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POESÍA COSTARRICENSE

Taller de poesía creativa en Costa Rica

Leda García

La poeta y promotora cultural Leda García Pérez publica su poemario Elogio de la costumbre. Lo invitamos a leer su poesía vivencial, cotidiana y oportuna.

Elogio de la costumbre

Leda García Pérez

ESPEJO MENTIROSO

Me pierdo entre perdones
atrasados
que secretean sus guerras
donde el pecado ríe
y espero que una almohada
compasiva
me haga dormir la calma.
Nada es posible aún
porque la cama ignora
su locura
y el espejo le miente,
le miente…
Me estoy acostumbrando
a esta vigilia
que merodea mis noches
y castiga
donde el dolor se dobla como un eco
que no tiene final.
Los insomnios
son manos demacradas
que tienden su agonía
entre las sábanas,
yo soy el ojo del castigo
que no encontró el perdón
y lo acompaño
porque la muerte ronda
en los espejos.


El perdón es una mentira disfrazada de verdad.

RUTINAS INSENSATAS

Mi cuarto es una historia
con lunas hurgando
entre los tedios,
en su espalda zigzaguean
amores que no fueron,
los oigo conspirar
junto a la noche infiel,
mientras derrotan
secretos cotidianos
en el balcón inexistente
de su lágrima sola.
Allí tatué mi propia oscuridad
para exhibir el cáliz
que me atrapa
con la sangre de nadie.
En mi cuarto de hoy
las lunas cuelgan sus vestidos
en ventanas propicias
y se juegan conmigo
los amores.
Soy la inquilina perfecta
de mí misma.

La vida me reclama!

REDIMIDA

Los ojos del reclamo
recuestan sus ojeras
en el luto habitual
que me acompaña
sin risas sustitutas
para calmar la piel,
porque el espejo de ayer
jugó a engañarme
con maquillajes nuevos.
Hay lunas imitando
la extraña palidez
que exhibo en cada cara
donde el dolor
camina las arrugas.
En el toque final
de la mentira,
los perdones inclinan
su costumbre
de llorar por mis canas insalvables.
Esta vejez imprescindible
que agradece el regreso
reclama sus ojeras.

Retiro el maquillaje y me redimo.

ESTATUA INSUFICIENTE

Es la hora en que el día
juguetea con mi sombra,
la miro de reojo
y me duele su pose
de estatua insuficiente
que inclina su destino
ante otras sombras.
Yo arrastro como ella
tristezas renovadas
porque el camino duele
entre las piedras.

La sombra y yo,
dos diosas enjauladas
en los gestos de siempre.

ALBA CERTERA

Recuerdo mis pechos
creciendo entre rubores
de muchacha reciente
y el beso que besé
como un pecado
que nunca fue venial,
y aquel orgasmo clandestino
que terminó a destiempo
y el rezo confiscado
por deseos
tejiendo en los sudores
su infierno personal.
Pero olvidé que hay brujas
castigando temores
con su manzana amarga
y hechizos que tocaron
la herida innecesaria
para perderme en llantos arruinados
y miedos deambulando
en las esquinas
donde habitó la magia
que escapó sin sombrero
y en sombrilla.
Por eso me perdí
en esta ventisca
que tictaquea designios imposibles
en los febreros de papel
que ya no cuento.

Nadie escapa del alba!

EL OJO INEVITABLE

Regresa a mi pupila imaginaria
la piedra compasiva
que suicidó con goces
los olvidos,
y aquel corazón que me pintaron
cuando el amor jugaba en el secreto,
y el rostro inmerecido
de un amante
buscando el beso indigno
para sentir la culpa entre los labios.
Escribo esos recuerdos
perdidos como adioses
sobre el cristal mojado
de los nidos
donde las aves reinan,
porque los pasos desolados
que habitan al reverso
esperan que sus cuerpos
encuentren el camino.
El ojo inevitable me vigila
y el miedo ventanea
su triunfo
como un verdugo audaz
y cotidiano.
Nadie debe olvidar
su beso indigno
ni el pecado mayor
ni el mas antiguo.

El águila y yo nos parecemos.

INNOMBRADA

Todo regresa al cauce originario
menos aquello
que en verdad se amó.
El río reverdece
de tanto árbol que lo nombra
y el árbol sueña un río
para orgasmear con él
su sombra repetida.
Los miro de reojo
mientras pienso en los nombres
que me duelen
cuando el eco redobla
su venganza.
A mí nadie me nombra.
Aquello que se fue
debe volver al agua,
aquello que se amó también.

Nada es lo que parece.

O TODO O NADA

En el ir y venir de las tormentas
hay un instante,
uno solo,
en el que el viento y yo
somos lo mismo.
En esa comunión hay sacrilegio,
cuerpos trenzando
los instintos
en el celo animal
de sus infiernos diarios
porque un reloj delata
los minutos de trigo
que nunca serán pan.
La culpa cotidiana
se arrodilla en la cama
y me castiga.
No volveré a ser sombra
me repito.
No volveré a ser sombra…
Prefiero ser la amante
de un hombre que no existe.

La vida es como yo, o todo o nada.

EL CLIC

Reinvento mi osadía
frente al teclado retador
que no sabe de muertes
ni de canas.
El me pintó de azul
los sueños
en la ojera pendiente
y fingió ser esclavo
de mis dedos
sin nombre
y en mis dedos sin nombre
recostó su venganza
y en mi venganza,
desnombrada también
por tanto olvido
involuntario,
el clic respira hondo
mientras le borro
el último recuerdo.

La memoria es un bien transitorio.

DESANDADA

Quiero sentarme en una hamaca
protegida por sombras centinelas
que impregnen de humedad
mi cuerpo absurdo
y redimir celajes,
desandarme en arenas ahuecadas
para hurtar caracoles de mentira
y montar caballitos de mar
fosforescentes
como cuando era niña
y sonreía.
Serle infiel al destino
y a la prisa
que borra los milagros
y al olvido absoluto
con todo y sus tormentas.
Me voy a desandar
como el cangrejo
que juguetea secretos
al revés
para salvar su huída
necesaria.

Somos el epitafio de una muerte prevista.

EL OJO DEL DESLIZ

Hoy descubrí mis manos
sosteniendo pecados
como espinas vigentes
que me atrapan,
para sangrar conmigo
en el castigo.
Las vi desnudarse
entre las hebras
que saben a humedad vencida
y recorrí con ellas
recintos clandestinos
donde la sombra habita
con los nadie.
Soy yo quien atiza los rencores
en el mercado ausente
de la risa ,
yo quien castiga y se castiga.
La culpa acecha
en el ojo inoportuno
del desliz
y extiende su factura.

Cada quien paga el precio inobjetable.

MARIONETA HERIDA

El tiempo me delata
con su mueca habitual
de marioneta herida.
Quiero correr y ya no puedo,
quiero llorar y ya no puedo,
quiero querer como ya quise
y nadie viene a mí
y a nadie voy.
Me acostumbré a estar sola,
a no decir en dónde estoy,
si regreso o me quedo.
Al final me quedé
llena de tiempos
que saben a destierro
y a fracaso.
Lo cierto es que a mis años,
envejecer sin alguien
es el precio que pago
por ser inclaudicable,
audaz, dueña de mí,
del todo,
de los nadie.
Mas vale sola
que mal acompañada,
reza el viejo refrán…
El espejo me enfrenta,
la marioneta llora,
yo escondo junto a ella
alguna lágrima
que nunca nacerá.

En el doble discurso está el secreto…

LETRAS CULPABLES

Me acuso de esconderme
cada vez que otros ojos
intentaron romper
esta coraza,
defensora incansable
de mis miedos.
Mis caricias no están en baratillo,
yo sabré cuándo darlas,
me decía…
Pero nunca las di,
guardé para mas tarde
los deseos
y los deseos huyeron
con la tarde.
Por eso me cubren mariposas
sin milagros pintándose
en sus alas,
ni vuelos repentinos
anunciando estaciones
con caricias huyendo
en las esquinas
del otoño final.
Por eso estoy perdida
entre mis libros,
hombres amándome
en las páginas
que no me piden nada
y tienen todo,
comprenden mi vigilia
y me acompañan.

Vencida por el miedo me quedé sin el hombre y con el libro.

INNECESARIOS

Qué extraños somos los humanos,
si tenemos pareja,
mal,
si estamos solos,
peor,
si tenemos amante,
pecamos,
si no lo tenemos,
también,
no le quedamos bien
ni a Dios ni al diablo.
Así las cosas,
prefiero la costumbre
de estar sola.

Total, me sobra fantasía.

LOS NOMBRES DEL DOLOR

Encontré las fotos del olvido
y quise recordar a sus fantasmas,
no pude,
el tiempo se negó a entregarme
los nombres del dolor.
Volví con pasos diminutos
al sitio donde el ave
esconde sus memorias,
allí te pude ver,
la piel cobriza agigantada
de tanto caminar por los pecados,
tus manos encendidas
y el amor repitiéndose
en nosotros
como una tarde hambrienta
de pecado sin culpa.
El pasado es desleal
con los recuerdos…
Por eso recogí los álbumes,
abrí el baúl incierto
donde duermen ayeres
y los guardé con mis libros
releídos
como se guarda aquello
que está muerto.

La amnesia es una excusa memorable!

MAREAS OCULTAS

Y me llovieron mariposas…
Granizos desangrados
en el cuerpo inusual
de mis vigilias.
Besé en sus aleteos vespertinos
el rostro que me acosa
para perderme en la resaca
de sus mares ocultos
y supe que aún en contra
de mi sombra que emigra,
reverberan pasiones
como oleajes convulsos
en el éxodo inútil
del deseo.
Es que estabas allí,
inventándome ostras
con perlas al acecho,
es que estabas allí,
hurgando en la costumbre
que te nombra
y te nombra.
Por eso desnudé de párpados
mis ojos,
gemelos planetarios
entre tantos dispares
y encapullé el recuerdo
en este cuerpo
de alas ajenas y punzantes.

El olvido cabalga en mis mareas.

INVENTARIADA

La nostalgia se sienta
en los muebles antiguos
que me negué a cambiar
y sobre el viejo tapiz,
respiran agotadas
las colillas de viejos cigarrillos
que delatan la sombra
del destierro.
Me inclino ante su muerte prematura
y cuento las cenizas innombrables
para heredar testigos
que no fueron.
Los años son un rostro
con dientes afilando
en las heridas
su diaria insensatez.
Cómo quisiera devolver el tiempo,
no puedo.

Ahora soy objeto de inventario.

DESOLADA

Hoy le hablo a la pared
y al cuadro de las flores
que mira mi tristeza y la comparte
y al rostro que no existe
y al hijo que se fue
y extraño tanto
y al dolor de ser sombra
y al temor de olvidar que no lo fui.
Hoy me amanecen miedos
en la cama silente
y sus voces persiguen
mis insomnios
y el corazón galopa
en la certeza de saberse perdido
y me traiciona
con su golpe final.
Hoy supe que vivir
fue un juego temporal
en el que todos pierden.
Tendré que envejecer
con mis fantasmas.

La muerte no responde, está en camino.

ESE VIEJO DISFRAZ

Mi cuarto vistió su mejor traje.
La lámpara que inclina los silencios
brilla más y mejor,
porque los tedios
tienden reclamos y preguntas
en la cama de siempre.
Cada ventana anuncia
su ritual matutino,
saludan al fantasma
que las nombra
mientras abren al aire
sus caprichos.
Nadie toca a la puerta
de la estancia vencida,
pero un milagro espera
su milagro imposible.
Releo los mensajes
escritos sobre almohadas
de pluma imaginaria
y elevo una oración por los perdidos.
El espejo no oculta su impotencia
de vidrio deshonrado
mientras luzco mi traje predilecto
y deslizo en los labios retadores
el lápiz rojo
del pecado actual.
Apuro el paso
para cerrar ventanas
y cortinas
mientras el cuarto muere
de reclamos
y la lámpara inclina
sobre el tedio
su rencor inmediato.

La venganza cobra un precio razonable.

FIERA VENCIDA

Enciendo un cigarrillo
que sabe a incertidumbre,
mientras el humo juega
al abandono
en la escena repetida
de mis reproches diarios.
Hay una extraña timidez
en cada movimiento
de mis manos,
fieras vencidas
por febreros antiguos
que maldicen su espera involuntaria.
Nadie vendrá y lo sé,
por eso las noches
buscan camas ajenas
que enciendan
sus insomnios peregrinos
y esconden en la estrella detenida
el brillo que me falta.

En cada amanecer hay un olvido.
La noche lo acompaña.

PUNZARECUERDOS

Bordo con lentitud
de dama antigua
rencores que regresan
cuando nadie los llama,
mientras el aire disfraza
su cuerpo arrepentido
con trozos de esta piel
que me acorrala y hiere.
Me siento inmerecidamente sola,
desteñida y ausente
frente al reloj insospechado
que descuenta perdones.
Eternizo el minuto irrevocable
para colgar en medias ahuecadas
la paz que nunca tuve
y el anillo de bodas
que tiré a la basura,
y el nombre del que amé
y el nombre mío
y el del amante aquél
que no supo estrenarme
y el recuerdo final
que duele menos
porque olvidé el olvido,
aunque el rencor de siempre
clave en mi ovillo vengador
su aguja inexistente.

Al final todo cuelga de un clavo imaginario.

OTOÑO VITALICIO

Me cercan los otoños
con su cuerda de hojas
desteñidas
porque olvidé que el árbol
dio su fruto
cuando mi paso temporal
perdió su huella
en los pecados diarios.
Hoy quisiera ser otra…
Mirarme en cada espejo vitalicio
con el rostro de ayer
libre de iras
y estallar en rituales
de mujer infinita
que no teme al olvido
ni al tiempo que delata
su propia insensatez.
Estoy llena de culpas
que envejecen conmigo
y no hay salida
porque el perdón se ausenta
de esta memoria inútil.
El otoño lo sabe
y me castiga
cuando doblo rodillas
frente al tronco sin nombre
del árbol predilecto.
Muero un día a la vez,
y en cada muerte
sus cuerdas me estrangulan
con sus verdes y rojos
desteñidos de tiempo.

El otoño es un dios arrepentido.

OTROS POEMAS

ARGENFONIA DEL CAMINANTE


SECRETABLE

Todos caminan como yo,
estrujando la foto del castigo
en las manos oblicuas del secreto,
intrusos de la prisa,
reciclables, predecibles.

La tarde es un balcón
lleno de nadies.

CALLES PORTEÑAS

Las calles porteñas
reconocen mi paso,
ajeno
entre los otros.
Me miran con su inquietud
de niñas despeinadas,
acarician el ocre de su herida
que esconde los perdones
y juegan con su trenza
en las esquinas diarias
para que nadie hable.
Es que entre mis nostalgias andariegas
el otoño ocultó la última hoja
desahuciada de abriles,
no la pude salvar,
mayo volvía con su lámpara en tedios,
agotado de adioses.
Por las calles porteñas
corretean los encuentros
que no fueron.
Yo descuento la prisa
y camino, camino…

UN TANGO PARA 3

Qué nostalgia camina por las calles!
Pareciera que el viento zigzaguea
por sus caderas pálidas.
Hay pocos caminantes
cantando amaneceres
en las gradas quietísimas del tiempo
que entrelazan su andanza
con recuerdos que intentan
vanamente el regreso.
A lo lejos un tango
se detiene
y el cigarrillo roto
entre mis manos
lo aplaude y acompaña.
Un bandoneón solloza
y otro canta.

LA ESQUINA DEL PERDON

Santelmo se desgarra
entre adoquines
con tu sombra inmortal
adelgazada.
Mas allá de mí misma
busco un rostro común
para besarla,
no existe.
Muero de albas en la espera
que tiró su sombrero
por las bardas.
Santelmo duerme al fin,
Gardel despierta
y me acaricia
con su volver volver
que no regresa,
nadie me ve
y a nadie veo
pero estamos allí,
implorando el perdón
de las esquinas.

LA PERLA DE BOCA

Lo sé,
por las calles de Boca
caminan los presagios.
Ayer estuve allí,
fui la extranjera
que se deshizo en tangos
cuando el cantor bailó su pena
y Alberto Gini coloreó los versos
que Lalo Sussi improvisó.
Charlamos del riachuelo
que esconde en los secretos
un bandoneón de perlas inmortales.
Cuando el viejo Café
te abre sus puertas,
las nostalgias se llenan de Quinquela
y Filiberto observa mis andanzas.
La calle nos redime
porque el barco de ayer
tiñó de azules y amarillos
las casas de inmigrantes pobladores.
Los marineros vuelven
con sus pasos de mar,
son sombras al acecho
y las percibo
cuando Malena canta su pecado.
Caminito me abraza
y un vino arrodillado entre la gente
alza su cárcel de cristal.

II

La nostalgia camina con ojos azulados
porque Palmiotti
abrió La Boca al caminante,
yo caminé con él
y fui porteña,
todos fuimos de aquí,
todos seremos.
Ah, La Boca,
esa República del mundo
no tiene escapatoria en estos versos
que la declaran libre.
Palmiotti, los artistas y el puente Avellaneda
bordan con Perlas el camino
que nos lleva al reencuentro.
El café de los siglos nunca cierra.
La Boca es tuya y mía,
de todos,
de los pueblos.

MEMORIA PARALELA

No olvidaré nada,
aún no.
Será cuando las canas se interpongan
entre mi voz y la memoria,
para entonces
ya habré parido un verso
que recuerde.

MEXIFONIA DE LA MEMORIA

Los sueños caminaron
con la piramidal nostalgia
de la tarde,
fueron hebra
y buscaron agujas de silencio
para callar heridas.
Intenté recordarte
sin el rencor de siempre,
te busqué en los colores
de la acera de en frente
y en la calle sin nadie
y en el alba muriente
y hasta en el fino tallo
de los cactus
que coquetean dolores inconclusos
con los vientos del norte.
No pude,
la memoria también jugó al olvido.

II
Puedo sentir la furia del destierro
cuando hereda recuerdos,
en ese instante
bendigo los caminos
que ya no ven tu paso.
El olvido es un dios
que paga con engaños,
la memoria lo sabe,
por eso tengo amnesia.

III
Hoy recorrí la casa
donde una vez
los dioses
durmieron su malicia.
En los muros
se acuestan las magnolias
que rezan padres nuestros
en secreto,
yo duermo junto a ellas
para morir igual.
Los dioses van de fiesta.

Sobre la autora

 

 

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