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POESÍA/ENSAYO

¡POLÉMICA! Le entregamos aquí una polémica sobre la poesía costarricense, leída en todo el país y más allá. Culturacr.com colabora con la generación de ideas en Costa Rica.

Siga la polémica en orden:

  1. Adriano Corrales escribe El poeta Billy-Pendiado (03/09).
  2. Envíenos su aporte al diálogoGustavo Solórzano, escribe sobre la antología de poesía costarricense compilada por el mismo Corrales, con título La palabra insostenible (12/09)
  3. Corrales replica los argumentos de Solórzano acerca de la antología y el debate se amplía al tener dos versiones del texto de Solórzano, una primera menos políticamente correcta y otra más moderada (ambas se incluyen aquí). (19/09)
  4. Recientemente agregamos la Replica 1 que escribe Solórzano (24/09)
  5. Una antología que debe ser probada por el tiempo, de Germán Hernández. (26/09)
  6. Del estudio sociocrítico realizado por un amable lector..., de Gustavo Solórzano (27/09)
  7. Las antologías como son no como deberían ser, Germán Hernández (Réplica, 28/09)
  8. Réplica 2 a Germán Hernández, Gustavo Solórzano (30/09)
  9. Amigos del chiringue, poema alusivo a la polémica, de Pablo Merino (01/10)
  10. Réplica y diálogo, Germán Hernández (02/10).
  11. La poesía: profesión u oficio, Adriano Corrales (01/10)
  12. Costa Rica, ¿país de poetas o narradores?, Adriano Corrales (01/10)
  13. Sobre Costa Rica, Otoniel Martínez (Guatemala) (02/10).
  14. Un repetido no para la esperanza, Mauricio Vargas Ortega (poeta 02/10)
  15. El café cultural Francisco Zúñiga, Germán Hernández (10/10)
  16. Para un debate de altura..., Adriano Corrales Arias (10/10)
  17. Del poder, la oficialidad y el poeta, Gustavo Solórzano (11/10)
  18. Poema en respuesta al debate, Vilma Vargas (12/10)
  19. Sobre las antologías, Adriano Corrales (12/10)
  20. Desde Nicaragua un aporte, Eunice Shade (18/10)
  21. ¿Por qué, Adriano...?, Dlia Mc Donald (22/10)
  22. Estimado Adriano (réplica), Dlia Mc Donald (23/10)
  23. Demanda "formal" de Mc Donald a Adriano Corrales* (23/10)
  24. Narrativa de la nación desde el arte y la cultura, Adriano Corrales (26/10)
  25. Aclaración y recuento sobre episodio Semanario, Manuel Bermúdez y edición. (26/10)

Escuche conversaciones con varios de los participantes en la radio, en el programa Al rojo vivo

 

*La poeta Mc Donald pidió expresamente publicar estos documentos.

RESEÑA DE ÚLTIMOS EPISODIOS

La polémica Corrales-Solórzano que empezó a mediados de setiembre llega hasta este momento con giros y episodios de diversos tipos. Culturacr.com le ha llevado este libro de artículos, ensayos y hasta poemas sobre una polémica acerca de la poesía costarricense. No es aún el momento para sacar conclusiones, porque la refriega sigue viva en dos direcciones: primero por la demanda que realiza Dlia Mc Donald a Adriano Corrales por derechos de autor y seguido por el episodio dado en los suplementos culturales del Semanario Universidad Forja y Los Libros, en el que el texto borrador de Solórzano es publicado aparentemente sin autorización del autor y Corrales responde en estos días (todos textos ya publicados desde setiembre en Culturacr.com) con una adaptación del texto que leyó en el debate en el Centro Cultural Amón el pasado 10 de octubre, en el que dice que Solórzano se retractó de sus ideas originales. Inédita en los últimos años esta polémica nos presenta todo un recorrido de ideas y posiciones encontradas que usted puede leer aquí. Corrales envía otro texto para continuar la discusión, que también agregamos seguido (siga por fecha) Le transcribimos asimismo la aclaración que hace Manuel Bermúdez, editor de esos suplementos, sobre lo que según él sucedió en el Semanario.

Director Culturacr.com

ACLARACIÓN DE MANUEL BERMÚDEZ EN FORJA DE EL SEMANARIO

Como editor de los suplementos Los Libros y Forja de este semanario, debo aclarar lo siguiente con respecto a la publicación de dos artículos relacionados con la antología de poesía Sostener la palabra, elaborada por Adriano Corrales.
El primero, que apareció en el suplemento Los Libros del mes de octubre, lo recibí por correo electrónico en el mes de septiembre y hacía referencia al texto de Corrales y lo firmaba un señor Solórzano. Como editor de un suplemento de libros recibo frecuentemente reseñas y comentarios que, de acuerdo con el tiempo y espacio, trato de incluir en la edición. Siendo que se trataba de la crítica de un libro cuyo autor es colaborador frecuente de estos suplementos y cuyos libros ya han sido comentados en otras ocasiones, quise evitar que malpensados y resentidos, que siempre los hay, consideraran que podía tener algún interés en escamotear la crítica y procedí a publicarla.
No obstante, según me hizo saber luego el señor Corrales, Solórzano en un debate público el día 10 de octubre, se retractó de lo dicho. En esa fecha, el suplemento ya estaba circulando.
El segundo artículo es la respuesta del señor Corrales y que se publica en esta edición del suplemento Forja.
Reconozco, como editor, que pudo existir una confusión al no corroborar que la voluntad, de quien enviaba un comentario de un libro a un editor de un suplemento de libros, era que NO se publicara, cuando suele ser lo contrario. Por consiguiente, en adelante las colaboraciones a estos suplementos deberán volver a entregarse en la recepción en versión digital y con copia impresa y que se considere que los plazos de cierre son al menos 20 días antes de la publicación de suplemento.

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(Hacia una nueva conceptualización)
Narrativa de la nación desde el arte y la cultura

Adriano Corrales Arias *

Homi Baba nos dice que la fuerza de la nación está en sus mitos de origen, que es como su “continuun” de progreso con bases que no se transforman. Pero, por eso mismo, posee un carácter ambivalente, una indeterminación conceptual. Ahora bien, dado que los conceptos no están nunca acabados, la nación está en constante reelaboración, especialmente si tratamos de interpretarla desde la cultura, o desde el campo cultural, o artístico, tal y como lo plantea Pierre Bourdieu. Recordemos con Gramsci que “la cultura es una fuerza subordinada y de ruptura”, se crea y se recrea en la praxis de sí misma, no puede ser un reflejo del metadiscurso de la nación. Por eso en la construcción del concepto de nación siempre habrá una lucha por la hegemonía.

La nación entonces es una narración, un discurso: hay encrucijadas de significados que se trasladan, se cruzan, se traslapan, pues nunca son fijos. Hay un proceso de exclusión e inclusión sociocultural (problema del dentro y fuera) en una especie de hibridez en donde nuevos grupos se incorporan generando nuevos sitios de significación. Emergen espacios intermedios donde los significados de la cultura y del poder son negociados. Estos nuevos sitios son incontrolados por el antagonismo y son fuerzas impredecibles en la representación política. Podríamos entonces decir que hay un discurso legitimador de la nación y un “contradiscurso” que proviene de los antagonismos generados por las contradicciones económico-sociales que se expresan políticamente y que de alguna manera se “metaforizan” desde el campo cultural.

Entonces el diálogo con los otros va a ser fundamental para negociar, lo que vendrá a enriquecer y transformar al discurso nacional.

Para el caso de Costa Rica, Steven Palmer en su texto “Sociedad anónima, cultura oficial: inventando la nación en Costa Rica, 1848- 1900” (en “Héroes al gusto y libros de moda. Sociedad y cambio cultural en Costa Rica, 1750-1900”, Editorial Porvenir, 1992) nos previene acerca de que “no vamos a poder ofrecer respuestas hasta que dejemos de entender la nacionalidad costarricense como un espíritu inherente e inmanente, con su esencia compartida de igual manera por cada generación, y empecemos a pensar la nación como una construcción cultural, inventada y reinventada constantemente por medio de un nacionalismo que, a partir del último tercio del siglo XIX, ha constituido uno de los terrenos más determinantes de la lucha por la hegemonía”.

Igualmente lo hace Alexander Jiménez en su texto “El imposible país de los filósofos” (Ediciones Perro Azul, San José, 2002), donde logra desactivar el discurso legitimador de la filosofía institucional costarricense, que el mismo Jiménez denomina “nacional étnico metafísico” (o “nacionalismo étnico metafísico”), y que nos narra una Costa Rica idílica, “blanca”, homogénea, de pobreza igualitaria, con destino democrático, geografía sin excesos y un pasado colonial sin mayores contradicciones, casi “primitiva socialista”. Un país ciertamente imaginario. Se trata, en ambos casos, de revisar algunas tradiciones narrativas que han construido un discurso nacional ahistórico y alejado de las luchas sociales y culturales, es decir, un discurso que topa con límites fácticos y conceptuales. Para entender el desarrollo del arte, y la cultura en general, se precisa desactivar el metadiscurso nacional y conocer el diálogo que han sostenido históricamente los diferentes grupos en su seno. Para el caso de la literatura, por ejemplo, es de suyo significativo intentar historizar y traer al tapete de la discusión posmoderna todo lo atinente a culturas, lenguas y literaturas indígenas, tal y como lo han hecho Seidy Araya y Magda Zavala (Literaturas indígenas de Centroamérica, EUNA, Heredia, 2002) en un momento de reconfiguración mundial donde las metrópolis (especialmente la estadounidense) intentan socavar las culturas y lenguas autóctonas por medio de la homogeneización cultural que pretende hacer “tabula rasa” en nombre de una cacareada cultura universal.

Especialmente si se trata de América Central, región donde este tipo de investigaciones son incipientes. Lo mismo podríamos decir del intento de Eugenia Zavaleta (“Arte y Literatura en Centroamérica y México” en Fin de siglo XIX e identidad nacional en México y Centroamérica, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2002) donde a través del desarrollo del arte y la literatura se hace un análisis comparativo de la creación de la imagen nacional en México y Centroamérica y su incidencia dialéctica en ése mismo desarrollo artístico.

Como ya lo sugerimos, esta nueva lectura del espacio nacional y del concepto de nación como metadiscurso, referida a los procesos culturales y artísticos, es fundamental en nuestra época signada por la globalización bajo esquema neoliberal y su ideología denominada posmodernismo.

Esta “ideología” (en el sentido de visión parcializada, interesada y consciente de su identidad en tanto arma discursiva de un grupo social) intenta convencernos de la existencia de una “cultura universal” que se elabora en las metrópolis y que de alguna manera soslaya y excluye a las culturas regionales (¿nacionales?) y locales. Es de por sí significativo comprender entonces la génesis de los discursos nacionales en este marco contemporáneo de globalización y posmodernidad, desde una Centroamérica que posee una diversidad cultural y una fragmentación política que nos singularizan como región, tal y como los subraya Héctor Pérez Brignoli (“Transformaciones del espacio centroamericano” en “Para una historia de las Américas II, Los nudos”, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 55-93).

En los estudios culturales centroamericanos (inaugurales en tanto no se considere a la cultura como eje central del análisis de nuestras sociedades) reconsiderar el constructo de nación-estado como discurso legitimado, y por tanto hegemónico, por las clases dominantes que han tratado de utilizar el nacionalismo, lo ladino y el mestizaje, con toda su parafernalia iconográfica y significativa, para perpetuarse en el poder, desarrollando desde esas matrices políticas culturales diferenciadoras y ciertamente excluyentes, será una tarea ardua pero esclarecedora. Por esa razón habremos de pertrecharnos con las herramientas teóricas más adecuadas para sostener un diálogo crítico con esos constructos hegemónicos y con las corrientes posmodernas, sin desechar a priori los conceptos de estas últimas que puedan auxiliarnos, pues es claro que en Centroamérica los movimientos sociales reivindicativos de diferencias (feministas, gays, etnias indígenas) utilizan terminología posmodernista, por ejemplo: empoderamiento, contrapoderes, resistencia, deconstrucción, conceptos provenientes de Foucault y Derrida, especialmente; y en términos de movilización social se ha dado un tránsito del reclamo revolucionario integral hacia una lucha sectorizada, con demandas específicas. Lo mismo sucede con la crítica literaria y artística, donde a veces esos conceptos se convierten sencillamente en “recetas de cocina”, es decir, son meros utensilios desposeídos de su potencial crítico y de su sustento filosófico.

Un poco lo anterior se emparenta con la receta de la hibridación cancliniana (García Canclini, “Culturas Híbridas”, Grijalbo y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México D.F., 1997), que no la que propone Babba, en tanto obvia el sustrato cultural centroamericano y la diversidad cultural expresada en diversos espacios histórico-geográficos (local, regional, global). Claro que hay una defensa del pluralismo, la diversidad, las diferencias donde se combaten las falsas certezas y los absolutos filosóficos; pero estas ideas posmodernistas no bien digeridas en el trópico a veces parecen propiciar la frivolidad y la dimisión de las obligaciones colectivas, y a veces quedamos en una especie de indefensión intelectual.

Esa indefensión está cercana al desencanto, al escepticismo y a la evasión esteticista, conjugadas con el misticismo y las prácticas esotéricas: esa corriente “new age” que se percibe a veces detrás de ciertas reivindicaciones étnicas y culturales.

Debemos insistir y subrayar: en las actuales condiciones de la globalización (internacionalización o mundialización) de la economía y de la venta de las instituciones y empresas del estado (aplicada a los países periféricos, jamás a los del “primer mundo”) especialmente a transnacionales de ese primer mundo, probablemente ya no podamos hablar de estados/naciones y de culturas nacionales.

Pero para el intelectual, escritor, o artista del tercer mundo, en el caso nuestro de América Latina y América Central, el reto consiste en desarrollar estrategias creativas, innovadoras e interdisciplinarias de resistencia cultural y de sobrevivencia identitaria, reafirmando los contradiscuros hegemónicos --sin obviar la necesaria negociación e intercambio-- acudiendo, fundamentalmente, a la riqueza de las culturas populares, cantera inagotable de la fuerza de nuestros pueblos y etnias, sobre todo en el nivel local y regional, ante la arremetida de la globalización neoliberal y, por qué no decirlo, imperialista. Ese es el reto que se nos plantea en la coyuntura actual.

*Escritor tico.

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¿Por qué, Adriano…?

Dlia Mc Donald Woolery

He esperado hasta hoy para decir las cosas como las siento, porque además de un sin numero de compromisos profesionales y personales, quería tener distancia, para ver las cosas desde distintos focos; principios... pero la verdad, es que no voy a negar que desde la primera llamada (que tuve para felicitarme por haber sido incluida y, luego las demás por haber sido incluida) me he sentido molesta, por una serie de eventos vinculantes que me hacen sentir jodida y agradecida, y no me lo cayo; Estoy hablando de un proceso concreto; durante más de dos años, no me ha invitado a nada en relación a su labor cultural, y si lo hacen llega a penas a tiempo para saber que ya pasó, y de pronto, la pantalla de computadora centella sin cesar con notas, por la polémica generada por Sostener la Palabra, Antología de Poesía Costarricense Contemporánea, compilada por Adriano Corrales Arias, información, no pedida ni solicitada, aclaro que no preocupaba esa actitud, porque dedicarme a escribir, porque al final lo único que queda es la obra, me recompensa mucho más.
No me interesa nada más; pero a partir de la publicación de la antología, se han generado una serie de cosas que me han hecho reflexionar sobre el valor de la palabra en sí, el trabajo y la imagen que proyectamos más allá, sobre la intrusión, la exclusión y la inclusión, en orden inverso, pues habiendo sido educada en un mundo aparte, que es completamente diferente a lo que llamamos the out side point off view, para mi, cada persona tiene derecho a escribir, criticar y decir las cosas como le dé la gana, ese es su derecho de expresión, decía Francisco Zúñiga Díaz, el punto aquí es que donde caiga, el fríjol germina como el jugo de caña con que se hace un buen brindis.
Como muchos otros autores, de toda índole, me gusta que me tomen en cuenta en las publicaciones nacionales, es un reconocimiento justo a aquello que he asumido como trabajo desde hace tiempo atrás, pero en este caso, a la luz de las implicaciones, no me gusta el que Adriano Corrales y la Editorial Arboleda, adscrita al Instituto Tecnológico, me hayan publicado sin:
1. Ni siquiera informarme sobre la creación de un trabajo tan meritorio
2. Ni siquiera molestarse en pedir el permiso correspondiente para publicar textos de “... LA LLUVIA ES UNA PIEL…” publicación hecha en el 2000, cuyos derechos de autor son íntegramente míos, hasta el día que fallezca, por más que circulen por ahí, y este modo de actuar me convierte en parte del proceso de exclusión, por inclusión
Gracias a Dios, las mismas cosas, que me han marginado del modo de ver de la mayoría de los escritores costarricenses de peso, son las mismas que me han permitido construir una biografía que, por mujer, por negra, por ser la persona que soy, me ha costado mucho construir, me enoja que debido a serie de “cadenas de incomunicación”, de ganas de seguir siendo los más óptimos para hacer las cosas, sustrajeran de Internet un resumen curricular, diseñado para otra cosa, que es apenas un detalle colocado frente a mis textos, para pincelarme el gusto de que me hubiesen incluido, sin habérselos pedido. Diana Ávila, a quien también se les olvidó informar de su presencia en la publicación, decía el otro que esas cosas no importan, porque lo importante es que los de afuera tomen tu obra y la difundan… en otras oportunidades, yo he pensado así, pero bajo las presentes circunstancias, en que además, de obviar mi derecho
3. A que me invitaran a la presentación del libro, y
4. A que me dieran, una copia del libro, según la ley
Pero si invitaran personalmente, a conocidos muy cercanos a mi familia (Franklin Perry) y a mi, sin decirle claro que yo estaba en la antología, como si ellos estuvieran en la obligatoriedad de hacer algo que les correspondía a ustedes como padres del chiquito, un fallo que no puedo perdonar; porque de alguna forma siento que si ¿No querían hablar conmigo?, si ¿No querían que yo supiera lo que estaban haciendo?, bastaba con que no me hubiesen incluido, en primer lugar, no se molesten en tomar el correo electrónico para que yo sepa que un tal, y no lo digo en tono despectivo, Gustavo Solórzano, atacó el tema de la exclusión y la inclusión de una manera más cortante, y eso les dolió. Es increíble pensar que ni siquiera tuvieran la consideración, la molestia de comunicarme por propia voz, un hecho tan importante para mi; y no considero que haya sido una omisión, el que se olvidara invitarme a la presentación, del mismo cuando, al parecer, usando la defensa periodística, el correo electrónico, me ha mantenido informada de la situación, mandándome no pedidas ni justificadas mociones de orden, en lugar de las invitaciones que recibieron todos los demás a favor de la lucha por el TLC, que también fue mi lucha, o a los congresos que se han desarrollado últimamente, entre otras cosas.
En ese sentido, reafirmo que, aunque no tengo el gusto de conocer a Gustavo Solórzano, para mí tiene el merito de decir las cosas como las piensa, cuestiona la identidad de lo que siente, sin juegos semánticos sino de justicia social, ¿No es esa la misión de un poeta?, pero ocurre que a su edad, —y gracias que él no Dlia Mc Donald, porque ya le hubieran caído con toda la mala leche que se les hubiera ocurrido— ese tipo de actitudes nos hace pasar siempre como las equivocadas, los ingenuos, los envidiosos porque no nos tomaron en cuenta, y nos creemos menos que los demás, cuando en realidad, a mi juicio como escritora, poeta, compiladora, promotora y difusora cultural, él tiene razón en varias cosas, en que probablemente no pusieron atención:
• El juego de ideas disconvexas, con respecto a la palabra Contemporáneo, que según el diccionario y el conocimiento general, se refiere a simultaneo, igualdad, a ras de suelo; siendo así ¿Cuál es tu similaridad o igualdad con personas que nacen en el 39 (20 años de diferencia), con personas que nacen a partir del 70, (más de 30 años de diferencia), y eso sin dejar de lado la cosecha del 50?
• ¿Cuál es la igualdad con dos extranjeros, uno colombiano y otra argentina radicados en el país, pero que según creo, todavía no votan ni son parte de nuestra contemporaneidad, como costarricenses?
• La respuesta es solo una, la palabra, en este caso sostenida con una serie de puntales dudosos. Actual y presente es la segunda de las definiciones de la palabra, y entonces se me contraponen los mismos puntales: lo idóneo y lo correcto, ¿Qué es? ¿Cómo juntar, los gloriosos cuarenta, con los setenta y finalizar en los ochenta, sin caer en cuenta, que estamos abriendo la brecha generacional más aún?
A lo mejor me equivoco, pero creo entender que Gustavo Solórzano piensa que si es posible hacer una selección así, entonces él también podía ser incluido y no excluido, por cuestiones de fondo, y no ideológicos. Ese no es un pensamiento equivocado, no se llama error, el que seamos lo suficientemente claros para decir, que cierto tipo de ensaladas, no se mezclan limones con verduras: habiendo personas que publican a cada rato, que han sido incluidos en antologías dentro y fuera del país, se abre una brecha intergeneracional entre personas que no necesitamos, mi caso particular, de más publicidad, contra gente muy joven que necesita una proyección diferente, el análisis critico aquí, para Gustavo, que tanto se lo remachan es cuidar el corte entre una cosa y otra, porque hay inclusión, exclusión e intrusión; en ese aspecto, Yo no les pedí que me incluyeran en su antología, Gustavo sí, y es lo que es importante.
Dejo en claro que no es que no me gusten las antologías, los compiladores tienen derecho a trabajar de la forma que quieran, meter o, sacar a quién les dé la gana, pero en lo personal, y no es que no necesito ser tomada en cuenta en una antología, pero siempre que lo han hecho me han dicho, que así fue, o va ser, yo he sido quien da el visto bueno para una cosa o para otra, ese es mi derecho y no se me respetó, ¿Por qué?
Espero una respuesta
Ahora sí, THE GAME IS OVER, sin luces parpadeantes en la pantalla,
Que estés mejor cada día.

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Estimado Adriano:

Lamento, que como siempre usted respondiera mi documento fuera de lugar y tiempo, y además imaginado cosas que no son: yo no, no estoy molesta por ser una extranjera incluida dentro de su antología, es más ni siquiera me hubiese molestado no salir publicada en ella, porque comprendo perfectamente que ese es su derecho como compilador, pero como esto es una respuesta abierta, cierro esta discusión diciendo que la materia en discusión aquí, no es si se me incluyó o, no en Sostener la Palabra, Antología de Poetas Contemporáneos Costarricenses, es el que sin mi permiso escrito se hayan reproducido poemas de…la lluvia es una piel… por tanto, el debido irrespeto a los derechos de autor, la inclusión de una biografía sesgada y mutilada, y por supuesto la innecesaria mal interpretación de los hechos que no importan, es lo que me molesta.
El show al que alude Geovanny, en mi opinión ya estaba montado y era de ustedes, los que leían papelitos teniéndose al frente como si estuviésemos los demás en una mala imitación de teatro. En fin; el caso es que lamento mucho enterarme ahora que por una serie de…¿Cómo llamarlo sin herir susceptibilidades?, malos entendidos personales, usted haya interpretado que yo no le hablo, por actuaciones del pasado que en mi no han dejado más huella que la necesaria. Yo perdí contacto con usted, y con muchos otros por la misma razón, porque no nos bañamos dos veces en mismo río, han ocurrido cambios en mi vida que merecen mi atención y cuido, ¿Lo demás? … es simplemente que en los últimos años he pasado por una serie de pruebas personales, donde el odio, la lucha interna de poder y legitimización, los pleitos sociales de otras épocas, están muy alejados de mi corazón y mi sentir. Hoy en día, he aprendido a seleccionar a dónde quiero ir, a dónde voy, quienes son mis amigos y, que cosas quiero hacer, eso no tiene nada que ver con usted, ni con nadie, es simplemente que a nadie le gusta que lo obliguen a hacer lo que no quiere, a mi nadie me preguntó si quería, o no participar de su proyecto editorial.
Su malestar ahora por que me incluyó, “al contrario de lo Gustavo” en la publicación de la Antología, me parece justa pero no razonable, en el libro están Edmundo y Camilo Retana, Felipe Granados, Alexander Obando, Mainor González, Erick Gil Salas, Jorge Treval, quien al igual que yo en miembro de la junta directa de la AAOLAC, Asociación Costarricense de Autores, et all, quienes pudieron haberle ayudado a comunicarse conmigo, sobre todo en el caso de Mainor, porque él es casi el único amigo que guardo de esa época, él, o Franklin Perry, a quien usted ha invitado a muchas actividades suyas, y con quienes mantiene una relación cordial pudieron hacer el milagro de decirme, lo que estaba ocurriendo, y yo hubiese actuado sin beligerancias, siguiendo la regla básica de todo buen negociador, Sé, Analizo, Acepto. Por otro lado, este es un país pequeño, quien busca encuentra, dice otro refrán popular parecido al que usaron el miércoles, pero además ser miembro de la ACE, existe el GOOGLE, que al igual que muchas otras personas perdidas o desaparecidas, a mi me ubica perfectamente, entonces la excusa de que no me encontraba, no tiene importancia ni validez; sobre todo tomando en cuenta que no le creo, Adriano, cuando dice que no pudo comunicarse conmigo, que capturó mi correo de alguna de las respuestas dirigidas a Gustavo Solórzano, porque primero, solo dos veces, tres, contando el miércoles he intervenido en todo esto, una el documento anterior, (y que también adjunto) y la segunda hoy. Sume a eso, que tengo, todos los correos-comentarios que usted y Armando Rodríguez Ballesteros me han enviado a propósito de diferentes instancias, a partir del FESTIVAL DE PUERTAS ABIERTAS, organizado por el Café Cultural y Taller Cultural Francisco Zúñiga Díaz, sus comentarios, sobre el asunto COCORI, me llegaron también, igual que lo hicieron los de la iniciativa para cerrar la Casa España por la guerra Irak, también la de los talleres que se reunirían para conocerse entre sí en estos días, y finalmente la del congreso que hizo hace poco meses, solo que los dos últimos me llegaron el mismo día, y a la hora de inauguración, bajo cuya circunstancia es de presumir que tenía otros planes previos por desarrollar. Hace un año, me llamó usted a mi celular para invitarme a una lectura en miércoles de poesía, con Ana Wajszczuk, varios estudiantes suyos me han buscado y llamado, a mi número para entrevistas de la clase que usted imparte en ITCR, entonces ¿Cómo no me encontró para un asunto tan relevante? Si usted como compilador, se vio en la “necesidad de la no ubicación por digamos cuestiones de tiempo”, la editorial debió asumir la responsabilidad de cuidar el paso siguiente, la editorial debió mandar una nota, solicitando el permiso escrito.
Dlia (y no Delia) Mc (y no Mac) Donald, miembro fundador de la A(sociación)C(ostarricense)E(scritoras), Fiscal de la Asociación Costarricense de Autores de Obras Literarias, Científicas de Costa Rica, Promotor y Difusor Cultural, contratado por la UNED, desde hace más de cinco años, no es una persona que pase inadvertida en ninguna parte, existieron los procesos idóneos para ubicarme, pero lo cierto es que lo más preocupante de todo este asunto, son los derechos de autor, mis derechos de autor, por lo que ya dije anteriormente. Dada la embestidura de mi rango dentro de una y otra organización, no puedo, a pesar de los comentarios que circulan por ahí, ser tan blandengue en reconocer que los autores nacionales estamos desprotegidos por este tipo de políticas y actitudes, pese a que estoy perfectamente consciente de que en Costa Rica, otros se sentirían felices por el derecho de una publicación así, pero yo no quiero, estar amarrada a un grupo editorial que pienso no sabe que cuando a uno le publican, en una antología de esta manera se está amarrado por cinco años, ley de TLC, a seguir con ellos, y que se corre el riesgo de que vayan poder publicar lo que quieran de nuevo, sin compromisos, o simplemente trasladar la obra de compilador sin responsabilidad patronal, como le pasa en estos días a AnaCristina Rossi. No es cosa de identidad, ni chauvinismo tico, como usted alude en su nota enviada a los medios, es simplemente que si a uno le invitan a salir, escoge uno cuando y como. Pese a que no nací en el país como muchos otros, e igual que ellos tengo cédula del país, por eso sentar un precedente, para mi tiene valor, es no quedarse callado ante la injusticia social de que además de por mujer, negra, también tenga que sentirme vejada y maltratada, violada en los derecho mínimos de pedir un sí o no, porque otros escogen por mi, incluirme en sus proyectos personales como si fuera nada más un nombre, esto es mi forma de pedirles, por favor, que como autores respetemos los derechos de otros escritores y sepamos que el derecho de creación literaria es inalienable.
Que quede claro, que salvo en casos específicos,—en el que no estaba ni esta usted contemplado— no le hablo a gente que me parecen un fastidio para el espíritu, y eso es porque ya los he tratado y sé a que atenerme con ellos, pero me parece fabulosa la idea de la antología, me gusta que considere que mi obra es lo suficientemente meritoria como para estar ahí, pero decir, ella no me habla desde no sé hace cuanto tiempo, en publico y a micrófono abierto, como si yo estuviese supeditada a darle comprensión por eso, refleja una inmadurez que no sirve para nada más que para dejar en claro, que con mayor razón no se incluye a personas que asumimos como no hablantes con nosotros dentro de trabajos tan importantes, sin el doble, o el triple de los esfuerzos por cubrir las bases: y eso era pedir la nota de autorización. Usted y yo, hemos hecho y sido incluidos en antologías antes, —mismas que no aparecen en mi biografía— y sabemos que la mecánica exige pedir el permiso correspondiente, por escrito y firmado, o no se incluye, y punto. Otra cosa que, me sacó de mis casillas, es el hecho de tener ahí la obra de un Armando Rodríguez Ballesteros, a quien solo conozco como referencia de una de sus antologías de las LUNADAS POÉTICAS, y por sus notas anteriores, nunca he sido invitada a ninguna de sus actividades culturales, por tanto, considero que lo único en que somos contemporáneos es que me gustan los zapatos, bolsos y ropa interior colombianos, pero nada más. Rectifíqueme si yo me equivocada, él y la señora Wajszczuk, podrán haber hecho gestiones para vivir en Costa Rica, publicado uno, o dos libros, pero lo hizo a partir del 2000, que es cuando su nombre empieza a sonar, en el ambiente cultural nacional, y eso no los habilita como contemporáneos ni patriotas de nadie en este país, para ellos, en mi opinión si era necesario otra antología, digamos para los que viven entre nos, sin parte de nos…, el caso es quiero que entiendan que tampoco tengo nada en contra de ese señor. Gracias, por la inclusión dentro de la antología, por seleccionarme dentro de su objetivo de trabajo, pero no la quiero de esta manera; Yo soy Cimarrona, desde el principio de mi origen y no permito, que nadie asuma la libertad de imponerme lo que consideran mejor para mi, A MI SE ME PIDE PERMISO PARA USAR MI OBRA, de la forma que sea, porque fui su creador; es el derecho que me da ser triple W, por la Biblioteca del Congreso Norteamericano, y eso significa que mi obra no solo esta ahí puesta en los estantes como un objeto decorativo más, es materia de estudio obligada para las universidades de Clarion, Pensilvannia, y Oxford, Inglaterra, México, Brasil y una porción de Europa, ente muchas otras, del mismo modo que la obra de Cortazar, Neruda, Mistral, y otros es reconocido y estudiada; yo sé que soy dueña de un currículo mucho mayor a la mayoria de los que están ahí, y que además tengo dos antologías más, PREGONEROS DE LA MEMORIA, 2005, e INSTINTO TRIBAL, Premio REINA MUHUMUSA, a la Diversidad Cultural, y se me debió preguntar qué cosas poner y qué cosas quitar, como lo han hecho las otras instancias que han solicitado permiso sobre mi obra. El que se diga que por haber participado con anterioridad con usted, en otros trabajos editoriales, tampoco ayuda a que exista una defensa, fue en otro tiempo y otro momento, yo estaba informada en que eso iba a ocurrir, no como ahora, que salvo una llamada de felicitación, lo demás han sido insultos y malas interpretaciones, porque usted no pudo derivar responsabilidad sobre el editor de la obra por un supuesto miedo a la comunicación.
Finalmente, está corrección que deseo que Gustavo Solórzano y todos los demás entiendan, como un principio de identidad, la norma que ha de regir nuestras vidas con ética y responsabilidad como escritores, es tener la disciplina suficiente para saber cuando tenemos razón y enfrentarlo de la forma que sea, yo jamás he permitido que me pasen por encima y no voy a empezar ahora: por El Café Cultural y Taller Literario Francisco Zúñiga Díaz, pasaron todas esas personas que dicen haber sido parte en algún momento de su historia, menos Byron Espinoza. Ello, porque volviendo al punto de los derechos de autor, dos semanas después de la muerte de Francisco Zúñiga, una iniciativa promovida por Edisson Valverde Araya y otros, pretendió quedarse de trabajo y desarrollo de una iniciativa gestión cultural privada, “entregándole” supuestamente las riendas del TALLER, a una persona que por desavenencias, con Francisco Zúñiga Díaz, fundador del Café Cultural dentro del cual se encontraba el taller, se había alejado por más de 10 años, Henry López Padilla. Dicha persona tiene un cierto conocimiento de quién fue don Chico, nombre que ahora utiliza en su taller, porque en un enfrentamiento previo, no pudo enfrentar la realidad que sabemos quienes estuvimos con Zúñiga hasta el día último de su ausencia definitiva: él se aprovechó de su muerte para darse a conocer, un evento de lo que no queda duda, desde el momento que le hace homenajes a la memoria del apóstol de la literatura costarricense Francisco Zúñiga Díaz, pero cosa curiosa, igual que en el caso anterior, no invitó a la familia, porque él sabe perfectamente que en El Café Cultural, son los hermanos, hijo, y viuda de Zúñiga, y que saben que él, fue uno de los que denigró la imagen del maestro, al ponerse de lado de Valverde Araya, en su intento de saqueo, y robo del Café Cultural, de otro modo cuando yo le enfrenté hubiese seguido sin problemas, con su Taller Literario Francisco Zúñiga Díaz… le doy las gracias a Byron Espinoza, porque su biografía sirve ahora, para que todos sepan quién es quién y eso también guarda idoneidad, con lo que estamos peleando en este momento, los derechos de autor, no son bienes de difunto.
Hasta el miércoles, había considerado nada más hacer la advertencia, pero las burlas de tus amiguitos, ¿Quién me creo yo, para plantear una demanda porque le publiquen a uno?, aunado a el comentario de Geovanny Jiménez en su página electrónica en relación al show de Delia, frente a dos caballeros, remodifican mi pensar: ya no son 15 días, para obtener una respuesta, disculpa publica, fundada, con orden; y el consabido ejemplar de sus manos, a más tardar en tres días que su abogado y el abogado de la casa editora, se ponga en contacto conmigo, 373-8130, dlia_bruja@yahoo.com, dlia_mcdonald@yahoo.es, porque según usted pudo leer en el documento que adjunto y que le entregué, no es broma: yo defiendo a muerte mis derechos de autor. Qué este mejor cada día…
Dlia Mc Donald Woolery.

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DEMANDA FORMAL DE DLIA MC DONALD*

San José, 10 de octubre del 2007.

Señor:
Adriano Corrales Arias
EDITORIAL ARBOLEDA


Estimado señor:

Quien suscribe DELIA McDONALD WOOLERY, mayor, soltera, Comerciante, vecina de Barrio México, con cédula No. 9-085-102, atentamente manifiesto:

He comprobado fehacientemente, de forma personal, que el libro “Sostener la palabra” Antología de poesía costarricense contemporánea, editada en el 2007 por Arboleda Ediciones con la colaboración de Casa Cultural Amón, del Instituto Tecnológico de Cartago y de la cual -según se desprende de la portada- usted ostenta el carácter de compilador, que se encuentra a disposición para venta al público, se han reproducido ilegalmente textos de mi autoría, ya que en ningún momento se me solicitó autorización para su inclusión en la citada publicación.

En ese sentido, mi molestia radica en que visible a la página 169 se reproduce mi currículo profesional, de manera sesgada, recortada y mutilada. Asimismo reitero que los textos reproducidos visibles de la página 170 a la 172 inclusive, además de contener errores fueron publicados sin mi autorización.

A esos efectos, debo indicarle que en relación con los derechos patrimoniales y morales, la normativa –tanto internacional como nacional- establece el derecho exclusivo del titular del derecho de autor a autorizar la reproducción de la obra.

En este sentido el artículo 9 del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas de 9 de setiembre de 1886 -el cual fue ratificado por Costa Rica mediante Ley N° 6083 del 29 de agosto de 1977- establece como principio general:

“1. Los autores de obras literarias y artísticas protegidas por el presente Convenio gozarán del derecho exclusivo de autorizar la reproducción de sus obras por cualquier procedimiento y bajo cualquier forma.”

Dicha norma es desarrollada por la Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos, Ley 6683 del 14 de octubre de 1982 en el artículo 8 al establecer, la obligación de contar con la autorización del titular del derecho de autor en obras de dominio privado, para poder proceder a su adaptación, traducción, modificación, compendio, parodia o extracto.

“Quien adapte, traduzca, modifique, refunda, compendie, parodie o extracte, de cualquier manera, la sustancia de una obra de dominio público, es el titular exclusivo de su propio trabajo; pero no podrá oponerse a que otros hagan lo mismo con esa obra de dominio público. Si esos actos se realizan con obras o producciones que estén en el dominio privado, será necesaria la autorización del titular del derecho. Las bases de datos están protegidas como compilaciones. (Así reformado por el artículo 1º de la ley Nº 7397 de 3 de mayo de 1994)”

Por su parte, el Reglamento a la Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos Nº 24611-J de 4 de setiembre de 1995, señala en su artículo 34 lo siguiente:
“Siempre que la Ley o, en su caso, el Reglamento, no dispusieren otra cosa en forma expresa, es ilícita toda forma de utilización total o parcial de una obra, sin el consentimiento del autor o, cuando corresponda, de sus derecho habientes.”

En este mismo sentido, la Ley de Procedimientos de Observancia de los Derechos de Propiedad Intelectual, No. 8039 de 12 de octubre de 2000, establece en su artículo uno que la autorización del titular del derecho de propiedad intelectual debe ser expresa y por escrito.
“ (...) La autorización del titular del derecho de propiedad intelectual será siempre expresa y por escrito.”

Es importante indicar que la Ley de Procedimientos de Observancia de los Derechos de Propiedad Intelectual, supra citada, establece en su capítulo V, artículo 54, un tipo penal para la reproducción no autorizada de obras literarias:
“Será sancionado con prisión de uno a tres años quien fije y reproduzca obras literarias o artísticas, fonogramas o videogramas protegidos, sin autorización del autor, el titular o el representante del derecho, de modo que pueda resultar perjuicio.”

Así las cosas, como demuestro con documento adjunto, fechado el 12 de agosto del 2002, el señor Juan Frutos Verdesia, Director de Publicaciones del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, emite certificación de que los derechos de autor de la obra “La lluvia es una piel”, de la cual se extrajeron ilícitamente los textos mencionados, me pertenecen en su totalidad.

Por lo anterior, me veo en la necesidad de invitarlo a que me indique el modo y la forma en que podemos finiquitar este asunto, para concertar un arreglo de pago que cubra satisfactoriamente el importe de los perjuicios morales y patrimoniales ocasionados.

_________________________
DELIA McDONALD WOOLERY
Escritora

* Se publica por solicitud expresa de la demandante.
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DESDE NICARAGUA SOBRE LA POLÉMICA

Eunice Shade*

Creo que toda antología, a como bien se ha expresado en el artículo, es criterio del antologador o como dijera Raúl Quintanilla por estos lares deberíamos llamarlo Antojo-logador o Antojo-logía. Y como tal no veo por qué polemizar sobre algo que está más que claro.
En primer lugar que algunos ticos se hallan molestado porque se incluyeron poetas nacidos en el extranjero me parece una infantilada al mejo estilo xenofóbico, clásico en algunos tiquillos. O también puede ser inseguridad generada por el egoísmo, por la ansiedad de protagonismo y por actitudes deliberadamente excluyentes. Que sean poetas extranjeros no es un argumento, son poetas y punto y como dijo Carlos Fuentes la patria es el idioma y todos hablamos mal que bien español.
Los buenos poemas no tienen nacionalidades, pueden tener contextos similares y bajo esa idea perfectamente se pueden agrupar autores nacidos en el extranjero pero de formación cultural tica. Los criterios de selección deben ser más actuales, más flexibles, ya no se puede delimitar a la antigua: que porque los fulanos nacieron en Malpaisillo sólo esos van en la antología y aquellos que llegaron después pero se criaron aquí NO. Esos No porque son "ilegítimos". Lo que me recuerda la mezquindad del ser humano siempre de clasista, elitista y anticuado. ¿Qué tiene que se incluyan autores nacidos en el extranjero pero expuestos a la cultura tica? ¿Cuál es el problema con eso? ¿Acaso es miedo de que esos autores de afuera sean mejores que los ticos "legítimos"? Por favor!.

Y bueno lo de la calidad estética es asunto viejo. Eso de calidad siempre es debatible. En literatura existen diversas escuelas estéticas, el maldito problema es que siempre los portavoces de una escuela en particular se quieren imponer ante la otra y descalificar, y la otra no se deja, y aparecen otras escuelas y todo al final es una lucha cuasi política de imponer digamos la moda de cierta estética. Es humano, somos humanos, siempre buscamos dominar a otro, someter, imponer nuestro gusto, nuestra voluntad estética y silenciar, reprimir, oprimir a aquellas que no nos parecen.
Habrá por supuesto algún idealista que defienda la idea de que la belleza es la belleza y ante ella no hay cuestionamientos porque la formula cuadrada dice que el poema debe verse así, oler asá, etc, pero esa postura me parece tan cerrada como su formula.
Hay estéticas y todas tienen su valor sin importar lo que otros digan. Sea interiorista, sea exteriorista, surrealista, dadaista...sea lo que sea todas aportan a que las artes sean D-i-v-e-r-s-a-s.

Y por último no hay que ser envidiosos. La envidia es el peor de los males. La envidia se empoza en el alma y pudre por dentro el corazón de las personas. Corroe.
Si no te incluyeron en la antología y sientes que incluyeron a otro que te parece peor que vos, no significa que vas a menospreciar el trabajo del resto, de la muestra, la muestra tiene validez aunque tu no aparezcas en ella. A fin de cuentas tu verdadero trabajo es tallar tu obra, tu trabajo no es figurar en antologías. Y además ¿por qué te ocupas de alguien a quien consideras malo? Dejalo ser. A lo mejor a otros no les parece tan malo como a vos. No debemos imponer criterios, debemos compartirlos, exponerlos.
Creo que deberías leer Sostener la palabra, leerla y disfrutarla. Y si alguien no te gusta pues pasas la página y ya. Es una antología, no un libro de historia de la poesía. Que a otros no les guste como escribes no significa que seas malo. No hay que ser tan inseguros. Uno es lo que es. Uno debe estar abierto a todas las posibilidades. Uno debe pensar más en su trabajo que en el de otros. Escriba lo suyo y punto final.

Un abrazo para todos, de Eunice. * (Poeta y periodista nicaragüense).
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SOBRE LAS ANTOLOGÍAS
A propósito de “Sostener la palabra”

Adriano Corrales Arias

Con motivo de la publicación de la Antología de poesía costarricense contemporánea SOSTENER LA PALABRA (Editorial Arboleda-Casa Cultural Amón, 2007) se ha desatado una interesante polémica. El debate, lastimosamente hasta ahora, se ha centrado más en la figura del antologador que en las calidades de la antología. Acorralado por esa crítica, me permito hacer algunas aclaraciones y reflexiones al respecto.

Se ha expresado en muchos lugares que toda antología es un error. En mi caso, quisiera asumirlo así, pero esencialmente como ya lo decía el maestro Carlos Rafael Duverrán en la Introducción a su antologia Poesía contemporánea de Costa Rica, como un error necesario. Las antologías (del sustantivo griego flor, y del verbo también griego escoger: florilegio, colección de trozos escogidos: analectas, crestomatía, epicilegio) son muestras, o colecciones, imperfectas, debido al criterio personal que siempre priva en términos del compilador y sus gustos o preferencias estéticas. Así, la antología que nos ocupa no podía ser de otro modo: una selección imperfecta, por tanto proclive a la crítica y a la polémica.

En SOSTENER LA PALABRA la “estética” (como insistía en cuestionarnos un joven artista en el debate que sostuvimos con el poeta y editor Gustavo Solórzano en la Casa Cultural Amón la noche del 10 de octubre) de la misma es la posibilidad de mostrar las principales propuestas estéticas que coexisten en la variada oferta poética costarricense de nuestros días. Por esa razón es ocioso indagar cuáles poetas fueron excluidos, a no ser como ejercicio crítico en el terreno de los instituyentes culturales. Lo necesario es preguntar cuáles franjas ideoestéticas de la poesía tica contemporánea fueron obviadas.

Debido a lo anterior, la selección es un tanto ecléctica. Obedece a criterios de representatividad y no exactamente de “calidad”, como, justificadamente, podrían exigir algunos. Una “buena” antología debería ser más estricta en cuanto a sus criterios y seguramente se restringiría a unos cuantos nombres. Pero en esta antología lo importante es la panorámica, la idea de conjunto. Aquí si importa el bosque, no tanto los árboles.

Los criterios de selección se señalaron en la Presentación de la antología: poetas nacidos después de 1950, salvo siete excepciones (Mayra Jiménez, Juan Antillón, Helio Gallardo, Rodrigo Quirós, Guillermo Sáenz Patterson, Alfonso Chase y Osvaldo Sauma), incluidos porque sus trabajos, de alguna manera, representan franjas importantes en la actual poesía costarricense y han influido, de una u otra forma, en las promociones más recientes. El otro elemento es que la mayoría de ellos (salvo Chase y Sauma, hay que subrayarlo) no ocupan un sitial justo en el canon de la literatura nacional.

La parte más polémica (toda la antología lo es, lo sabemos y lo repito) de esa selección ha sido la inclusión de los “extranjeros”. Por primera vez nos arriesgamos a incluir poetas no nacidos en Costa Rica, pero que han producido, y siguen produciendo, su obra en nuestro país, al cual adoptaron, por medio de la naturalización, como su segunda patria. Es probable que el chauvinismo tico resienta este criterio de inclusión, como ya se ha manifestado en algunos círculos. De hecho una de las poetas incluidas, nacida en otro país, ha protestado por ello y hasta nos ha “demandado” por admitirla sin previa consulta.

Un rasgo distintivo de la poesía costarricense es su proclividad hacia lo interno, hacia lo endogámico. Por razones que muchos estudiosos han señalado nos da pánico el exterior y nos refugiamos en nosotros, nos dirigimos hacia el interior, aunque, por ello mismo, nos deslumbramos fácilmente con lo extraño-extranjerizante. Ojala que esa minusvalía ideológica no esté presente en las críticas que se nos hacen. Porque uno de los objetivos tácitos de la antología es dar a conocer, más allá de nuestras fronteras, la actualidad del quehacer poético costarricense en su amplia diversidad y en su intensa producción.

Hechas estas aclaraciones con breves acotaciones-reflexiones, espero que la polémica continué por sus diversos cauces y matices. La misma, bien entendida y esperada, sin necesidad de ataques ad hominem, debe enriquecer nuestra propuesta antológica, la cual, insisto, es imperfecta y por tanto está sujeta a observaciones críticas y a reconvenciones teóricas, como toda elaboración humana. Es un error necesario, como lo dije, dado que se hacía imprescindible un corte temporal, una muestra antológica, en el acontecer poé-tico para dilucidar los caminos de la creciente producción lírica “nacional”.

Tienen la palabra los “críticos”, los autores nacionales e internacionales, y todas las personas interesadas en tan apasionante e incomprendido quehacer.


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POEMA DE VILMA VARGAS EN RESPUESTA AL DEBATE

Hermano poeta, mala época,
si te verdad querés escribir,
no seas un espectáculo más.

Ni siquiera el discurso académico engolado
te salva de este tiempo que todo lo trivializa.
Ni con guirnaldas en la caderas,
ni bailando un sueño, ni pintandote
/de negro
ni con el pubis por pluma. Está mejor
tu palabra sencilla y abierta.

Mirá si pareces un monumento.

Hermano poeta, nacimos ilusos,
disfrutemos de esta incapacidad gozosa.

Ahora, por favor, bajate de la tarima,
prescindí por unas horas de tu afán condicionado,
-hay doble filo en los auditorios-
Nosotros no somos ni el pan ni el circo.
Desde la butaca escuchamos mejor
y se ven todos los caminos de salida.

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Del poder, la oficialidad y el poeta
Leído como introducción en el debate sobre la antología Sostener la palabra

Gustavo Solórzano

1. Introducción

Especulemos un poco con la metacrítica: ¿qué habría sucedido si esta nota sobre la antología hubiese sido firmada por un crítico de La Nación? ¿Habría generado interés, polémica? ¿Habría recibido respuesta? Aventuro que probablemente no habría pasado nada. Eso es un buen ejemplo de lo que es la oficialidad: una figura instaurada como depositaria del saber, pero que no es cuestionada; más aún, una figura fosilizada que no provoca reacción, porque su interés no es provocar reacción, pues ello implica desajustar el sistema que la sustenta. Veamos otro ejemplo: si yo hubiese escrito exactamente las mismas conclusiones sin necesidad de dar nombres, si hubiera escrito un texto moderado, pulcro, sin exageraciones ni ironías, felices o no, probablemente, ¿se habría generado reacción? Nuevamente la respuesta es negativa. En mi texto hay muchas imprecisiones y muchas arbitrariedades. Cierto. Si hubiese escrito un texto carente de tales características, ¿a quién le habría llamado la atención? ¿Lo hice para llamar la atención? Efectivamente, pero no sobre mí, que es lo fácil. ¿Logré llamar la atención sobre nuestra poesía? Esperaría que sí. ¿Y por qué usualmente no hay reacciones ante las críticas? Hechas estas salvedades, quiero dejar claro que mi interés es discutir sobre la actividad poética de este país. Ahora, si esto no fuera posible porque el clima no es el apropiado, de antemano debo aceptar mi responsabilidad absoluta, pues no puedo exigir ahora seriedad, cuando yo mismo hice muchas anotaciones a la ligera, con el ánimo de irritar. Pero igual, esperaría que lográramos tocar tierra en algún punto que nos permita escucharnos.

2. Tema

¿Quiénes son los poetas oficiales? ¿Qué es la oficialidad? ¿Quién establece un canon y quién forma parte de él? La oficialidad es una entelequia, una abstracción. Visto de esta manera, el asunto se convierte en un círculo vicioso, porque finalmente, habrá momentos en los que creeremos estar fuera del círculo, pero cuando nos venimos a dar cuenta, ya estamos dentro, precisamente por no ser claros y directos sobre nuestras posiciones, o sencillamente, porque el poder no es fácilmente ubicable. Es cierto: puedo criticar ciertas figuras de la oficialidad, porque la oficialidad es una figura, no una persona ni su obra, justamente por ello, tal oficialidad logra mantenerse sin ser combatida. En Costa Rica, el problema es mayor: no podemos combatir contra esa oficialidad, porque no hay escritores que la encarnen, más aún, me atrevo a señalar que en Costa Rica no hay poetas oficiales, lo cual más bien debería alegrarnos. Aquí, lo planteado por Adriano en la introducción de la antología y mi persona, coinciden. Pero, ¿qué es un poeta oficial? Aquel que ha sido, más allá de su calidad o de su obra, absorbido por el poder, colocado en los anaqueles de todas las bibliotecas, cimentado en bronce o en mármol, estudiado por los críticos y académicos, premiado constantemente, reeditado en lapsos bastante amplios, incluido en los programas de lectura de un Ministerio de Eduación, promovida su lectura; y lo más importante, citado ya sea por quien apenas cursó la primaria o por el doctor en letras. Ese poeta, habrá sorteado todos los mecanismos de institucionalización, habrá sido censurado por unos, golpeado por otros, alabado por muchos, pero sobre todo, leído. Y aquí leído significa que un pueblo, un país entero, reconoce al menos uno o dos de sus versos, los cuales se convierten en parte del acervo cultural de una región, y por lo cual serán juzgados todos sus predecesores. Que en todo lo anterior tenga culpa el poeta, es otro asunto, porque el poeta simplemente se dedica a escribir. Así las cosas, podemos pensar en muchos nombres que cumplen alguno de los requisitos, pero no todos: está el premiado sin mérito, el publicado en exceso o el convertido en mito. ¿Cuál es el poeta por excelencia de Costa Rica? No tengo respuesta para ello. Ahora bien, evidentemente estas preguntas encierran una trampa, porque definir un solo poeta es maniqueo, o establecer los criterios igual, pero al menos nos deja ver que nuestros paradigmas han sido débiles, donde débiles no significa que no haya habido o al menos no haya habido intentos por elaborarlos. En Costa Rica ha habido artistas de calidades reconocidas, de gran talento, pero que han tenido que soportar sus vidas aislados, marginados literalmente, exiliados, aún cuando han tenido sus quince minutos de fama. En este país ha habido intentos por provocar cambios que dirijan sus creaciones hacia nuevos territorios, pero siempre de modo disperso, porque no hay un soporte en nuestra historia sociopolítica, económica o cultural; también aquí, los avances han sido aislados y dispersos, ahogados en el tiempo mítico: reproducciones de la otredad, pero no para entenderla, sino para asimilarnos. Ahora, coincido plenamente con Adriano, hay mucho movimiento, mucha producción, se siente, pero también hay camino y trabajo por delante, y ese camino y trabajo por delante, es el mismo de toda Centroamérica. ¿Qué nos define, que nos caracteriza, que nos hace peculiares? ¿Qué diferencia a un poema costarricense de uno nicaragüense o de uno mexicano? Uno de los problemas para la difusión de la literatura de Costa Rica y de Centroamérica es justamente la falta de un aparato crítico. Aquí me dirán que la poesía se sostiene por sí sola, cierto, pero primero el lector debe conocerla, y en nuestras sociedades la literatura es un producto, una práctica significante que circula entre los miembros de la colectividad. Y ante tal situación, debemos construir los espacios y los mecanismos donde se despliegue tal aparato crítico; para luego no quedar ciegos, e impedir la generosidad para con los otros.

Pero bien, antes de continuar, detengámonos un momento y analicemos el concepto de poder. El poder no está en el centro ni es uno solo, por tanto, podemos responder a ciertos poderes en ciertos momentos. El poder está diseminado, corre del centro a la periferia y viceversa, siempre inestable, por eso es tan difícil ubicarlo o combatirlo. El poder puede ser combatido desde su interior, para seguir a Foucault, puede ser erosionado desde ese centro siempre móvil; sin embargo, en esta lucha el poder termina por absorbernos. La periferia, el margen, cuando se asume a sí misma como tal, lo que en realidad logra es asegurarse un lugar en esta economía del poder, una dinámica que le permite su supervivencia desde el lugar “que no es”. Dicho lugar es otorgado por el poder mismo y aceptado por aquel sobre el cual es ejercido tal poder. Visto desde esta óptica, no podríamos entonces afirmar quién detenta el poder. Ahora bien, asumiendo esto desde otra perspectiva, ¿cuál es el problema con que haya figuras oficiales, poetas de gobierno, con poder para hacer y deshacer en el mundo editorial? No veo ningún problema en ello, o más bien, la literatura no resiente en lo absoluto la existencia de tales parásitos. La literatura se sobrepone a los devaneos de aquellos que escribimos; y si no logra sobreponerse, en muchos casos, es porque no valía la pena, y cae en la ignominia del olvido. Un poeta oficial no hace daño justamente porque está maniatado por el poder. No importa lo que escriba, su palabra se pierde en la burocracia y los papeles amarillos de un registro público. Todo porque es en otro lugar , no afuera, ni al lado, un lugar otro, desde el cual el poeta escribe, y de esa manera evade los mecanismos coercitivos, las presiones sociales y hasta sus constantes faltas de presupuesto o de delicadezas para su ego. Pero más aún, los poetas oficiales han existido a lo largo de la historia de Occidente, por poner un límite espacio-temporal. En la modernidad, Víctor Hugo, Goethe u Octavio Paz son buenos ejemplos. Y es aquí donde debemos distinguir entre el poeta oficial y sus textos, porque son los textos los que se sostienen, no el nombre ni sus laureles. El poeta puede ser un abyecto, un atorrante, pero su poesía no puede ni debe serlo. Me dirán acaso que ello no es posible. Podría repetir los mismos nombres, repasar las biografías y veríamos que sí es posible.

Así las cosas, vamos llegando al tema de la antología Sostener la palabra. En psicoanálisis, sostiene la palabra el sujeto inconsciente que se hace responsable de lo dicho. Una vez más, la intencionalidad del autor no es lo que cuenta. Decimos la mitad de las cosas que queremos decir, por ello es posible justamente el aparato crítico, por ello la literatura es organismo vivo, plurisignificante. Entonces, en la antología que nos ocupa, se incluye una introducción, que fue sobre la que yo centré mis críticas. Nótese que aunque en mi texto había generalidades, o generalizaciones, lagunas y arbitrariedades, que ameritan ser discutidas o rebatidas, no hablé expresamente de los poetas incluidos ni de sus estéticas, salvo excepciones. En este sentido, es importante observar cómo, en el proceso de construcción del canon, una forma sutil de censura es justamente la inclusión: el excluido, el que queda fuera de sistema es el que pone en evidencia; el incluido corre el riesgo de petrificarse, de regodearse en su inclusión y por ende marchitarse. Adriano me dirá que tal no era su intención, pero justamente esto comprueba que el poder no es una entidad fija y claramente discernible. Desde que hago selección, aplico mi subjetividad. A toda antología le sucederá lo mismo, y es el poeta el que debe sobreponerse a tal situación. Las antologías, aunque en sí mismas no tengan nada negativo, y seguirá habiéndolas, adormecen la palabra, encierran, y es el poeta quien debe salir de esa casa. Esto lo señala el antologador, y lo tiene claro, y lo sabemos nosotros, por ello, más útil o prudente dirán algunos, es evitar el aparato crítico, el cual siempre servirá como mediador entre el texto y el lector. Desde el punto de vista de la teoría de la recepción, apuntaría Umberto Eco, lo más importante es la intentio operis, es decir, la intención del texto, no la del autor ni la del lector. Todo ello no quita, eso sí, que cada cual pueda hacer lo que desee con un texto, y toda persona tiene el derecho de antologar a quien desee. Esto lo he mantenido desde el principio. Ni la antología ni el antologador tienen problemas, tiene problemas el discurso que sustenta tal antología; y tienen problemas aquellos incluidos. Cuando digo problemas, no me refiero a defectos que deben ser subsanados, me refiero a interrogantes que se abren. Esto es lo importante: a partir de ese corte, muy necesario, de esa muestra que ha hecho Adriano, ¿hacia dónde o de qué forma estamos construyendo nuestros discursos poéticos? ¿Cuántos de los poetas ahí incluidos cuestionó la decisión de ser incluido? ¿Cuántos presionaron para ser incluidos? ¿Cuántos poetas declinaron la oferta? ¿Cuántos se preguntaron si era prudente, con veinte años y un libro, ser incluido en una antología de poesía costarricense? ¿Cuántos se preguntaron por la significación de tal acto? Y esto no es una acusación, es buscar el cuestionamiento. Pero siguiendo con las preguntas: ¿los poetas incluidos consideran que su poesía es outsider o hippie, como se la define en la introducción? ¿No es acaso toda la poesía outsider o debe tratar de serlo? Probablemente el calificativo aplique para muchos de los jóvenes poetas que conforman la mayoría del texto en cuestión, pero de seguro no para todos. Es el mismo problema del arte comprometido. ¿No es acaso todo el arte comprometido? ¿Puede la poesía costarricense, escrita y publicada en los últimos quince años, ser conceptualizada realmente, como la más intensa, sorprendente e innovadora de Centroamérica? Una vez más: ¿qué es lo que nos diferencia? Para efectos prácticos, que poco o nada tienen que ver con la poesía, esta antología hubiera quedado muy bien definida como muestra, más que como antología. Me dirán que es un juego de palabras, y tienen razón, pero es que la poesía siempre es juego de palabras, y por eso, sostener la palabra es lo que hacemos. Y no es igual antología que muestra. Son dos conceptos diferentes, aunque superficialmente tratemos de nivelarlos. Además, el mismo antologador la llama muestra e indica que es un corte, pero sabemos que el título es sumamente importante, pues es un programador de lectura, y comprende todo un discurso, discurso que he tratado de leer desde el primer momento. Y como discurso que es, como todo discurso, presenta sus matices y sus contradicciones, que son, nuevamente insisto, las que nos permiten estar hoy aquí reunidos.

Inicia la introducción de la antología señalando que a pesar de que en Costa Rica ha habido autores importantes, no ha habido resonancia en Latinoamérica, pero que ahora eso ha cambiado. No comparto ese criterio del todo. Ya en el pasado, algunos nombres lograron ser escuchados en términos internacionales: baste citar a Yolanda o a Eunice; pero eso no pasó, nuevamente, de ser logros aislados y, sobre todo, para nada constantes. Actualmente, vemos otra vez que algunos nombres empiezan a alcanzar reconocimiento, algunas editoriales de gran tiraje han publicado autores ticos, pero nuevamente, no parece esto ser la norma ni la continuidad. Por el contrario, en un mundo como el que hoy nos toca vivir y enfrentar, la diversidad se ha abierto tanto, que incluso el mercado editorial tradicional es ineficiente. Insisto nuevamente, hoy estamos aquí gracias a Internet: en la red, además, podemos ver cómo se despliega este abanico de estéticas, de posibilidades; y logramos llegar a un cuestionamiento distinto de lo que la fama o el éxito representa, aunque ni la fama ni el éxito tengan nada que ver con la poesía,(nótese bien esto que digo), y aunque la tecnología misma sea blanco de nuestras críticas. ¿Es posible alcanzar la “fama” en un mundo tan heterogéneo y con tal cantidad de materiales, voces y propuestas? ¿Cuál es el papel del poeta en esta coyuntura histórica? Más aún, ¿cómo puede un poeta de viente años trascender esta coyuntura, cuando ahora ni siquiera los quince minutos de Andy Warhol son posibles? Las nuevas intersubjetividades, los nuevos mecanismos de relaciones, nos arrojan a una red que tanto nos hermana como nos separa, pero sobre todo, nos obliga a repensar los esquemas, éticos y estéticos, en que nos hemos desarrollado. Son estos los puntos que me interesan, y ojalá no sea yo tan ingenuo de creer que solamente a mí. El poeta asume, debe asumir, su momento histórico, y partir de ahí, lanzarse al vacío, sin red, en apuesta sin salida y sin retorno, con cero opciones de ganar.

3. Conclusiones

El poeta puede ser oficial, pero no su poesía. El poeta debe vivir bajo un régimen de pan y agua con el lenguaje, lo cual no significa menos, sino que significa rigurosidad, disciplina, estudio, lectura, lucha, crítica, cuestionamiento. El poeta, evidentemente, no puede estar callado, y si es callado, su poesía no puede callar. En Costa Rica hay mucho por hacer, hay muchas vías que desarrollar, no para ser aceptados por el otro, vecino o extranjero, sino para integrarnos, como si fuera naturalmente, a las múltiples voces que nos rodean, y hacer que nuestra voz se escuche. En esto, ni la fama ni el éxito tienen nada que ver, tiene que ver la palabra solidaria y a la vez contestataria, que puede serlo de múltiples formas, la palabra que ha pasado por un proceso de depuración y trabajo; sí, porque la poesía es un oficio, y como tal, tiene reglas, las cuales pueden ser rotas una vez que sean d