Además
lea en Culturacr.com a los siguientes poetas:
Poemas
inéditos de Vilma Vargas Robles
De viaje para la sugerencia
de Geovanny Debrús Jiménez
Selección especial
de Gustavo Adolfo Chaves
Muestra
poética de Adriano Corrales.
La sed que nos llama, Juan
Carlos Olivas (Premio Lisímaco Chavarría 2007)
Retrospectiva de poemas de Gustavo Solórzano Alfaro (Premio
EUNED 2004).
Poemas inéditos de Ricardo
Marín Azofeifa.
Semblanza de su obra inédita,
Byron Espinoza.
Elogio de la costumbre, Leda García
Pérez.
Esencias y paciencias para madrugar,
Minor Arias Uva.
Siete poemas para que me acompañes,
Minor Arias Uva (Premio Carmen Lyra).
Poemas inéditos en exclusiva,
Ana Istarú (Premio Ancora 2000 y Nacional de Teatro y de Poesía).
Rutas de frontera, de Gerardo
Morales.
Ver
biografías de los poetas aquí
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a escribir poesía o mejorar sus poemas?
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Le
presentamos poemas de Vilma Vargas Robles, inéditos
de su libro en proceso Mujer de equipaje y otros seleccionados
especialmente para Culturacr.com
Clamor
Era aquí.
Yo decía mi nombre.
Quería romper el cuello que me ceñía.
Vivir era un pequeño deseo,
un parto confuso entre garras.
¿Qué se hicieron los ojos,
el temblor tímido que me arropaba?
Crecí con un beso andrajoso,
crecí dormida en las llamas,
no sé de dónde llegó el dolor,
está aquí después de todo,
recoje su furia y vuelve;
¿dónde dijeron los padres que podía dejarlo?,
¿dónde están mis hermanos?
Les pido que sonrían cuando puedan.
Borde
Y yo me
había ido.
Las voces del mundo tenían el sonido de un muro.
Como una boca seca una campana chasquea.
No hay puertas. Miro al cielo con impaciencia.
En el borde
del bosque el viento se oye,
toca la memoria como un violín.
Las hojas caen. Se tienden contra el cielo.
Sortilegio
El mundo
clava sus golpes,
los repite.
Lejos de mí vuelvo a recojerme.
Comprendo,
en una mano las cosas y en la otra su sombra.
Los que
me hirieron también están desnudos.
Nada me arrebataron:
amé un sortilegio, conservé su belleza,
dejé un retrato elevándose de la tierra.
Mujer
de equipaje
Los
reconocidos recomiendan
cerrar círculos, cambiar de piel
como hacen las serpientes.
Vestir el presente sin pasado.
Ahora todo es una atadura.
Llamar contactos a los amigos,
y aprender a cerrar ventanas,
como en un manual de internet.
Confío en morir conmigo todavía.
En
algún momento
a Marcelo Matroianni
En
algún momento seré una mujer correcta.
Diré entonces buenos días
y no lloraré antes del desayuno.
En algún
momento seré esa mujer libre.
Por ahora mi hija aún tiene grilletes.
La tierra aún tiene grilletes.
Por ahora sólo me atrevo a ser yo.
Me sostengo
entonces para decir:
todos estamos bien,
aquí, tan correctos,
con nadie a punto de estallar.
Metálico
Casi todos andamos inquietos,
por la talla que no tenemos,
el dinero que no alcanza,
o el llavero del sobreviviente.
¿Iremos
todos condicionados, como por Pavlov,
a matarnos en la prisa de la autopistas, conducidos,
como hombres ratones, por ciertas Agencias de Publicidad?
Teclas de un poder maligno, llevándose, llevándose nuestra
identidad,
para moldearnos en una sóla, monótona cara, baile en cruz
de moneda
metálico e indiferente.
Asistencias
A veces
soy una voz
que dice para qué hablar.
Entonces callo ademanes
y ruidos y terrores,
me mitigo, me olvido.
A veces
somos una voz que habla,
hacer ruido nos parece un consuelo,
una cierta manera de estarnos vivos…
El
único salario
El
hombre que me acompañe,
a la cuenta de los años sabrá
dónde no hay ofensa.
Y cuando vengan las furias
no las escucharemos,
asidos a la tierra que nos atañe.
Nos guardaremos de tamaña intemperie.
Como único salario ganaremos
unas horas de sueño.
Y ya no habrá tiempo de romper al amor.
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