versión participan Rolando Angulo, Ruth Angulo,
Félix Arburola, Isabel Fargas, Nela
Marín, Ana Luisa Núñez, Vicky Ramos y Fernando
Zeledón. Aparecen nuevas ilustraciones de Álvaro Borrasé.
Mary Anne Ellis, Héctor Gamboa, Carlos Sossa y Fernando Thiel.
Sobre el libro, ¿cuál
es el aporte más importante que realiza a la visión de
los niños sobre la navidad?
Se modificó el formato y el diseño de la portada, de tal
manera que el libro sea una excusa para que la familia se reúna
alrededor de la palabra, el disfrute y el gozo. Cada día, se
"abre una ventana" para explorar diversos misterios de una
de las fiestas más humanas: cuentos que se despprenden de evangelios
apócrifos y canónicos, de las historias de abuelos disfrazados
de San Nicolás, de niños que conversan con árboles
en un centro comercial, de San Francisco de Asís y del poeta
costarricense Carlos Luis Sáenz, cuentos de aquí y de
allá, en una celebración universal.
¿Qué
hacemos con una navidad plagada de lo comercial, en que todo se mide
en función del tener, cómo le enseñamos a los niños
el "verdadero" sentido de la navidad? ¿Cuál
es ese "verdadero sentido" según usted?
Así, el libro presenta una crítica al consumismo desmedido,
a la comercialización de los sentimientos y hace una defensa
de la Navidad como convite del espíritu, del encuento de familias
y de la diversidad cultural puesta en el portal.
¿Cuáles
libros ha publicado recientemente? ¿Trabaja en alguno inédito?
Recientemente, publiqué "La mujer que se sabía todos
los cuentos" (Grupo Editorial Norma, 2003) y la novela "Papá
es un campeón" (Grupo Editorial Norma, 2006). Actualmente
trabajo en una colección de cuentos de hadas.
¿Por qué
la literatura infantil debe ser considerada en el mismo canon de la
de adultos?
Quien asume la tarea de escribir literatura para las jóvenes
generaciones, toma las mismas responsabilidades de quienes escriben
literatura sin adjetivos: literatura para adultos. Por igual, existe
la búsqueda de una estética, se viven procesos de investigación
y se dedican muchas horas a la lectura y a la creación.
Esta literatura, que llamamos "infantil", es muy reciente,
y se deriva del folklore, de la oralidad. Hace más de trescientos
años, niños y adultos escuchaban los mismos cuentos, cantaban
las mismas coplas, pues ni siquiera se había establecido el concepto
de "niñez", ¿se ha definido en la actualidad?
Fueron los mismos niños los que seleccionaron lo que les gustaba.
Así, antiguos mitos y leyendas, relatos de los tiempos de la
horda, los cuales abordaban la violencia, la sexualidad, las pasiones
y los resplandores de los seres humanos se convirtieron en juguetes
de los niños. Así, en Eurpoa, en los siglos XVIII y XIX
se consolidó una literatura "diferenciada" para las
jóvenes generaciones. Aún así, los niños
saben separar los textos de mala calidad de los buenos. Saben que hay
autores y autoras, con buenas intenciones, que los subestiman, les llenan
los textos de anodinos argumentos, de un vocabulario recargado de diminutivos
y pequeñeces.
La literatura, la verdadera, no tiene adjetivos, no es para niños
ni para adultos. Todas y todos la leen y la disfrutan, como una textualidad
que hace soñar, crecer, aspirar y volar.
¿Cuál es el panorama actual
de la literatura para niños y jóvenes en CR?
En el 2009 se celebrará el 90 aniversario de la creación
de la Cátedra de Literatura Infantil de la Escuela Normal de
Costa Rica. En esta cátedra, idea visionaria de Joaquín
García Monge, se forjaron los primeros textos y estudios de una
lteratura nacional para niñas y niños. Los primeros profesores
fueron Carmen Lyra, Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto. También,
en esa misma época, María Leal de Noguera, discípula
de don Joaquín García Monge, publicó sus entrañables
"Cuentos viejos". Estos autores se fundamentaron en el folklore,
en la oralidad, en lo que se decía en Europa, en las Antillas
y en Costa Rica, de lo que resplandecía en boca de cuenteros
o poetas que, tal vez, nunca fueron a la escuela.
Hoy día, existimos unos pocos autores (demasiado pocos), que
intentamos escribir una literatura alejada de la didáctica, que
nos permita leernos como niñas y niños del siglo XXI,
que tengamos conciencia de que la poca reflexión sobre los usos
de la tecnología, los tratados comerciales internacionales a
los que nos obligan a alienarnos, la desvalorización de nuestro
idioma materno. Nos hace tener una gran responsabilidad: la de escribir
en las lenguas propias, sobre lo que ocurre a los niños de hoy,
su necesidad de fantasía, de la calidez de la palabra y de ser,
como lo afirma la brasileña Ana María Machado, regionales
y universales al mismo tiempo.
Lamentablemente, siguen publicándose obras con fines didácticos
y doctrineros que intentan ver la palabra como una forma de manipulación
de las personas pequeñas. Los niños se repliegan y olvidan,
pronto, esa basura.
Esta literatura, a diferencia de la de adultos,
se vende más, ¿eso permite mayor prosperidad para este
tipo de obra?
Sí, se vende más. Eso depende de muchos aspectos, entre
ellos, polìticos. Por eso, las editoriales tienen una inmensa
pugna por lograr colocar sus obras como textos de lectura obligatoria
en el sistema educativo. Pero, la misión del escritor trasciende
la de vender. Somos artistas, no mercaderes.
Eso sí, en España y en otros países con sistemas
editoriales más desarrollados, algunos escritores de literatura
"infantil" pueden "vivir" de sus derechos y de las
regalías por conferencias ofrecidas en escuelas y colegios. Aquí,
todavía estamos muy lejos de trabajar de esa forma.
En los últimos años el Premio
Carmen Lyra de la ECR ha tenido muy pobre convocatoria, incluso en un
año (2005, creo) solo fue presentada una obra y se tuvo que declarar
desierta. ¿Por qué se da esto si ese concurso es el único
costarricense, hasta este año que la Embajada de España
abrió una para narrativa? ¿Por qué además
si esta liteartura es próspera en ventas, a diferencia de la
otra?
Existe mucha desinformación sobre la literatura para niños.
Se cree que debe cumplir una función didáctica y de que
se trata de una textualidad ñoña, pobre en estética,
en contenido, dirigida a lectores limitados en pensamiento y en experiencia.
Todo lo contrario, las niñas y los niños son lectores
curiosos, exigentes y demandan originalidad, belleza, humor, vida, tristeza,
frescura. Demandan que un autor "niño" les escriba.
Eso mucha gente no lo entiende y son pocas las personas que se dedican
a investigar y a leer, con seriedad, las obras dirigidas niños.
Necesitamos que personas jóvenes se dediquen a escribir y a investigar.
Eso sí, con dedicación, tesón y con amor.
Carlos Rubio estará en el programa Al rojo vivo del próximo
viernes 2 de noviembre de 2007, 960 AM, 1 pm.
Escuche
los programas anteriores de Viernes Cultural en Al rojo vivo.
Librería
extranjera y TLC
Carlos
Morales
Las vastas
complicaciones técnicas de un convenio comercial múltiple
como el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC), hacen
indispensable su esclarecimiento a la luz de casos prácticos,
cotidianos, que estén a la mano del hombre común, porque,
de lo contrario, su esencia se queda solo para eruditos.
Hay
un ejemplo, en el campo de la cultura, que tal vez sirva para entendernos…Y
hasta para votar.
Allá por los años sesenta, cuando se fundó la Editorial
Costa Rica, los escritores y artistas nacionales -productores de libros-
se vieron muy beneficiados con la frecuente publicación de sus
obras, la repetida convocatoria a certámenes, la aparición
de nuevas librerías y un resurgimiento de la lectura y del libro
que, rápidamente, auspiciaron la creación de nuevas editoriales
y el desarrollo de una industria librera que resultó ejemplar
en el istmo centroamericano.
Con la creación del Ministerio de Cultura, en 1970, su Departamento
de Publicaciones entró también en la competencia y comenzó
imprimiendo textos con tirajes iniciales de 7.000 ejemplares, muchos
de los cuales se regalaban en sus oficinas a un público ávido
que subía tres pisos y hacía cola para retirar el suyo.
Se contrataban obras por encargo, se inventaron talleres, se estimuló
la joven creación y hasta un concurso anual de portadas se realizaba.
Es evidente que aquella florescencia no sólo se sustentaba en
lo económico y comercial, sino que prodigaba un enriquecedor
baño de conocimiento y arte con el traqueteo de múltiples
imprentas en todos los rincones del país. Hoy por hoy, esos destellos
de cultura en las décadas 70 y 80, se consideran "de oro"
en muchos ámbitos de la creación nacional. El teatro y
la danza, por ejemplo.
Después vinieron la crisis del petróleo, la guerra en
Mesoamérica, los PAE, la devaluación de la moneda y la
impagable deuda externa, que le dieron una puñalada dorsal a
la cultura del libro; pero por ahora sólo quiero referirme a
un factor doméstico que descarriló por completo la ingente
tradición de lectura que teníamos los costarricenses.
Mi primer libro, en 1975, circuló 7.000 ejemplares y, su segunda
edición, tres años después, 3.000 ejemplares más;
según consta en los colofones que tengo a mano: Imprenta Nacional
e Impresora Crisol, respectivamente. Eso era lo usual.
Hoy, la edición de un libro costarricense no pasa inicialmente
de 500 ejemplares, a menudo llega sólo a 200, y casi nunca tiene
segunda edición o reimpresión.
Estamos hablando -en términos estadísticos- de una disminución
en tiraje, por título, del 97%; es decir, que la industria editorial
como negocio y su consecuente baño de cultura, disminuyeron -en
25 años- casi a cero, porque publicar veinte decenas de un libro,
es como decir nada o como decir mucho para el agravio de un país
que se considera culto.
Es posible que haya otros factores concomitantes en este escenario triste
de la ignorancia nacional, y no vamos a considerar, por ahora, a la
internet, porque ella no había llegado aun cuando apareció
el fenómeno que paso a explicar y que hoy incomoda a muchos.
En los años 80 germinaron por todo el país pequeñas
librerías receptivas a la creciente producción y demanda
editorial. Uned, Macondo, Francesa, Italiana, Esotérica, Azul,
Motivos, Porvenir, Claraluna, Nueva Década, Acrópolis,
Jurídica, Antares, Alexandría y mil nombres más
se unieron a las tradicionales Universal, Lehman, Trejos y López
que siempre habían atendido el mercado.
Todas crecían despacio pero juntas; sin aspavientos pero a buen
ritmo, y tendían a especializarse en temáticas o -algunas
veces- en electrodomésticos, pero aun así conservaban
como gran orgullo el abrirle sus estantes a la producción costarricense,
y en sus vitrinas destacaron con agrado los nombres de los autores nacionales
que, sea como sea, eran y son, los que empujan ese hervor vital de la
idiosincrasia y la cultura nacionales.
Pero sucedió que un día, ahí por los noventa, una
empresa de gran capital extranjero, dicen que bávaro-mexicano,
hoy justamente denominada Librería Internacional compró,
en exclusiva y por volumen, los derechos locales de distribución
de los mejores sellos españoles, decidió a cuáles
libreros nacionales les vendía y a qué precio, y prácticamente
logró sacar del mercado a los autores, a los libreros y a los
editores costarricenses. Salvo, por supuesto, las contadas excepciones
que la legitiman o mucho le convienen.
Instalada a todo lujo en el aeropuerto principal y en los llamados "moles
o males", esta bookshop optó por vender, con otra franquicia,
sus saldos del extranjero a precio de nuevos, y así introdujo
abundante basura literaria como si fuera verdadera creación artística.
Aunque importó títulos buenos, sus lujosos anaqueles de
cedro amargo se colmaron de Coelhos, Chopras, Stills, Crichtons, Kings,
Benítez, Rowlings, Browns, Shreks, Montaneres, y de toda esa
subliteratura fuereña que no debería importarle mucho
a la ciudadanía costarricense.
El público se fue acostumbrando a las ampulosas campañas
de marketing, y a comprar libros caros y malos, como si fueran buenos
y baratos, pero en alfombra de espuma con servicio de cappuccinos. Entonces
el libro -como producto cultural- fue cambiando en su concepto intrínseco,
pues si no venía en acabado de lujo, con código de barras
y a precio inaccesible, entonces no debería ser comprable. "Lo
barato sale caro", habrá dicho algún leso por ahí.
¡Coelho y todos sus cofrades estaban de fiesta!
La transnacional fue imponiéndole sus reglas al mercado y cambiándonos,
de paso, nuestra vieja manera de justipreciar el libro. Y según
parece con todo éxito, si nos atenemos a los muchos competidores
que tuvieron que cerrar puertas.
Para que un autor o editor costarricense logre colocar sus textos en
esa empresa foránea de alfombras y cappuccinos, debe cumplir
los requisitos múltiples y arbitrarios que ella exija, debe someterse
a su sistema lento de pago y encima, concederle de regalía el
55% del precio que cueste la obra. Y aun así, lo más seguro
es que le digan que NO califica, salvo, por supuesto, que se trate de
un libro escolar de lectura obligatoria y, por tanto, negocio asegurado;
ante lo cual el gigante extranjero baja la testuz y acepta uno que otro
producto criollo… Por lástima casi.
He visitado recientemente librerías en Argentina y puedo asegurar
que el prohibitivo sistema de precios vigente en Costa Rica es de alguna
forma consecuencia del influjo de esta transnacional, por lo que aquí
los libros valen hasta tres veces más que en Buenos Aires, y
no se puede decir que sea por impuestos, pues el libro no los paga.
Por ejemplo, el volumen Autobiografía de Fidel Castro, tomo II,
vale aquí ¢32.000 y allá sólo ¢l2.000.
Historia del rey transparente de Rosa Montero, vale aquí ¢11.200
y allá sólo ¢3.500. Esto se puede comprobar ipso
facto con solo ingresar a la página de Amazom.com.
Por otro lado, el excluyente programa de compras de la cadena transnacional
y su poderoso mercadeo, obligan a los pequeños impresores locales
a ponerse en el nivel, o morir. Y claro, mueren. Aunque boqueen por
un rato.
Porque con ese agresivo (aunque solapado) sistema de destrucción
de la literatura nacional, la rica empresa foránea se convierte
a veces en monopolio y a veces en monopsonio; las librerías y
hasta las distribuidoras locales fueron cerrando vitrinas, muchos editores
también clausuraron, desaparecieron los sellos nativos y los
autores o poetas de acá venden, a pie, sus tirajes de veinte
ejemplares.
Cuando un extranjero pasa raudo por Costa Rica, suele pensar que sólo
esa librería existe. En el aeródromo no permiten otra
y por eso no sería raro que diga: "aquí ya no existe
cultura de nada" y piense que solo esos cuatro o cinco libros,
más o menos ticos, son nuestra producción en lo que llevamos
del siglo.
En apoyo a lo costarricense hay excepciones: Universal, Nueva Década,
Claraluna. Pero eso mismo confirma la regla, pues las demás ya
desaparecieron o bien como la bookstore gringa, aplican una lobotomía
intelectual con el 55% de ganancia.
Toda esta degollina de la industria librera nacional se ha ejecutado
a vista y paciencia de tirios y troyanos, sin contar siquiera nuestros
verdugos externos con el privilegio de "negociado para extranjeros"
que les dará el filibustero TLC, el cual garantiza -para estos
casos de controversia- un arbitraje en los tribunales de la Cochinchina.
Así de fácil es la cosa: proyéctelo usted a la
agricultura, a los embutidos, a los frijoles enlatados, a las medicinas,
a la biodiversidad, a cualquier producto o invento local…
Vamos a quedar en nada de nada y, si surge alguna duda: se reclama en
algún país neutro, como los Estados Unidos.
Me entienden ahora para qué sirve el TLC.
OSCAR
ARIAS: LA CARRERA DE UN MILITAR EN CARRERAS
“la banda bucanera cayó a tu sombra herida, heroica y bendecida,
salvaste el patrio honor”
(Himno Patriótico costarricense)
Carlos Delgado*
La primera vez que Oscar Arias consiguió un grado militar, fue
en la reciente campaña electoral que lo llevó a la presidencia.
A alguno de los publicistas de su banda bucanera, se le ocurrió
que el barco de la patria necesitaba capitán, y ese era precisamente
Oscar Arias. El segundo nombramiento ha sido recién, cuando los
bomberos le han designado comandante honorario de ese cuerpo. Es bueno
que echemos una rápida mirada a su carrera militar.
La primera derrota del capitán fue, antes, incluso, de estrenarse
en el mando, cuando La Nación (vocera de la banda bucanera) había
anunciado un triunfo arrollador del capitán en las elecciones.
No obstante, apenas y pudo ganar con una diferencia insignificante frente
a Otón Solís.
Pero
él y sus muchachos no entendieron nada. Por ejemplo, que en política
no basta ganar, sino que en ocasiones (como ésta) hay que hacerlo
con contundencia, de lo contrario se corre el riesgo de carecer de capacidad
de dirección. Sin comprender esto, el primer pulso que el capitán
Arias (tal vez, podría ser Garfio) decidió echarse, fue
con los muchachos de la cultura. Quería trasladar la casa presidencial
a la antigua fábrica de licores, donde hoy reside el Ministerio
de Cultura. Inmediatamente se encontró con una resistencia organizada
de los funcionarios y artistas, que consideraron semejante ocurrencia,
una afrenta. Fue su segunda batalla perdida, al frente del bergantín
de corsarios, en que ha convertido al gobierno de la República.
Luego, definió que el escenario en que se iba a dilucidar el
tema del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) iba a ser
la Asamblea Legislativa, en donde había puesto a una buena parte
de su tropa corsaria de élite. Pero el asunto tampoco marchó
bien en ese frente. Las cosas se fueron complicando, a tal punto que
tuvo que cambiar de estrategia. Luego de que José Miguel Corrales
(excandidato presidencial) planteara el referendo ciudadano, al buen
capitán Garfio se le ocurrió que él también
lo iba a hacer. Un tribunal electoral sumiso y complaciente dictaminó
que iba el referendo por decreto. Hasta ahí parecía que
finalmente algo le salía bien. Luego, sin pudor, como el mejor
de los piratas, declaró que el torcía, y torcería
brazos para lograr su propósito. Está claro qué
significa esto, en términos de la institucionalidad del país.
Digamos que es ponerla al servicio incondicional de él, su hermano,
y la banda bucanera que los acompaña.
También ha probado en el terreno internacional. Digamos que quiso,
el capitán, surcar otros mares, como lo hizo en su primer mandato.
Pero, las cosas han cambiado radicalmente. Hasta la fecha no ha conseguido
que nadie le invite a ningún evento internacional importante.
Hasta trajo unos paramilitares colombianos, que le solicitaron que metiera
sus narices en el conflicto de ese país. Arias les dijo que lo
tramitaran ante el gobierno de su país (Colombia), para que éste
luego se lo pidiera a él. El gobierno colombiano hasta la fecha
ni siquiera se ha referido al asunto; y esto que Arias es amigo del
presidente colombiano.
A Hugo Chávez lo intentó provocar, a ver si conseguía
algo de proyección internacional, a la sombra de alguien que
si la tiene. Hugo ni siquiera se dignó responder. Simplemente
dijo que estaba pensando retirar del país a la empresa ALUNASA,
propiedad del gobierno de Venezuela. Arias y su ministro de exteriores
solicitaron explicaciones, y pidieron un diálogo de gobierno
a gobierno. No lo hubo. Pero cuando los trabajadores de ALUNASA le solicitaron
al presidente Chávez que no se llevara la empresa del país,
este les dijo que quería hablar con ellos personalmente, y se
los llevó para Venezuela. El grupo de humildes trabajadores sí
lograron convencer a Chávez, de no retirar a ALUNASA de Costa
Rica; y ahí está la empresa funcionado y desarrollando
una respetable proyección social en la ciudad de Esparza y sus
alrededores.
Ortega también le ha dejado mal parado. En una reunión
en Nicaragua del Parlamento Centroamericano, dijo que era conocido que
todos los presidentes centroamericanos contemporáneos de Arias,
hubiesen deseado que el premio se lo dieran a Napoleón Duarte.
Lo terrible de esto es que Arias, cuando fue consultado, ni siquiera
pudo responder con agilidad o picardía. En realidad, no pudo
decir nada. Y como si fuera poco, ahora es Ortega el que se reúne
con Lula, el presidente Argentino, Hugo Chávez, los presidentes
de Bolivia y Ecuador. Ortega, además, es la figura más
destacada entre los mandatarios centroamericanos. Incluso ha establecido
recientemente una relación estratégica con el presidente
de Honduras. En cambio, a Arias, en Centroamérica, no lo invitan
a tomar café, porque lo consideran, simplemente, indigerible.
Ni siquiera en la región tiene el más mínimo liderazgo.
El capitán, con su banda de corsarios, navega solo, por aguas
tempestuosas.
Pero, volvamos al ambiente nacional y a un tema que dejamos pendiente.
Luego de intentar un subterfugio desesperado robando y apropiándose
del referendo ciudadano de Corrales, a ver si por ahí podía
salirse con la suya, aunque fuera al estilo bucanero, las cosas no le
han funcionado por ninguna parte. Los militantes del No siguen creciendo,
organizándose en todo el país, y con los Comités
Patrióticos han constituido un frente extraordinario de lucha,
que avanza incontenible a la victoria.
En cambio, los del sí, ni siquiera se visibilizan a pesar de
que lo que les sobra es dinero e influencia en los medios de comunicación.
Porque gente organizada y luchadora, no tienen. En todas parte en donde
va el Capitán, con su comitiva de secuaces es recibido con alguna
forma de protesta popular; por ello, el presidente es acompañado
permanentemente por un dispositivo de seguridad, que casi siempre se
toma los alrededores de los lugares en que éste se presenta;
sobre todo para evitarle el ridículo, al que sería expuesto
por los ciudadanos comunes hartos de sus mentiras, demagogia, soberbia,
cinismo e incompetencia.
El día en que se celebraba la anexión de Nicoya a Costa
Rica en la provincia de Guanacaste, a Arias, o a alguno de sus poco
distinguidos asesores, se les ocurrió hacer los honores oficiales
en la ciudad de Liberia. Ese mismo día tuvo que pedir disculpas
por la torpeza y burla cometida, en contra de los nicoyanos a quiénes
dejó esperando. Pero ni siquiera en Liberia le fue bien. Aparte
de los compañeros del No, que se manifestaron, una niñita
le dedicó un poema cuyos contenidos ofendieron al Capitán
y su comitiva. Zarpó de ese lugar, una vez más abatido
y perdidoso, a buscar otro puerto, en donde hacer el ridículo.
Deberá ser por esta brevísima reseña del capitán
Garfio y su banda bucanera, que los bomberos han decidido cambiarle
de grado militar. Ahora es comandante. Suponemos que de tropas de tierra.
A punto de estrenarse, como nuevo Comandante en Jefe de los muchachos
de la benemérita institución, y ya le salen las cosas
mal.
El viernes pasado un liberacionista, miembro del grupo del No de ese
partido, denunció que casa presidencial había pagado a
hacer una encuesta entre los costarricenses para saber quién
iba a ganar, si el No, o el sí. La respuesta fue concluyente,
el No va ganando, no solamente en términos absolutos, sino que
además es la gente más dispuesta a ir a votar. Pero, los
hermanillos Arias han ocultado los resultados, dice Oscar Campos, firmante
de la demanda. Nada les sale al Comandante Oscar Arias y su lugarteniente
Rodrigo.
A los bomberos, a quiénes respetamos profundamente, así
como lo hace la mayoría de nuestro pueblo, les decimos que se
equivocaron irrebatiblemente. Arias no ha hecho un solo acto decoroso
y significativo para conseguir semejante nombramiento. Aunque estamos
seguros de que esa ha sido una jugadilla de la cúpula de la distinguida
institución, y no de la mayoría de los bomberos. A esa
colectividad de muchachos y muchachas, abnegados y valientes, les decimos
que su único comandante es el pueblo de Costa Rica, que va a
derrotar sin apelaciones a la banda bucanera del sí.
Compañeros bomberos, les expresamos, que luego de la victoria
del No, ustedes seguirán teniendo el respaldo institucional que
hasta ahora los ha convertido en el mejor cuerpo de América Latina,
en ese campo. A pesar del yerro, les enviamos nuestro reconocimiento
y el de miles de costarricense que apreciamos y admiramos su trabajo.
Los del No también tenemos una dirección. No son capitanes
ni comandantes, sino ciudadanos, que, eso sí, sabrán asumir
con decoro cualquier responsabilidad que implique defender los intereses
de la patria, incluso con la vida, si es necesario.
Al capitán, o Comandante, no sé, y su banda bucanera,
les decimos que volverán a caer derrotados ante la sombra de
las mayorías de nuestra patria, a pesar de las torceduras de
brazos, del aplauso de los esbirros, de la complacencia vergonzosa del
Tribunal Supremo de Elecciones y la Sala Constitucional; de la complicidad
sin límites de la gran prensa televisiva, radial y escrita (con
distinguidas excepciones).
Con los Comités Patrióticos, con la dirección unificada
del movimiento, encabezada por los mejores hijos que tiene este país;
con los sindicalistas, los muchachos de las universidades, las mujeres
organizadas, los campesinos, los empresarios honestos, los curas comprometidos
con su pueblo, los intelectuales, los maestros, los jornaleros, los
trabajadores del estado, con las comunidades; en fin, con las grandes
mayorías que aspiran a un nuevo país, con justicia social,
con dignidad, con acceso a la salud y educación, para todos,
triunfaremos sin apelaciones. Decimos, con la canción de Dionisio
Cabal (que ya es un himno del movimiento del NO),” Llegó la Hora
de Juanito Mora”.
Réquiem para el Comandante y su banda bucanera.
*Historiador y analista social.
Rolando
HINOJOSA,
candidato al Cervantes
Ricardo Bada*
No
pienso polemizar repitiendo que el Premio Cervantes se convierte a veces
en una rebatiña gobernada por intereses extraliterarios. Y mucho
menos pienso polemizar repitiendo que el Premio carga con un pecado
original, que es el de la alternancia: los años pares un autor
español, los impares uno ultramarino. Dicho sea en lenguaje cuartelero:
el que manda manda, y cartuchos al cañón. O en otras palabras:
como España dota el premio, tiene la sartén por el mango
("y el mango también") y se arroga el privilegio de
otorgarse un Cervantes cada dos años. Cuando en rigor de verdad,
tanto por demografía como por calidad, le correspondería
nada más que uno cada lustro... o cada década. Pero no
quiero polemizar.
[Aunque lo más curioso es que los peninsulares discriminan además
entre ellos mismos: los diecisiete galardones autoadjudicados desde
1976 se distribuyen entre nueve escritores castellanos, cuatro andaluces,
dos gallegos, un santanderino y un asturiano. No es necesario mirar
el mapa de España para darse cuenta de que además de Euzkadi,
Baleares y Canarias, faltan Murcia y el reino de Aragón en pleno,
y sobre todo Cataluña, con sus dos Juanes mayores: Goytisolo
y Marsé. Para más inri, y sin insistir en los ninguneos
citados más arriba, el análisis del palmarés Cervantes
arroja ausencia clamorosas entre los ya muertos (José Angel Valente,
Juan Rulfo, Julio Cortázar), así como ausencias o ninguneos
igualmente clamorosos entre los vivos. Pero en fin, como los vivos todavían
tienen una chance, peor es continuallo].
El alto diapasón inicial, con Jorge Guillén y Alejo Carpentier,
se interrumpió tan pronto como el cuarto año, en 1979,
con una nota falsa: la división del Premio entre Jorge Luis Borges
y Gerardo Diego, que es algo así como si premiásemos retrospectivamente
ex aequo en el siglo XVII, con un galardón homologable, a don
Miguel de Cervantes y a doña María de Zayas y Sotomayor.
Y a quien me retrucase que después de todo Gerardo Diego era
uno de los miembros más destacados de la generación del
27, podría yo replicarle que doña María, aunque
hoy olvidada, fue una excelentísima escritora, elogiada por Lope
de Vega y apostrofada como "la décima musa de su siglo",
amén de ser una avanzada de la literatura erótica de orientación
feminista: y ello nada menos que en ese lejano siglo XVII.
Sea como fuere, y ajustándome a esta política pendular
que parece dar la hora de los premios, supongo que el sucesor del gran
Antonio Gamoneda deberá venir del otro lado del gran charco y
me pregunto que por qué no del lado más septentrional
del mismo. Sí, de los Estados Unidos.
En la Enciclopedia del español en el mundo, editada
entre otros por el Instituto Cervantes, las cifras cantan: se evalúa
en 41,3 millones la población latina de dicho país (cifras
de julio 2004, que ya deben estar más que sobrepasadas), y en
seis millones el número de estudiantes matriculados en idioma
español en la enseñanza pública y privada y en
el propio Instituto, "y el mercado", según puede leerse
en esa Enciclopedia, "está muy lejos de su saturación:
por lo visto, hay todavía una posibilidad de crecimiento de hasta
un 60% más. (...) Las consecuencias de esta contabilidad, sin
duda, imponen un ejercicio de responsabilidad".
Y esta es, creo yo, la frase clave: esa responsabilidad, a mi leal saber
y entender, incluye el reconocimiento de una literatura escrita en el
peculiar español de los EU, y entre ella, sobre todo, de la literatura
chicana. Y a título muy personal, pero que quisiera ver y saber
muy avalado por todos aquellos a quienes se les llena la boca hablando
del futuro del español como segunda lengua en los Estados Unidos,
yo les sugeriría que apoyasen la candidatura de Rolando Hinojosa
al Premio Cervantes 2007.
La trayectoria literaria de Rolando Hinojosa es de tanto calibre que
solamente cabe llevarse las manos a la cabeza al constatar que un narrador
tan grande, tan fabuloso, "tan rico en aventura", es gloriosamente
desconocido fuera de su público estadounidense (y algo en México),
y de los medios académicos de todo el mundo que se han especializado
en literatura chicana. Para ellos, el nombre de Rolando Hinojosa es
un santo y seña, el patriarca de esas letras, el fundador de
un territorio mítico, El Valle, que en los propios Estados Unidos
compite con el Yoknapathawpha de Faulkner, y en nuestro mundo hispánico
se echaría un pulso con Comala y Macondo.
No sé si tiene mucho sentido enhebrar aquí, como perlas
de un collar, los títulos de sus libros: Estampas del Valle
y otras obras, Klail City y sus alrededores (que fue Premio Casa
de las Américas 1976, cuando ese premio significaba algo), Mi
querido Rafa, Claros varones de Belken y last but not least –como
decimos los puristas– Becky y sus amigos. Wolfgang Karrer,
un profesor alemán especialista en esta obra, ha llevado a cabo
un censo de los personajes que pueblan El Valle, y su número
se acerca al millar. Es un mundo lleno de savia y de vida, de gracia
narrativa como muy pocas veces le ha sido concedida a un narrador de
nuestro idioma: a Galdós tal vez, tan amado por Hinojosa.
Me limito aquí a tirar la piedra sin esconder la mano. Ahora
son los especialistas quienes tienen la palabra. Pero pocas veces se
la podrán otorgar con tanta justicia, en el otro lado del gran
charco, a quien ha izado tan alto en el mástil la bandera del
español en los Estados Unidos.
*Cortesía
del autor.
Todas
las voces todas
Edmundo
Retana*
Me
encantan los festivales de poesía. Es el medio por excelencia
para que muchos de nosotros conozcamos a creadores que, de no ser por
esos encuentros, serían simplemente inaccesibles. Sin embargo,
algunos de los que se han organizado reflejan la fragmentación
que sufre la poesía y los poetas en este país.
El panorama
no puede ser más evidente: aquí y allá los poetas
se dividen y subdividen alrededor de otros poetas, proyectos literarios,
sellos editoriales, estilos, o simplemente se adhieren a determinado
bando que tiene como principio de identidad el no ser del bando contrario.
En principio el fenómeno podría ser considerado como algo
natural, propio de la naturaleza plural del quehacer literario. El problema
surge cuando estas diferencias se tornan en enemistades a muerte, descalificaciones,
serruchadas de piso o simplemente son el justificativo para la exclusión
de unos en beneficio del protagonismo de otros.
Por otra
parte, se dice frecuentemente que vivimos un buen momento, tanto por
la diversidad, como por la calidad de nuestra poesía. ¿No
serían los festivales una excelente oportunidad para mostrar
esa riqueza, en lugar de ocultarla o mostrarla solo fragmentariamente?
De poco
vale que llevemos a los poetas visitantes a los rincones más
lejanos de Costa Rica si, al mismo tiempo, no les damos a conocer la
diversidad de nuestras voces. Sé, que en algunos momentos, fugaces
y espléndidos, se ha logrado romper un poco esta seguidilla de
grupúsculos y enemistades particulares para entrar en el intercambio
abierto y sin aprensiones, que es connatural a la poesía. Pero
todavía no es suficiente. Hace falta un esfuerzo común,
un impulso desprejuiciado y generoso que incorpore, en estas y otras
actividades, la multiplicidad de nuestra producción poética
en su rica variedad de tonos y propuestas.
A veces
pienso que esa continua división y subdivisión de nuestros
poetas en campos a veces antagónicos, que se desconocen y combaten
entre sí, proviene del aldeanismo y el aislamiento que ha caracterizado
ciertas actitudes nacionales. Pareciera que solo reconocemos como prójimos
a nuestros vecinos más cercanos y descalificamos todo lo que
esté fuera de nuestra estrecha visión intermontana.
Pero la
poesía, ya lo sabemos, solo fructifica, como el arte en general,
en la densidad más amplia del espíritu humano; allí
donde todos los que tienen voz y fruto quepan, pensando y sintiendo
distinto. Pluralidad de signos, profundidad de voces, caudal de significados
y expresiones, que, como lo diría Debravo, no son de nadie, nadie,
nadie...
Sí,
me gustan mucho los festivales de poesía, y entiendo y valoro
el esfuerzo que hay detrás de ellos, pero me gustarían
más si mostraran, ante nuestros distinguidos visitantes, todas
las voces todas de nuestra geografía poética y humana.
*Poeta costarricense.
Un
Festival para todos
Paola
Valverde
La
poesía debe ser de todos, no de un grupo. Siempre busqué
esa unión, la voz generosa, la que se expande, la que sabe ser
realmente hermana. La busqué por años. Conocí poetas
de todo tipo, desde mis jóvenes compañeros del alma, hasta
los que han dedicado su vida a las aulas de un colegio, de una universidad,
los que con esfuerzo donan su tiempo a los talleres de poesía,
haciéndola genérica, llevando sus beneficios, esa varita
mágica a todo aquel que la necesite.
Sin embargo nunca conocí un proyecto más soñador,
más ambicioso, más completo que el Festival Internacional
de Poesía que se realiza en mi país. Con él rescato
la labor de Norberto Salinas, Julieta Dobles y Rodolfo Dada, así
como los jóvenes que se han adherido a la lucha como Pablo Paniagua,
Bernardo Corrales y Esteban Aguilar. Gracias a la nobleza de estas y
muchas personas más que me es imposible nombrar, es que el Festival
ha florecido y se mantiene en pie. Porque sólo el positivismo
y las fuerzas del amor son capaces de sostener tal barco a como de lugar.
En carne propia viví los desvelos de la organización.
Nadie se imagina lo que cuesta todo lo que se ha logrado hasta que está
allí, tras bastidores, con la carga en el lomo y la esperanza
puesta en Costa Rica, en educar y sensibilizar al pueblo a través
de la poesía.
Este no es un Festival de exposiciones protagónicas, este es
un Festival de trabajo y de intercambio. Por eso el número de
invitados es reducido para que así, cada uno, pueda dar lo mejor
de su conocimiento a cada comunidad. Estamos claros de que nuestro objetivo
no es concentrar la poesía en una ciudad, eso se realiza en otros
países con éxito. Nosotros tenemos otro tipo de búsqueda,
creemos que entre más tiempo el poeta se relacione con su comunidad
mayor será la enseñanza que éste pueda transmitirle.
Además de llevar la poesía a zonas verdaderamente alejadas,
Casa de Poesía y Editorial Lunes publica un libro de cada poeta
y lo vende al menor precio posible. Libros de autores que no encontramos
en nuestras librerías y que si los encontramos son inaccesibles
para la mayoría por su alto costo. Entonces, a la gran labor
le sumamos la responsabilidad social del cambio que está produciendo
en la sociedad costarricense, pues los libros se han vendido todos,
lo que significa que los ticos estamos leyendo poesía, buena
poesía.
En este momento me encuentro en Tegucigalpa. Por tal razón no
pude estar presente en todas las actividades que realizó el Festival,
sin embargo hice todo lo posible para poder estar los últimos
días y me enorgullece lo que vi y sentí.
Claro, hay muchas cosas que mejorar, si las buenas intenciones del total
de la poesía nacional se acercan al proyecto, es probable que
logremos un mayor alcance y suplamos los baches. Casa de Poesía
no excluye a nadie, todos tienen el derecho de asistir a sus actividades.
Si los creadores nacionales permanecen cerca de la organización,
se les tomará en cuenta, no solo en las lecturas, sino en la
estructura de un mundo mejor.
Por el momento sigo siendo parte del Festival, parte de la idea que
rescata el sueño de Joaquín García Monge. Asimismo
me siento parte de Centroamérica, de esta tierra que es una sola
y que con trabajo y amor lo será también en la poesía.
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"No
se puede dejar a Google todo el manejo de la cultura"
Lo dice el historiador francés Jeanneney
Por
Patricio Arana
Para LA NACION de Argentina
|
PARIS.–
En 2004, cuando Google anunció que digitalizaría
15 millones de libros y que los pondría a disposición
de los internautas por medio de Google Search Books, los editores
y autores se miraron con preocupación. “¿Qué
pasará con nuestros derechos?, se preguntaron. Otro interrogante
surgió en las bibliotecas nacionales. “¿Qué
lengua y, en definitiva, qué cultura dominará con
esa herramienta?”
“Un
libro no es un objeto que sale así, de la nada; es el representante
de un cierto tipo de cultura”, dice con firmeza Jean-Noël
Jeanneney, un historiador que fue director de la principal radio
pública francesa y hoy es presidente de la Biblioteca Nacional
de Francia.
Pero
el combativo Jeanneney, autor del libro Cuando Google desafía
a Europa, en rigor no se opone a Google, sino que no comulga,
aclara, con la forma en que el famoso portal ofrece los resultados
de una búsqueda sobre algún tema.
“Por
supuesto que estoy feliz cuando se enriquece la oferta de libros
en Internet: eso es un progreso formidable”, admite, comparando
la invención de la Red con la imprenta de Gutenberg. “Es
una manera posible de poner fin a esta injusticia, o desigualdad,
que existe entre los que tienen un fácil acceso a las bibliotecas
y librerías, y los que no lo tienen.”
En
mayo de 2005, Jeanneney publicó su pequeño libro
para impulsar un debate en la opinión pública. En
2006, sacó una segunda versión actualizada, prueba
de que su iniciativa tuvo éxito en Francia. En el medio,
varios editores iniciaron acciones legales contra Google, y los
políticos de Europa, alentados por la adopción de
la declaración universal de la Unesco sobre la diversidad
cultural, dieron apoyo económico a los proyectos destinados
a contrarrestar la iniciativa del portal. |
|
Es
así que, luego de Google Search Book y de su joven competidor,
Live Search Book, de Microsoft, nació la biblioteca digital europea
( The European Library, www.theeuropeanlibrary.org ), que propone los
fondos de diferentes bibliotecas nacionales europeas en veinte lenguas.
-¿Cómo
definiría el sistema de búsqueda de libros propuesto por
Google?
-Es
una selección de libros y una manera de presentarlos. Sin lugar
a dudas, esta oferta será organizada sobre la base de dos ejes:
primero, habrá una oferta mayoritaria anglosajona, y segundo,
este motor de búsqueda vive de los beneficios de la publicidad.
Como yo lo entiendo, no hay nada malo ni en lo primero ni en lo segundo.
Pero estoy inquieto por el principio de monopolio. Google es una empresa
que funciona con un clima estadounidense, anglosajón, y con la
búsqueda de beneficios, es decir, la publicidad. Y desde que
cotizan en Wall Street es más que evidente.
-Pero
al mismo tiempo se alegra por el proyecto.
-Nos
alegramos por la iniciativa de Google. No obstante, nosotros queremos
una oferta diferente. Hice búsquedas en Google Search Book sobre
Victor Hugo. Encontré veinte libros en inglés y uno en
alemán. Y recibí una carta de un editor inglés
que me contaba que había hecho una búsqueda sobre Grandes
esperanzas , de Charles Dickens, y en el resultado apareció un
vínculo publicitario para una empresa organizadora de casamientos.
No tengo ganas de que al lado de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry,
aparezca un vendedor de zapatos y al lado de Viaje al fin de la noche,
de Louis Ferdinand Céline, uno de medialunas.
-Y
qué es lo que propone con el proyecto Gallica -la biblioteca
digital francesa- o con el europeo?
-Un
libro no es un objeto que sale de la nada; es el representante de un
cierto tipo de cultura y, en especial, es el representante de todos
aquellos libros que no fueron digitalizados y puestos online. ¿Por
qué ese libro y no los otros? ¿Cómo será
presentado? La cultura no es simplemente un conjunto de pequeños
granos de arena. La cultura son conjuntos geológicos majestuosos,
organizados de cierta manera.
-¿Cree
que el proyecto europeo podrá tener más peso que los otros?
-No
digo que es necesario que haya un monopolio de una biblioteca universal
europea, sino que haya una competencia entre diferentes tipos de oferta
que pueda aguijonear los espíritus críticos. Bien me gustaría
que si usted hace una búsqueda sobre la guerra de Indochina el
punto de vista francés esté presente, además del
norteamericano. Le doy un ejemplo: si hago una búsqueda sobre
la Revolución Francesa, no tengo ganas de que sólo aparezca
en primer lugar Historia de dos ciudades, de Charles Dickens; me gustaría
que figure Noventa y tres, de Victor Hugo. Quiero asegurarme de que
haya una diversidad suficiente. Si busca algo sobre Cervantes, me parece
más importante que encuentre algo comentado por un español,
en lugar de por una universidad de Wisconsin.
-Recuerdo
una cifra que va en el sentido de lo que usted afirma sobre la diversidad.
Gran Bretaña no llega a traducir ni el 1% de la producción
editorial en español.
-Es
un problema. Los novelistas hispanos son más traducidos al francés
que al inglés, y los franceses son más traducidos en lenguas
mediterráneas que en inglés. En Estados Unidos traducen
muy poco, son muy insulares y a la vez muy planetarios en su influencia
cultural. Ojo, lo anglosajón no es el diablo, y me interesa saber
qué es lo que dicen allá sobre Europa; simplemente, no
quiero que a través de Internet se reproduzca ese desequilibrio.
El nuestro es un proyecto colectivo europeo; los chinos ya están
digitalizando sus textos, los indios también, la biblioteca de
Alejandría también. Tiene que haber una verdadera diversidad,
con un fondo hispanohablante, otro lusófono y sucesivamente.
-¿Es
una lucha?
-Si
quiere llamar así al hecho de que queremos que el mundo de mañana
esté marcado por la diversidad, entonces, sí: es una lucha.
Una resistencia. No atacamos a Google, sólo creo que no tenemos
que dejar a Google todo el terreno libre. También se ven rápidamente
los inconvenientes de un monopolio, se ve en la arrogancia de Google,
en especial hacia los editores, con la digitalización sin permiso
de libros con derechos.
-En
Bélgica, justamente, la justicia condenó a Google por
no respetar los derechos de autor.
-El
derecho de autor y el derecho moral son algo esencial. Los editores
tienen un fin comercial, pero también ofrecen un servicio público,
y para ello tienen que estar protegidos; es por eso que van a ser incluidos
en la biblioteca europea, pero con su pleno acuerdo.
-Esta
revolución digital ¿puede influir en un futuro sobre la
existencia del libro tal como lo conocemos?
-No
lo creo. Durante mucho tiempo existirán, por un lado, el libro,
y, por el otro, su versión digital. Es un uso complementario.
Pienso que el libro, con su forma, el tacto, el olor y ese diálogo
particular que tenemos con el objeto durará mucho tiempo. Los
diarios quizás estén más amenazados que los libros,
porque los diarios se tiran, son instantáneos, no se los necesita
en las bibliotecas.
-Ya
que usted estuvo vinculado a los medios de comunicación, en especial
como director de la principal radio pública francesa, es historiador
y se interesó particularmente en la evolución de la prensa.
Dígame, ¿cuánto afecta desde su punto de vista
la prensa gratuita a la prensa paga?
-Para
darle una imagen fuerte, le diré que siempre habrá agua
de la canilla y agua mineral. La competencia de Internet amenaza con
hacer reducir, en varios países, la cantidad de ejemplares vendidos,
pero observe las diferencias de un país a otro. En Japón,
por ejemplo, los diarios más importantes no tienen prácticamente
erosión alguna en sus tiradas, porque las costumbres son diferentes.
Creo, personalmente, que habrá cada vez más distinción
entre diarios con noticias inmediatas, que serían como una especie
de zapping televisivo pero en diario, y los que ayudan a reflexionar
en una sociedad en donde la gente los necesita cada vez más.
Creo que los diarios van a instalarse con sus diferencias, y los diarios
de referencia quedarán. Si Le Monde, en vez de intentar vender
450.000 ejemplares como antes se conforma con 250.000, pero cuya influencia
sería quizá más grande en el conjunto del cuerpo
social, no sería una catástrofe, y hasta quizá
les permitiría vender mejor sus espacios de publicidad, porque
conocerían bien su mercado; no son los ricos solamente los que
leerían el diario, sino más bien los ciudadanos comprometidos
con la reflexión.
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