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POESÍA COSTARRICENSE

Minor Arias Uva

Información sobre cuentos y poesía para niños y niñas.Minor Arias Uva nos vuelve a sorprender con sus poemas llenos de vida y emoción. Cada vez más maduro, preciso y dominador del oficio de ser poeta, ahora nos entrega Siete poemas para que me acompañes. Más abajo les ofrecemos Esencias y paciencias para madrugar del mismo autor. Disfrútelos.

Infórmese también sobre el espectáculo de cuentacuentos y poesía para niños y niñas con Minor Arias.

Siete poemas para que me acompañes

Diré lo que ya sabes

En estas solitarias noches
escucho los coros de la tierra
como viejos mantras
que aprendimos juntos.

Sentimos el amor derramarse
como una carpa de circo
cada quien en su débil pensamiento.

Se extinguen con el atardecer
las garzas que llevan el mensaje.

Nos queda siempre la ventana
que nos refleja ansiosos,
aunque afuera es la noche.

Predominio del polen…

Para que las corrientes del océano nos reúnan,
hemos decidido recuperar cada molécula
del agua que nos contuvo.

Ha viajado esta lluvia
y con ella nuestras recuerdos
en breves ciclos fecundos
de nubes siempre activas.

He hidratado tu cuerpo
pensándote selva
manantial violento
donde caigo vencido
como las praderas cuando dices verde.

Son tan solo versos para regresarte,
para sostenerte fértil en mi pensamiento.

De ti proviene el polen,
de ti no tengo dudas.

Fin de las profecías

Conocemos a alguna gente
y nos inunda la impotencia de lo desconocido.

El mar se está comiendo
las viejas pozas de la costa
y ya no tenemos sacos
para guardar los basurales del río.

Amanecimos trasnochados,
y aún así,
se nos murió el yigüirro
y escaparon los perros.

Reventamos todas las cuerdas de la única guitarra.

Un café para despertar.
Añadimos una mañana a nuestras esperanzas.

Los árboles que subsisten
nos rozan el corazón con sus cohollos.

Hacemos trenzas de palabras,
las colgamos en ramas secas,
y nos abrazamos.

Aquí vamos otras vez,
una vez más,
de nuevo a ver qué pasa
por la orillas del mundo.

Los regresos del gato

Ahora duerma, abuelo,
condúzcame en su viaje hacia las mariposas.

Mire el río, me dijo usted,
ahí nace toda la música.
Después cayó la hoja amarilla como un hilo.
Somos padres y madres de nuestro regreso.

Habremos de tejer las bondades del agua
para reencontrarnos.
Eso hablamos aquella tarde de inciensos
cuando pasó la iguana verde.

Los congos aullaron al escuchar nuestro canto,
y chocamos manos en el aire
entre anchas carcajadas.

Huele a selva baja,
se escucha, leve, el silbido del trópico,
Avíseme cuando llegue una danta, abuelo.

Un día de tantos, a las tres

En la poza se zambullen los pájaros.
Otros esperan su turno entre las ramas.

El agua es una niña que corre por primera vez.
La animan piedras y largos vuelos
de plantas, a las tres.

Atardecemos en el corazón del árbol.
Como un súbito nacimiento de cigarras,
entendemos nuestras intuiciones.

El sol es, quizá,
una mascota saltimbanqui.

Signos y maromas para reconstruirnos

El gato hizo todas sus maromas
y se nos quedó mirando.

Nos conocimos en las calles del circo josefino
y han pasado versos,
se nos han escapado resplandores.

Besa usted como si mi vida dependiera de su beso,
me rescata usted de las corrientes del vacío.

Escucho varias veces la misma canción
para adormecer los tímpanos del tiempo.

Habremos de estar juntos
construyendo esta ola de mar,
eso nos dijimos,
tan claro como nuestro propio mantra.
Eso nos dijimos.

Derivación de una canción felina

Danzar con los árboles
es cosa común en mi país.

El trópico es un sendero perfecto de ranas.

Los volcanes son bombos,
tenores los congos,
estridente coro las guacamayas.

Y allá, en el filo del horizonte
se leen los cuellos de las garzas
en los pedazos de nube que aún subsisten.

Y ya más atentos,
resuenan los delfines pico de botella en Puerto Viejo,
las ballenas jorobadas en Bahía Drake.
Se vuelve un mandamiento la nostalgia.

Lanza su gemido la jaguar.

Acá en mi regazo
ronronea mi gato,
mientras las enredaderas lloran como sirenas.

Es planetaria la música de mi país.

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Esencias y paciencias para madrugar

Buenas noticias

Uno nace a cada momento,
se estira, se reorganiza.

Llora para destilar
los minerales de la placenta.
Espera verse llegar uno mismo
por el horizonte
cargado de buenas noticias.

Y aún en medio de la niebla,
canta el pájaro,
ladra el perro nuestra llegada.
Se ha inventado esta música.

Una naranja es un milagro,
tres, una constelación.


En un abrir y cerrar de ventanas

Extraño a cada momento
el paso de tus ojos por mi territorio.
Escucho música árabe
y creo, con firmeza,
en la rehabilitación
de las lámparas perdidas.

Mientras tanto,
podemos pulsar nuestro encuentro,
anhelar que se abra esta ventana
y vengas a conocer tu nueva casa.

En fiera danza de nostalgia,
desde todos los siglos,
permaneces.

Fuego de Dios

Los indígenas llegan a ver los partidos de fútbol
con sus trajes verdes y rojos.

Procuran no inquietar a nadie con sus miradas,
sonríen entre ellos
y los niños patean un balón
en la parte ancha del camino de tierra.

Han venido a trabajar en las fincas de café,
y hoy domingo se gozan,
comen algún chicharrón,
y beben coca cola.

Ahí, en el paredón alto,
está el niño indígena.
Me sostiene la sonrisa,
y pone a girar este pequeño pueblo
como un crisol gigante
donde se cuecen barros y sangres
de todas latitudes.

-Ese señor está llorando-,
le dice a su madre,
en un idioma que desconozco.

Colores de la tarde

He visto serpientes azules
caerse boca arriba desde el cielo.
Las naranjas de diciembre son serpientes de fuego.
Serpientes no menos peligrosas
se refugiaron en la parte interna de las manos.
Como una tropa de sueños,
creció el pelo.

Un gato en el desierto

El gato me ve escribir poesía.
Apenas hace un momento
anduvo perdido por las calles de Chihuahua.
Ahora está tranquilo, inamovible.
Y así,
salta hacia el centro del cuaderno
para luego irse a dormir
como una burbuja en reposo.

Las virtudes del pirata

Cuando el pirata duerme,
los gatos le buscan.
Cuando el pirata ronca o sueña,
las palomas extienden sus ropajes primitivos
para agradecer el alimento.

Caerá nieve,
cuando el pirata despierte.

Escribir para morirse menos

Con los poemas de cualquier tamaño,
dice uno realmente poco.

Una quisiera ver el verso
como una furia de granizos,
pero nada.

Los poemas son apenas débiles antídotos
ante polilla que trepa a la palabra
y la rompe en cascarones.

Trópico en la retina

I
En tu casa cantan grillos,
las artesanías acentúan sus colores.

Afuera de tu casa,
en pleno centro de la tierra,
he escuchado el mar.

II

Gorrioncillos pecho amarillo
vuelan en bandadas perfectas,
habitan súbitamente un ciprés.
Entiendo, de pronto,
las resonancias del corrido mexicano.

Enlazando miradas de asombro
nos queremos como niños,
esperando ansiosamente
el vuelo de la piñata en verano.

III

La tierra gira como mariposa,
sostenemos hilos que apenas nos resisten.
Gira el pensamiento
como una banderilla taurina.
El corazón congelado nos hace tomarnos de la frente.
A toda velocidad,
con el sonido de la noche incrustado en los tímpanos,
nos integramos al fin.


IV

Recupera uno la condición de ave
cuando se permite viajar leve.
Fluye uno también constante
cuando se desprende de la nubes
y se posa lento en el vidrio
para mirarse breve.

V

Los poemas cortos son relámpagos
que se estrellan en la retina.
Son también atajos
por donde luce la muerte
sus más cálidos atuendos.

Escriben corto los atardeceres,
por eso nos cautivan.

Entre pinos y cedros

Pega el sol en los tapetes árabes,
observo el árbol de hojas amarillas
danzar junto al limón dulce.

Continúan los tambores
en tus manos.

No sabremos nada de la lluvia,
ni del frío.

Cascabel del mar
camino al sueño.

Habremos de alimentar mendigos y palomas.

Sigue tocando el tambor,
aún restan cuatro montañas.

Detrás de las montañas

He sabido de labios frescos,
sostenimientos de respiración,
muertes precoses en brazos tuyos.

Tibia la campana,
brilla tu mano en la caricia.

Tomas mi rostro y giro.
Volcamos el mar sobre una silla.
Anudamos,
con fértiles trenzas marinas,
el trópico en la cola de un gato.

Son tan sólo inspiraciones
pequeñas raíces brotando en la lluvia.

Son tan solo versos sin rima
cayendo como sustancias hambrientas.

No termina de nevar
y ya estamos sudando,
como dos bestias eufóricas
corremos por gusto
sin que nos persigan.

Consejos para tentar las letras

Haga usted fuego con las letras,
haga huracanes para regalar.

Suelte los cánones,
préndales pólvora.

Procure desaparecer
mariposas trinitarias.

Avance por el caracol del aire.


El planeta limítrofe

Amanece como en todos los planetas,
hoy.
Observamos las garzas cerca de la vaca.
Los patos recién nacidos
fluyen ordenados.

Y nos tomamos una foto entre las mandarinas.

Los domingos son así de indecisos,
se nos ocurre escribir una novela,
un libro de cuentos,
un trabajo nuevo para completar lo necesario.

Y en el tapete que nos regalaste,
está nuestro gato.
No sabe que hoy domingo
enfilan batallones los nostálgicos.

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