Lea también
el artículo "Nombramientos y recomendaciones,
¿cuál filtro?", así como el texto ¿Para
qué educar? de Leonardo Garnier, Ministro de Educación
y El reto a una sociedad de niños y niñas, de
Jorge Luis Ramírez, así como La
historia de la máquina de escribir.
La Biblioteca Digital Mundial
y la digitalización de la cultura
Jorge Gómez Jiménez
Letralia.com
En días pasados fue anunciado el proyecto de la Biblioteca
Digital Mundial, que pretende poner a disposición de los usuarios
de Internet buena parte de la cultura de la humanidad —o, al menos,
la que pertenece al dominio público— en la forma no sólo
de texto, sino además de mapas, grabaciones musicales, películas,
fotografías y otros materiales. Se trata de un ambicioso registro
cultural que, según promete su presentación, no estará
limitado por asuntos tales como el idioma o la geografía.
El proyecto arranca con un convenio suscrito entre la Unesco y seis
grandes bibliotecas del mundo: de Egipto, la Biblioteca Alexandrina
y la Biblioteca y Archivo Nacional; de Estados Unidos, la Biblioteca
del Congreso; de Brasil, la Biblioteca Nacional y, de Rusia, la Biblioteca
Nacional y la Biblioteca Estatal. Al igual que ha ocurrido con ideas
anteriores que van por los mismos rumbos, es notoria la ausencia de
instituciones análogas de Latinoamérica, que podrían
ofrecer al mundo directamente, sin filtros, la abigarrada riqueza
cultural de nuestros pueblos. Pero es sabido que, por estos lares
—que los discursos oficiales no dudan en alabar, definiéndonos
como países que aún están construyéndose,
cuando más bien pareciera que están destruyéndose
en manos del animal político—, los recursos no salen con facilidad
de los bolsillos de los burócratas.
Es significativo, de cualquier forma, que el proyecto se anuncia como
una iniciativa que tiene entre sus objetivos promover el conocimiento
y el entendimiento intercultural internacional, y expandir en Internet
el volumen disponible de información en idiomas distintos al
inglés y provenientes de culturas distintas a la occidental.
Ello, y la posibilidad de que se adhieran al proyecto instituciones
públicas o privadas que tengan acceso a colecciones de información
que puedan ser ofrecidas gratuitamente a los usuarios de la biblioteca
—tras demostrar, por otro lado, que disponen de las herramientas tecnológicas
para propiciar tal integración—, hacen de esta una propuesta
más que interesante.
Es cierto que se trata de la enésima idea que gira en torno
a la digitalización de la cultura. La Biblioteca Digital Mundial
es una propuesta de James Billington, bibliotecario del Congreso de
Estados Unidos, presentada por primera vez a la Unesco en el año
2005, justo cuando se empezaba a gestar la por nosotros llamada “guerra
de los libros” que daría paso al nacimiento de la Open Content
Alliance (OCA) entre otras iniciativas similares que intentaban recuperar
territorios ganados por la maquinaria digitalizadora de Google.
Sin embargo, consideramos que la sola existencia de proyectos como
estos ya es un motivo para el optimismo. Por ahora estas iniciativas
tienen una apariencia un tanto dispersa y lucen como esfuerzos parcelados
o redundantes, pero creemos que es importante que esta fase sea desarrollada
tanto como sea necesario para que maduren los procedimientos con los
que traduciremos nuestra cultura al más maleable y productivo
entorno digital. No es utópico suponer que a mediano plazo
estas ideas, cual piezas que se complementen unas con otras, terminen
armando el gran rompecabezas de la cultura universal. Un rompecabezas
que más temprano que tarde estará en manos del público.
Historia
de la máquina de escribir
El
primer intento registrado de producir una máquina de escribir
fue realizado por el inventor Henry Mill, que obtuvo una patente de
la reina Ana de Gran Bretaña en 1714.
La siguiente
patente expedida para una máquina de escribir fue concedida
al inventor estadounidense William Austin Burt en 1829 por una máquina
con caracteres colocados en una rueda semicircular que se giraba hasta
la letra o carácter deseado y luego se oprimía contra
el papel.
I
Esta primera máquina se llamó 'tipógrafo', y
era más lenta que la escritura normal. En 1833 le fue concedida
una patente francesa al inventor Xavier Progin por una máquina
que incorporaba por primera vez uno de los principios utilizados en
las máquinas de escribir modernas: el uso, para cada letra
o símbolo, de líneas de linotipia separadas y accionadas
por palancas separadas.
I
El mecanismo utilizado para mover el papel entre caracteres y entre
líneas es en casi todas las máquinas de escribir modernas
un rodillo cilíndrico, contra el que se sujeta el papel con
firmeza. El rodillo se mueve horizontalmente para producir el espaciado
entre las líneas.
I
La primera máquina que utilizó este método de
espaciado fue construida en 1843 por el inventor estadounidense Charles
Grover Thurber. La parte impresora de esta máquina de escribir
era un anillo de metal que giraba en sentido horizontal sobre el rodillo
y que estaba provisto de una serie de teclas o pistones con piezas
de caracteres en su parte inferior.
I
La máquina funcionaba girando la rueda hasta que la letra adecuada
se centraba sobre la posición de impresión en el rodillo
y luego se oprimía la tecla.
I
Varios inventores intentaron crear máquinas diseñadas
para hacer impresiones grabadas en relieve que pudieran ser leídas
por personas ciegas.
Una de esas máquinas, desarrollada en 1856, era semejante a
la máquina de escribir moderna en cuanto a la disposición
de las teclas y líneas de linotipia, pero grababa las letras
en relieve en una tira de papel estrecha en lugar de en una hoja.
I
Una máquina similar, creada y patentada en 1856, tenía
las líneas de linotipia dispuestas en sentido circular, un
soporte de papel móvil, un timbre que sonaba para indicar el
final de una línea y una cinta con tinta. La disposición
del teclado de esta máquina era semejante a las teclas blancas
y negras de un piano..
I
La máquina de escribir Remington.
En 1873 E. Remington and Sons, de Ilion, Nueva York, fabricaron el
primer modelo industrial. La primera máquina de escribir Remington,
producida para los inventores estadounidenses Sholes y Glidden, contenía
casi todas las características esenciales de la máquina
moderna.
I
I
Las primeras Remington sólo escribían en letras mayúsculas,
pero en 1878 se hizo posible el cambio de carro debido a dos inventos.
Uno era una tecla y una palanca que bajaba el carro a una distancia
corta para imprimir las letras mayúsculas, mientras otra tecla
y otra palanca regresaban el carro a su posición original para
imprimir las letras minúsculas.
I
El otro invento fue la tecla doble, con las letras mayúsculas
y minúsculas montadas en las mismas líneas de linotipia.
La introducción del cambio y la tecla doble permitió
la adición de números y otros símbolos sin aumentar
el tamaño del teclado.
También abrió el camino hacia la técnica conocida
como mecanografía al tacto, que permitía a los operadores
conseguir una gran rapidez y precisión.
¿Para
qué educamos?
Leonardo Garnier
Ministro de Educación
Pública, Costa Rica
Octubre 23, 2007
Del
documento 34 C/5 que nos presenta la UNESCO - un nombre frío
para un documento tan rico - se desprende que educamos para la vida,
educamos para la convivencia.
Vivir y convivir tienen muchas aristas: en nuestra relación
con los otros nos va la vida; ya sea que hablemos del amor o de la
guerra; del trabajo o del juego; de las pasiones o los intereses,
del ocio o del negocio. Para todo eso, educamos... y para eso, debemos
educar a todos.
Entre el egoísmo y la simpatía
Nuestra paradójica relación con los otros está
maravillosamente recogida en las dos grandes obras de aquel profesor
de filosofía moral que terminó convertido en padre de
la economía moderna: el ser humano vive en una constante tensión
entre el egoísmo y la simpatía; entre el intento por
aprovechar la necesidad ajena en su propio beneficio y la capacidad
de sufrir con el dolor y gozar con el bienestar del prójimo.
No
esperamos el pan de la bondad del panadero ni la cerveza de la del
cervecero sino de la necesidad que tienen de satisfacer su propio
interés, nos decía Adam Smith en La Riqueza de las Naciones.
De ahí el comercio, el intercambio y el trabajo en su sentido
social: trabajamos para los demás e intercambiamos el fruto
de nuestro trabajo con ellos esperando, sin ingenuidad, que ellos
trabajen también para nosotros.
Por
eso la educación debe ser, en parte, una educación para
el trabajo, para la producción y el intercambio, para la convivencia
económica, una convivencia que nos permita sacar partido a
lo que bien podríamos llamar la eficiencia del egoísmo.
Pero
así como nos importan los demás desde este ángulo
utilitarista, nos importan también en un sentido mucho más
complejo y profundo, que el mismo Smith desarrolla en su Teoría
de los Sentimientos Morales: más que ninguna otra cosa - dice
- nos interesa el afecto o la simpatía de los demás:
su aprecio, su respeto, su reconocimiento; nos importa qué
piensan y sienten los demás sobre nosotros.
De aquí fluye esa contradicción inevitable que marca
nuestras vidas: vivimos entre el egoísmo y la simpatía.
Buscamos poder, prestigio y riqueza, pues creemos que nos brindan
todo aquello que tanto anhelamos. Pero al mismo tiempo, buscamos el
afecto, el respeto, la solidaridad y el reconocimiento de los demás;
pues solo ahí encontramos el sentido trascendente a nuestra
vida.
¿Qué queremos que aprendan?
Para eso debemos educar: tanto para la convivencia eficiente, útil
y práctica del mundo del trabajo; como para la vida plena y
trascendente que surge de la convivencia solidaria y del afecto desinteresado.
Queremos
que los estudiantes aprendan lo que es relevante y que lo aprendan
bien: que nuestros jóvenes adquieran y desarrollen el conocimiento,
la sensibilidad y las competencias científicas; lógicas
y matemáticas; históricas y sociales; de comunicación
y lenguaje que la vida en sociedad exige. Todo esto es clave... pero
no basta.
En
un mundo incierto en el que pareciera que todo se vale; y en el que
se vuelve casi indistinguible lo que vale más... de lo que
vale menos; en un mundo en el que prevalece el miedo, la pregunta
de ¿para qué educar? adquiere un significado adicional
y angustiante.
Al
educar para la vida y la convivencia no podemos quedarnos con las
necesidades prácticas del egoísmo: necesitamos de la
simpatía, de la identificación con el otro, como condición
indispensable para la supervivencia de una sociedad libre y desigual
que convive en un planeta frágil. No podemos quedarnos con
el economista: necesitamos al filósofo.
A
la educación que prepara para la búsqueda pragmática
de 'lo verdadero' debe agregarse la educación que forma para
la búsqueda trascendente de 'lo bueno' y 'lo bello': una educación
en la ética y la estética, como criterios fundamentales
- y nunca acabados - de la convivencia humana. Una educación
para la ciudadanía, una educación que nos libre de la
discriminación y el miedo.
No
podemos educar ni en los valores inmutables de los conservadores ni
en la cómoda ambigüedad de los relativistas, sino en la
búsqueda de qué es lo que nos permite vivir juntos,
con respeto, con simpatía, con solidaridad, con afecto; reconociéndonos
y aceptándonos en nuestra diversidad. Para eso, educamos.
De
la misma forma, debemos educar en la estética, para que nuestros
jóvenes aprendan a gozar de la belleza natural y artística;
para que sean capaces de apreciarla y valorarla; de entenderla: de
conocer y respetar sus raíces y experimentar sus derivaciones
y combinaciones; para poder así comunicarse y expresarse, ellos
mismos, artísticamente.
Educamos
para la cultura, para los derechos humanos y para eso que hemos llamado
un 'desarrollo sostenible'. Educamos para cultivar esa parte de nuestra
naturaleza humana que no viene inscrita en el código genético,
sino en nuestra historia. Educamos para el ejercicio crítico
pero sensato de la ciudadanía democrática. Educamos
para cerrar esas brechas que nos separan. Educamos para que prevalezca
la razón y no se repitan los errores del pasado. Educamos contra
la magia y la tiranía. Educamos, en fin, para vivir sin miedo
en el afecto y la memoria de los demás: solo así trascendemos
como individuos; solo así sobrevivimos como especie.
La alfabetización del Siglo XXI
Es por todo ello que la alfabetización del siglo XXI significa
algo más que leer, escribir y operar la aritmética básica;
significa poder entender el mundo en que vivimos y expresarnos en
los símbolos de nuestro tiempo, y esos son los símbolos
de la ciencia, de la tecnología, de la política, del
arte y la cultura a todo nivel. No podemos aspirar a menos.
Termino
con un comentario más práctico sobre esta reflexión
un tanto abstracta. Educar para la búsqueda de 'lo verdadero'
no es solamente un esfuerzo académico, sino que es indispensable
para poder vivir una vida plena: los estudiantes deben entender que
la ecuación matemática de la parábola es, precisamente,
la que permite a Percy Montgomery anotar sus goles de tiro libre en
el Mundial de Rugby que acabamos de vivir; que tras la fórmula
NaCl se esconde lo que da ese sabor saladito a su comida; y que en
alguna de las tantas guerras que estudiaron, yace también alguno
de sus abuelos.
De
la misma forma, educar en la búsqueda de 'lo bueno' y 'lo bello'
no tiene un sentido sublime y lejano, sino completamente práctico...
y esto lo entienden bien los jóvenes artistas - raperos, bailarines,
poetas, cantantes, pintores, cineastas - que expresan en su arte las
angustias de ser joven en nuestro mundo y encuentran en ello su identidad
y su razón de permanecer... o escapar de los colegios.
En
español, la diferencia entre aula y jaula es solo una letra...
cuanto más parezcan jaulas nuestras aulas, mientras más
prevalezca el miedo como estrategia educativa... menos jóvenes
tendremos en ellas, menos educación. Cuanto más arte,
más convivencia, más respeto haya en los colegios, más
jóvenes se sentirán a gusto en ellos; habrá menos
deserción y más educación para la vida, para
el trabajo y para la convivencia ciudadana. Para eso educamos... y
el reto es enorme: es un reto que empieza por reeducarnos nosotros
mismos y reeducar a los educadores.
El papel de UNESCO
Una pregunta final: en todo esto ¿para qué sirve UNESCO?
UNESCO no puede sustituir a los jóvenes, ni puede sustituir
ni dirigir las escuelas y colegios del mundo; tampoco puede jugar
a ser una especie de Ministerio Mundial de Educación.
Lo
que sí puede ser es un catalizador, un coordinador y, sobre
todo, un ente que aproveche su poder y los recursos comunes para crear
las redes que garanticen que el conocimiento y la cultura sigan siendo
bienes públicos globales y para poner estos bienes y servicios
al acceso de todos y no solo de quienes pueden pagar por ellos.
El
principal dilema de nuestro tiempo en esta llamada 'era del conocimiento'
es simple: ¿se convertirán el conocimiento en la cultura
en un bien público que - como la luz - sea capaz de iluminar
a todos sin quitar por eso luz a nadie; o se convertirán en
una mercancía más, que solo puede ser aprovechada por
quien tiene la capacidad para pagar por ella? ¿Nos unirán
el conocimiento y la cultura... o terminarán de separarnos?
Tal es la principal tarea de UNESCO: responder esa pregunta desde
la óptica de los derechos, de la universalidad, de la solidaridad.
Entre
el viento de la razón...
y la tempestad de la superstición
Leonardo
Garnier
Ministro de Educación Pública, Costa Rica
Junio 29, 2007
"Heredarás el viento..."
Todos recordamos aquella gran película - "Heredarás
el viento" - en la que, en un pequeño pueblo norteamericano,
un profesor de ciencias es juzgado por enseñar en sus clases
la teoría de la evolución. El debate entre el fiscal
y el abogado defensor - magistralmente representado por Spencer Tracy
- es una pieza de antología de este conflicto milenario entre
la razón y el miedo, entre la ciencia y la superstición.
La película es de 1960, estamos en 2007 y las cosas no han
cambiado mucho. O tal vez sería más exacto decir que
sí han cambiado: hoy sabemos más, tenemos mucho más
conocimiento y ciertamente más información; pero nuestras
creencias parecen estar más y más alejadas de ese conocimiento,
de esa información y mucho más cerca de la magia y la
superstición.
Y es que, en efecto, vivimos inmersos en un sistema de creencias.
Esto no es bueno o malo en sí mismo, simplemente así
somos. El punto está en cómo construimos, cómo
sustentamos y cómo - y con qué flexibilidad - estamos
dispuestos a modificar nuestras creencias frente a la evidencia, frente
a la discusión, frente a los argumentos que las cuestionan
y las retan o contradicen. No se trata - como solemos hacer - de defender
nuestras creencias frente a la refutación con aquella salida
fácil de "la excepción confirma la regla"...
sino de entender su verdadero significado: en realidad, "la excepción
pone a prueba la regla".
Dicho en otra forma, el punto es en qué medida nuestras creencias
se forman con una sólida base de pensamiento lógico
y conocimiento científico o son simplemente creencias que no
tienen sustento ni en el conocimiento ni en la lógica, sino
en cualquier otra cosa o, incluso, no tienen más sustento que
el hecho mismo de ser una creencia compartida, cuyo único mérito
es darnos algo de identidad con aquellos que la comparten... y una
falsa sensación de certeza y seguridad.
Un curioso terreno fértil para la superstición
Nunca como hoy la humanidad ha tenido a su disposición tanta
información, tanto conocimiento, tanta capacidad potencial
para comprender racionalmente muchos de los fenómenos y procesos
que nos han asombrado a lo largo de la historia. Pero que esto no
se malinterprete: no se trata de perder el asombro, sino de aprovechar
lo que sabemos hacer - investigar, pensar, discutir - para dotar a
cada asombro particular de una explicación razonable - lo que
no minimiza ni al sol ni a la lluvia, al terremoto o al cometa, al
eclipse o al arco iris, al nacimiento o a la muerte - sino que los
vuelve hermosamente comprensibles.
Esto, como ha sido evidente con cada nuevo descubrimiento a lo largo
de la historia, abre la puerta a nuevos asombros ante realidades que
antes ni siquiera observábamos, asombros que, a su vez, darán
paso a nuevas explicaciones: de las sinapsis que operan tras en pensamiento,
de las maravillas del genoma, de la siempre deslumbrante relatividad
del tiempo y el espacio, del potencial casi imponderable de las tecnologías
de la información... En fin, el asombro y la constante búsqueda
de explicaciones razonables, de conocimiento - siempre relativo, parcial,
gradual y cambiante - pueden ser y han sido las grandes acompañantes
en nuestra búsqueda por entendernos mejor y entender mejor
este universo en que vivimos.
Sin embargo, y a pesar de eso, nunca como hoy la humanidad ha estado
tan dispuesta a creer cualquier cosa. Nunca como hoy, la humanidad
ha estado dispuesta - teniendo alternativas razonables - a formar
sus creencias con base en cualquier ocurrencia o disparate, sin hacer
mayor distinción entre la solidez y rigurosidad de los argumentos
que la sustentan... o la charlatanería y manipulación
que les ofrece nuevas y milagrosas "explicaciones" para
sus asombros. Es el mundo de las píldoras mágicas, de
las cremas mágicas, de los libros mágicos que en diez
minutos... en fin, un mundo en el que, nuevamente, queremos sustituir
el esfuerzo tenaz de buscar el conocimiento y, con su ayuda, construir
soluciones reales a nuestros problemas, por la salida fácil
de comprar la felicidad, la salud, la identidad... o la vida eterna.
Paradójicamente, potenciado por los propios avances de las
tecnologías de la información y la comunicación,
se ha abierto así un nuevo y tenebroso espacio para los vendedores
de mitos y espejitos que lucran con la angustia humana y la constante
búsqueda de salidas milagrosas a lo que solo tiene salidas
que demandan esfuerzo propio y sistemático... o que simplemente
no tienen salida, porque no todo la tiene. Los ejemplos abundan...
y basta prender el televisor para asombrarse - que también
esto asombra - con la magnitud de esa necesidad humana de creer en
lo que sea, por ridículo que sea. El exceso de información
y la complejidad misma del pensamiento científico, parecen
haberse convertido, paradójicamente, en el terreno más
fértil para el resurgimiento del pensamiento mágico.
Tal vez los casos más graves son aquellos en los que - como
en "Heredarás el viento" - frente a conocimientos
ya adquiridos y que en su momento sirvieron para correr el velo de
nuestra ignorancia, ahora renacen - con nuevos ropajes y apóstoles
- las viejas supersticiones y fetiches que descartan, suplantan y
revierten el avance hasta entonces logrado por la humanidad y nos
devuelven a la oscuridad de la ignorancia y al dominio del hechicero.
Darwin se transforma de iluminador... en amenaza.
Lo que sabemos y lo que creemos
¿Por qué es esto tan grave? Porque, contrario a lo que
suelen pensar los científicos y los intelectuales, las acciones
de los seres humanos se guían mucho más por sus creencias
que por sus conocimientos. No es porque sé algo que actúo...
sino que actúo porque creo algo, sobre todo si creo intensamente
en ese algo. Para que el conocimiento sirva de base a la acción
humana, para que el conocimiento científico y la reflexión
filosófica sean base de la transformación del mundo,
deben dar un paso difícil pero indispensable: tienen que ser
comprensibles para la gente pero, más aún, tienen que
ser capaces de convertirse en algo más que conocimiento: tienen
que ser creíbles para la gente, tienen que volverse parte de
nuestros sistemas de creencias, tienen que ser creídos... no
simplemente sabidos. En otras palabras, tienen que pasar a ser parte
de nuestra cultura.
Este no es un paso fácil. Sólo pensemos cuántas
veces en la vida cotidiana actuamos con base en supersticiones, a
pesar de que nuestro conocimiento nos haría fácilmente
reconocerlas como lo que son: meras supersticiones. La mercantilización
del mundo moderno - fuerza de progreso en muchos sentidos - es en
este campo una fuerza que, lamentablemente, contribuye con fuerza
a igualar y confundir conocimiento con charlatanería, como
muestra más de un ejemplo ya clásico en el que, a punta
de fuerza mediática, la mentira adquiere status de verdad para
millones de personas, a pesar del reclamo inútil de la evidencia.
Esto no le pasa solamente a la gente 'común y corriente' (lo
digo así porque a veces los científicos no se sienten
gente común y corriente... y a veces la gente tampoco los ve
así). No, esto afecta incluso a muchos intelectuales y científicos.
A veces en su propio campo - lo que es un poco más fácil
de detectar y combatir por los pares - pero muchas veces en campos
que, si bien ajenos a su experticia científica, no debieran
ser ajenos a su pensamiento científico y a su rigor lógico.
Aquí, suelen hacer un gran daño promoviendo creencias
sin ninguna base científica, pero dotándolas del aura
del conocimiento científico: cuántas veces se dice -
o se piensa - que "si fulanito cree... debe ser cierto".
De nuevo, una técnica muy usada en mercadeo: nueve de cada
diez dentistas, nueve de cada diez médicos, usan...
A partir del asombro... hay dos caminos
De nuevo: ¿por qué es esto tan grave? Porque el asombro,
que es maravilloso como fuente de búsqueda, puede conducir
entonces con la misma facilidad a un sistema de creencias basado en
el pensamiento científico y el razonamiento lógico -
en la razón - o a un sistema de creencias basado en la magia
o la superstición... en la venta de espejitos.
Mientras la ciencia promueve la duda sistemática, la actitud
responsable de la democracia y el respeto por los demás y por
sus ideas; la magia promueve la certeza absoluta, la actitud arrogante
en unos y sumisa en otros tan típicas del autoritarismo; y
el irrespeto o hasta la destrucción del otro y sus ideas. La
magia - la solución ignorante del asombro - es la base del
fanatismo y el fundamentalismo que son, junto con el egoísmo,
la base de esa trágica creencia de que tenemos el derecho...
o hasta el deber, de acabar con el otro, con sus ideas y con sus creencias
(y, de paso, claro, destruir o quedarnos con sus bienes). Por eso
la defensa del pensamiento científico frente al pensamiento
mágico es algo más que un ejercicio académico:
es un ejercicio político de primer orden: es la última
línea de defensa de la libertad y los derechos.
Hace poco sugerí a mi hija menor la lectura de dos libros.
Dos libros relativamente viejos: el "Mundo Feliz" - infeliz
traducción del Brave New World - de Huxley; y "1984"
de Orwell. Quedó asombrada. ¿Cómo podía
ser, me dijo, que ellos supieran ya entonces cómo iba a ser
el mundo hoy? Lo que ella ve a su alrededor - en la Universidad, en
los medios, en la calle - no le parece muy distinto a las macabras
pero visionarias caricaturas del mundo que nos plantearon en la primera
mitad del siglo veinte Orwell y Huxley: mundos llenos de conocimiento,
pero dominados por creencias construidas e imbuidas por sendos y sistemáticos
procesos de 'adaptación y acomodación' - para recordar
al viejo Piaget.
A esto solo falta agregar un nuevo ingrediente, aquel que Albert Hirschman
sintetizó tan bien en el título de uno de sus libros:
las pasiones y los intereses. Porque, ciertamente, actuamos con base
a nuestras creencias. Pero estas creencias a su vez operan en forma
recíproca con nuestras pasiones y nuestros intereses. Es tanto
más fácil 'creer' aquello que confirma y justifica nuestras
pasiones y legitima nuestros intereses... que aquello que, incómodo...
cuestiona nuestros argumentos, nos golpea la conciencia y nos cuestiona
moralmente.
De la certeza mágica al relativismo absurdo
Hoy, en este peculiar período formado por el final de un siglo
y el inicio de otro, la situación es particularmente paradójica.
Vivimos una época extraña, una época en que,
sobrecargados de información y conocimiento, parecieran faltarnos
las certezas absolutas, las seguridades absolutas, las identidades
absolutas. La ciencia y el conocimiento, en efecto, promueven la duda
y la búsqueda, no la certeza tranquilizadora. En un mundo que
cambia aceleradamente en los hechos y las explicaciones, vivimos permanentemente
angustiados ante la incertidumbre de no tener tan claro como antes
qué somos y para qué somos.
Ante ese vacío, se alza tanto el riesgo de la magia, de la
respuesta fácil y segura, como el riesgo del relativismo absoluto
e igualmente absurdo: en un mundo sin certezas, algunos prefieren
pensar que todo se vale, que todo es igual, que no hay ya criterios
para distinguir una buena de una mala acción, una buena de
una mala idea, una buena de una mala obra de arte, un razonamiento
de una ocurrencia, una buena de una mala política, una buena
de una mala vida. Todo da igual.
¿Cómo salir de esta trampa? En El valor
de elegir, Fernando Savater nos propone
un giro radical: frente a las angustias de un mundo en el que ya no
encontramos con facilidad las viejas certezas no cabe ninguna de estas
salidas: ni el regreso a la magia ni el relativismo brutal. Savater,
retomando a los griegos, nos invita a enfrentar la incertidumbre,
la pérdida de las certezas absolutas, por un camino típicamente
humano: recuperando la ética y la estética, encontrando
y construyendo "lo bueno y lo bello" en cada aspecto de
nuestra vida cotidiana, valorándolos precisamente por lo que
son, es decir, por lo que logramos hacer de ellos mediante nuestra
actuación virtuosa. Ahí radica la trascendencia de esos
pequeños logros cotidianos que constituyen nuestra vida: en
haber aspirado a más no como destino inevitable, sino como
fruto de nuestras acciones, de nuestras decisiones, del uso responsable
de ese libre albedrío que, a pesar de los pesares, sigue siendo
característica esencial del ser humano.
Como ocurre con el conocimiento, apreciar y valorar la vida en su
contingencia no significa que nos resignemos a su rutina o su mediocridad.
Todo lo contrario, implica un afán permanente por perfeccionar
cuanto hemos logrado, aún entendiendo - y sobre todo porque
entendemos - su limitada y maravillosa contingencia. Si somos un instante,
sepamos serlo de la mejor forma posible. Finalmente, Savater nos recuerda
que "la única forma compatible con nuestra contingencia
de multiplicar los bienes que apreciamos es intercambiarlos, compartirlos,
comunicarlos a nuestros semejantes para que reboten en ellos y vuelvan
a nosotros cargados de sentido renovado".
¿Y la educación, qué papel tiene?
Por todo lo dicho, para formar mejores personas, la educación
debe enseñar a valorar y disfrutar tanto lo verdadero como
lo bueno y lo bello; debe enseñar a convivir. La educación
debe formar para la vida en un sentido integral: tanto para la eficiencia
y el emprendimiento como para la ética y la estética;
tanto para el disfrute de la vida como para la capacidad de vivir
y convivir con los demás: para la ciudadanía.
Los estudiantes, por supuesto, deben desarrollar las destrezas y competencias
para aprovechar de la mejor forma los recursos disponibles en la solución
de los problemas que enfrenten; pero de la misma forma deben desarrollar
su sensibilidad y los valores necesarios para buscar siempre lo verdadero,
lo correcto y lo bello... aunque sean ideales inalcanzables en su
forma absoluta - es decir, una utopía -: lo que realmente importa,
lo que nos transforma, lo que nos hace genuinamente humanos, es la
actitud de búsqueda de estos ideales, de esta utopía.
Por eso, así como debemos reforzar y recuperar el pensamiento
lógico y científico en nuestra educación - el
rigor del pensamiento - es preciso también reintegrar en los
espacios y actividades educativas esos aspectos hoy tan descuidados:
la apreciación y educación artística, ambiental,
deportiva, moral y cívica, que son aspectos intrínsecos
de la síntesis clásica entre la disciplina y el gozo,
base de la más sana convivencia.
En cuanto al pensamiento científico propiamente dicho, es evidente
que se trata de algo más que 'dar clases de ciencias': se trata
de incorporar el pensamiento lógico, la duda sistemática
y la búsqueda rigurosa en todos los campos del saber humano:
tan rigurosas deben ser las argumentaciones en matemáticas
como en ciencias, en ciencias como en estudios sociales... y guardo
una esperanza muy especial para el lenguaje. Creo que ese es el campo
ideal para internalizar realmente el pensamiento lógico: la
lógica que aprendemos en las ecuaciones físico-matemáticas,
en química... o en cualquier otro campo particular, no trasciende
con facilidad a los demás campos de nuestro conocimiento y,
mucho menos, a nuestra vida cotidiana. Introducir la lógica
en la enseñanza del lenguaje: aprender a pensar lógicamente
conforme aprendemos a leer y escribir, eso sí que podría
hacer una diferencia radical en nuestra cultura científica
y en nuestra capacidad - digamos - de 'leer científicamente'
todo lo que se nos ponga por delante... imágenes incluidas.
De aquí la importancia de nuestra capacidad - como científicos,
como intelectuales, como educadores, como políticos y como
ciudadanos - de promover una ciudadanía democrática,
de promover una forma de convivencia centrada realmente en el reconocimiento
y el respeto del otro, una convivencia en que nuestras creencias se
asienten cada vez más en nuestros siempre relativos - pero
razonables - conocimientos y en esa eterna búsqueda por lo
verdadero, lo bueno y lo bello: por esa interminable construcción
de eso que llamamos 'humanidad'.
Por eso, no se trata de abogar por un pensamiento científico
pero frío, científico pero desapasionado y, mucho menos,
por un pensamiento científico pero sin convicciones. Los afectos,
las emociones, las pasiones y los intereses, son elementos consustanciales
a nuestro 'ser humanos'. Es esa peculiar combinación de razón
y pasión - Apolo y Dionisio - la que nos hace, precisamente...
humanos. La educación es clave en lograr ese balance dinámico
que nos permite y nos exige ser, a un tiempo, apasionados y sensatos.
Por el contrario, cuando la educación no juega este papel,
cuando el razonamiento lógico, el pensamiento científico
y las aspiraciones éticas y estéticas se confunden e
igualan con cualquier superstición, con cualquier artilugio,
con cualquier ideología, píldora mágica o cristalito
moderno; en fin, cuando todo da igual... entonces nuestras creencias
y pasiones pierden todo sustento y quedamos a merced de los mercaderes
o ideólogos de turno. Entonces, más que viento... heredaremos
tempestades. Ya ha ocurrido antes. Está en nosotros que no
vuelva a ocurrir.
Ponencia presentada en la Segunda Reunión Preparatoria
para la Conferencia Internacional "Ciencia y Bienestar: del Asombro
a la Ciudadanía", organizada por la Academia de Ciencias
de Costa Rica y la Academia Mexicana de Ciencias, 29 de junio de 2007
Enviado por el autor
como parte de su programa de divulgación de su pensamiento
denominado Sub/versiones. www.leonardogarnier.com
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El
reto a una sociedad de niños y niñas
Jorge
Luis Ramírez
El
reconocido poeta y filósofo contemporáneo Robert Bly
en su libro “The Sibling Society” (Las sociedad de los niños)
plantea el hecho de que actualmente el mundo está experimentando
una sociedad que vive como si fuéramos niños. “Los adultos
han regresado a la adolescencia y los adolescentes no quieren llegar
a ser adultos.”
El señor Geovanny Debrús Jiménez en su artículo
publicado en Culturacr.com nos
muestra su preocupación por las actitudes inmaduras que se
viven en la sociedad costarricense, donde el amor se mide con dinero
y sexo. Donde lo importante es la apariencia, lo externo y lo superficial
y no el desarrollo de carácter ni de valores que nos hacen
crecer.
La semana pasada fue aprobada la Ley de Penalización de la
Violencia Contra las Mujeres, y en menos de 4 días ya tuvimos
dos mujeres que han reaccionado violentamente contra sus esposos,
una reteniéndolo con un machete y la otra, disparándole
dos veces por la espalda.
Hemos visto en diferentes medios las reacciones de algunos abogados
y ciudadanos masculinos refiriéndose a esta ley como si fuera
discriminatoria y por lo tanto injusta e inconstitucional, así
como peligrosa para las relaciones de pareja. Un señor inclusive
dijo tener miedo de que su esposa lo metiera a la carcel por un piropo
mal entendido. Gordita…., podría ser tomado a bien o a mal,
dependiendo de cómo amaneciera ella ese día, y esto
podría ser la razón de visitar la cárcel.
Creo que hay mucho que se puede mejorar en esta ley, así como
en todo lo que hacemos. Sin embargo, aplaudo que se haya aprobado.
Lo rescatable
de este instrumento represivo es que ahora un agresor va a pensarlo
dos veces antes de agredir a una mujer, sea ella esposa, novia, madre,
compañera, o ex. Sin embargo, habrá algunos que prefieran
ir a la cárcel, otros se van a suicidar luego, y otros van
a planearlo de tal manera que logren salirse con la suya sin ser penalizados.
Así
mismo ellas, tienen un instrumento legal al cual poder acudir en caso
de que sus vidas se vean amenazadas, o se hayan convertido en una
pesadilla. Pero deberán ser valientes para denunciar y enfrentar
la agresión de que son objeto. Sin embargo, también
pueden responder con las agresiones antes mencionadas, o algunas inescrupulosas
pueden usar este instrumento para amenazar a su compañero y
hasta chantajearlo.
El reto
a que nos convoca esta ley es a madurar, a convertirnos en verdaderos
adultos y no quedarnos como niños malcriados y adolescentes
irresponsables. Aprendiendo a discutir sin agredirnos. A asumir nuestras
responsabilidades en una relación de pareja. Ya que esta ley
es para gente enferma, que lamentablemente existen, y que corren peligro.
Esta ley es para prevenir que patologías, en personas que enfrentan
depresiones, frustraciones, iras, y relaciones de co-dependencia,
puedan convertirse en estilos de vida que perpetúen la enfermedad
en las nuevas generaciones, y finalmente a un desenlace fatal.
Existen relaciones donde el esposo es un hijo más en la familia,
lo único que sabe es producir dinero. Pero carece de muchas
de las habilidades necesarias para ser un compañero de vida.
Muchos de ellos al fracasar en sus matrimonios vuelven con su mamá
para que los chineen, les hagan comidita y les tengan la ropita limpia.
Ni siquiera tiene habilidades para vivir solos, y hacerse cargo de
ellos mismos.
La soledad no solamente es necesaria, sino que es saludable. De hecho
siempre estamos solos, pero muchas veces nos casamos para no estar
solos. Las mujeres también a veces se comportan como niñas
chineadas, y actúan de la misma forma que cuando tenían
12 a 15 años en medio de una vida de pareja. De tal manera
que para ambos, hombres y mujeres el reto es grande, e implica una
transformación profunda.
Para las mujeres desde:
• una revaloración de sí mismas, (una mayor autoestima)
• una forma de ser más madura y responsable
• cobrar conciencia que su vida la construye ella misma
• hasta un cambio en la forma de criar a sus hijos.
La primera
repercutirá en toda la vida de la mujer: Su forma de verse
a sí misma. Valiosa. Cuando uno se siente valioso se cuida,
come bien, hace ejercicio, duerme bien, se siente feliz y puede expresar
sus talentos más fácilmente. No necesita estar buscando
la aprobación de los demás, lo que le da independencia
y libertad. Esto se manifiesta en la forma de vestir. El vestido está
diseñado para verse bien y sentirse cómodo, no necesariamente
para llamar la atención, o llenar las demandas de la moda y
de la sociedad. La forma de actuar también cambiará.
Cuando nuestra autoestima está sana podemos ser pacientes,
generosos, asertivos y darnos nuestro lugar, de esta forma ganamos
el respeto de los demás. Expresamos lo mejor de nosotros mismos
y podemos instaurar un ambiente de tranquilidad a nuestro alrededor.
Podemos trabajar en nuestras metas, podemos planear nuestro futuro
y podemos ponernos en contacto con nosotros mismos.
¿Qué es lo que las mujeres quieren?, se preguntó
Freud hace dos siglos. Hoy día podemos decir que esta pregunta
machista, la podemos contestar así: las mujeres quieren lo
que todo ser humano quiere: ser felices, amadas y poder amar. Ser
respetadas y poder educarse y desarrollar sus potencialidades. Criar
hijos, tener familia, un sentido de pertenencia, libertad para crecer
en cualquier campo, ser digna de confianza, y aportar a la sociedad
en todos los campos.
En los tiempos de Freud el ser mujer era una patología en sí
misma, eso hoy día es difícil de comprender. La historia
demuestra que las mujeres son capaces de grandes proezas, y últimamente
han ido al espacio asumiendo grandes responsabilidades, son presidentes
de países, y han hecho grandes aportes en la ciencia, la economía,
y prácticamente en todos los campos.
Pero toda moneda tiene dos caras y también las mujeres han
sido capaces de realizar las más grandes perversiones, asesinatos
despiadados, y han sido agentes de corrupción en todos los
campos.
La última
repercutirá en la vida de las nuevas generaciones: Las madres
tienden a dar preferencia a los hijos varones, y sobre todo si son
primogénitos. Mientras que a las hijas se les tiende a poner
en segundo lugar. La mujercita debe ser delicada, pasiva y debe adoptar
una actitud dadora, es lo que más se enseña. Debe jugar
con muñecas ya que esto la preparará para ser madre.
Esto debe cambiar, las niñas deberán recibir la misma
atención que los hijos varones. Y se les debe estimular a que
estudien, a que se desarrollen en deportes, e intelectualmente. Hoy
día los matrimonios no son la única manera de tener
una familia, y las mujeres en muchos casos son jefas de hogar. Deben
competir en el mundo laboral, y esto no es fácil.
El ser madres ya no es algo inevitable, ni tampoco es condenable que
una mujer no quiera tener hijos. El ser madres ya no es equivalente
a ser mujer. El ser madre se está convirtiendo en una escogencia.
Las relaciones de pareja no son soluciones tampoco. Hoy día
la mujer no busca su felicidad en un compañero, la busca en
un proceso de realización y crecimiento personal. La vida de
una mujer de hoy día no gravita alrededor de un hombre. Porque
nos hemos dado cuenta que esto no es justo para la pareja. Estamos
experimentando relaciones inventadas por cada pareja de acuerdo a
su realidad específica, y por lo tanto las niñas de
hoy deben ser preparadas en una forma muy diferente, igualmente los
hijos de las mujeres de hoy.
Para
el hombre esta ley también constituye un gran reto:
Primero, el hombre debe dejar el machismo a un lado e iniciar un proceso
de reconstrucción. Muchos de nosotros pensamos que no podemos
ser sino en el machismo. Nos aterroriza el que el otro extremo del
machismo sea ser marica, homosexual, o gay. Nos resulta inaceptable
convertirnos en seres más en contacto con nosotros mismos,
más respetuosos de las mujeres, más tiernos, y más
comunicativos, en todas las relaciones; con lo hijos, con los amigos
y con la familia.
Se debe de empezar a ver a las mujeres como otro ser humano. No extrapolar
su valor hasta el punto de endiosarla y verla como una virgen intocable
e inalcanzable, ni tampoco como un objeto de consumo, para abusar
y violar.
Nuestra sociedad ha convertido no solo a la mujer en un objeto de
consumo, usada para y por el mercado, por el consumismo; sino que
al mismo tiempo ha convertido al hombre en un objeto consumidor. Ambos
nos vemos como objetos desechables. Los lugares donde se vende pornografía
se denominan “para adultos”, cuando el adulto sano ya no debería
ser presa de adicciones, ya no debería estar buscando la novedad,
ni la morbosidad; si no que debería estar viviendo una relación
real, de amor, con otro ser humano.
Pero esto de que el hombre madure y crezca no le sirve al mercado,
que el hombre viva integralmente sano no conviene a las ventas. El
licor, las cervezas, los cigarrillos, los autos, el celular y lo último
en tecnología de computo y sonido, y mujeres, todo esto le
da sentido, valor. Y todo esto cuesta mucho dinero, de allí
que ese viene siendo la fuente de felicidad y de bienestar.
El hombre es retado a ver a la mujer, no ya como la cocinera, la conserje,
la lavandera, y la niñera de los hijos; sino como la igual,
con la que comparte los quehaceres de la casa. Y si han decidido tener
hijos, déjeme decirle, que los hijos son una parte Importantísima
del proceso de crecimiento de un hombre. El ser padre es una celebración.
Es enfrentarse con las limitaciones y vencerlas para ser un mejor
ejemplo. A nuestros hijos les enseñamos con nuestra vida, no
con nuestras palabras.
Y el querer dar buenos ejemplos a nuestros hijos e hijas es algo que
nos presiona a ser mejores. Los hijos quieren y necesitan tener respeto
a sus padres y madres, además de confianza, y admiración.
Y estos no se logran, con órdenes, ni con gritos, ni con mentiras.
Hay que enseñarles a amar, ha ser pacientes y misericordiosos,
a no juzgar a la ligera, ha respetar lo ajeno, y ha ser veraces. Y
estas cosas solo con el ejemplo, pero no se puede dar ejemplo cuando
uno mismo no ha crecido, y no ha dejado las cosas de niño.
La insolencia, la rabieta, el precipitarse, el no poder posponer las
gratificaciones, etc.
De tal
manera que o crecemos, y evitamos los comportamientos autodestructivos
que propiciaron la creación de esta ley, y buscamos ayuda para
madurar; o nos matamos unos a otros y seguimos esperando que otros
resuelvan y ordenen nuestras vidas con castigos y penas externas,
que no arreglan los problemas internos que negamos echándole
la culpa al otro.
Creo
que estos cambios y otros más son a lo que tenemos miedo, quizá
porque admitir que estamos mal es algo difícil, porque no queremos
admitir que necesitamos ayuda, por darme cuenta que la culpa ha sido
mía, por el que dirán, y por otras muchas razones.
No creo que tengamos miedo de la cárcel, sino de que nuestro
orgullo sea magullado, y nuestro machismo cuestionado, y finalmente
desechado. Nos asusta el cambio, nos da pereza reinventar la masculinidad.
Sin embargo, creo que los resultados de aceptar este reto serán
más gratificantes y edificantes, no solo para los individuos
que se atrevan, sino para toda nuestra sociedad. Si yo trato bien
a las mujeres que me rodean, las seres humanos que me acompañan,
sean esposas, novias, madres, hijas, y ex, no tengo que preocuparme
de nada, Ya lo dice el viejo proverbio: Lo que sembramos, recogemos.
Usted dirá, eso suena muy bien pero hay cada mujer, que si
da miedo. Bueno, lo que cabe preguntarse en ese caso es: ¿Por
qué estoy con esa persona? ¿Por qué escojo ese
tipo de compañera?
La raíz del problema puede estar en usted. Y aunque existen
personas que pueden tener limitaciones, estoy seguro que con paciencia
y ternura todos queremos una relación armoniosa y de calidad.
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Nombramientos
y recomendaciones: ¿cuál filtro?
Leonardo
Garnier
Ministro de Educación
Pública, Costa Rica
Febrero 19, 2007
| No
hubo caos, pero hubo problemas.
Aunque
no se presentó el caos que en algún momento temimos
- y que algunos parecían predecir casi con satisfacción
- lo cierto es que, una vez más, el inicio del curso
lectivo no pudo ser lo ordenado y fluido que debiera ser. De
hecho, de no haber sido por el esfuerzo sobrehumano de una buena
cantidad de funcionarios y funcionarias del Ministerio de Educación
Pública y por las medidas de emergencia que se tomaron,
el inicio de clases habría sido, en efecto, caótico.
Al menos eso se evitó, aunque es importante reconocer
que nos quedan aún situaciones por resolver a muchos
docentes y centros educativos específicos.
Los
problemas detectados, que esta vez fueron desde las tradicionales
fallas del 'sistema' y los típicos errores humanos, hasta
diversas formas de sabotaje (unas más evidentes que otras),
no pueden verse como algo 'normal'. Tampoco puede verse como
normal el manipuleo que por muchos años parece haber
acompañado a los procesos de selección y nombramiento
de personal en el MEP. Estamos hablando de la selección
y nombramiento de aquellas personas en quienes vamos a delegar
la dirección de nuestras escuelas y colegios y la educación
de nuestras niñas, niños y jóvenes. No
podemos jugar con eso.
Dificultades
y costos del cambio
Cambiar
estas prácticas, sin embargo, tiene sus dificultades
y sus costos. Tiene dificultades técnicas, porque las
reglas de la administración de personal de nuestro sistema
educativo son absurdamente anacrónicas y complejas, con
lo que se prestan a la confusión y el desorden; también
porque los procesos administrativos y sistemas informáticos
no han alcanzado la sofisticación ¿o la simplicidad?
necesaria para administrar bien este sistema, minimizando los
pasos manuales y los momentos en que se puede 'jugar' con el
sistema. Pero el cambio además tiene costos, porque en
medio del desorden, el exceso de interinatos y la complejidad
se han abierto espacios para quienes, desde hace mucho tiempo,
parecieran haber aprendido a sacar ventaja para ejercitar el
tráfico de influencias o, incluso, para el mercadeo de
códigos, plazas, traslados, recargos y demás opciones
del menú ofrecido por el MEP a sus docentes. |
|
Nótese
que no hablo simplemente del tráfico de influencias políticas,
que es el que más suele llamar la atención del público
y la prensa; hablo de algo todavía más profundo, que
es la posible mercantilización más o menos disimulada
de muchos de estos procesos, de manera que hasta los grandes poderes
parecen depender de quienes, enquistados en las grietas del sistema,
controlan realmente el poder de decidir a quién se nombra,
a quién no, dónde y en qué plaza, con qué
recargo... a cambio, claro, de que el favor se devuelva o se pague
de alguna forma.
Recomendaciones
y filtros
Todo
mundo habla ahora de las recomendaciones. Sin embargo, y contrario
a lo que suele pensarse, el problema más grave no es que haya
recomendaciones. Probablemente siempre las habrá: unas más
sanas y sensatas, que buscan colocar un buen maestro o una buena directora
en la escuela de su comunidad; otras más interesadas en ayudar
al amigo, al pariente, al correligionario o al partidario; y otras
con un poco de cada cosa. Pero insisto: el problema no está
tanto en la existencia o no de las recomendaciones, sino en el papel
que éstas jueguen en el MEP. Si todas las recomendaciones se
canalizaran por el mismo camino, recibieran el mismo trato y se analizaran
con los mismos criterios - es decir, si todas pasaran por el mismo
filtro - al final, las recomendaciones mismas perderían sentido
y prevalecerían los criterios que deben prevalecer: la calidad
e idoneidad de quienes aspiran a un cargo docente o administrativo-docente.
Y así debe llegar a ser, porque de la calidad de nuestros docentes
y de las directoras y directores de nuestros centros educativos depende
la calidad de nuestra educación, que es lo que todos decimos
buscar. ¿O no?
Si el
sistema filtrara por calidad e idoneidad, solo un camino quedaría
a quienes quisieran insistir en hacer recomendaciones por cercanía
personal o política: recomendar candidatos de primera... o
resignarse a que sus recomendaciones se vuelvan tan irrelevantes como
un papel en blanco. Esto tiene que ser así porque no podemos
tratar la educación pública como si se tratara de la
educación de los hijos de otros. Nadie debiera recomendar a
un docente a menos que estuviera dispuesto a tenerle como maestro
o profesora de sus propios hijos. Por su parte, el MEP tendría
que velar para que, con o sin recomendación, todos los aspirantes
a educar a nuestras próximas generaciones pasen por el mismo
rasero... y que de entre ellas y ellos, se escojan los mejores. Esa
tiene que ser nuestra meta.
No
hay garantías, hay oportunidades.
Pero
las metas no se logran a base de buenos deseos ni se alcanzan de la
noche a la mañana. Se construyen con imaginación, con
esfuerzo y, sobre todo, con la convicción y el trabajo de mucha
gente, de toda esa gente que por años ha visto que las cosas
son como siempre son; que por años ha pensado que son así
porque no pueden ser de otra manera; que por años ha tenido
incluso miedo y no se ha atrevido a pedir, a exigir que sea de otra
manera; y que por años, también, ha jugado el juego
porque no tenía más remedio que jugarlo... o perder.
Aún hoy, muchos tendrán ese temor porque ¡tantas
veces se ha dicho... y tantas veces nos hemos quedado en el dicho!
¿Podrá ser distinto esta vez?
No lo
sé. En política nunca hay garantías. ¡Sería
tan fácil - y tan sin gracia - si las hubiera! Pero si sé
que estamos frente a una oportunidad que hace tiempo no se presentaba.
Sé es que hay mucha gente dentro del Ministerio que sueña
con trabajar en un ambiente distinto, sin miedos, sin amenazas, sin
tráfico de puestos; y sé que hay todavía más
gente en todo el país que sueña con una Costa Rica capaz
de llegar al desarrollo por la educación. No hay garantías.
Hay oportunidades. La opción está en cada uno de nosotros.
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