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POLÍTICA

Sin duda, el tema del TLC es el tema más actual y fascinante de la política nacional, tanto antes como después del referendo. El debate se amplía y Culturacr.com ofrece una selección de los mejores textos publicados sobre el tema. Cortesía de Tribuna Democrática y otras fuentes.  

Textos de 2007:

 

Para entender el juego del Banco Central

Luis Paulino Vargas Solís

Hablemos un poco de aburridas cosas de la economía. Cosa justificable, ya que en estos días el Banco Central ha introducido algunas modificaciones importantes a la política cambiaria. Se ampliaron las “bandas” dentro de las cuales el tipo de cambio colón-dólar podría fluctuar. En lo inmediato ello hizo que el dólar se derrumbara diez y seis colones.

1. Intrusos en nuestra propia tierra

La llamada cuenta corriente de la balanza de pagos es el registro de las compras y ventas tanto de bienes (mercancías físicas) como servicios (intangibles) entre Costa Rica y el resto del mundo. O sea, ahí se intenta cuantificar el valor de los bienes y servicios que Costa Rica exporta e importa. Acontece que en el 2006 nuestro país acumuló un faltante o déficit sustancial en esa cuenta: más de US$ 1.100 millones. O sea, se compró afuera mucho más de lo que se vendió. Este monto viene aumentando año con año. Así, en 2000 el déficit era de US$ 691 millones, de modo que entre ese año y 2006 aumentó un 62%. Como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) –una manera de tener una idea de qué tan significativas son esas cifras- ese déficit representó alrededor de un 5% en 2006, muy similar al de los años previos. No es un porcentaje demasiado alto, pero sí lo suficiente como para exigir cierta prudencia. Para el 2007 la cosa podría ser peor, ya que según datos del Banco Central, solo en el primer semestre de este año ese déficit casi se duplicó (aumentó más del 90%) respecto del mismo período de 2006.

Ese déficit es resultado principalmente de que el valor de las mercancías físicas que Costa Rica importa es muchísimo mayor que el de las que exporta. En ese rubro las diferencias son enormes y aumentan año con año. Baste indicar que el déficit por el comercio de tales mercancías pasó de US$ 1.967 millones en 2004 a US$ 3.305 millones en 2006. En parte la cosa se salva gracias al comercio de servicios, en especial el turismo, donde el país sí tiene superávit. Por ello el faltante total (unos US$ 1.100 millones sumados bienes y servicios) es menos agudo.

El caso es que, de todas formas, el país gasta mucho más de lo que le ingresa. Simplificando un poco, uno podría comparar tal cosa con la situación de una familia que gasta en exceso. Para cubrir la diferencia deberá hacer una de dos cosas: o se endeuda o vende el carro, el tele y hasta las joyas de la abuelita. Lo que en Costa Rica viene haciéndose es, sobre todo, lo segundo. El país está en venta, a fin de seguir con la gastadera. Los datos son contundentes: en 2006 se recibieron US$ 1.469 millones en inversión extranjera directa, un 6,5% del PIB, por encima del déficit de cuenta corriente que, como indiqué más arriba, anduvo en casi 5%. Se cubre así este déficit con lo que, en efecto, se logra “financiar” el exceso de gasto. La oficialidad del poder político, económico y mediático, no se cansa de entonar himnos de júbilo frente a esas cifras. Pero uno podría verlo de otra forma. Y reconocer, entonces, que, entre otras cosas, es gracias a ese montón de inversión extranjera que las tierras en Escazú se volvieron inalcanzables para una familia costarricense promedio, y en las costas de Guanacaste avanza sin freno la privatización de hecho de las playas. O sea, para sostener ese gasto excesivo se está vendiendo el país y nos estamos convirtiendo en intrusos en nuestra propia tierra.

2. Subdesarrollo, consumismo y especulación

Las importaciones que Costa Rica realiza –y que impactan fuertemente en los amplios faltantes que nuestra balanza de pagos registra- son, en su mayor parte (un 83%), materias primas, bienes intermedios y bienes de capital (equipo y maquinaria) que se utilizan en la producción nacional, incluyendo las actividades exportadoras. De hecho, solo las importaciones para zonas francas –ampliamente dominadas por capital extranjero- representan casi el 30% del total. Es frecuente que nos digan que esto es bueno porque permite poner a caminar la producción. En realidad no es tan bueno, puesto que ello simplemente evidencia que nuestra economía está fracturada, es decir, escindida en dos partes. Una, que produce para el mercado nacional, la cual utiliza una mayor proporción de materias primas nacionales. Y otra, en especial las exportaciones de las grandes transnacionales, cuya producción casi no se relaciona con la economía costarricense ya que utiliza fundamentalmente insumos importados. Por ello mismo, las abultadas cifras de sus exportaciones son simplemente un espejismo, puesto que poquísimo beneficio le dejan a nuestro pueblo.

Por otra parte, y en general, cada vez son más agudas las tendencias consumistas y especulativas que se manifiestan en la economía nacional. No es fácil obtener datos que lo ilustren, cosa que mucho tiene que ver con lo que a los poderes instituidos les interesa mostrar frente a lo que prefieren mantener oculto, pero indirectamente –si bien de forma incompleta- uno quizá pueda ilustrarlo mediante los datos de crédito. En estos últimos años –de 2000 a 2006- el crédito total, una vez eliminado el efecto del aumento de los precios (o sea “en términos reales”), aumentó un 73% (esto significa 2,3 veces el crecimiento de la producción nacional). Y de ese enorme aumento, dos terceras partes se debió a los renglones de construcción, vivienda y consumo. Es decir, es un crédito que alimenta el auge especulativo que en estos últimos años ha tenido el sector inmobiliario, el cual se ha recalentado al recibir cantidades masivas de inversión extranjera (US$ 787 millones en el trienio 2004-2006). Ese crédito también profundiza el despilfarro consumista que, tristemente, enajena, y hace más infelices, a más y más costarricenses. Sin duda, todo esto tiene que ver con los desequilibrios negativos que registra la balanza de pagos, ya que buena parte de ese gasto en consumo y construcción se desvía hacia las importaciones.

3. Más del mismo veneno

Bueno, dirá usted, y qué tiene que ver todo esto con la decisión del Banco Central sobre el sistema cambiario. Veamos

3.1. Continúa la subasta de Costa Rica

Primero, y en lo inmediato, el Banco Central le está haciendo el juego a la situación de relativa abundancia de dólares que el país vive, la cual se debe a los masivos flujos de inversión extranjera que se vienen recibiendo desde hace algunos años (para lo cual, como bien sabemos, jamás fue necesario ningún TLC con Estados Unidos). En esas condiciones hemos observado –no sin cierta sorpresa, desde luego- que aumenta el valor del colón frente al dólar (es decir, la moneda nacional se revalúa). En tan solo un día se valorizó en un 3% lo que, sin duda, es más que significativo.

Recordemos que el tipo de cambio venía casi inalterado durante muchos meses, desde que el año pasado (octubre) el Banco Central anunciara el establecimiento del llamado sistema de bandas. Al mismo tiempo, los precios en el país habían seguido aumentando, si bien algo más lentamente que en años anteriores. En esas circunstancias los productos importados gradualmente se volvían comparativamente más baratos que los nacionales y las exportaciones algo menos rentables. Estos efectos se agudizan repentinamente con la decisión de estos días. El efecto esperable es uno: más importaciones –incluso más importaciones para alimentar el consumismo galopante- y exportaciones menos dinámicas. Y, por cierto, el efecto negativo lo sentirán sobre todo las empresas exportadoras nacionales (por ejemplo, los propagandizados chayoteros) que, en mayor grado, compran insumos nacionales y emplean una mayor cantidad de trabajadores costarricenses (¿así les pagan su apoyo al TLC?). Para las transnacionales de alta tecnología la cosa podría resultar quizá beneficiosa, puesto que la mayor parte de lo que producen ha sido previamente importado como insumo. Ello simplemente profundizará la desconexión de esas empresas extranjeras respecto de la economía costarricenses, ya que menos incentivo tendrán para comprar insumos nacionales.

Lo anterior se puede sintetizar de la siguiente forma: (a) hay muchos dólares en virtud de que se recibe mucha inversión extranjera; (b) se “flexibiliza” el sistema de bandas cambiarias aprovechando esa abundancia de divisas y, con ello, se propicia que el colón se valorice y las importaciones y los déficit de balanza de pagos se incrementen; (c) la misma abundante inversión extranjera “financiará” esos faltantes en crecimiento, o sea (d) seguiremos vendiendo el país y, cada día más, nos convertimos en extranjeros en nuestra propia patria.

3.2. ¿Bajar la inflación o disparar la especulación?

Por otra parte, está clarísimo que están apostando a la revaluación del colón a fin de, a su vez, disminuir la inflación. Claro que cuando el petróleo y productos básicos como el maíz amarillo –y con éste la leche o los huevos- se van por las nubes, no es fácil hacer que los precios no sigan aumentando. Pero, sin duda, lo que quieren es abaratar importaciones a fin de bajar la inflación. O, como a veces dicen algunos economistas, quieren que el tipo de cambio funcione como “ancla inflacionaria”. Pero bien se sabe –los ejemplos en el mundo son abundantes- que esta es un arma de doble filo. Sencillamente se baja la inflación hoy, al costo de incubar una crisis de balanza de pagos que estalla mañana con grandes costos sociales y humanos.

Este objetivo inflacionario es políticamente sexy. De ahí que lo repitan cada vez que las complacientes corporaciones mediáticas les dan chance de hacerlo. Pero hay otros objetivos de los cuales tan solo se habla como en susurros. Cierto que los importadores ganan y los exportadores (en especial los nacionales) comienzan a sentir síntomas de gastritis, problema que se les agudizará conforme se hagan más sensibles los efectos recesivos de las actuales turbulencias económicas mundiales. Pero sobre todo quieren una cosa: acelerar el paso hacia un sistema de “libre” fluctuación de la moneda. Y esto último, sin duda, es la tierra prometida soñada por los especuladores financieros.

Ése es el objetivo principal: avanzar hacia la “modernización” de la economía costarricense y, en especial, de su sistema financiero. Modernización, digo, en sentido neoliberal y conforme a los estándares dominantes en el capitalismo mundial actual. Modernización como sinónimo de especulación en contextos desregulados. O sea, el reinado de las exuberancias irracionales de los capitales financieros, cuya mayor ambición es construir un mundo ficticio, independiente de las realidades de la producción y por completo ajeno a la vida concreta de la gente. Eso quieren: la fluctuación de las monedas pone en marcha el negocio de los instrumento de “cobertura del riesgo cambiario” y, enseguida, de los diversos “derivados” que pululan en el mundo fantasmagórico de la alquimia financiera.

El mundo ya ha recorrido un largo trayecto por ese camino. Supongamos que usted anda detrás de hacer que algunos cuantos se enriquezcan bárbaramente, a costo de muchísima otra gente que, por algún tiempo, se ilusionan con enriquecerse, tan solo para venir a descubrir luego el enorme engaño de que fueron víctimas. Bueno, pues entonces haga las cosas a como lo está haciendo el Banco Central. La crisis inmobiliaria actual en Estados Unidos, y los miles y miles de familias que ya fueron o pronto serán desahuciadas de sus casas, entienden muy bien a qué me refiero. Y el asunto, según muchas veces se ha visto, pueden arrastrar consigo a países enteros, lanzados de cabeza en una profunda crisis económica y social. El pueblo argentino sabe muy bien lo que eso significa. La idea es enfermizamente repetitiva: se abren las llaves de la especulación; ésta sube hacia la estratosfera hasta descubrir que nada hay bajo sus pies. Entonces se deja caer de cabeza en el abismo.

Desde hace ya varios años nos vienen jalando por ese camino. Así lo testimonian el irracional auge inmobiliario, la expansión crediticia, el consumo desbocado y el creciente endeudamiento de la gente. Todo activa e irresponsablemente promovido por las autoridades económicas, Banco Central incluido. Ahora quieren apresurar un poco más la carrera y hacernos tragar dosis incrementadas del mismo veneno.

24 de Noviembre 2007

¿Diálogo?

Luis Paulino Vargas Solís*

Pasado el referendo sobre el TLC, y en vista de las condiciones bajo las cuales tuvo lugar, ¿existen posibilidades realistas sobre cuya base reconstruir espacios mínimos de diálogo? Conviene recordar que el diálogo no es un objetivo que se justifique por sí mismo. No posee un valor intrínseco que lo convierta en regla de acatamiento obligatorio. Lo cierto es que, en general, dos personas no dialogan si de por medio no hay una mínima relación de respeto. Y, por lo general, dialogar conlleva negociar, cosa que, a su vez, comporta ceder algo a fin de obtener algo. Es decir, el diálogo tiene sentido si razonablemente ofrece la opción de satisfacer algunos objetivos mínimos aceptables. En la Costa Rica posreferendo ¿Existen esas elementales condiciones de respeto y esos espacios mínimos para la negociación? Claramente no.

El TLC: intrínsecamente polarizante

El TLC constituye un paquete extensivo de políticas públicas o, si lo usted lo prefiere, es una súper política pública. Responde a una ideología claramente reconocible y desatada un amplio conjunto de cambios económicos y sociales. Fue diseñado, además, como un mecanismo blindado: no se puede modificar absolutamente ninguno de sus contenidos. O sea, el TLC es la fórmula perfecta para anular toda opción de diálogo.

Por ello, y previo a su aprobación, la posibilidad de recomponer posibilidades de diálogo era algo que tenía sentido solamente al margen del TLC. Dentro de éste, y en relación con éste, ello simplemente era imposible. Usted lo tomaba o lo dejaba. Punto. Nada, absolutamente nada, estaba abierto al debate o la modificación. ¿De qué diálogo podría hablarse entonces si entre manos teníamos un inmensa artillería de políticas neoliberales, ninguna de las cuales admitía que se le modificara ni una coma?

La campaña del sí: irrespeto y agresión a escala macrosocial

La campaña del sí, previa al referendo del 7 de octubre, fue una inmensa operación de manipulación y engaño, diseñada según los criterios típicos de la dictadura neoliberal que viene rigiendo al país, pero de forma tal que se exacerbaron sus peores características. Este es un régimen de subyugación del pueblo, el cual, hábil y engañosamente, viste trajes de democracia. Su poder se ejerce por diversas vías, relativamente suaves: la toma y subordinación de los mecanismos institucionales del Estado (desde la Sala IV hasta el Tribunal de Elecciones); la estrecha coalición de los poderes locales -económicos, políticos y mediáticos- y su alianza subordinada con el gobierno de Estados Unidos y las corporaciones transnacionales; el férreo control de la información y su manipulación inescrupulosa; la corrupción y compra de conciencias y, en general, la estrategia de estupidización colectiva, como mecanismo de adormecimiento de la conciencia popular.

Todas estas armas fueron exprimidas al límite de sus posibilidades con motivo del referendo. De hecho, la gigantesca operación de terror y chantaje a que se recurrió, trasgredió todos los límites conocidos. Pero su éxito, a fin de cuentas, resulta harto discutible. Está claro que una proporción sustancial de la población electora –un 70%- o se manifestó abiertamente por el No, o dudó lo suficiente como para preferir no votar. Y, en verdad, no votar, después de tan colosal campaña de intimidación, resultaba, en muchos casos, un acto de emancipación. O sea, la dictadura neoliberal tiene pies de barro, cosa que conlleva el riesgo de que se quiera recurrir a mecanismos duros que subsanen las insuficiencias de estos mecanismos suaves.

¿Qué implica todo esto respecto de la posibilidad de un diálogo nacional? Sin duda, una parte muy grande de la población costarricense, seguramente una amplia mayoría, se siente abiertamente irrespetada. Y, por cierto, ¿quién querría sentarse a conversar con un sujeto que de previo nos ha agredido con violencia y alevosía? Nadie, con un mínimo de salud mental, lo haría. Exactamente eso acontece en la Costa Rica actual.

Y de nuevo, ¿dialogar alrededor de un paquete blindado de políticas?

Impuesto el TLC de forma totalmente irregular, sus promotores repentinamente recuperan la memoria y recuerdan que aquí todo mundo es “hermanitico”. Que de haberlo recordado semanas atrás, habrían procurado ahorrarse tal cúmulo de patanerías y atropellos. Muy convenientes recuperar la memoria a fin de convocar a la aprobación urgente de las leyes de la llamada “agenda de implementación”.

Se entiende la prisa. Tiene que ver con el “proceso de certificación” que el gobierno de Estados Unidos impone, y mediante el cual éste se concede el privilegio de dictaminar si Costa Rica ha aprobado todas las leyes que “debía” y si, además, tales leyes satisfacen los requisitos que ellos exigen. Sabemos que el plazo expira en marzo, cosa que, sin duda, anticipa nuevas operaciones de terrorismo político y mediático. En todo caso, los “hermaniticos” del sí deberían releer el artículo 22.5 del TLC, acerca de la entrada en vigor de éste. Por ningún lado menciona procesos de certificación a cargo del gob*´.ñjnm,lkñ,ierno estadounidense. De forma que ésta es una obligación externa al tratado, impuesta imperialmente por los gringuitos. Y si la cosa entonces les genera estrés, mal de estómago y salpullido, mejor que se lo reclamen a Bush, en vez de achacárselo a sus “hermaniticos” del No. No es nuestra culpa que, no obstante haber sido aprobado en referendo, en todo caso el TLC siga sin tener vigencia.

Pero es del caso que, de nuevo, nos invitan a “dialogar” en relación con leyes que, en la mayoría de los casos, comparten una de las características típicas del TLC: están blindadas. No se invita a negociar acerca del contenido de estas leyes. Se invita a aprobarlas o, como mínimo, a permitir que sean aprobadas por la vergonzosa coalición de los 38. Esto es reincidir en lo que ya sabemos: el irrespeto.

¿Aún podría haber diálogo?

Uno quiere que lo haya. La paz social de Costa Rica pende de ello. Y clarísimo que el TLC no merece una sola gota de sangre costarricense. Pero, en fin, ¿hay alguna posibilidad realista de que ese diálogo tenga lugar? Yo tan solo veo una coalición de poderes económicos, políticos y mediáticos, coaligados alrededor del TLC y sus leyes, y absolutamente inflexible respecto de cualquier opción que, ni siquiera marginalmente, matice los alcances devastadores de esa legislación. No parece que ninguna gota de sangre de nuestra gente pueda hacerlos vacilar en su dogmática telecista.

Si ya el irrespeto y la agresión de que hemos sido víctimas reducen gravemente cualquier disposición de diálogo, la arrogancia de llamarnos a un diálogo consistente en refrendar lo que ellos dicen que debe hacerse, simplemente podría ser la gota que d**ççerrame el vaso.

Cuando se empezó la negociación del TLC, quienes la promovieron y tu´-*vieron a cargo tenían muy claro su objetivo: empujarnos a lo más profundo del barpo+ranco del neoliberalismo. Pero, por encima de todo, el TLC nos ha lanzado a un extremo de polarización como seguramente no vivíamos en muchos, muchísimos años. Y esto es, exclusivamente, responsabilidad de las oligarquías telecistas.

*Publicado en Argenpress.info, cedido por el autor a Culturacr.com.

Fraude fue ejecutado antes

Julio Suñol

Es absurdo decir hoy que hubo fraude electoral el domingo 7 de octubre cuando se efectuó el referendo sobre el TLC. Pueden haberse registrado algunas irregularidades, sí, pero eso habrá de probarse. Y personalmente creo que ellas no serían relevantes para cambiar el resultado final en relación con los números ya reconocidos.
El fraude vergonzoso se realizó mucho antes. Fue un fraude telemático y periodístico. Un fraude gigantesco. Escribiremos solo sobre éste. Los otros fueron los pecados de la prepotencia, del abuso de los débiles, del recurrir a fuerzas extranjeras, políticas y económicas, para lograr el objetivo. El fin justifica los medios, de Maquiavelo a Marx. Ni Chávez en toda su euforia los habría igualado.
Lo que ha salido a flote es la capacidad de algunos de recurrir a cualquier método para conseguir su propósito. ¿Qué pueden hacer los puros e idealistas frente a las opciones electorales o sociales del presente?
El Tribunal Supremo de Elecciones se paralizó y no aplicó sus propias normas, las cuales advirtieron que dos días antes de los comicios se entraba en un período de reflexión. Un período de abstención y de silencio.
Eso significaba que las partes en liza estaban impedidas de violar la tregua. Pero la violaron. Ambas partes la violaron, el No en menor grado, porque tuvo un mínimo acceso a los medios.
Todo se veía venir cuando los medios televisivos, radiales y escritos (tal vez se registró alguna excepción) se abstuvieron de informar sobre la valoración de la cantidad de personas que había asistido a la manifestación del No previa a la votación del domingo 7. El diario Extra, con dignidad profesional, sí publicó una fotografía que, a quienes no estuvimos allí, nos confirmó lo que los medios extranjeros constataron.
Hubimos de informarnos por medio de la Agencia Francesa de Noticias (AFP), la Agencia española de noticias (EFE), la Agencia inglesa de noticias (Reuters), el diario el Universal de Guayaquil y los periódicos Washington Post y New York Times, sobre la magnitud de aquella expresión de voluntad popular. Que sepamos, ningún medio fue capaz de dar cabida al contenido de estas informaciones.
Algunos de estos medios internacionales valorizaron la magnitud de la manifestación, expresando que era la más grande en la historia política de Costa Rica, la cual había contado con una asistencia de unos 150.000 ciudadanos.
Agregaron que nunca en la historia política del país se había registrado tal asistencia y que ninguno de los partidos políticos tradicionales obtuvieron ese resultado. Las votaciones del domingo 7 confirmaron esta realidad. ¿Qué impidió a los locales revelar lo que los medios internacionales reconocieron objetivamente?
Mi pregunta fue y es ¿por qué he de necesitar que los medios de comunicación foráneos me digan la verdad?
¿Por qué, si en las campañas electorales del pasado, los medios se atrevían a evaluar y calcular la cantidad de manifestantes, en esta ocasión no lo hicieron? ¿Por qué solo se dio la versión de un vocero oficialista, quien dijo que no habían concurrido más de 10.000 personas?
Estoy escribiendo como periodista con más de medio siglo de ejercicio profesional, que fue director de tres medios de información, coeditor de otros dos y redactor de prácticamente todos los existentes en Costa Rica en el transcurso de los últimos 50 años.
Estoy abogando solo por la verdad, por la responsabilidad ética de nosotros los diaristas, por la obligación profesional de educar y de no manipular ni dejar que manipulen a otros. Los periodistas siempre tendremos que decir: "En mi hambre mando yo". Homenaje para mi abuelo catalán.
Como dije, ese fue el principio de la aberración, casi al final de la fecha del referendo. Pero m> ás cerca del día clave, fue doloroso y abominable observar como casi todos los medios asumieron una sospechosa parcialidad. Para mí no se trataba de que se apoyara el Sí o el No, sino de que se tuviera la honradez intelectual, la integridad moral y el valor profesional de ser consecuentes con la verdad.
Después vino el abuso del rompimiento de la llamada tregua que nunca se dio. A mí, un medio de comunicación me invitó a emitir mis opiniones en una transmisión del viernes, vísperas del acto electoral, y me negué argumentando que eso "estaba prohibido".
Pero después noté (todos lo notamos) el descaro de bastantes medios y de muchos protagonistas, emitiendo opiniones públicas el viernes, el sábado y hasta el mismo domingo. Es parte de la crisis ética y moral del país. Los obligados a respetar la norma no tienen ningún respeto por ella. Y los comprometidos a ejercer su autoridad, en este caso el Tribunal Electoral, no lo hacen. Si seguimos por estos rumbos no sé qué clase de país vamos a construir, con o sin TLC.
El problema, obviamente, es de mayor fondo. La decadencia se observa en amplios sectores del país, todavía conformado por una mayoría de gente decente y honrada. Pero la decadencia no se puede ignorar y, así como la educación de buena calidad es esencial para al avance y el desarrollo de la sociedad, no lo es menos la docencia que debemos ejercer los periodistas y los medios de comunicación.
Estos medios no se deben gloriar de alcanzar grandes avances tecnológicos o de distribuir enormes réditos entre sus propietarios, ni aun de participar de sus ganancias a quienes laboran en ellos, si todo eso se borra de un solo manotazo con la negación de la verdad, con el desprecio para el equilibrio informativo y con la renuncia a la ética obligante en quienes deben ayudar a construir un país y a fortalecer sus tejidos sociales, forjados a través de tantos años de luchas sanas y de fuertes convicciones institucionales.
Octubre 10, 2007

Las incoherencias de un Nobel de la Paz

Sol Fernández-Val

No salgo de mi asombro al ver las incoherencias suyas, Sr. Oscar Arias Sánchez.

La primera, que se prestara para colarse con tan poca transparencia, de nuevo en la lid política. Segunda que trabaje con ahínco para satisfacer a su grupo empresarial más que a la población. Que ostente tan digno título: "Nobel de la paz" y no lo honre, pues se ha dedicado
a dividir al país, como hace muchos años no ocurría. Hace burda campaña, ofrece y regala de todo como si le perteneciese exclusivamente. Pone oídos sordos a otros premios Nobel y notables. Impulsa la entrega de nuestra soberanía, en lugar de fortalecer la constitución, antes de negociar cualquier tratado sea con USA, China, Europa... Se burla del pueblo costarricense,
tratándolo de ignorante, irrespeta a las culturas autóctonas (bribríes), llevando una comparsa limonense a su comunidad, cuando ellos tenían sus propias representaciones.

Utiliza el discurso del miedo, que se van las empresas sin el TLC, cuando en Guatemala se van igual y con el TLC. Los inversionistas dejan un país cuando este ya no les es rentable. PUNTO. Calla a la iglesia católica, pero visitó las evangélicas, buscando su apoyo...

Pero para mí, como ecologista, lo más vergonzoso es pregonar PAZ CON LA NATURALEZA, cuando a vista y paciencia se destruye lo poco valioso que queda en esta bendita tierra, para "avalar el progreso." Permite la construcción de edificios en zonas protegidas, desoyendo los consejos de expertos y entendidos del daño irreversible que se hace al fomentar un desarrollo urbanístico desmedido, que de paso es solo para inversionistas extranjeros por sus precios elevadísimos. Contamina Guanacaste por medio de quemas en fincas azucareras. Además no está de más que se respeten las zonas marítimo-terrestres que serán las primeras que desaparecerán con el cambio climático.

¿Que hubiera esperado de un verdadero artífice de la paz? Que no busque la gloria personal internacional pregonando desarme mundial, cuando abre portillos para fabricar armas o partes de ellas en su propia nación. Que antes de llenar los bolsillos empresariales, piense más en
hacer de este un verdadero país verde. La biodiversidad que tenemos es tan grande que en lugar de "cederla" a empresas transnacionales que la estudian y patentan luego, podría ser protegida, admirada por turistasambientalistas. No siga fomentando el turismo sexual, como su amigo Mel Gibson, asiduo visitante del Hotel del Rey. En lugar de impulsar Mega- proyectos turísticos que impactan la ecología y no dejan riqueza en las zonas donde se instalan,hacer de Costa Rica el pulmón centroamericano. Hay organizaciones que pagan por ello. Ahora que su gobierno le dona millones de dólares a las municipalidades del sí, ¿por qué no obligar a que separen la basura y a reciclarla, fomentar el uso de biogestores con basura de origen orgánico para generar
electricidad o gas para cocinar? ¿O es sí para los bolsillos, no a la comunidad? ¿Por qué esta inercia para tomar las decisiones trascendentales? NO sea pusilánime, tome medidas drásticas para bajar la contaminación por emisión de gases. Los importadores de autos deberían traer únicamente vehículos de baja cilindrada, híbridos con cero impuestos. Imponer los "car pools" en horas pico en las autopistas, pues aquí la mayoría de los carros llevan un solo pasajero, el chofer. Que COOPESA fabrique buses eléctricos. Asi como no le tiembla la mano para torcer brazos para modificar leyes que se acomoden a sus intereses, debería hacer ese esfuerzo y más, en aras de preservar este país. Tantos viajecitos al extranjero no le han iluminado, para implantar medidas pro-planetarias. Sin embargo como se le transforma el semblante al aparecer en una fotografía con un Steve
Case de AOL o un príncipe árabe. Esta actividad que usted avala, golpea los ecosistemas, favorece la ya cada día más pronunciada diferencia de clases y no contribuye para nada a reducir el calentamiento global.

La película de Al Gore, ¿creyó que era hecha en Hollywood nada más para ayudarle a una posible campaña presidencial en un futuro? ¿No vio las barbaridades que ocurren en todo el planeta y que YA deben ser enfrentadas para bajar el ritmo acelerado de la innevitable destrucción? Y para no ir muy lejos, aquí mismo en Costa Rica han desaparecido muchas especies, el caudal del agua de los ríos es impresionantemente menor, gran parte del agua potable está contaminada. La siembra de cinco millones de árboles tardará en dar frutos, mejor hubieran evitado talar los que teníamos.

Le recomiendo que escuche La Verdad Oculta de Costa Rica en la voz del Oceanógrafo físico Don Guillermo Quiros, pues muchos sabemos lo que su clase político-empresarial niega y que eventualmente podría ser, si se maneja en un futuro con tecnología amigable al ambiente, la salvación de este país.

A usted posiblemente ya le queden pocos años, ¿pero qué está legando a las generaciones futuras? ¿Un galerón árido de microchips, call centers, empleados de zonas francas y hoteles, donde hay que importar todo lo que se consume, o un país verde, con agricultura natural u orgánica, produciendo y consumiendo con orgullo lo básico que Costa Rica necesita para su soberanía alimentaria, con muchos pequeños y medianos empresarios bien capacitados, con instituciones fortalecidas y no retorcidas?

Yo le señalo a usted y cada miembro de su gobierno por negligencia en asuntos ambientales. Cada movimiento suyo va dirigido únicamente hacia el comercio. Usted se tacha de intelectual, inteligente y sensible, pero a la hora de tomar partido, no lo demuestra. Se trata de la sobrevivencia de Costa Rica. ¿En qué posición está el proyecto de ley de las garantías ambientales en la Asamblea Legislativa gracias a PLN-PUSC y Libertarios? ¡Abra los ojos, no se puede anteponer los negocios a la vida!

Recuerde que Dios y la patria se lo reclamarán.

La Costa Rica del pasado se nos está yendo de las manos,
y la del futuro ya no es nuestra

Rodrigo Quesada Monge, historiador

“La libertad, por lo menos en su sentido político, es sinónimo de ausencia de intimidación y dominación”. Isaiah Berlin.

Es, mi deseo con este artículo, llegar a los corazones de esos hombres y mujeres jóvenes que hoy inician un largo y sinuoso camino de crecimiento y perfección como seres humanos, después de dejar las aulas de los colegios y de las universidades de nuestro país.

En Costa Rica se hacen ingentes esfuerzos para que la educación tenga sentido, orientación y productividad. Se invierten sumas astronómicas en capacitar profesores, investigadores, científicos, letrados, artistas y profesionales para que el país logre, en algún momento, desprenderse de una herencia que le fue impuesta por los insondables designios del destino. No somos de los que creen que el problema del desarrollo es un asunto que radica en los genes, o en las dimensiones de la masa gris de nuestros pueblos. El desarrollo es un asunto social, político y cultural, sus dimensiones humanas comprometen seriamente la textura histórica con que los pueblos lo abordan. Pero cuando decimos que es un asunto social, no queremos decir que le pertenece prioritariamente a una elite, a un pequeño grupo de iluminados que se sienten dueños de la verdad, la lucidez y el sentido de la justicia.

No puede haber nada más lastimoso que un pobre hombre, proveído de unos cuantos centavos, muchas veces debido a la suerte de la herencia, o de otros medios no siempre muy diáfanos, erigirse a sí mismo como amo y señor de la inteligencia ajena de grupos humanos enteros. Hoy, en nuestro mundo, esto es sintomático: ahí está el presidente de los Estados Unidos para probarlo. Se trata de los malos síntomas de la democracia, de una democracia que ya dejó de bastarse a sí misma y busca salidas en la mimesis, en la parodia y la burla de instituciones en que los pueblos invirtieron grandes cantidades de sangre, sudor y lágrimas. En estas circunstancias, cuando tales instituciones se ven sacudidas por el egoísmo, la arrogancia y la prepotencia de pequeños grupos de sabihondos, es posible decidir con resignación o con rebeldía sobre el efecto de los movimientos que busquemos emprender.

Porque los hombres y mujeres se pueden decidir por movimientos hacia delante o hacia atrás. O simplemente quedarse estáticos y hacerle creer a la gente que están activos. En estos casos el Rey rara vez se percata de que va por las calles totalmente en cueros. Los grandes genios del pensamiento conservador, De Maistre, Burke, Hobbes, Carlyle y otros, nunca tuvieron miedo del movimiento. Portaban temerosas reservas por el cambio. No importa moverse en círculos, siempre y cuando no se cambie. Sabían perfectamente que, con frecuencia, son otros los que nos mueven el espejo, un espejo en el que queremos vernos como muy activos, dinámicos y revolucionarios. Sudamos con la gimnasia de otros. No hay nada más triste que jugar a la revolución cuando lo hacemos frente a un espejo que otros mueven. La imagen que ahí se proyecta es difusa, distorsionada y puede terminar por sabotear la idea que tenemos de nosotros mismos. Otros conservadores, disonantes y utilitarios ni siquiera se mueven en círculos, por ello su conservatismo tiene la gélida dureza de la muerte. Estos son los más peligrosos, porque sus altisonantes consignas llevan el sello de un supuesto progreso en el que ni ellos mismos creen. Ellos le han construido guaridas a la democracia, donde se alojan y se revuelcan con toda clase de bichos. La democracia limpia, transparente y efectiva no necesita refugios para esa clase de inadaptados.

Pero la democracia es lo que más se parece a la convivencia sana. Y resulta que tal convivencia es increíblemente frágil, vulnerable, por lo que cualquier hijo de vecino se la apropia, tratando de hacernos creer que la suya es la única interpretación posible. “Lo que caracteriza a nuestra época no es tanto la lucha de una serie de ideas contra otras como la creciente hostilidad hacia todas las ideas en cuanto tales” (Isaiah Berlin, Sobre la libertad, Madrid: Alianza, 2004, p. 121).

Ciertamente el pensamiento se ha convertido en un lujo, porque la crítica y la independencia de criterio le pertenecen a los hombres y mujeres de valor y de carácter, no a los que se someten a las opiniones de curso corriente porque en ello les va la supervivencia. Y tenemos con nosotros a políticos, intelectuales, profesionales y técnicos que saben vender con eficiencia ese sentido de la supervivencia.

La supervivencia es un artículo de fe. Por ello resulta tan fácil, en un régimen democrático, sostener la tesis de que aquellos que sobreviven a las limitaciones físicas, laborales y políticas, son los verdaderos héroes. ¡Qué puede haber de heroico en la supervivencia! Tal condición de excepcionalidad es totalmente anti-democrática, y deja a los supervivientes en los márgenes de su institucionalidad. De aquí que resulte tan fácil despojarlos de todo, hasta volverlos invisibles. En estos casos hablamos de una democracia a todas luces fraudulenta.

Es un fraude hacerle creer a la gente que las esperanzas son tangibles en un régimen donde el sentido de la esperanza es altamente clasista. Es fraudulenta la promesa de un mundo mejor cuando hacemos lo posible, arrollando a los demás, por realizar nuestros sueños aquí y ahora, sin importar el costo humano, espiritual y moral de los mismos. Es un fraude la supuesta democracia donde el gobierno de los hombres cedió su lugar a la administración de las cosas (Henri Saint Simon, citado por Berlin en Op. Cit., p. 122). Tal clase de utilitarismo es reaccionario, le arrancó de raíz el perfil humano a los asuntos cotidianos de las personas, y los convirtió en materia de técnicos, cuya ignorancia tiene un peso específico en la existencia de estas últimas, a quienes también terminaron por decirles cómo vivir sus vidas.

La solidaridad entonces se convirtió en un asunto extraño, raro, materia de éxtasis para anacoretas y exaltados. Al punto de que hoy corre el riesgo de ser estigmatizado, aquél a quien se le ocurra hablar de proyectos sociales en los que la solidaridad sea prioritaria. Es posible considerar la solidaridad siempre y cuando ésta no atente o cuestione la estructura institucional existente. Se trata de una solidaridad que guarda cálidamente sus pretensiones caritativas muy lejos de discusiones políticas y sociales. Los neoliberales entonces visualizan a instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social, al ICE, al sistema bancario nacional y otras similares, como un resabio intolerable de proyectos sociales periclitados. Sin embargo, a algunos de ellos nunca les tembló la mano cuando se trató de saquearlas. ¡Y vaya que lo hicieron con eficiencia!

La historia del estado nacional costarricense ha sido la historia de una expresión del autoritarismo que pocas veces se nota en nuestras conversaciones y reflexiones sobre cuestiones políticas, sociales y culturales. La Costa Rica paradisíaca se nos ha convertido en asunto de milagreros y conjurados. Pero está repleta de autoritarismo la historia de Costa Rica, desde su descubrimiento en 1502 hasta su independencia política de España en 1821. Es autoritaria la organización social en Costa Rica desde entonces hasta 1948. Está saturada de golpes de estado, invasiones extranjeras, asonadas militares, ejecuciones y fusilamientos en virtud de que una determinada clase social quiso finalmente imponer su proyecto socio-político y su visión de mundo. Y sigue siendo autoritaria desde la guerra civil hasta el presente, cuando algunos de los gobernantes nos quieren hacer creer que sus ideas, su sensibilidad y sus acciones son las únicas posibles en esta democracia de la imagen, la frivolidad, el desapego y la superficialidad más indigeribles.

Si usted revisa bien, con cuidado y mucho cariño la historia de Costa Rica se podrá percatar, sin sorpresa evidente, que solamente en algunas ocasiones los trabajadores, campesinos, empleados públicos, mujeres, ancianos y niños, han tenido la atención del estado. Es una lucha cotidiana, una tirantez perenne, un pesado y árido estira y encoje el que hay que establecer con los ricos de nuestro país, para arrebatarles algunas migajas de sus abundantes mesas. Conste además que, junto a ser los dueños de la riqueza, de las tierras, de las fábricas, de los medios de producción en sus distintas expresiones, quieren también ser los dueños de las personas. Y hay momentos en nuestra historia, en que hasta eso también ha sido posible. De vez en cuando la candorosa Costa Rica debe recordar su capítulo de esclavitud durante la dominación colonial española. Pero en la de hoy se compran y se venden niños, sus órganos y sus futuros.

Ahora bien, si durante el siglo XX, particularmente durante las décadas de los años treinta y cuarenta, el pueblo costarricense, despojado por siglos de sus derechos más fundamentales, alcanzó algunas conquistas importantes en materia laboral, de salud, de educación y justicia, eso fue debido a que hubo que liarse en una batalla sin tregua contra los grupos más poderosos, más ricos y también más autoritarios de nuestro país. Porque, casi siempre, las protestas contra los sectores más adinerados de Costa Rica han terminado en despidos, persecuciones, represiones y ostracismo, sobre todo para los dirigentes del movimiento popular.

Lo curioso es que la mayor parte de los grupos adinerados en Costa Rica, se han investido de un raro nacionalismo en el que la entrega al mejor postor de nuestra riqueza natural y humana, se concibe como una vía hacia el progreso general. Ese es uno de los ingredientes más notables del autoritarismo y de las distorsiones ideológicas en que han caído siempre. Resulta difícil, de cualquier manera, tratar de entender cómo se las agencian para hacernos creer que lo que les conviene a ellos es lo mejor para todos. Ni aún el cinismo tiene estatuto ideológico en estos avatares, puesto que todo el pueblo costarricense sabe a ciencia cierta, que la riqueza de unos pocos no garantiza necesariamente el progreso de la totalidad de los ciudadanos.

Pero aún así es trágica la indiferencia, la hipocresía y la frivolidad. En la Costa Rica de ayer se pensaba mucho en el largo plazo. Baste recordar a hombres de gobierno como Don Alfredo González Flores, o a intelectuales del calibre de Rodrigo Facio Brenes, para quienes la historia del país siempre tuvo un peso específico en las decisiones que tomaron o imaginaron. Hoy, cuando el crítico nos hace tambalear sobre la escogencia de caminos autoritarios hacia la resolución de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad, lo tildamos de estúpido o ignorante, simplemente porque no está de acuerdo con nosotros y sus objeciones tienen raíz popular. El presente, el aquí y el ahora, es lo único que hoy nos importa, y todo aquel que se oponga a su realización es un enemigo que debe ser invisibilizado a cualquier costo. La autosuficiencia onanística del dictador, del remedo de dictador, o del dictadorcillo a secas, no da para tanto y solo escucha su propia voz. ¡Pobre infeliz!

Es triste, pero algunos de los hombres de gobierno tienen hasta veinte años de no leer un libro completo. Se la pasan acariciando sus solapas nada más. Y es que no tienen tiempo, porque se les van sus días en recepciones, desfiles de pasarelas, bailongos y fiestas diplomáticas donde todo el mundo sonríe al nuevo embajador, con la sonrisa del que espera los cheques que el anterior no tuvo tiempo de girar. O se les van sus pequeñas vidas asfixiados entre montañas de papeles. Pero esta frivolidad aristocrática tiene un agravante, no existe aristocracia en Costa Rica, ni nada que se le parezca. La aristocracia de cuño francés o inglés, sabía divertirse, comer bien, conocía cuál era el tono de la elegancia y, sobre todo, en sus mejores momentos, siempre tuvo claro que era muy importante hacerse rodear de los mejores intelectos, de los mejores artistas y pensadores, porque, para los príncipes, era muy importante estar bien informado.

Nadie representa esto mejor que el Rey Luis XIV de Francia, el llamado Rey Sol. Pero en Costa Rica, nuestros aristócratas ni siquiera se acercan al tamaño de un pequeño guijarro espacial.
Para un político maicero costarricense (y no lo digo de manera peyorativa), con algo de poder y riqueza, rodearse de nombres altisonantes tiene una resonancia decisiva en la venta de imagen. Porque el quehacer de la política en Costa Rica se atoró en la apariencia, y dejó la sustancia a los empresarios, a los líderes sindicales, a los tecnócratas y a los supuestos científicos sociales. Desgraciadamente, como sucede con frecuencia, la imagen y la ciencia no siempre coinciden, y nuestro pobre político maicero, muchas veces con estudios académicos importantes, en universidades nacionales o extranjeras, no sabe qué hacer perdido en un limbo de información que difícilmente maneja a cabalidad. Entonces acude al insulto y al desprecio del crítico, en quien ve un personaje muy peligroso, sobre todo si se trata de un crítico independiente, portador de un cierto y efectivo sentido del criterio.

A los jóvenes de la Costa Rica de hoy en día, habría que sugerirles algo de lo más esencial para sobrevivir en este presente escurridizo e inaprensible: independencia de criterio, pensamiento creativo, información crítica y sentido de la veracidad. De lo contrario uno corre el riesgo de que se lo engullan. Y el pensamiento crítico, el pensamiento independiente, demandan de nuestra parte iniciativa para informarnos, creatividad para buscar las fuentes más oportunas y sostenidas, profundidad en el análisis y, por encima de todo, optimismo y confianza en nuestras capacidades.

En la sociedad de las imágenes, aquella donde la gente joven se muere de nuevas enfermedades con nombres impronunciables (anorexia, bulimia, vigorexia y otras), debido a que no les gusta lo que ven en el espejo, debemos proveernos de una fortaleza inédita de carácter, porque existe un ejército de personas, perfectamente bien entrenado, para sacudirnos el espejo y cambiar la imagen de nosotros mismos, aunque bajo la superficie el sentimiento de invalidez crezca cada día más. Este último es el que hay que eliminar, pues de él se sirven políticos y tecnócratas del presente, para hacernos creer que nada de lo que somos vale la pena y que, por ello, debemos tratar de parecernos cada vez más al modelo que se diseña en las grandes ciudades de los imperios.

Nuestros jóvenes de hoy, y aquellos no tan jóvenes, nuestros hijos y nuestros nietos deberían tomar consciencia del desamparo en el que están, y de que la tarea que les espera no solamente está relacionada con su capacidad profesional, sino, por encima de cualquier otra cosa, con su capacidad moral para hacer de nuestro país una tierra más auténtica, más justa y más solidaria.
Julio 27, 2007

Del TLC como bendición

Alfonso Chase

Nunca, en los últimos cien años, un asunto tan complejo, vasto y sujeto de estudio, ha conmovido tanto a la comunidad costarricense. El acuerdo, no tratado, ha despertado, en el alma nacional, mayoritaria, discusiones y diálogos nunca vistos, que se escondían bajo un acuerdo que pretendieron pasar en horas de la noche, para convertirlo en madrugón, dividiendo en dos al país sobre contenidos que estuvieron ocultos, en los párrafos de un texto de cinco tomos, negociado bajo el amparo que les dio el ser funcionarios del Estado Paralelo, ese que obedece a las voces del afuera, buscando convertir el adentro en coto cerrado de casa, venta y usufructo de lo que nos queda como territorio libre, de ese país llamado todavía Costa Rica.

De las bendiciones. Ha convertido a nuestro país en una especie de David frente al gigante Goliath, que ya sabemos cómo terminó, defendiendo los aspectos más vitales de su soberanía, defensa de los recursos renovables y una especie de dignidad colectiva, que parecía perdida, ante la especulación absoluta de todos los bienes propios en favor del imperio de las transnacionales, convertidas en gobierno en Estados Unidos, dándole a su tercera frontera un límite: el valor de aprender a decir ¡no!
Otras bendiciones. Ha logrado establecer el valor conjunto de las opiniones ciudadanas, en el Sí o en el No, como una manera de discutir, francamente, un modelo de desarrollo hecho por el pueblo y no solo por aquellos que dicen gobernar, pero administran. Nunca antes los valores de ecología, patentes, soberanía, libertad de opinión, derecho a la palabra real, negocios, inversiones, venta de los activos del estado al mejor postor, han podido ser expuestos a la vindicta pública, en su valor real como conjunto de instituciones creadas por nosotros mismos. Así temas como la salud, la educación, la economía, el comercio exterior han podido ser puestos sobre la mesa, para darles la relevancia que tienen en la vida ciudadana.

La particular bendición de este acuerdo, para verle su espacio propositivo, ha sido el encuentro de millares de personas en un diálogo abierto, participación ciudadana, relaciones comunales, apertura de conversatorios, en lo que implica el conocimiento de múltiples personas bajo el amparo de decir ¡no!, o el sabio precepto: dígales que sí, péleles el diente: pero vota No. Ha permitido que la libertad de opinión siga viva por los múltiples espacios que se han abierto: los diarios La Extra y La Prensa Libre son un ejemplo de ello, para que todos podamos decir lo que pensamos en este momento en el cual el pensamiento único pareciera ser la normativa a imponer. Eso es una conquista ciudadana que tendrá su nicho en la historia, si esta de verdad se escribe desde las páginas de nuestros diarios.

Más bendiciones. La juventud de este país sigue siendo la vanguardia de las luchas sociales, desde Alcoa, pasando por el Combo y ahora decir ¡No! al acuerdo TLC, como una forma de llevar el ágora a las calles, convirtiendo las plazas en auténticas aulas, y la alegría de la juventud en una especie de derroche dionisíaco, o apolíneo, según se vea, combinando todo esto con megamanifestaciones, mitines, reuniones, visitas a poblados, diálogo intergeneracional, lectura de documentos complementarios, dándole a la red un espacio de beligerancia, no solo para vender, comerciar, decir tonteras o chatear evitando el verdadero diálogo voz a voz, saltándose los estúpidos mensajes que se envían por tele o por la misma red. Otra voz ha nacido para decir lo que otros callan, y en el espacio del vídeo cine se han logrado hacer documentales que hoy recorren en el mundo, como un fantasma activo y nuevo, con pies propios y mirada inteligente.

La Iglesia Católica, el verdadero sentido del Katolikós o el tiempo del Kairós, se ha hecho presente con una voz definida y con pastores que no aspiran a recibir privilegios o a inclinar la cerviz para ser solo un rabo del poder establecido, y sí nos ha mostrado el rostro de otras sectas, o denominaciones, que ponen al mejor postor su supervivencia como iglesias convertidas ya, en partido político.

Las universidades públicas, unas con mayor presencia que otras, nos definen el espacio de su autonomía como una manera de estar comprometida con las luchas populares, la soberanía en la difusión de las ideas, y no solo como espacios planilleros para mantener intelectuales al servicio del Estado, la empresa pública o privada, sino que se han descubierto como la consciencia lúcida de la nación y no como las perras falderas de quienes manejan el poder, e imponen el silencio, como devoción a los Aparatos Ideológicos del Estado. La Universidad de Costa Rica, el Alma Mater de quienes hemos trabajado en otras, ha inscrito, con letras de oro, el significado de su presencia en la historia en la Educación Superior.

Toda esta discusión nos ha permitido saber que el deseo de quienes gobiernan es, ha sido y será, tener el control de todos esos aparatos, para doblegarlos a su servicio, desde las instancias judiciales, electorales, de control del poder político, para darle forma a una mayoría, hasta la conversión del Estado-Partido, en donde solo los fieles son considerados existentes, como lo mostró una niña, en Liberia, con la lectura de un poema que los dejó desnudos, y sudando, en una celebración patriótica, con el enfado incluido, de los políticos convertidos ya en funcionarios.

El acuerdo TLC ha sido el reloj despertador más efectivo que hemos tenido y tendremos los costarricenses, en estos últimos cien años de historia. Ha permitido que amplios sectores de la ciudadanía nazcan a la resurrección de sus mentes y espíritus que antes creíamos dormidos. Le permitió a don Ottón Solís ser el presidente virtual de Costa Rica: ¿Se habrá dado cuenta?, ejerciendo desde la oposición un liderazgo que nunca habría tenido si hace gobierno. ¡Aproveche la bendición, don Ottón! Siga el camino junto a los próceres, resurrectos también, como don Juan Rafael Mora, don Alfredo González Flores, don Jorge Volio, don Manuel Mora, inscritos con letras de oro en la historia nacional, al lado de Omar Dengo, García Monge, Carmen Lyra, Brenes Mesén, quienes, desde el Centro Germinal, a principios del siglo XX, como santos laicos de nuestra historia, empezaron su labor en defensa de nuestra soberanía.

Eso fue lo que nos motivó a nueve Premios Magón para difundir el documento llamado “El manifiesto de los Nueve (2003)”, punto de partida para entender qué es lo que estaba pasando, y se veía venir, de no negociarse bien el acuerdo, que ahora ha servido de punto de unión para todo lo que está ocurriendo.

Como espacio seráfico de actividad militante, así decía aquella mártir de las libertades sociales y políticas Santa Rosa Luxemburgo. Y más allá otra mujer admirable: Luis Michel, desde las históricas barricadas de la Comuna de París, punto de partida de todo este acopio de bendiciones que se ciernen sobre nuestro país y sobre el mundo.

El movimiento social anti TLC, ¿hacia una institucionalidad paralela?

Paúl E. Benavides Vilchez

Vaticinar todo lo que sucederá después del TLC y reducirlo al reparto político en el que algunos partidos se queden con la parte más grande del pastel electoral y otros con las migajas, es la expresión de un vicio nacional que pone todo lo que sucede en Costa Rica, como adelanto de un posible encontronazo de las fuerzas políticas en la elecciones del 2010. Fallo de algunos economistas que hoy hacen articulismo en La Nación y antes hacían políticas neoliberales, que reducen un fenómeno complejo a simple contabilidad electoral.

El movimiento ciudadano contra el TLC es eso, un movimiento de la ciudadanía costarricense irreductible solo a lo electoral y un fenómeno político en sí mismo, que no es apéndice de cierta coyuntura política o expresión esporádica de algunos actores sociales que buscan oírse. Es un fenómeno complejo que se relaciona por todas las vías con el mercado, el estado, el derecho, la economía, la sociedad, la historia y el devenir de este país como sociedad. Pero antes de ser pitoniso postTLC, habrá que ser un buen lector del ahora mismo.

El movimiento ciudadano contra el TLC se sostiene en su propia andadura; es un movimiento espontáneo y al mismo tiempo está ligado a un ciclo de largo aliento, que viene gestándose en el subsuelo emotivo y político de la sociedad costarricense. Es el acumulado de circunstancias recientes y lejanas, que han subido la intensidad y tono del conflicto contra el sector gobernante de la clase política costarricense. Suma de malestar que arranca en lo cercano en el año 1995, cuando los educadores –parte activa e importante de esta ciudadanía– muestran su disconformidad por la aprobación de la Ley de pensiones que debilitaba los derechos de jubilación y, por vez primera, se señala a los políticos como clase política interesada sólo en los negocios privados, y, en lo reciente, se radicaliza aún más con el Combo del ICE, que moviliza una heterogeneidad de actores sociales en un bloque de oposición, en donde de manera expresa se acusa a la clase política de pretender lucrar con la venta de los activos estatales.

La evolución discursiva del movimiento social antiTLC integra la crítica a la conducta ética y a la defensa de instituciones claves del Estado, pero además opone un modelo alterno de sociedad al modelo de sociedad neoliberal implícito en el TLC. Conformado por actores nuevos y tradicionales de la zona rural y urbana, rompe el esquema jerárquico de las retóricas organizativas tradicionales y los métodos de imposición de las dirigencias verticalistas. Incluso la historia de Costa Rica forma parte del repertorio del movimiento opositor y se activa para dar vida a una ciudadanía dinámica: don Juan Rafael Mora, el soldado Juan Santamaría, la Guerra Patria de 1856 y 1857, dejan de ser memoria y el movimiento social antiTLC se los apropia como parte de su repertorio cultural y simbólico.

Una consecuencia de la agudización entre dos modos enfrentados para proyectar y concebir la sociedad costarricense, es el paso de la sociedad civil como ámbito activo y dinámico pero relativamente estable de las organizaciones y los ciudadanos, a un espacio de álgido activismo y de combustión ideológica que ha transformado el espacio público de la sociedad civil en una arena de confrontación y de interpelación política. Esta ampliación del espacio público de enfrentamiento ha politizado a una serie de actores que pasaron de espectadores pasivos a sujetos participativos y beligerantes; de los colectivos de mujeres a los indígenas, a los estudiantes de educación secundaria, a los activistas individuales que no pertenecen a algún grupo; pequeños núcleos barriales que autogestionan sus propios signos externos y propaganda, hasta las universidades públicas y la juventud estudiantil nacional, dos actores claves en la consolidación como movimiento social.

Surge la interrogante de si, como consecuencia de la confrontación social y política, se consolidará una institucionalidad política paralela (proyecto de país alternativo, propuesta de reforma al modelo de representación, modificación de la cultura política hacia una ciudadanía crítica) representada por el propio movimiento social postTLC y consensuada por todos los actores sociales que la forman, en oposición a la institucionalidad estatal, representada por la clase política gobernante, los grupos empresariales y la prensa comercial.

Sin lugar a dudas, una consecuencia positiva de todo esto es una ciudadanía en movimiento con mayor capacidad para interpelar los poderes públicos. La interrogante es si este avance, en la cultura cívica costarricense, se corresponderá con una sociedad más democrática, donde el diálogo, el respeto y la tolerancia sean la regla y no la excepción.
Junio 20, 2007

¡Que viva la polémica!… sin que mueran las amistades

Por Lowell Gudmundson

Los que leyeron mi comentario en Ancora el día 3 de junio (www.tribunademocratica.com/2007/06/walkerlosbuenosylos_malos.html) deben de entender que me ubico firmemente entre los “amantes de la polémica histórica” desde mi primera experiencia a mediados de los 1970 con críticas a distintas obras de don Carlos Monge Alfaro y don Carlos Meléndez. También les aclaro que me considero enemigo de la Santísima Trinidad de las Verdades, la oficial, la única y la absoluta, además de las vacas y los valores sagrados. Sin embargo, nunca renuncio a las amistades a causa de la polémica. No pude conocer a don Carlos Monge Alfaro personalmente a causa de su muerte prematura, pero sí cultivamos una amistad don Carlos Meléndez y yo por muchos años. No conozco a don Armando Vargas personalmente pero espero tener el gusto pronto, mientras conozco y aprecio la persona y el trabajo de don Juan Rafael Quesada por más de treinta anos, desde que colaboramos en la publicación de grandes trozos de su tesis de Licenciatura sobre el cacao en la Revista de Historia (Nos. 5 y 6, de 1977-78), fino ejemplar de la historia económica tan influyente en aquella época.

Sin embargo, para que la polémica nos ayude a avanzar, es indispensable que las diferencias de interpretación se confronten en los distintos textos que presentamos. En ese sentido, si mi crítica les parecía hacer eco de varios intercambios que han tenido con don Iván Molina, me parece correcto solo en ese sentido; o sea, mis reservas frente a la escasa mención de y diálogo con (la esencia de cualquier polémica fructífera) las distintas interpretaciones y autores que han contribuido en los últimos años a esta temática. La crítica por eliminación o silencio no es polémica, ni siquiera es crítica, es oportunidad perdida. Con los intercambios actuales entonces, mejor tarde que nunca.

Quisiera ofrecer tres aclaraciones en respuesta a sus varios planteamientos frente a mi ensayo, seguido por una reflexión muy breve sobre el problema inherente al nacionalismo y los héroes, su carácter de arma de doble filo.

Primero, resulta inexplicable cómo podrían haber tomado mis comentarios sobre las opiniones del Profesor May y su repetición por otros como una crítica a las obras suyas. Quizás la palabra “insinuado” es la razón de la molestia, pero en cuanto a la posición de fondo no hay ninguna diferencia entre nosotros. El filibusterismo fue, como bien lo han planteado, una versión, al estilo iniciativa privada, del expansionismo esclavista. Dado que afirmo lo mismo en mi ensayo, con alusiones a otros ejemplos más recientes, no comprendo cómo pueden ver crítica o desacuerdo donde no existen. Y si el término insinuado es motivo de la reacción, más bien diría que debieron de haberlo hecho y me consta que, además de este lector, gran parte de sus numerosos lectores han visto (y secundado) una comparación entre aquella época y hoy, cosa que tampoco creo les ha de sorprender.

Segundo, ambos autores confunden una afirmación o alusión mía con una crítica a sus obras. Al referirme a “un TLC decimonónico,” que a mi manera de ver constituía el paquete de políticas liberales y pro-cafetaleras de Mora Porras (ofreciendo luego tres ejemplos de aquello), en ningún momento atribuyo a ellos semejante afirmación o alusión. La crítica va en dirección de haber obviado la discusión de tales políticas en su afán por concentrar esfuerzos sobre los aspectos diplomáticos y bélicos de la administración Mora y la Campaña Nacional, algo posiblemente justificable en parte por el mismo propósito declarado de las obras en cuestión. Adonde si hay mayor desacuerdo es en cuanto al impacto a más largo plazo de las políticas de apertura comercial constantes por décadas desde tiempos de Mora en adelante. La meta y el destino para el café costarricense en aquel entonces fueron los mercados europeos y no el norteamericano, pero tales decisiones llevaron a la construcción del ferrocarril al Atlántico y una larga y penosa experiencia con los emisarios estadounidenses Minor Keith y la UFCO. Una vez pasada la crisis de la Campaña Nacional, tampoco es factible explicar la historia de ambos países simplemente como basadas en relaciones entre democracias puesto que el surgimiento del prototipo de empresa multinacional estadounidense “monopolista” (catalogada así no solo por historiadores de izquierda sino también por el Departamento de Justicia de EEUU en su condena de la empresa en la década de 1950) se dio en gran parte en Costa Rica, generando una literatura tan vasta como compleja en varios idiomas y disciplinas.

Tercero, el uso de “buenos” y “malos” en el título del ensayo nada tiene que ver con juicios sobre calidad o contribución de parte de historiadores, sino con el problema de tratar a los procesos sociales e históricos como cuestiones morales o moralistas al estilo de héroes y villanos, santos y pecadores; o sea, el arma de doble filo de toda narrativa histórica heroica. Desde la posición contestataria, nuestro caso, obviamente en vista de la beligerante posición oficial a favor del TLC y en contra de cualquier expresión contemporánea o histórica de las tradiciones antiimperialistas costarricenses, los héroes parecen plataformas para reivindicaciones. Desde el poder, son otra cosa, la ortodoxia, la verdad establecida, los valores cívicos, y su función es otra también. Mi posición no constituye una crítica de Mora, ni mucho menos una defensa de Walker, ni tampoco una defensa de la historia profesional o académica contra una forma más popular y de más amplio atractivo para los lectores, sino una c