¡POLÉMICA!
Le entregamos aquí
una polémica sobre la poesía costarricense, leída
en todo el país y más allá. Culturacr.com
colabora con la generación de ideas en Costa Rica.
Siga la polémica
en orden:
- Adriano Corrales
escribe El poeta Billy-Pendiado (03/09).
Gustavo
Solórzano, escribe sobre la antología de poesía
costarricense compilada por el mismo Corrales, con título
La palabra insostenible (12/09)
- Corrales replica
los argumentos de Solórzano acerca de la antología
y el debate se amplía al tener dos versiones del texto de Solórzano,
una primera menos políticamente correcta y otra más
moderada (ambas se incluyen aquí). (19/09)
- Recientemente agregamos la Replica
1 que escribe Solórzano (24/09)
- Una antología
que debe ser probada por el tiempo, de Germán Hernández.
(26/09)
- Del estudio
sociocrítico realizado por un amable lector..., de
Gustavo Solórzano (27/09)
- Las antologías
como son no como deberían ser, Germán Hernández
(Réplica, 28/09)
- Réplica
2 a Germán Hernández, Gustavo Solórzano
(30/09)
- Amigos del
chiringue, poema alusivo a la polémica, de Pablo
Merino (01/10)
- Réplica
y diálogo, Germán Hernández
(02/10).
- La poesía:
profesión u oficio,
Adriano Corrales (01/10)
- Costa Rica, ¿país
de poetas o narradores?, Adriano Corrales (01/10)
- Sobre Costa Rica,
Otoniel Martínez (Guatemala) (02/10).
- Un repetido
no para la esperanza, Mauricio Vargas Ortega
(poeta 02/10)
- El café
cultural Francisco Zúñiga,
Germán Hernández (10/10)
- Para un debate
de altura..., Adriano Corrales Arias
(10/10)
- Del poder, la
oficialidad y el poeta, Gustavo Solórzano
(11/10)
- Poema en respuesta
al debate, Vilma Vargas (12/10)
- Sobre las antologías,
Adriano Corrales (12/10)
- Desde Nicaragua
un aporte, Eunice Shade (18/10)
- ¿Por
qué, Adriano...?, Dlia Mc Donald (22/10)
- Estimado
Adriano (réplica), Dlia Mc Donald (23/10)
- Demanda
"formal" de Mc Donald a Adriano Corrales*
(23/10)
- Narrativa de
la nación desde el arte y la cultura, Adriano Corrales
(26/10)
- Aclaración
y recuento sobre episodio Semanario, Manuel Bermúdez
y edición. (26/10)
Escuche
conversaciones con varios de los participantes en la radio, en el programa
Al rojo vivo
 
*La poeta Mc Donald
pidió expresamente publicar estos documentos.

RESEÑA
DE ÚLTIMOS EPISODIOS
La polémica
Corrales-Solórzano que empezó a mediados de setiembre
llega hasta este momento con giros y episodios de diversos tipos. Culturacr.com
le ha llevado este libro de artículos, ensayos y hasta poemas
sobre una polémica acerca de la poesía costarricense.
No es aún el momento para sacar conclusiones, porque la refriega
sigue viva en dos direcciones: primero por la demanda que realiza Dlia
Mc Donald a Adriano Corrales por derechos
de autor y seguido por el episodio dado en los suplementos culturales
del Semanario Universidad Forja y Los Libros, en el
que el texto borrador de Solórzano es publicado aparentemente
sin autorización del autor y Corrales responde en estos días
(todos textos ya publicados desde setiembre en Culturacr.com)
con una adaptación del texto que leyó en el debate en
el Centro Cultural Amón el pasado 10 de octubre, en el que dice
que Solórzano se retractó de sus ideas originales. Inédita
en los últimos años esta polémica nos presenta
todo un recorrido de ideas y posiciones encontradas que usted puede
leer aquí. Corrales envía otro texto
para continuar la discusión, que también agregamos seguido
(siga por fecha) Le transcribimos asimismo la aclaración que
hace Manuel Bermúdez, editor de esos suplementos,
sobre lo que según él sucedió en el Semanario.
Director Culturacr.com
ACLARACIÓN
DE MANUEL BERMÚDEZ EN FORJA DE EL SEMANARIO
Como
editor de los suplementos Los Libros y Forja de este semanario, debo
aclarar lo siguiente con respecto a la publicación de dos artículos
relacionados con la antología de poesía Sostener la palabra,
elaborada por Adriano Corrales.
El primero, que apareció en el suplemento Los Libros del mes
de octubre, lo recibí por correo electrónico en el mes
de septiembre y hacía referencia al texto de Corrales y lo firmaba
un señor Solórzano. Como editor de un suplemento de libros
recibo frecuentemente reseñas y comentarios que, de acuerdo con
el tiempo y espacio, trato de incluir en la edición. Siendo que
se trataba de la crítica de un libro cuyo autor es colaborador
frecuente de estos suplementos y cuyos libros ya han sido comentados
en otras ocasiones, quise evitar que malpensados y resentidos, que siempre
los hay, consideraran que podía tener algún interés
en escamotear la crítica y procedí a publicarla.
No obstante, según me hizo saber luego el señor Corrales,
Solórzano en un debate público el día 10 de octubre,
se retractó de lo dicho. En esa fecha, el suplemento ya estaba
circulando.
El segundo artículo es la respuesta del señor Corrales
y que se publica en esta edición del suplemento Forja.
Reconozco, como editor, que pudo existir una confusión al no
corroborar que la voluntad, de quien enviaba un comentario de un libro
a un editor de un suplemento de libros, era que NO se publicara, cuando
suele ser lo contrario. Por consiguiente, en adelante las colaboraciones
a estos suplementos deberán volver a entregarse en la recepción
en versión digital y con copia impresa y que se considere que
los plazos de cierre son al menos 20 días antes de la publicación
de suplemento.
Volver
arriba
(Hacia
una nueva conceptualización)
Narrativa de la nación desde el arte y la cultura
Adriano Corrales Arias *
Homi
Baba nos dice que la fuerza de la nación está en sus mitos
de origen, que es como su “continuun” de progreso con bases que no se
transforman. Pero, por eso mismo, posee un carácter ambivalente,
una indeterminación conceptual. Ahora bien, dado que los conceptos
no están nunca acabados, la nación está en constante
reelaboración, especialmente si tratamos de interpretarla desde
la cultura, o desde el campo cultural, o artístico, tal y como
lo plantea Pierre Bourdieu. Recordemos con Gramsci que “la cultura es
una fuerza subordinada y de ruptura”, se crea y se recrea en la praxis
de sí misma, no puede ser un reflejo del metadiscurso de la nación.
Por eso en la construcción del concepto de nación siempre
habrá una lucha por la hegemonía.
La
nación entonces es una narración, un discurso: hay encrucijadas
de significados que se trasladan, se cruzan, se traslapan, pues nunca
son fijos. Hay un proceso de exclusión e inclusión sociocultural
(problema del dentro y fuera) en una especie de hibridez en donde nuevos
grupos se incorporan generando nuevos sitios de significación.
Emergen espacios intermedios donde los significados de la cultura y
del poder son negociados. Estos nuevos sitios son incontrolados por
el antagonismo y son fuerzas impredecibles en la representación
política. Podríamos entonces decir que hay un discurso
legitimador de la nación y un “contradiscurso” que proviene de
los antagonismos generados por las contradicciones económico-sociales
que se expresan políticamente y que de alguna manera se “metaforizan”
desde el campo cultural.
Entonces
el diálogo con los otros va a ser fundamental para negociar,
lo que vendrá a enriquecer y transformar al discurso nacional.
Para
el caso de Costa Rica, Steven Palmer en su texto “Sociedad anónima,
cultura oficial: inventando la nación en Costa Rica, 1848- 1900”
(en “Héroes al gusto y libros de moda. Sociedad y cambio cultural
en Costa Rica, 1750-1900”, Editorial Porvenir, 1992) nos previene acerca
de que “no vamos a poder ofrecer respuestas hasta que dejemos de entender
la nacionalidad costarricense como un espíritu inherente e inmanente,
con su esencia compartida de igual manera por cada generación,
y empecemos a pensar la nación como una construcción cultural,
inventada y reinventada constantemente por medio de un nacionalismo
que, a partir del último tercio del siglo XIX, ha constituido
uno de los terrenos más determinantes de la lucha por la hegemonía”.
Igualmente
lo hace Alexander Jiménez en su texto “El imposible país
de los filósofos” (Ediciones Perro Azul, San José, 2002),
donde logra desactivar el discurso legitimador de la filosofía
institucional costarricense, que el mismo Jiménez denomina “nacional
étnico metafísico” (o “nacionalismo étnico metafísico”),
y que nos narra una Costa Rica idílica, “blanca”, homogénea,
de pobreza igualitaria, con destino democrático, geografía
sin excesos y un pasado colonial sin mayores contradicciones, casi “primitiva
socialista”. Un país ciertamente imaginario. Se trata, en ambos
casos, de revisar algunas tradiciones narrativas que han construido
un discurso nacional ahistórico y alejado de las luchas sociales
y culturales, es decir, un discurso que topa con límites fácticos
y conceptuales. Para entender el desarrollo del arte, y la cultura en
general, se precisa desactivar el metadiscurso nacional y conocer el
diálogo que han sostenido históricamente los diferentes
grupos en su seno. Para el caso de la literatura, por ejemplo, es de
suyo significativo intentar historizar y traer al tapete de la discusión
posmoderna todo lo atinente a culturas, lenguas y literaturas indígenas,
tal y como lo han hecho Seidy Araya y Magda Zavala (Literaturas indígenas
de Centroamérica, EUNA, Heredia, 2002) en un momento de reconfiguración
mundial donde las metrópolis (especialmente la estadounidense)
intentan socavar las culturas y lenguas autóctonas por medio
de la homogeneización cultural que pretende hacer “tabula rasa”
en nombre de una cacareada cultura universal.
Especialmente
si se trata de América Central, región donde este tipo
de investigaciones son incipientes. Lo mismo podríamos decir
del intento de Eugenia Zavaleta (“Arte y Literatura en Centroamérica
y México” en Fin de siglo XIX e identidad nacional en México
y Centroamérica, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría,
2002) donde a través del desarrollo del arte y la literatura
se hace un análisis comparativo de la creación de la imagen
nacional en México y Centroamérica y su incidencia dialéctica
en ése mismo desarrollo artístico.
Como
ya lo sugerimos, esta nueva lectura del espacio nacional y del concepto
de nación como metadiscurso, referida a los procesos culturales
y artísticos, es fundamental en nuestra época signada
por la globalización bajo esquema neoliberal y su ideología
denominada posmodernismo.
Esta
“ideología” (en el sentido de visión parcializada, interesada
y consciente de su identidad en tanto arma discursiva de un grupo social)
intenta convencernos de la existencia de una “cultura universal” que
se elabora en las metrópolis y que de alguna manera soslaya y
excluye a las culturas regionales (¿nacionales?) y locales. Es
de por sí significativo comprender entonces la génesis
de los discursos nacionales en este marco contemporáneo de globalización
y posmodernidad, desde una Centroamérica que posee una diversidad
cultural y una fragmentación política que nos singularizan
como región, tal y como los subraya Héctor Pérez
Brignoli (“Transformaciones del espacio centroamericano” en “Para una
historia de las Américas II, Los nudos”, Fondo de Cultura Económica,
1999, pp. 55-93).
En
los estudios culturales centroamericanos (inaugurales en tanto no se
considere a la cultura como eje central del análisis de nuestras
sociedades) reconsiderar el constructo de nación-estado como
discurso legitimado, y por tanto hegemónico, por las clases dominantes
que han tratado de utilizar el nacionalismo, lo ladino y el mestizaje,
con toda su parafernalia iconográfica y significativa, para perpetuarse
en el poder, desarrollando desde esas matrices políticas culturales
diferenciadoras y ciertamente excluyentes, será una tarea ardua
pero esclarecedora. Por esa razón habremos de pertrecharnos con
las herramientas teóricas más adecuadas para sostener
un diálogo crítico con esos constructos hegemónicos
y con las corrientes posmodernas, sin desechar a priori los conceptos
de estas últimas que puedan auxiliarnos, pues es claro que en
Centroamérica los movimientos sociales reivindicativos de diferencias
(feministas, gays, etnias indígenas) utilizan terminología
posmodernista, por ejemplo: empoderamiento, contrapoderes, resistencia,
deconstrucción, conceptos provenientes de Foucault y Derrida,
especialmente; y en términos de movilización social se
ha dado un tránsito del reclamo revolucionario integral hacia
una lucha sectorizada, con demandas específicas. Lo mismo sucede
con la crítica literaria y artística, donde a veces esos
conceptos se convierten sencillamente en “recetas de cocina”, es decir,
son meros utensilios desposeídos de su potencial crítico
y de su sustento filosófico.
Un
poco lo anterior se emparenta con la receta de la hibridación
cancliniana (García Canclini, “Culturas Híbridas”, Grijalbo
y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México D.F.,
1997), que no la que propone Babba, en tanto obvia el sustrato cultural
centroamericano y la diversidad cultural expresada en diversos espacios
histórico-geográficos (local, regional, global). Claro
que hay una defensa del pluralismo, la diversidad, las diferencias donde
se combaten las falsas certezas y los absolutos filosóficos;
pero estas ideas posmodernistas no bien digeridas en el trópico
a veces parecen propiciar la frivolidad y la dimisión de las
obligaciones colectivas, y a veces quedamos en una especie de indefensión
intelectual.
Esa
indefensión está cercana al desencanto, al escepticismo
y a la evasión esteticista, conjugadas con el misticismo y las
prácticas esotéricas: esa corriente “new age” que se percibe
a veces detrás de ciertas reivindicaciones étnicas y culturales.
Debemos
insistir y subrayar: en las actuales condiciones de la globalización
(internacionalización o mundialización) de la economía
y de la venta de las instituciones y empresas del estado (aplicada a
los países periféricos, jamás a los del “primer
mundo”) especialmente a transnacionales de ese primer mundo, probablemente
ya no podamos hablar de estados/naciones y de culturas nacionales.
Pero
para el intelectual, escritor, o artista del tercer mundo, en el caso
nuestro de América Latina y América Central, el reto consiste
en desarrollar estrategias creativas, innovadoras e interdisciplinarias
de resistencia cultural y de sobrevivencia identitaria, reafirmando
los contradiscuros hegemónicos --sin obviar la necesaria negociación
e intercambio-- acudiendo, fundamentalmente, a la riqueza de las culturas
populares, cantera inagotable de la fuerza de nuestros pueblos y etnias,
sobre todo en el nivel local y regional, ante la arremetida de la globalización
neoliberal y, por qué no decirlo, imperialista. Ese es el reto
que se nos plantea en la coyuntura actual.
*Escritor
tico.
Volver
arriba
¿Por
qué, Adriano…?
Dlia
Mc Donald Woolery
He
esperado hasta hoy para decir las cosas como las siento, porque además
de un sin numero de compromisos profesionales y personales, quería
tener distancia, para ver las cosas desde distintos focos; principios...
pero la verdad, es que no voy a negar que desde la primera llamada (que
tuve para felicitarme por haber sido incluida y, luego las demás
por haber sido incluida) me he sentido molesta, por una serie de eventos
vinculantes que me hacen sentir jodida y agradecida, y no me lo cayo;
Estoy hablando de un proceso concreto; durante más de dos años,
no me ha invitado a nada en relación a su labor cultural, y si
lo hacen llega a penas a tiempo para saber que ya pasó, y de
pronto, la pantalla de computadora centella sin cesar con notas, por
la polémica generada por Sostener la Palabra, Antología
de Poesía Costarricense Contemporánea, compilada por Adriano
Corrales Arias, información, no pedida ni solicitada, aclaro
que no preocupaba esa actitud, porque dedicarme a escribir, porque al
final lo único que queda es la obra, me recompensa mucho más.
No me interesa nada más; pero a partir de la publicación
de la antología, se han generado una serie de cosas que me han
hecho reflexionar sobre el valor de la palabra en sí, el trabajo
y la imagen que proyectamos más allá, sobre la intrusión,
la exclusión y la inclusión, en orden inverso, pues habiendo
sido educada en un mundo aparte, que es completamente diferente a lo
que llamamos the out side point off view, para mi, cada persona tiene
derecho a escribir, criticar y decir las cosas como le dé la
gana, ese es su derecho de expresión, decía Francisco
Zúñiga Díaz, el punto aquí es que donde
caiga, el fríjol germina como el jugo de caña con que
se hace un buen brindis.
Como muchos otros autores, de toda índole, me gusta que me tomen
en cuenta en las publicaciones nacionales, es un reconocimiento justo
a aquello que he asumido como trabajo desde hace tiempo atrás,
pero en este caso, a la luz de las implicaciones, no me gusta el que
Adriano Corrales y la Editorial Arboleda, adscrita al Instituto Tecnológico,
me hayan publicado sin:
1. Ni siquiera informarme sobre la creación de un trabajo tan
meritorio
2. Ni siquiera molestarse en pedir el permiso correspondiente para publicar
textos de “... LA LLUVIA ES UNA PIEL…” publicación hecha en el
2000, cuyos derechos de autor son íntegramente míos, hasta
el día que fallezca, por más que circulen por ahí,
y este modo de actuar me convierte en parte del proceso de exclusión,
por inclusión
Gracias a Dios, las mismas cosas, que me han marginado del modo de ver
de la mayoría de los escritores costarricenses de peso, son las
mismas que me han permitido construir una biografía que, por
mujer, por negra, por ser la persona que soy, me ha costado mucho construir,
me enoja que debido a serie de “cadenas de incomunicación”, de
ganas de seguir siendo los más óptimos para hacer las
cosas, sustrajeran de Internet un resumen curricular, diseñado
para otra cosa, que es apenas un detalle colocado frente a mis textos,
para pincelarme el gusto de que me hubiesen incluido, sin habérselos
pedido. Diana Ávila, a quien también se les olvidó
informar de su presencia en la publicación, decía el otro
que esas cosas no importan, porque lo importante es que los de afuera
tomen tu obra y la difundan… en otras oportunidades, yo he pensado así,
pero bajo las presentes circunstancias, en que además, de obviar
mi derecho
3. A que me invitaran a la presentación del libro, y
4. A que me dieran, una copia del libro, según la ley
Pero si invitaran personalmente, a conocidos muy cercanos a mi familia
(Franklin Perry) y a mi, sin decirle claro que yo estaba en la antología,
como si ellos estuvieran en la obligatoriedad de hacer algo que les
correspondía a ustedes como padres del chiquito, un fallo que
no puedo perdonar; porque de alguna forma siento que si ¿No querían
hablar conmigo?, si ¿No querían que yo supiera lo que
estaban haciendo?, bastaba con que no me hubiesen incluido, en primer
lugar, no se molesten en tomar el correo electrónico para que
yo sepa que un tal, y no lo digo en tono despectivo, Gustavo Solórzano,
atacó el tema de la exclusión y la inclusión de
una manera más cortante, y eso les dolió. Es increíble
pensar que ni siquiera tuvieran la consideración, la molestia
de comunicarme por propia voz, un hecho tan importante para mi; y no
considero que haya sido una omisión, el que se olvidara invitarme
a la presentación, del mismo cuando, al parecer, usando la defensa
periodística, el correo electrónico, me ha mantenido informada
de la situación, mandándome no pedidas ni justificadas
mociones de orden, en lugar de las invitaciones que recibieron todos
los demás a favor de la lucha por el TLC, que también
fue mi lucha, o a los congresos que se han desarrollado últimamente,
entre otras cosas.
En ese sentido, reafirmo que, aunque no tengo el gusto de conocer a
Gustavo Solórzano, para mí tiene el merito de decir las
cosas como las piensa, cuestiona la identidad de lo que siente, sin
juegos semánticos sino de justicia social, ¿No es esa
la misión de un poeta?, pero ocurre que a su edad, —y gracias
que él no Dlia Mc Donald, porque ya le hubieran caído
con toda la mala leche que se les hubiera ocurrido— ese tipo de actitudes
nos hace pasar siempre como las equivocadas, los ingenuos, los envidiosos
porque no nos tomaron en cuenta, y nos creemos menos que los demás,
cuando en realidad, a mi juicio como escritora, poeta, compiladora,
promotora y difusora cultural, él tiene razón en varias
cosas, en que probablemente no pusieron atención:
• El juego de ideas disconvexas, con respecto a la palabra Contemporáneo,
que según el diccionario y el conocimiento general, se refiere
a simultaneo, igualdad, a ras de suelo; siendo así ¿Cuál
es tu similaridad o igualdad con personas que nacen en el 39 (20 años
de diferencia), con personas que nacen a partir del 70, (más
de 30 años de diferencia), y eso sin dejar de lado la cosecha
del 50?
• ¿Cuál es la igualdad con dos extranjeros, uno colombiano
y otra argentina radicados en el país, pero que según
creo, todavía no votan ni son parte de nuestra contemporaneidad,
como costarricenses?
• La respuesta es solo una, la palabra, en este caso sostenida con una
serie de puntales dudosos. Actual y presente es la segunda de las definiciones
de la palabra, y entonces se me contraponen los mismos puntales: lo
idóneo y lo correcto, ¿Qué es? ¿Cómo
juntar, los gloriosos cuarenta, con los setenta y finalizar en los ochenta,
sin caer en cuenta, que estamos abriendo la brecha generacional más
aún?
A lo mejor me equivoco, pero creo entender que Gustavo Solórzano
piensa que si es posible hacer una selección así, entonces
él también podía ser incluido y no excluido, por
cuestiones de fondo, y no ideológicos. Ese no es un pensamiento
equivocado, no se llama error, el que seamos lo suficientemente claros
para decir, que cierto tipo de ensaladas, no se mezclan limones con
verduras: habiendo personas que publican a cada rato, que han sido incluidos
en antologías dentro y fuera del país, se abre una brecha
intergeneracional entre personas que no necesitamos, mi caso particular,
de más publicidad, contra gente muy joven que necesita una proyección
diferente, el análisis critico aquí, para Gustavo, que
tanto se lo remachan es cuidar el corte entre una cosa y otra, porque
hay inclusión, exclusión e intrusión; en ese aspecto,
Yo no les pedí que me incluyeran en su antología, Gustavo
sí, y es lo que es importante.
Dejo en claro que no es que no me gusten las antologías, los
compiladores tienen derecho a trabajar de la forma que quieran, meter
o, sacar a quién les dé la gana, pero en lo personal,
y no es que no necesito ser tomada en cuenta en una antología,
pero siempre que lo han hecho me han dicho, que así fue, o va
ser, yo he sido quien da el visto bueno para una cosa o para otra, ese
es mi derecho y no se me respetó, ¿Por qué?
Espero una respuesta
Ahora sí, THE GAME IS OVER, sin luces parpadeantes en la pantalla,
Que estés mejor cada día.
Volver
arriba
Estimado
Adriano:
Lamento, que como siempre usted respondiera mi documento fuera de lugar
y tiempo, y además imaginado cosas que no son: yo no, no estoy
molesta por ser una extranjera incluida dentro de su antología,
es más ni siquiera me hubiese molestado no salir publicada en
ella, porque comprendo perfectamente que ese es su derecho como compilador,
pero como esto es una respuesta abierta, cierro esta discusión
diciendo que la materia en discusión aquí, no es si se
me incluyó o, no en Sostener la Palabra, Antología de
Poetas Contemporáneos Costarricenses, es el que sin mi permiso
escrito se hayan reproducido poemas de…la lluvia es una piel… por tanto,
el debido irrespeto a los derechos de autor, la inclusión de
una biografía sesgada y mutilada, y por supuesto la innecesaria
mal interpretación de los hechos que no importan, es lo que me
molesta.
El show al que alude Geovanny, en mi opinión ya estaba montado
y era de ustedes, los que leían papelitos teniéndose al
frente como si estuviésemos los demás en una mala imitación
de teatro. En fin; el caso es que lamento mucho enterarme ahora que
por una serie de…¿Cómo llamarlo sin herir susceptibilidades?,
malos entendidos personales, usted haya interpretado que yo no le hablo,
por actuaciones del pasado que en mi no han dejado más huella
que la necesaria. Yo perdí contacto con usted, y con muchos otros
por la misma razón, porque no nos bañamos dos veces en
mismo río, han ocurrido cambios en mi vida que merecen mi atención
y cuido, ¿Lo demás? … es simplemente que en los últimos
años he pasado por una serie de pruebas personales, donde el
odio, la lucha interna de poder y legitimización, los pleitos
sociales de otras épocas, están muy alejados de mi corazón
y mi sentir. Hoy en día, he aprendido a seleccionar a dónde
quiero ir, a dónde voy, quienes son mis amigos y, que cosas quiero
hacer, eso no tiene nada que ver con usted, ni con nadie, es simplemente
que a nadie le gusta que lo obliguen a hacer lo que no quiere, a mi
nadie me preguntó si quería, o no participar de su proyecto
editorial.
Su malestar ahora por que me incluyó, “al contrario de lo Gustavo”
en la publicación de la Antología, me parece justa pero
no razonable, en el libro están Edmundo y Camilo Retana, Felipe
Granados, Alexander Obando, Mainor González, Erick Gil Salas,
Jorge Treval, quien al igual que yo en miembro de la junta directa de
la AAOLAC, Asociación Costarricense de Autores, et all, quienes
pudieron haberle ayudado a comunicarse conmigo, sobre todo en el caso
de Mainor, porque él es casi el único amigo que guardo
de esa época, él, o Franklin Perry, a quien usted ha invitado
a muchas actividades suyas, y con quienes mantiene una relación
cordial pudieron hacer el milagro de decirme, lo que estaba ocurriendo,
y yo hubiese actuado sin beligerancias, siguiendo la regla básica
de todo buen negociador, Sé, Analizo, Acepto. Por otro lado,
este es un país pequeño, quien busca encuentra, dice otro
refrán popular parecido al que usaron el miércoles, pero
además ser miembro de la ACE, existe el GOOGLE, que al igual
que muchas otras personas perdidas o desaparecidas, a mi me ubica perfectamente,
entonces la excusa de que no me encontraba, no tiene importancia ni
validez; sobre todo tomando en cuenta que no le creo, Adriano, cuando
dice que no pudo comunicarse conmigo, que capturó mi correo de
alguna de las respuestas dirigidas a Gustavo Solórzano, porque
primero, solo dos veces, tres, contando el miércoles he intervenido
en todo esto, una el documento anterior, (y que también adjunto)
y la segunda hoy. Sume a eso, que tengo, todos los correos-comentarios
que usted y Armando Rodríguez Ballesteros me han enviado a propósito
de diferentes instancias, a partir del FESTIVAL DE PUERTAS ABIERTAS,
organizado por el Café Cultural y Taller Cultural Francisco Zúñiga
Díaz, sus comentarios, sobre el asunto COCORI, me llegaron también,
igual que lo hicieron los de la iniciativa para cerrar la Casa España
por la guerra Irak, también la de los talleres que se reunirían
para conocerse entre sí en estos días, y finalmente la
del congreso que hizo hace poco meses, solo que los dos últimos
me llegaron el mismo día, y a la hora de inauguración,
bajo cuya circunstancia es de presumir que tenía otros planes
previos por desarrollar. Hace un año, me llamó usted a
mi celular para invitarme a una lectura en miércoles de poesía,
con Ana Wajszczuk, varios estudiantes suyos me han buscado y llamado,
a mi número para entrevistas de la clase que usted imparte en
ITCR, entonces ¿Cómo no me encontró para un asunto
tan relevante? Si usted como compilador, se vio en la “necesidad de
la no ubicación por digamos cuestiones de tiempo”, la editorial
debió asumir la responsabilidad de cuidar el paso siguiente,
la editorial debió mandar una nota, solicitando el permiso escrito.
Dlia (y no Delia) Mc (y no Mac) Donald, miembro fundador de la A(sociación)C(ostarricense)E(scritoras),
Fiscal de la Asociación Costarricense de Autores de Obras Literarias,
Científicas de Costa Rica, Promotor y Difusor Cultural, contratado
por la UNED, desde hace más de cinco años, no es una persona
que pase inadvertida en ninguna parte, existieron los procesos idóneos
para ubicarme, pero lo cierto es que lo más preocupante de todo
este asunto, son los derechos de autor, mis derechos de autor, por lo
que ya dije anteriormente. Dada la embestidura de mi rango dentro de
una y otra organización, no puedo, a pesar de los comentarios
que circulan por ahí, ser tan blandengue en reconocer que los
autores nacionales estamos desprotegidos por este tipo de políticas
y actitudes, pese a que estoy perfectamente consciente de que en Costa
Rica, otros se sentirían felices por el derecho de una publicación
así, pero yo no quiero, estar amarrada a un grupo editorial que
pienso no sabe que cuando a uno le publican, en una antología
de esta manera se está amarrado por cinco años, ley de
TLC, a seguir con ellos, y que se corre el riesgo de que vayan poder
publicar lo que quieran de nuevo, sin compromisos, o simplemente trasladar
la obra de compilador sin responsabilidad patronal, como le pasa en
estos días a AnaCristina Rossi. No es cosa de identidad, ni chauvinismo
tico, como usted alude en su nota enviada a los medios, es simplemente
que si a uno le invitan a salir, escoge uno cuando y como. Pese a que
no nací en el país como muchos otros, e igual que ellos
tengo cédula del país, por eso sentar un precedente, para
mi tiene valor, es no quedarse callado ante la injusticia social de
que además de por mujer, negra, también tenga que sentirme
vejada y maltratada, violada en los derecho mínimos de pedir
un sí o no, porque otros escogen por mi, incluirme en sus proyectos
personales como si fuera nada más un nombre, esto es mi forma
de pedirles, por favor, que como autores respetemos los derechos de
otros escritores y sepamos que el derecho de creación literaria
es inalienable.
Que quede claro, que salvo en casos específicos,—en el que no
estaba ni esta usted contemplado— no le hablo a gente que me parecen
un fastidio para el espíritu, y eso es porque ya los he tratado
y sé a que atenerme con ellos, pero me parece fabulosa la idea
de la antología, me gusta que considere que mi obra es lo suficientemente
meritoria como para estar ahí, pero decir, ella no me habla desde
no sé hace cuanto tiempo, en publico y a micrófono abierto,
como si yo estuviese supeditada a darle comprensión por eso,
refleja una inmadurez que no sirve para nada más que para dejar
en claro, que con mayor razón no se incluye a personas que asumimos
como no hablantes con nosotros dentro de trabajos tan importantes, sin
el doble, o el triple de los esfuerzos por cubrir las bases: y eso era
pedir la nota de autorización. Usted y yo, hemos hecho y sido
incluidos en antologías antes, —mismas que no aparecen en mi
biografía— y sabemos que la mecánica exige pedir el permiso
correspondiente, por escrito y firmado, o no se incluye, y punto. Otra
cosa que, me sacó de mis casillas, es el hecho de tener ahí
la obra de un Armando Rodríguez Ballesteros, a quien solo conozco
como referencia de una de sus antologías de las LUNADAS POÉTICAS,
y por sus notas anteriores, nunca he sido invitada a ninguna de sus
actividades culturales, por tanto, considero que lo único en
que somos contemporáneos es que me gustan los zapatos, bolsos
y ropa interior colombianos, pero nada más. Rectifíqueme
si yo me equivocada, él y la señora Wajszczuk, podrán
haber hecho gestiones para vivir en Costa Rica, publicado uno, o dos
libros, pero lo hizo a partir del 2000, que es cuando su nombre empieza
a sonar, en el ambiente cultural nacional, y eso no los habilita como
contemporáneos ni patriotas de nadie en este país, para
ellos, en mi opinión si era necesario otra antología,
digamos para los que viven entre nos, sin parte de nos…, el caso es
quiero que entiendan que tampoco tengo nada en contra de ese señor.
Gracias, por la inclusión dentro de la antología, por
seleccionarme dentro de su objetivo de trabajo, pero no la quiero de
esta manera; Yo soy Cimarrona, desde el principio de mi origen y no
permito, que nadie asuma la libertad de imponerme lo que consideran
mejor para mi, A MI SE ME PIDE PERMISO PARA USAR MI OBRA, de la forma
que sea, porque fui su creador; es el derecho que me da ser triple W,
por la Biblioteca del Congreso Norteamericano, y eso significa que mi
obra no solo esta ahí puesta en los estantes como un objeto decorativo
más, es materia de estudio obligada para las universidades de
Clarion, Pensilvannia, y Oxford, Inglaterra, México, Brasil y
una porción de Europa, ente muchas otras, del mismo modo que
la obra de Cortazar, Neruda, Mistral, y otros es reconocido y estudiada;
yo sé que soy dueña de un currículo mucho mayor
a la mayoria de los que están ahí, y que además
tengo dos antologías más, PREGONEROS DE LA MEMORIA, 2005,
e INSTINTO TRIBAL, Premio REINA MUHUMUSA, a la Diversidad Cultural,
y se me debió preguntar qué cosas poner y qué cosas
quitar, como lo han hecho las otras instancias que han solicitado permiso
sobre mi obra. El que se diga que por haber participado con anterioridad
con usted, en otros trabajos editoriales, tampoco ayuda a que exista
una defensa, fue en otro tiempo y otro momento, yo estaba informada
en que eso iba a ocurrir, no como ahora, que salvo una llamada de felicitación,
lo demás han sido insultos y malas interpretaciones, porque usted
no pudo derivar responsabilidad sobre el editor de la obra por un supuesto
miedo a la comunicación.
Finalmente, está corrección que deseo que Gustavo Solórzano
y todos los demás entiendan, como un principio de identidad,
la norma que ha de regir nuestras vidas con ética y responsabilidad
como escritores, es tener la disciplina suficiente para saber cuando
tenemos razón y enfrentarlo de la forma que sea, yo jamás
he permitido que me pasen por encima y no voy a empezar ahora: por El
Café Cultural y Taller Literario Francisco Zúñiga
Díaz, pasaron todas esas personas que dicen haber sido parte
en algún momento de su historia, menos Byron Espinoza. Ello,
porque volviendo al punto de los derechos de autor, dos semanas después
de la muerte de Francisco Zúñiga, una iniciativa promovida
por Edisson Valverde Araya y otros, pretendió quedarse de trabajo
y desarrollo de una iniciativa gestión cultural privada, “entregándole”
supuestamente las riendas del TALLER, a una persona que por desavenencias,
con Francisco Zúñiga Díaz, fundador del Café
Cultural dentro del cual se encontraba el taller, se había alejado
por más de 10 años, Henry López Padilla. Dicha
persona tiene un cierto conocimiento de quién fue don Chico,
nombre que ahora utiliza en su taller, porque en un enfrentamiento previo,
no pudo enfrentar la realidad que sabemos quienes estuvimos con Zúñiga
hasta el día último de su ausencia definitiva: él
se aprovechó de su muerte para darse a conocer, un evento de
lo que no queda duda, desde el momento que le hace homenajes a la memoria
del apóstol de la literatura costarricense Francisco Zúñiga
Díaz, pero cosa curiosa, igual que en el caso anterior, no invitó
a la familia, porque él sabe perfectamente que en El Café
Cultural, son los hermanos, hijo, y viuda de Zúñiga, y
que saben que él, fue uno de los que denigró la imagen
del maestro, al ponerse de lado de Valverde Araya, en su intento de
saqueo, y robo del Café Cultural, de otro modo cuando yo le enfrenté
hubiese seguido sin problemas, con su Taller Literario Francisco Zúñiga
Díaz… le doy las gracias a Byron Espinoza, porque su biografía
sirve ahora, para que todos sepan quién es quién y eso
también guarda idoneidad, con lo que estamos peleando en este
momento, los derechos de autor, no son bienes de difunto.
Hasta el miércoles, había considerado nada más
hacer la advertencia, pero las burlas de tus amiguitos, ¿Quién
me creo yo, para plantear una demanda porque le publiquen a uno?, aunado
a el comentario de Geovanny Jiménez en su página electrónica
en relación al show de Delia, frente a dos caballeros, remodifican
mi pensar: ya no son 15 días, para obtener una respuesta, disculpa
publica, fundada, con orden; y el consabido ejemplar de sus manos, a
más tardar en tres días que su abogado y el abogado de
la casa editora, se ponga en contacto conmigo, 373-8130, dlia_bruja@yahoo.com,
dlia_mcdonald@yahoo.es, porque según usted pudo leer en el documento
que adjunto y que le entregué, no es broma: yo defiendo a muerte
mis derechos de autor. Qué este mejor cada día…
Dlia Mc Donald Woolery.
Volver
arriba
DEMANDA
FORMAL DE DLIA MC DONALD*
San
José, 10 de octubre del 2007.
Señor:
Adriano Corrales Arias
EDITORIAL ARBOLEDA
Estimado señor:
Quien suscribe DELIA McDONALD WOOLERY, mayor, soltera,
Comerciante, vecina de Barrio México, con cédula No. 9-085-102,
atentamente manifiesto:
He comprobado fehacientemente, de forma personal, que
el libro “Sostener la palabra” Antología de poesía costarricense
contemporánea, editada en el 2007 por Arboleda Ediciones con
la colaboración de Casa Cultural Amón, del Instituto Tecnológico
de Cartago y de la cual -según se desprende de la portada- usted
ostenta el carácter de compilador, que se encuentra a disposición
para venta al público, se han reproducido ilegalmente textos
de mi autoría, ya que en ningún momento se me solicitó
autorización para su inclusión en la citada publicación.
En ese sentido, mi molestia radica en que visible a
la página 169 se reproduce mi currículo profesional, de
manera sesgada, recortada y mutilada. Asimismo reitero que los textos
reproducidos visibles de la página 170 a la 172 inclusive, además
de contener errores fueron publicados sin mi autorización.
A esos efectos, debo indicarle que en relación
con los derechos patrimoniales y morales, la normativa –tanto internacional
como nacional- establece el derecho exclusivo del titular del derecho
de autor a autorizar la reproducción de la obra.
En este sentido el artículo 9 del Convenio de Berna para la Protección
de las Obras Literarias y Artísticas de 9 de setiembre de 1886
-el cual fue ratificado por Costa Rica mediante Ley N° 6083 del
29 de agosto de 1977- establece como principio general:
“1. Los autores de obras literarias y artísticas
protegidas por el presente Convenio gozarán del derecho exclusivo
de autorizar la reproducción de sus obras por cualquier procedimiento
y bajo cualquier forma.”
Dicha norma es desarrollada por la Ley de Derechos de Autor y Derechos
Conexos, Ley 6683 del 14 de octubre de 1982 en el artículo 8
al establecer, la obligación de contar con la autorización
del titular del derecho de autor en obras de dominio privado, para poder
proceder a su adaptación, traducción, modificación,
compendio, parodia o extracto.
“Quien adapte, traduzca, modifique, refunda, compendie,
parodie o extracte, de cualquier manera, la sustancia de una obra de
dominio público, es el titular exclusivo de su propio trabajo;
pero no podrá oponerse a que otros hagan lo mismo con esa obra
de dominio público. Si esos actos se realizan con obras o producciones
que estén en el dominio privado, será necesaria la autorización
del titular del derecho. Las bases de datos están protegidas
como compilaciones. (Así reformado por el artículo 1º
de la ley Nº 7397 de 3 de mayo de 1994)”
Por su parte, el Reglamento a la Ley de Derechos de
Autor y Derechos Conexos Nº 24611-J de 4 de setiembre de 1995,
señala en su artículo 34 lo siguiente:
“Siempre que la Ley o, en su caso, el Reglamento, no dispusieren otra
cosa en forma expresa, es ilícita toda forma de utilización
total o parcial de una obra, sin el consentimiento del autor o, cuando
corresponda, de sus derecho habientes.”
En este mismo sentido, la Ley de Procedimientos de Observancia
de los Derechos de Propiedad Intelectual, No. 8039 de 12 de octubre
de 2000, establece en su artículo uno que la autorización
del titular del derecho de propiedad intelectual debe ser expresa y
por escrito.
“ (...) La autorización del titular del derecho de propiedad
intelectual será siempre expresa y por escrito.”
Es importante indicar que la Ley de Procedimientos de
Observancia de los Derechos de Propiedad Intelectual, supra citada,
establece en su capítulo V, artículo 54, un tipo penal
para la reproducción no autorizada de obras literarias:
“Será sancionado con prisión de uno a tres años
quien fije y reproduzca obras literarias o artísticas, fonogramas
o videogramas protegidos, sin autorización del autor, el titular
o el representante del derecho, de modo que pueda resultar perjuicio.”
Así las cosas, como demuestro con documento adjunto, fechado
el 12 de agosto del 2002, el señor Juan Frutos Verdesia, Director
de Publicaciones del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, emite
certificación de que los derechos de autor de la obra “La lluvia
es una piel”, de la cual se extrajeron ilícitamente los textos
mencionados, me pertenecen en su totalidad.
Por lo anterior, me veo en la necesidad de invitarlo
a que me indique el modo y la forma en que podemos finiquitar este asunto,
para concertar un arreglo de pago que cubra satisfactoriamente el importe
de los perjuicios morales y patrimoniales ocasionados.
_________________________
DELIA McDONALD WOOLERY
Escritora
* Se publica
por solicitud expresa de la demandante.
Volver
arriba
DESDE
NICARAGUA SOBRE LA POLÉMICA
Eunice
Shade*
Creo
que toda antología, a como bien se ha expresado en el artículo,
es criterio del antologador o como dijera Raúl Quintanilla por
estos lares deberíamos llamarlo Antojo-logador o Antojo-logía.
Y como tal no veo por qué polemizar sobre algo que está
más que claro.
En primer lugar que algunos ticos se hallan molestado porque se incluyeron
poetas nacidos en el extranjero me parece una infantilada al mejo estilo
xenofóbico, clásico en algunos tiquillos. O también
puede ser inseguridad generada por el egoísmo, por la ansiedad
de protagonismo y por actitudes deliberadamente excluyentes. Que sean
poetas extranjeros no es un argumento, son poetas y punto y como dijo
Carlos Fuentes la patria es el idioma y todos hablamos mal que bien
español.
Los buenos poemas no tienen nacionalidades, pueden tener contextos similares
y bajo esa idea perfectamente se pueden agrupar autores nacidos en el
extranjero pero de formación cultural tica. Los criterios de
selección deben ser más actuales, más flexibles,
ya no se puede delimitar a la antigua: que porque los fulanos nacieron
en Malpaisillo sólo esos van en la antología y aquellos
que llegaron después pero se criaron aquí NO. Esos No
porque son "ilegítimos". Lo que me recuerda la mezquindad
del ser humano siempre de clasista, elitista y anticuado. ¿Qué
tiene que se incluyan autores nacidos en el extranjero pero expuestos
a la cultura tica? ¿Cuál es el problema con eso? ¿Acaso
es miedo de que esos autores de afuera sean mejores que los ticos "legítimos"?
Por favor!.
Y bueno lo de la calidad estética
es asunto viejo. Eso de calidad siempre es debatible. En literatura
existen diversas escuelas estéticas, el maldito problema es que
siempre los portavoces de una escuela en particular se quieren imponer
ante la otra y descalificar, y la otra no se deja, y aparecen otras
escuelas y todo al final es una lucha cuasi política de imponer
digamos la moda de cierta estética. Es humano, somos humanos,
siempre buscamos dominar a otro, someter, imponer nuestro gusto, nuestra
voluntad estética y silenciar, reprimir, oprimir a aquellas que
no nos parecen.
Habrá por supuesto algún idealista que defienda la idea
de que la belleza es la belleza y ante ella no hay cuestionamientos
porque la formula cuadrada dice que el poema debe verse así,
oler asá, etc, pero esa postura me parece tan cerrada como su
formula.
Hay estéticas y todas tienen su valor sin importar lo que otros
digan. Sea interiorista, sea exteriorista, surrealista, dadaista...sea
lo que sea todas aportan a que las artes sean D-i-v-e-r-s-a-s.
Y por último no hay que ser envidiosos.
La envidia es el peor de los males. La envidia se empoza en el alma
y pudre por dentro el corazón de las personas. Corroe.
Si no te incluyeron en la antología y sientes que incluyeron
a otro que te parece peor que vos, no significa que vas a menospreciar
el trabajo del resto, de la muestra, la muestra tiene validez aunque
tu no aparezcas en ella. A fin de cuentas tu verdadero trabajo es tallar
tu obra, tu trabajo no es figurar en antologías. Y además
¿por qué te ocupas de alguien a quien consideras malo?
Dejalo ser. A lo mejor a otros no les parece tan malo como a vos. No
debemos imponer criterios, debemos compartirlos, exponerlos.
Creo que deberías leer Sostener la palabra, leerla y
disfrutarla. Y si alguien no te gusta pues pasas la página y
ya. Es una antología, no un libro de historia de la poesía.
Que a otros no les guste como escribes no significa que seas malo. No
hay que ser tan inseguros. Uno es lo que es. Uno debe estar abierto
a todas las posibilidades. Uno debe pensar más en su trabajo
que en el de otros. Escriba lo suyo y punto final.
Un
abrazo para todos, de Eunice. * (Poeta y periodista nicaragüense).
Volver
arriba
SOBRE
LAS ANTOLOGÍAS
A propósito de “Sostener la palabra”
Adriano
Corrales Arias
Con
motivo de la publicación de la Antología de poesía
costarricense contemporánea SOSTENER LA PALABRA (Editorial Arboleda-Casa
Cultural Amón, 2007) se ha desatado una interesante polémica.
El debate, lastimosamente hasta ahora, se ha centrado más en
la figura del antologador que en las calidades de la antología.
Acorralado por esa crítica, me permito hacer algunas aclaraciones
y reflexiones al respecto.
Se ha expresado en muchos lugares que toda antología es un error.
En mi caso, quisiera asumirlo así, pero esencialmente como ya
lo decía el maestro Carlos Rafael Duverrán en la Introducción
a su antologia Poesía contemporánea de Costa Rica, como
un error necesario. Las antologías (del sustantivo griego flor,
y del verbo también griego escoger: florilegio, colección
de trozos escogidos: analectas, crestomatía, epicilegio) son
muestras, o colecciones, imperfectas, debido al criterio personal que
siempre priva en términos del compilador y sus gustos o preferencias
estéticas. Así, la antología que nos ocupa no podía
ser de otro modo: una selección imperfecta, por tanto proclive
a la crítica y a la polémica.
En SOSTENER LA PALABRA la “estética” (como insistía en
cuestionarnos un joven artista en el debate que sostuvimos con el poeta
y editor Gustavo Solórzano en la Casa Cultural Amón la
noche del 10 de octubre) de la misma es la posibilidad de mostrar las
principales propuestas estéticas que coexisten en la variada
oferta poética costarricense de nuestros días. Por esa
razón es ocioso indagar cuáles poetas fueron excluidos,
a no ser como ejercicio crítico en el terreno de los instituyentes
culturales. Lo necesario es preguntar cuáles franjas ideoestéticas
de la poesía tica contemporánea fueron obviadas.
Debido a lo anterior, la selección es un tanto ecléctica.
Obedece a criterios de representatividad y no exactamente de “calidad”,
como, justificadamente, podrían exigir algunos. Una “buena” antología
debería ser más estricta en cuanto a sus criterios y seguramente
se restringiría a unos cuantos nombres. Pero en esta antología
lo importante es la panorámica, la idea de conjunto. Aquí
si importa el bosque, no tanto los árboles.
Los criterios de selección se señalaron en la Presentación
de la antología: poetas nacidos después de 1950, salvo
siete excepciones (Mayra Jiménez, Juan Antillón, Helio
Gallardo, Rodrigo Quirós, Guillermo Sáenz Patterson, Alfonso
Chase y Osvaldo Sauma), incluidos porque sus trabajos, de alguna manera,
representan franjas importantes en la actual poesía costarricense
y han influido, de una u otra forma, en las promociones más recientes.
El otro elemento es que la mayoría de ellos (salvo Chase y Sauma,
hay que subrayarlo) no ocupan un sitial justo en el canon de la literatura
nacional.
La parte más polémica (toda la antología lo es,
lo sabemos y lo repito) de esa selección ha sido la inclusión
de los “extranjeros”. Por primera vez nos arriesgamos a incluir poetas
no nacidos en Costa Rica, pero que han producido, y siguen produciendo,
su obra en nuestro país, al cual adoptaron, por medio de la naturalización,
como su segunda patria. Es probable que el chauvinismo tico resienta
este criterio de inclusión, como ya se ha manifestado en algunos
círculos. De hecho una de las poetas incluidas, nacida en otro
país, ha protestado por ello y hasta nos ha “demandado” por admitirla
sin previa consulta.
Un rasgo distintivo de la poesía costarricense es su proclividad
hacia lo interno, hacia lo endogámico. Por razones que muchos
estudiosos han señalado nos da pánico el exterior y nos
refugiamos en nosotros, nos dirigimos hacia el interior, aunque, por
ello mismo, nos deslumbramos fácilmente con lo extraño-extranjerizante.
Ojala que esa minusvalía ideológica no esté presente
en las críticas que se nos hacen. Porque uno de los objetivos
tácitos de la antología es dar a conocer, más allá
de nuestras fronteras, la actualidad del quehacer poético costarricense
en su amplia diversidad y en su intensa producción.
Hechas estas aclaraciones con breves acotaciones-reflexiones, espero
que la polémica continué por sus diversos cauces y matices.
La misma, bien entendida y esperada, sin necesidad de ataques ad hominem,
debe enriquecer nuestra propuesta antológica, la cual, insisto,
es imperfecta y por tanto está sujeta a observaciones críticas
y a reconvenciones teóricas, como toda elaboración humana.
Es un error necesario, como lo dije, dado que se hacía imprescindible
un corte temporal, una muestra antológica, en el acontecer poé-tico
para dilucidar los caminos de la creciente producción lírica
“nacional”.
Tienen la palabra los “críticos”, los autores nacionales e internacionales,
y todas las personas interesadas en tan apasionante e incomprendido
quehacer.
Volver
arriba
POEMA
DE VILMA VARGAS EN RESPUESTA AL DEBATE
Hermano
poeta, mala época,
si te verdad querés escribir,
no seas un espectáculo más.
Ni siquiera el discurso académico engolado
te salva de este tiempo que todo lo trivializa.
Ni con guirnaldas en la caderas,
ni bailando un sueño, ni pintandote
/de negro
ni con el pubis por pluma. Está mejor
tu palabra sencilla y abierta.
Mirá si pareces un monumento.
Hermano poeta, nacimos ilusos,
disfrutemos de esta incapacidad gozosa.
Ahora, por favor, bajate de la tarima,
prescindí por unas horas de tu afán condicionado,
-hay doble filo en los auditorios-
Nosotros no somos ni el pan ni el circo.
Desde la butaca escuchamos mejor
y se ven todos los caminos de salida.
Volver
arriba
Del
poder, la oficialidad y el poeta
Leído como introducción en el debate sobre la antología
Sostener la palabra
Gustavo Solórzano
1.
Introducción
Especulemos un poco con la metacrítica: ¿qué
habría sucedido si esta nota sobre la antología hubiese
sido firmada por un crítico de La Nación? ¿Habría
generado interés, polémica? ¿Habría recibido
respuesta? Aventuro que probablemente no habría pasado nada.
Eso es un buen ejemplo de lo que es la oficialidad: una figura instaurada
como depositaria del saber, pero que no es cuestionada; más aún,
una figura fosilizada que no provoca reacción, porque su interés
no es provocar reacción, pues ello implica desajustar el sistema
que la sustenta. Veamos otro ejemplo: si yo hubiese escrito exactamente
las mismas conclusiones sin necesidad de dar nombres, si hubiera escrito
un texto moderado, pulcro, sin exageraciones ni ironías, felices
o no, probablemente, ¿se habría generado reacción?
Nuevamente la respuesta es negativa. En mi texto hay muchas imprecisiones
y muchas arbitrariedades. Cierto. Si hubiese escrito un texto carente
de tales características, ¿a quién le habría
llamado la atención? ¿Lo hice para llamar la atención?
Efectivamente, pero no sobre mí, que es lo fácil. ¿Logré
llamar la atención sobre nuestra poesía? Esperaría
que sí. ¿Y por qué usualmente no hay reacciones
ante las críticas? Hechas estas salvedades, quiero dejar claro
que mi interés es discutir sobre la actividad poética
de este país. Ahora, si esto no fuera posible porque el clima
no es el apropiado, de antemano debo aceptar mi responsabilidad absoluta,
pues no puedo exigir ahora seriedad, cuando yo mismo hice muchas anotaciones
a la ligera, con el ánimo de irritar. Pero igual, esperaría
que lográramos tocar tierra en algún punto que nos permita
escucharnos.
2.
Tema
¿Quiénes son los poetas oficiales? ¿Qué
es la oficialidad? ¿Quién establece un canon y quién
forma parte de él? La oficialidad es una entelequia, una abstracción.
Visto de esta manera, el asunto se convierte en un círculo vicioso,
porque finalmente, habrá momentos en los que creeremos estar
fuera del círculo, pero cuando nos venimos a dar cuenta, ya estamos
dentro, precisamente por no ser claros y directos sobre nuestras posiciones,
o sencillamente, porque el poder no es fácilmente ubicable. Es
cierto: puedo criticar ciertas figuras de la oficialidad, porque la
oficialidad es una figura, no una persona ni su obra, justamente por
ello, tal oficialidad logra mantenerse sin ser combatida. En Costa Rica,
el problema es mayor: no podemos combatir contra esa oficialidad, porque
no hay escritores que la encarnen, más aún, me atrevo
a señalar que en Costa Rica no hay poetas oficiales, lo cual
más bien debería alegrarnos. Aquí, lo planteado
por Adriano en la introducción de la antología y mi persona,
coinciden. Pero, ¿qué es un poeta oficial? Aquel que ha
sido, más allá de su calidad o de su obra, absorbido por
el poder, colocado en los anaqueles de todas las bibliotecas, cimentado
en bronce o en mármol, estudiado por los críticos y académicos,
premiado constantemente, reeditado en lapsos bastante amplios, incluido
en los programas de lectura de un Ministerio de Eduación, promovida
su lectura; y lo más importante, citado ya sea por quien apenas
cursó la primaria o por el doctor en letras. Ese poeta, habrá
sorteado todos los mecanismos de institucionalización, habrá
sido censurado por unos, golpeado por otros, alabado por muchos, pero
sobre todo, leído. Y aquí leído significa que un
pueblo, un país entero, reconoce al menos uno o dos de sus versos,
los cuales se convierten en parte del acervo cultural de una región,
y por lo cual serán juzgados todos sus predecesores. Que en todo
lo anterior tenga culpa el poeta, es otro asunto, porque el poeta simplemente
se dedica a escribir. Así las cosas, podemos pensar en muchos
nombres que cumplen alguno de los requisitos, pero no todos: está
el premiado sin mérito, el publicado en exceso o el convertido
en mito. ¿Cuál es el poeta por excelencia de Costa Rica?
No tengo respuesta para ello. Ahora bien, evidentemente estas preguntas
encierran una trampa, porque definir un solo poeta es maniqueo, o establecer
los criterios igual, pero al menos nos deja ver que nuestros paradigmas
han sido débiles, donde débiles no significa que no haya
habido o al menos no haya habido intentos por elaborarlos. En Costa
Rica ha habido artistas de calidades reconocidas, de gran talento, pero
que han tenido que soportar sus vidas aislados, marginados literalmente,
exiliados, aún cuando han tenido sus quince minutos de fama.
En este país ha habido intentos por provocar cambios que dirijan
sus creaciones hacia nuevos territorios, pero siempre de modo disperso,
porque no hay un soporte en nuestra historia sociopolítica, económica
o cultural; también aquí, los avances han sido aislados
y dispersos, ahogados en el tiempo mítico: reproducciones de
la otredad, pero no para entenderla, sino para asimilarnos. Ahora, coincido
plenamente con Adriano, hay mucho movimiento, mucha producción,
se siente, pero también hay camino y trabajo por delante, y ese
camino y trabajo por delante, es el mismo de toda Centroamérica.
¿Qué nos define, que nos caracteriza, que nos hace peculiares?
¿Qué diferencia a un poema costarricense de uno nicaragüense
o de uno mexicano? Uno de los problemas para la difusión de la
literatura de Costa Rica y de Centroamérica es justamente la
falta de un aparato crítico. Aquí me dirán que
la poesía se sostiene por sí sola, cierto, pero primero
el lector debe conocerla, y en nuestras sociedades la literatura es
un producto, una práctica significante que circula entre los
miembros de la colectividad. Y ante tal situación, debemos construir
los espacios y los mecanismos donde se despliegue tal aparato crítico;
para luego no quedar ciegos, e impedir la generosidad para con los otros.
Pero bien, antes de continuar, detengámonos un
momento y analicemos el concepto de poder. El poder no está en
el centro ni es uno solo, por tanto, podemos responder a ciertos poderes
en ciertos momentos. El poder está diseminado, corre del centro
a la periferia y viceversa, siempre inestable, por eso es tan difícil
ubicarlo o combatirlo. El poder puede ser combatido desde su interior,
para seguir a Foucault, puede ser erosionado desde ese centro siempre
móvil; sin embargo, en esta lucha el poder termina por absorbernos.
La periferia, el margen, cuando se asume a sí misma como tal,
lo que en realidad logra es asegurarse un lugar en esta economía
del poder, una dinámica que le permite su supervivencia desde
el lugar “que no es”. Dicho lugar es otorgado por el poder mismo y aceptado
por aquel sobre el cual es ejercido tal poder. Visto desde esta óptica,
no podríamos entonces afirmar quién detenta el poder.
Ahora bien, asumiendo esto desde otra perspectiva, ¿cuál
es el problema con que haya figuras oficiales, poetas de gobierno, con
poder para hacer y deshacer en el mundo editorial? No veo ningún
problema en ello, o más bien, la literatura no resiente en lo
absoluto la existencia de tales parásitos. La literatura se sobrepone
a los devaneos de aquellos que escribimos; y si no logra sobreponerse,
en muchos casos, es porque no valía la pena, y cae en la ignominia
del olvido. Un poeta oficial no hace daño justamente porque está
maniatado por el poder. No importa lo que escriba, su palabra se pierde
en la burocracia y los papeles amarillos de un registro público.
Todo porque es en otro lugar , no afuera, ni al lado, un lugar otro,
desde el cual el poeta escribe, y de esa manera evade los mecanismos
coercitivos, las presiones sociales y hasta sus constantes faltas de
presupuesto o de delicadezas para su ego. Pero más aún,
los poetas oficiales han existido a lo largo de la historia de Occidente,
por poner un límite espacio-temporal. En la modernidad, Víctor
Hugo, Goethe u Octavio Paz son buenos ejemplos. Y es aquí donde
debemos distinguir entre el poeta oficial y sus textos, porque son los
textos los que se sostienen, no el nombre ni sus laureles. El poeta
puede ser un abyecto, un atorrante, pero su poesía no puede ni
debe serlo. Me dirán acaso que ello no es posible. Podría
repetir los mismos nombres, repasar las biografías y veríamos
que sí es posible.
Así las cosas, vamos llegando al tema de la antología
Sostener la palabra. En psicoanálisis, sostiene la palabra el
sujeto inconsciente que se hace responsable de lo dicho. Una vez más,
la intencionalidad del autor no es lo que cuenta. Decimos la mitad de
las cosas que queremos decir, por ello es posible justamente el aparato
crítico, por ello la literatura es organismo vivo, plurisignificante.
Entonces, en la antología que nos ocupa, se incluye una introducción,
que fue sobre la que yo centré mis críticas. Nótese
que aunque en mi texto había generalidades, o generalizaciones,
lagunas y arbitrariedades, que ameritan ser discutidas o rebatidas,
no hablé expresamente de los poetas incluidos ni de sus estéticas,
salvo excepciones. En este sentido, es importante observar cómo,
en el proceso de construcción del canon, una forma sutil de censura
es justamente la inclusión: el excluido, el que queda fuera de
sistema es el que pone en evidencia; el incluido corre el riesgo de
petrificarse, de regodearse en su inclusión y por ende marchitarse.
Adriano me dirá que tal no era su intención, pero justamente
esto comprueba que el poder no es una entidad fija y claramente discernible.
Desde que hago selección, aplico mi subjetividad. A toda antología
le sucederá lo mismo, y es el poeta el que debe sobreponerse
a tal situación. Las antologías, aunque en sí mismas
no tengan nada negativo, y seguirá habiéndolas, adormecen
la palabra, encierran, y es el poeta quien debe salir de esa casa. Esto
lo señala el antologador, y lo tiene claro, y lo sabemos nosotros,
por ello, más útil o prudente dirán algunos, es
evitar el aparato crítico, el cual siempre servirá como
mediador entre el texto y el lector. Desde el punto de vista de la teoría
de la recepción, apuntaría Umberto Eco, lo más
importante es la intentio operis, es decir, la intención del
texto, no la del autor ni la del lector. Todo ello no quita, eso sí,
que cada cual pueda hacer lo que desee con un texto, y toda persona
tiene el derecho de antologar a quien desee. Esto lo he mantenido desde
el principio. Ni la antología ni el antologador tienen problemas,
tiene problemas el discurso que sustenta tal antología; y tienen
problemas aquellos incluidos. Cuando digo problemas, no me refiero a
defectos que deben ser subsanados, me refiero a interrogantes que se
abren. Esto es lo importante: a partir de ese corte, muy necesario,
de esa muestra que ha hecho Adriano, ¿hacia dónde o de
qué forma estamos construyendo nuestros discursos poéticos?
¿Cuántos de los poetas ahí incluidos cuestionó
la decisión de ser incluido? ¿Cuántos presionaron
para ser incluidos? ¿Cuántos poetas declinaron la oferta?
¿Cuántos se preguntaron si era prudente, con veinte años
y un libro, ser incluido en una antología de poesía costarricense?
¿Cuántos se preguntaron por la significación de
tal acto? Y esto no es una acusación, es buscar el cuestionamiento.
Pero siguiendo con las preguntas: ¿los poetas incluidos consideran
que su poesía es outsider o hippie, como se la define en la introducción?
¿No es acaso toda la poesía outsider o debe tratar de
serlo? Probablemente el calificativo aplique para muchos de los jóvenes
poetas que conforman la mayoría del texto en cuestión,
pero de seguro no para todos. Es el mismo problema del arte comprometido.
¿No es acaso todo el arte comprometido? ¿Puede la poesía
costarricense, escrita y publicada en los últimos quince años,
ser conceptualizada realmente, como la más intensa, sorprendente
e innovadora de Centroamérica? Una vez más: ¿qué
es lo que nos diferencia? Para efectos prácticos, que poco o
nada tienen que ver con la poesía, esta antología hubiera
quedado muy bien definida como muestra, más que como antología.
Me dirán que es un juego de palabras, y tienen razón,
pero es que la poesía siempre es juego de palabras, y por eso,
sostener la palabra es lo que hacemos. Y no es igual antología
que muestra. Son dos conceptos diferentes, aunque superficialmente tratemos
de nivelarlos. Además, el mismo antologador la llama muestra
e indica que es un corte, pero sabemos que el título es sumamente
importante, pues es un programador de lectura, y comprende todo un discurso,
discurso que he tratado de leer desde el primer momento. Y como discurso
que es, como todo discurso, presenta sus matices y sus contradicciones,
que son, nuevamente insisto, las que nos permiten estar hoy aquí
reunidos.
Inicia la introducción de la antología
señalando que a pesar de que en Costa Rica ha habido autores
importantes, no ha habido resonancia en Latinoamérica, pero que
ahora eso ha cambiado. No comparto ese criterio del todo. Ya en el pasado,
algunos nombres lograron ser escuchados en términos internacionales:
baste citar a Yolanda o a Eunice; pero eso no pasó, nuevamente,
de ser logros aislados y, sobre todo, para nada constantes. Actualmente,
vemos otra vez que algunos nombres empiezan a alcanzar reconocimiento,
algunas editoriales de gran tiraje han publicado autores ticos, pero
nuevamente, no parece esto ser la norma ni la continuidad. Por el contrario,
en un mundo como el que hoy nos toca vivir y enfrentar, la diversidad
se ha abierto tanto, que incluso el mercado editorial tradicional es
ineficiente. Insisto nuevamente, hoy estamos aquí gracias a Internet:
en la red, además, podemos ver cómo se despliega este
abanico de estéticas, de posibilidades; y logramos llegar a un
cuestionamiento distinto de lo que la fama o el éxito representa,
aunque ni la fama ni el éxito tengan nada que ver con la poesía,(nótese
bien esto que digo), y aunque la tecnología misma sea blanco
de nuestras críticas. ¿Es posible alcanzar la “fama” en
un mundo tan heterogéneo y con tal cantidad de materiales, voces
y propuestas? ¿Cuál es el papel del poeta en esta coyuntura
histórica? Más aún, ¿cómo puede un
poeta de viente años trascender esta coyuntura, cuando ahora
ni siquiera los quince minutos de Andy Warhol son posibles? Las nuevas
intersubjetividades, los nuevos mecanismos de relaciones, nos arrojan
a una red que tanto nos hermana como nos separa, pero sobre todo, nos
obliga a repensar los esquemas, éticos y estéticos, en
que nos hemos desarrollado. Son estos los puntos que me interesan, y
ojalá no sea yo tan ingenuo de creer que solamente a mí.
El poeta asume, debe asumir, su momento histórico, y partir de
ahí, lanzarse al vacío, sin red, en apuesta sin salida
y sin retorno, con cero opciones de ganar.
3.
Conclusiones
El poeta puede ser oficial, pero no su poesía.
El poeta debe vivir bajo un régimen de pan y agua con el lenguaje,
lo cual no significa menos, sino que significa rigurosidad, disciplina,
estudio, lectura, lucha, crítica, cuestionamiento. El poeta,
evidentemente, no puede estar callado, y si es callado, su poesía
no puede callar. En Costa Rica hay mucho por hacer, hay muchas vías
que desarrollar, no para ser aceptados por el otro, vecino o extranjero,
sino para integrarnos, como si fuera naturalmente, a las múltiples
voces que nos rodean, y hacer que nuestra voz se escuche. En esto, ni
la fama ni el éxito tienen nada que ver, tiene que ver la palabra
solidaria y a la vez contestataria, que puede serlo de múltiples
formas, la palabra que ha pasado por un proceso de depuración
y trabajo; sí, porque la poesía es un oficio, y como tal,
tiene reglas, las cuales pueden ser rotas una vez que sean d