Hoy es
día de un viaje
hacia sonrisas imprevistas,
de levantarse temprano con ganas de aire
y creer
menos en las noches de la ciudad.
Que mi
corazón ya no fume
de la tristeza fósil de las paredes
que siguen muertas aunque les ponga palabras
y arte que siempre se ensucia
en mis manos.
Es día
de abrir puertas en otros ojos
y dejarse acompañar de la luna
solo para darle futuro.
De tocar la piel y la superficie del mar
como a una hoja verde y húmeda
y rodar por la colina
como se deslizan los dedos
sobre senos temblorosos que no saben mentir.
Es hora
de ser un poco iluso
para silenciar al mundo que agobia
lo que nos va quedando…
Pongamos
que hablo de diciembre
Para Syany, un amor que se quedó en diciembre.
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Joaquín Sabina.
Ha sido
engendrado el verano
en otro noviembre.
Me dicen que son los vientos olvidados
en vendimias de Europa.
Me suena
que los antojos
de sudor se mecen bajo las últimas lluvias
...entre los poros de la humedad
que se eleva de las calles.
Una sonrisa
se me ha fruncido
en los ojos,
la tarde huele a orgasmos
que devienen,
una falda corta se desprende
de la piel
en el regocijo de otra mirada,
la noche siembra besos
que nunca se agotan
y no me queda más que el amor henchido
a fuerza del relajo
que permite el frío en mi cama.
Se abalanza
diciembre
que ya es verano indudable,
y se me hace promiscua la arena.
Nos regalamos
los espasmos
que se dejan
si los evades como un juego
y se arrinconan los labios, las arrugas, los pasos
y el mundo
como si el año nuevo fuera una sombra.
La ropa
sólo sirve para los estantes
cuando no estamos solos.
Y entonces
yo podría parafrasear a Sabina:
¿quién me ha obsequiado
el mes de diciembre?
Me dicen
que habrá excusas
bajo los puentes y las sábanas,
que dormiremos tocándonos más
y que dormiremos menos
hasta que en enero no querremos amanecer,
que ahora
deje este poema
y salga ya
a encontrar dos pezones erguidos
en el álgido vendaval de estas noches.
Quién
me ha devuelto
el mes de diciembre
desbordado en sus piernas,
generoso con la luna que cobija
esta permanente desnudez
que se llama fin de año.
Pero
se despiertan las tardes que nunca duermen
y me toca rondar por ahí,
silbándole a una pubertad que no me pertenece
y está sola en el engreído recuerdo
del que tanto huimos
pero seguimos evocando los tontos poetas.
Y mientras
se agotan
los encajes del invierno
yo no quiero
el nuevo año
aunque en el 2007 pueda que sí.
Diciembre 2006.
Acertijo
para la sugerencia
Se trata
de robarle un atrevimiento
a la luz
un pezón al suspiro
un cielo al encuadre oscuro de tus ojos.
Se encuentra
en la ironía
que llueve cada tarde
cuando caminas por el acento
de la palabra patético.
Duele en
el borde de la pared
si la sostienes
después de las cervezas exhaustas
y la arrinconas con la sed
del vaho somnoliento
que se muere.
Duele casi
siempre
porque es sugerencia de la reencarnación
imposible,
porque es el maldito tiempo
en el claustro de otro verso gastado.
Se asoma
cuando no estás
si nunca la terminaste
dentro de la piel.
Es la bella
maldita que parece mujer
cuando no la tienes,
es el músculo que se reinventa
en el dolor de la rutina
para modelarse en cualquier reflejo.
Tiene límites
como los países
pero tampoco los entiende
ni los ocupa
y vive en rebeldía
para emanciparse de sí misma.
La maldices
cuando duele,
la admiras cuando se luce en otros ojos.
Siempre
anda buscando otra imagen
para entretener la muerte
tanto como se quiera.
Puede ser
otra fotografía...
Noviembre
2007.
Una peste sin nombre
Para
Syany, para agotar las palabras que no escuchaste.
Hay algo
con el amor
que huele a peste
y tiene lágrimas dulces
desde que se inventó el placer en la sal
y se mira en los lugares
que reinciden.
No necesita
una noche más.
Solo se sostiene del semen imperecedero
que sigue llevando al viento,
cada vez que se desprende
del maldito recuerdo.
Los ojos
se quedan inmunes
en su cansada búsqueda
de las colinas más bellas.
Se alimenta
de resacas
que duermen
y no quieren respirar,
de la palabra en su juego de poesía
y se alimenta
del asco
después de la traición.
Hay una
peste incólume
en cada caño del amanecer
en las películas con finales felices
en la ironía febril
del amor que permanece en las llagas
y resiste,
en las
monedas brillantes
que lleva una mujer en su mano
al tocarte.
El amor
de repente
se ahogó en juego, en la polis del miedo,
en la estrategia del que menos siente.
Hay algo
con el amor
que huele a peste.
No
le pongamos nombre para que viva
y al menos hieda menos.
Abril,
2007.
De
palabras
I
Es un chiste privado
decir que hay poesía
en la palabra que ahora olvido.
II
Me quedé
sin palabras
aunque todavía, todavía
crecen mis impulsos por no callar.
Todavía
puedo decir otra vez.
Otro
herido
Pongamos
que me gusta la libélula
y la mariposa...
sólo palabras en medio del frío
colado por las ventanas de siempre
de cada verano arrepentido de ser invierno.
Pongamos
un corazón que solloza
y sucumbe...
hoy podré escribir más poemas
sin tu olor enquistado
en el entrecejo de mi angustia.
Digamos
que hay libélulas que sollozan
pero yo estoy herido
otra vez
otra vez aquí,
donde siempre es posible.
Digamos
que las mariposas sucumben
pero sin palabras no habría poemas
para honrar la puñalada
y decir que...
que hoy sólo me lleva tu adiós.
Luna, sólo
me queda culparte
y correr de nuevo
sobre la plaza de esta vida.
(Alguien
debería escribir el libro
sobre el arte de habituarse a los vaivenes
que se quedan...)
Pongamos
que hoy nada me importa.
Borren
las palabras que escribí
porque yo no me atrevo.
Junio,
2007.
Invierno
intruso
Dicen que
el frío es tan abisal
como la despedida o una lágrima llena de vacío,
tan blues como una tonada en el adiós
o una copa en la soledad de la esquina.
Dicen que
el clima arruga el corazón
y lo asusta con sus aspavientos de dios herido
y lo arruina con su perseverancia de violín,
con restos de ilusiones mancilladas,
tornados en el tráfago de las venas.
Dicen y
dicen que estar solo en el invierno
es causa de muertes tan oscuras como hoy,
que no hay más clichés para el dolor de la lluvia
y que lo peor es el frío en el verano de los ojos
y tienen
razón.
Cuando
hay soles sudando tu amor hasta el hastío
no hay mierda más pertinaz que un nubarrón
plagando de aguacero cada vértice del poro,
arruinando
las últimas ganas de amanecer que tenías
aunque fuera algunos días tibios,
aunque fuera algunos días...
No
te prometo
Para
Maricel.
Cierra
la puerta
y abrázame sin ganas de hacerte poema,
prometo que ya lo escribí
muchas veces.
Dame un poco de ese bruñir de ojos
previsibles y tiernos,
prometo no ponerles más color
si no estás en el lugar
donde vamos a seguir las travesuras
que se hicieron verdes con nosotros.
Desviste
el cielo que no veré
en el abisal repetido
de nuestras curvas tan ingenuas, tan besadas
prometo que no tengo mar
ni cielo ni tierra
más que esta melena que se hace reflejo
para vos, ya lo sabes.
Déjame
retomar la piel
que se hace mujer cuando la hago mía
tan lejos de nosotros,
te prometo que seré feliz
hasta que no sepamos si lo fuimos.
Místico
Donde se
topan
todos los torrentes marinos y terrestres
en el instante en que el planeta
suspende su estertor
y deja de rotar,
y se abrazan con el parto acelerado
los pueblos y ciudades.
Donde el orgasmo se encuentra
suspendido en el ápice de los segundos
y se conecta con el cuerpo
y la mente,
y el verbo nace hecho grito
y se inmortaliza entre los poros.
Donde las partes se totalizan
con besos de agua y fuego
en el elíxir inefable.
Donde habites la elevación de los sueños...
estará
Dios esperando
para contarnos sobre el amor y la poesía
la ebriedad y la locura
nuestra cita con los días.
Consejos
para un amigo
Acércate,
sonríe con sus ojos,
amigo mío,
pero no la desnudes tan pronto
con los tuyos.
Seduce
sus labios ocultos
con una sonrisa furtiva, simple
pero, amigo mío,
no jadees como bestia turbia.
No le hables
de besos como hambre,
dale agua con besos mojados
y dásela sin palpar sus labios.
Tómale
las manos
palpita a la par de sus venas,
rózalas con tu ilusión paralela
pero no las oprimas ni un ápice...
(quizá
te parezcan lugares comunes,
quizá cursis influjos de ayer:
es tu derecho no escuchar, amigo mío)
no le veas
el sexo que te enseña,
la atrevida transparencia hacia sus senos,
no espíes ese talle bajo promesa adentro,
no acaricies con tus uñas
esas veraniegas piernas de minifalda que no se cansa
de prometer el milagro,
no respires sobre su espalda,
no huelas siquiera
ese influjo ignoto que rebalsa el poro.
porque
pronto, ciertamente pronto
¡ella te sostendrá el amor!
No
me conozcas
No me conozcas.
Quiero
evitarte las escaleras
las poses de mujer en columnas
y uno que otro cielo...
Quiero
sentarme y abrir los relajos
no escucharte en los ocasos
y palpar la ciudad
que te calla y te sostiene.
Quizás
nos dé hambre,
panes piel sobre las aguas,
sin tu cama
y sin mis sábanas.
Habrá
fenecido la noche panfletaria
y nos habremos salvado
de herirnos.
Quiero
Quiero
que no estés aquí
ni me hables de más.
Quiero
que seas una imagen
una brasa
que me silencie dos horas.
Que me
asustes con el adiós,
ese perenne artificio de los vivos
que mueren sosteniendo el miedo.
Que no
estés cuando llegue,
ni faltes cuando me despido.
Quiero
decirte adiós,
sólo eso.
(Para que
no seas tú quien lo diga
cuando yo anhele abrir tus ropas)
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