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POLÍTICA
Sin
duda, el tema del TLC es el tema más actual y fascinante de
la política nacional, tanto antes como después del referendo.
El debate se amplía y Culturacr.com ofrece
una selección de los mejores textos publicados sobre el tema.
Cortesía de Tribuna
Democrática y otras fuentes.
Hablemos
un poco de aburridas cosas de la economía. Cosa justificable,
ya que en estos días el Banco Central ha introducido algunas
modificaciones importantes a la política cambiaria. Se ampliaron
las “bandas” dentro de las cuales el tipo de cambio colón-dólar
podría fluctuar. En lo inmediato ello hizo que el dólar
se derrumbara diez y seis colones.
1. Intrusos
en nuestra propia tierra
La llamada
cuenta corriente de la balanza de pagos es el registro de las compras
y ventas tanto de bienes (mercancías físicas) como servicios
(intangibles) entre Costa Rica y el resto del mundo. O sea, ahí
se intenta cuantificar el valor de los bienes y servicios que Costa
Rica exporta e importa. Acontece que en el 2006 nuestro país
acumuló un faltante o déficit sustancial en esa cuenta:
más de US$ 1.100 millones. O sea, se compró afuera mucho
más de lo que se vendió. Este monto viene aumentando año
con año. Así, en 2000 el déficit era de US$ 691
millones, de modo que entre ese año y 2006 aumentó un
62%. Como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) –una manera de
tener una idea de qué tan significativas son esas cifras- ese
déficit representó alrededor de un 5% en 2006, muy similar
al de los años previos. No es un porcentaje demasiado alto, pero
sí lo suficiente como para exigir cierta prudencia. Para el 2007
la cosa podría ser peor, ya que según datos del Banco
Central, solo en el primer semestre de este año ese déficit
casi se duplicó (aumentó más del 90%) respecto
del mismo período de 2006.
Ese déficit
es resultado principalmente de que el valor de las mercancías
físicas que Costa Rica importa es muchísimo mayor que
el de las que exporta. En ese rubro las diferencias son enormes y aumentan
año con año. Baste indicar que el déficit por el
comercio de tales mercancías pasó de US$ 1.967 millones
en 2004 a US$ 3.305 millones en 2006. En parte la cosa se salva gracias
al comercio de servicios, en especial el turismo, donde el país
sí tiene superávit. Por ello el faltante total (unos US$
1.100 millones sumados bienes y servicios) es menos agudo.
El caso
es que, de todas formas, el país gasta mucho más de lo
que le ingresa. Simplificando un poco, uno podría comparar tal
cosa con la situación de una familia que gasta en exceso. Para
cubrir la diferencia deberá hacer una de dos cosas: o se endeuda
o vende el carro, el tele y hasta las joyas de la abuelita. Lo que en
Costa Rica viene haciéndose es, sobre todo, lo segundo. El país
está en venta, a fin de seguir con la gastadera. Los datos son
contundentes: en 2006 se recibieron US$ 1.469 millones en inversión
extranjera directa, un 6,5% del PIB, por encima del déficit de
cuenta corriente que, como indiqué más arriba, anduvo
en casi 5%. Se cubre así este déficit con lo que, en efecto,
se logra “financiar” el exceso de gasto. La oficialidad del poder político,
económico y mediático, no se cansa de entonar himnos de
júbilo frente a esas cifras. Pero uno podría verlo de
otra forma. Y reconocer, entonces, que, entre otras cosas, es gracias
a ese montón de inversión extranjera que las tierras en
Escazú se volvieron inalcanzables para una familia costarricense
promedio, y en las costas de Guanacaste avanza sin freno la privatización
de hecho de las playas. O sea, para sostener ese gasto excesivo se está
vendiendo el país y nos estamos convirtiendo en intrusos en nuestra
propia tierra.
2. Subdesarrollo,
consumismo y especulación
Las importaciones
que Costa Rica realiza –y que impactan fuertemente en los amplios faltantes
que nuestra balanza de pagos registra- son, en su mayor parte (un 83%),
materias primas, bienes intermedios y bienes de capital (equipo y maquinaria)
que se utilizan en la producción nacional, incluyendo las actividades
exportadoras. De hecho, solo las importaciones para zonas francas –ampliamente
dominadas por capital extranjero- representan casi el 30% del total.
Es frecuente que nos digan que esto es bueno porque permite poner a
caminar la producción. En realidad no es tan bueno, puesto que
ello simplemente evidencia que nuestra economía está fracturada,
es decir, escindida en dos partes. Una, que produce para el mercado
nacional, la cual utiliza una mayor proporción de materias primas
nacionales. Y otra, en especial las exportaciones de las grandes transnacionales,
cuya producción casi no se relaciona con la economía costarricense
ya que utiliza fundamentalmente insumos importados. Por ello mismo,
las abultadas cifras de sus exportaciones son simplemente un espejismo,
puesto que poquísimo beneficio le dejan a nuestro pueblo.
Por otra
parte, y en general, cada vez son más agudas las tendencias consumistas
y especulativas que se manifiestan en la economía nacional. No
es fácil obtener datos que lo ilustren, cosa que mucho tiene
que ver con lo que a los poderes instituidos les interesa mostrar frente
a lo que prefieren mantener oculto, pero indirectamente –si bien de
forma incompleta- uno quizá pueda ilustrarlo mediante los datos
de crédito. En estos últimos años –de 2000 a 2006-
el crédito total, una vez eliminado el efecto del aumento de
los precios (o sea “en términos reales”), aumentó un 73%
(esto significa 2,3 veces el crecimiento de la producción nacional).
Y de ese enorme aumento, dos terceras partes se debió a los renglones
de construcción, vivienda y consumo. Es decir, es un crédito
que alimenta el auge especulativo que en estos últimos años
ha tenido el sector inmobiliario, el cual se ha recalentado al recibir
cantidades masivas de inversión extranjera (US$ 787 millones
en el trienio 2004-2006). Ese crédito también profundiza
el despilfarro consumista que, tristemente, enajena, y hace más
infelices, a más y más costarricenses. Sin duda, todo
esto tiene que ver con los desequilibrios negativos que registra la
balanza de pagos, ya que buena parte de ese gasto en consumo y construcción
se desvía hacia las importaciones.
3. Más
del mismo veneno
Bueno,
dirá usted, y qué tiene que ver todo esto con la decisión
del Banco Central sobre el sistema cambiario. Veamos
3.1. Continúa
la subasta de Costa Rica
Primero,
y en lo inmediato, el Banco Central le está haciendo el juego
a la situación de relativa abundancia de dólares que el
país vive, la cual se debe a los masivos flujos de inversión
extranjera que se vienen recibiendo desde hace algunos años (para
lo cual, como bien sabemos, jamás fue necesario ningún
TLC con Estados Unidos). En esas condiciones hemos observado –no sin
cierta sorpresa, desde luego- que aumenta el valor del colón
frente al dólar (es decir, la moneda nacional se revalúa).
En tan solo un día se valorizó en un 3% lo que, sin duda,
es más que significativo.
Recordemos
que el tipo de cambio venía casi inalterado durante muchos meses,
desde que el año pasado (octubre) el Banco Central anunciara
el establecimiento del llamado sistema de bandas. Al mismo tiempo, los
precios en el país habían seguido aumentando, si bien
algo más lentamente que en años anteriores. En esas circunstancias
los productos importados gradualmente se volvían comparativamente
más baratos que los nacionales y las exportaciones algo menos
rentables. Estos efectos se agudizan repentinamente con la decisión
de estos días. El efecto esperable es uno: más importaciones
–incluso más importaciones para alimentar el consumismo galopante-
y exportaciones menos dinámicas. Y, por cierto, el efecto negativo
lo sentirán sobre todo las empresas exportadoras nacionales (por
ejemplo, los propagandizados chayoteros) que, en mayor grado, compran
insumos nacionales y emplean una mayor cantidad de trabajadores costarricenses
(¿así les pagan su apoyo al TLC?). Para las transnacionales
de alta tecnología la cosa podría resultar quizá
beneficiosa, puesto que la mayor parte de lo que producen ha sido previamente
importado como insumo. Ello simplemente profundizará la desconexión
de esas empresas extranjeras respecto de la economía costarricenses,
ya que menos incentivo tendrán para comprar insumos nacionales.
Lo anterior
se puede sintetizar de la siguiente forma: (a) hay muchos dólares
en virtud de que se recibe mucha inversión extranjera; (b) se
“flexibiliza” el sistema de bandas cambiarias aprovechando esa abundancia
de divisas y, con ello, se propicia que el colón se valorice
y las importaciones y los déficit de balanza de pagos se incrementen;
(c) la misma abundante inversión extranjera “financiará”
esos faltantes en crecimiento, o sea (d) seguiremos vendiendo el país
y, cada día más, nos convertimos en extranjeros en nuestra
propia patria.
3.2. ¿Bajar
la inflación o disparar la especulación?
Por otra
parte, está clarísimo que están apostando a la
revaluación del colón a fin de, a su vez, disminuir la
inflación. Claro que cuando el petróleo y productos básicos
como el maíz amarillo –y con éste la leche o los huevos-
se van por las nubes, no es fácil hacer que los precios no sigan
aumentando. Pero, sin duda, lo que quieren es abaratar importaciones
a fin de bajar la inflación. O, como a veces dicen algunos economistas,
quieren que el tipo de cambio funcione como “ancla inflacionaria”. Pero
bien se sabe –los ejemplos en el mundo son abundantes- que esta es un
arma de doble filo. Sencillamente se baja la inflación hoy, al
costo de incubar una crisis de balanza de pagos que estalla mañana
con grandes costos sociales y humanos.
Este objetivo
inflacionario es políticamente sexy. De ahí que lo repitan
cada vez que las complacientes corporaciones mediáticas les dan
chance de hacerlo. Pero hay otros objetivos de los cuales tan solo se
habla como en susurros. Cierto que los importadores ganan y los exportadores
(en especial los nacionales) comienzan a sentir síntomas de gastritis,
problema que se les agudizará conforme se hagan más sensibles
los efectos recesivos de las actuales turbulencias económicas
mundiales. Pero sobre todo quieren una cosa: acelerar el paso hacia
un sistema de “libre” fluctuación de la moneda. Y esto último,
sin duda, es la tierra prometida soñada por los especuladores
financieros.
Ése
es el objetivo principal: avanzar hacia la “modernización” de
la economía costarricense y, en especial, de su sistema financiero.
Modernización, digo, en sentido neoliberal y conforme a los estándares
dominantes en el capitalismo mundial actual. Modernización como
sinónimo de especulación en contextos desregulados. O
sea, el reinado de las exuberancias irracionales de los capitales financieros,
cuya mayor ambición es construir un mundo ficticio, independiente
de las realidades de la producción y por completo ajeno a la
vida concreta de la gente. Eso quieren: la fluctuación de las
monedas pone en marcha el negocio de los instrumento de “cobertura del
riesgo cambiario” y, enseguida, de los diversos “derivados” que pululan
en el mundo fantasmagórico de la alquimia financiera.
El mundo
ya ha recorrido un largo trayecto por ese camino. Supongamos que usted
anda detrás de hacer que algunos cuantos se enriquezcan bárbaramente,
a costo de muchísima otra gente que, por algún tiempo,
se ilusionan con enriquecerse, tan solo para venir a descubrir luego
el enorme engaño de que fueron víctimas. Bueno, pues entonces
haga las cosas a como lo está haciendo el Banco Central. La crisis
inmobiliaria actual en Estados Unidos, y los miles y miles de familias
que ya fueron o pronto serán desahuciadas de sus casas, entienden
muy bien a qué me refiero. Y el asunto, según muchas veces
se ha visto, pueden arrastrar consigo a países enteros, lanzados
de cabeza en una profunda crisis económica y social. El pueblo
argentino sabe muy bien lo que eso significa. La idea es enfermizamente
repetitiva: se abren las llaves de la especulación; ésta
sube hacia la estratosfera hasta descubrir que nada hay bajo sus pies.
Entonces se deja caer de cabeza en el abismo.
Desde hace
ya varios años nos vienen jalando por ese camino. Así
lo testimonian el irracional auge inmobiliario, la expansión
crediticia, el consumo desbocado y el creciente endeudamiento de la
gente. Todo activa e irresponsablemente promovido por las autoridades
económicas, Banco Central incluido. Ahora quieren apresurar un
poco más la carrera y hacernos tragar dosis incrementadas del
mismo veneno.
24 de
Noviembre 2007
¿Diálogo?
Luis
Paulino Vargas Solís*
Pasado
el referendo sobre el TLC, y en vista de las condiciones bajo las cuales
tuvo lugar, ¿existen posibilidades realistas sobre cuya base
reconstruir espacios mínimos de diálogo? Conviene recordar
que el diálogo no es un objetivo que se justifique por sí
mismo. No posee un valor intrínseco que lo convierta en regla
de acatamiento obligatorio. Lo cierto es que, en general, dos personas
no dialogan si de por medio no hay una mínima relación
de respeto. Y, por lo general, dialogar conlleva negociar, cosa que,
a su vez, comporta ceder algo a fin de obtener algo. Es decir, el diálogo
tiene sentido si razonablemente ofrece la opción de satisfacer
algunos objetivos mínimos aceptables. En la Costa Rica posreferendo
¿Existen esas elementales condiciones de respeto y esos espacios
mínimos para la negociación? Claramente no.
El
TLC: intrínsecamente polarizante
El
TLC constituye un paquete extensivo de políticas públicas
o, si lo usted lo prefiere, es una súper política pública.
Responde a una ideología claramente reconocible y desatada un
amplio conjunto de cambios económicos y sociales. Fue diseñado,
además, como un mecanismo blindado: no se puede modificar absolutamente
ninguno de sus contenidos. O sea, el TLC es la fórmula perfecta
para anular toda opción de diálogo.
Por
ello, y previo a su aprobación, la posibilidad de recomponer
posibilidades de diálogo era algo que tenía sentido solamente
al margen del TLC. Dentro de éste, y en relación con éste,
ello simplemente era imposible. Usted lo tomaba o lo dejaba. Punto.
Nada, absolutamente nada, estaba abierto al debate o la modificación.
¿De qué diálogo podría hablarse entonces
si entre manos teníamos un inmensa artillería de políticas
neoliberales, ninguna de las cuales admitía que se le modificara
ni una coma?
La
campaña del sí: irrespeto y agresión a escala macrosocial
La
campaña del sí, previa al referendo del 7 de octubre,
fue una inmensa operación de manipulación y engaño,
diseñada según los criterios típicos de la dictadura
neoliberal que viene rigiendo al país, pero de forma tal que
se exacerbaron sus peores características. Este es un régimen
de subyugación del pueblo, el cual, hábil y engañosamente,
viste trajes de democracia. Su poder se ejerce por diversas vías,
relativamente suaves: la toma y subordinación de los mecanismos
institucionales del Estado (desde la Sala IV hasta el Tribunal de Elecciones);
la estrecha coalición de los poderes locales -económicos,
políticos y mediáticos- y su alianza subordinada con el
gobierno de Estados Unidos y las corporaciones transnacionales; el férreo
control de la información y su manipulación inescrupulosa;
la corrupción y compra de conciencias y, en general, la estrategia
de estupidización colectiva, como mecanismo de adormecimiento
de la conciencia popular.
Todas
estas armas fueron exprimidas al límite de sus posibilidades
con motivo del referendo. De hecho, la gigantesca operación de
terror y chantaje a que se recurrió, trasgredió todos
los límites conocidos. Pero su éxito, a fin de cuentas,
resulta harto discutible. Está claro que una proporción
sustancial de la población electora –un 70%- o se manifestó
abiertamente por el No, o dudó lo suficiente como para preferir
no votar. Y, en verdad, no votar, después de tan colosal campaña
de intimidación, resultaba, en muchos casos, un acto de emancipación.
O sea, la dictadura neoliberal tiene pies de barro, cosa que conlleva
el riesgo de que se quiera recurrir a mecanismos duros que subsanen
las insuficiencias de estos mecanismos suaves.
¿Qué
implica todo esto respecto de la posibilidad de un diálogo nacional?
Sin duda, una parte muy grande de la población costarricense,
seguramente una amplia mayoría, se siente abiertamente irrespetada.
Y, por cierto, ¿quién querría sentarse a conversar
con un sujeto que de previo nos ha agredido con violencia y alevosía?
Nadie, con un mínimo de salud mental, lo haría. Exactamente
eso acontece en la Costa Rica actual.
Y
de nuevo, ¿dialogar alrededor de un paquete blindado de políticas?
Impuesto
el TLC de forma totalmente irregular, sus promotores repentinamente
recuperan la memoria y recuerdan que aquí todo mundo es “hermanitico”.
Que de haberlo recordado semanas atrás, habrían procurado
ahorrarse tal cúmulo de patanerías y atropellos. Muy convenientes
recuperar la memoria a fin de convocar a la aprobación urgente
de las leyes de la llamada “agenda de implementación”.
Se
entiende la prisa. Tiene que ver con el “proceso de certificación”
que el gobierno de Estados Unidos impone, y mediante el cual éste
se concede el privilegio de dictaminar si Costa Rica ha aprobado todas
las leyes que “debía” y si, además, tales leyes satisfacen
los requisitos que ellos exigen. Sabemos que el plazo expira en marzo,
cosa que, sin duda, anticipa nuevas operaciones de terrorismo político
y mediático. En todo caso, los “hermaniticos” del sí deberían
releer el artículo 22.5 del TLC, acerca de la entrada en vigor
de éste. Por ningún lado menciona procesos de certificación
a cargo del gob*´.ñjnm,lkñ,ierno estadounidense.
De forma que ésta es una obligación externa al tratado,
impuesta imperialmente por los gringuitos. Y si la cosa entonces les
genera estrés, mal de estómago y salpullido, mejor que
se lo reclamen a Bush, en vez de achacárselo a sus “hermaniticos”
del No. No es nuestra culpa que, no obstante haber sido aprobado en
referendo, en todo caso el TLC siga sin tener vigencia.
Pero
es del caso que, de nuevo, nos invitan a “dialogar” en relación
con leyes que, en la mayoría de los casos, comparten una de las
características típicas del TLC: están blindadas.
No se invita a negociar acerca del contenido de estas leyes. Se invita
a aprobarlas o, como mínimo, a permitir que sean aprobadas por
la vergonzosa coalición de los 38. Esto es reincidir en lo que
ya sabemos: el irrespeto.
¿Aún
podría haber diálogo?
Uno
quiere que lo haya. La paz social de Costa Rica pende de ello. Y clarísimo
que el TLC no merece una sola gota de sangre costarricense. Pero, en
fin, ¿hay alguna posibilidad realista de que ese diálogo
tenga lugar? Yo tan solo veo una coalición de poderes económicos,
políticos y mediáticos, coaligados alrededor del TLC y
sus leyes, y absolutamente inflexible respecto de cualquier opción
que, ni siquiera marginalmente, matice los alcances devastadores de
esa legislación. No parece que ninguna gota de sangre de nuestra
gente pueda hacerlos vacilar en su dogmática telecista.
Si
ya el irrespeto y la agresión de que hemos sido víctimas
reducen gravemente cualquier disposición de diálogo, la
arrogancia de llamarnos a un diálogo consistente en refrendar
lo que ellos dicen que debe hacerse, simplemente podría ser la
gota que d**ççerrame el vaso.
Cuando
se empezó la negociación del TLC, quienes la promovieron
y tu´-*vieron a cargo tenían muy claro su objetivo: empujarnos
a lo más profundo del barpo+ranco del neoliberalismo. Pero, por
encima de todo, el TLC nos ha lanzado a un extremo de polarización
como seguramente no vivíamos en muchos, muchísimos años.
Y esto es, exclusivamente, responsabilidad de las oligarquías
telecistas.
*Publicado
en Argenpress.info,
cedido por el autor a Culturacr.com.
Fraude fue
ejecutado antes
Julio
Suñol
Es
absurdo decir hoy que hubo fraude electoral el domingo 7 de octubre
cuando se efectuó el referendo sobre el TLC. Pueden haberse registrado
algunas irregularidades, sí, pero eso habrá de probarse.
Y personalmente creo que ellas no serían relevantes para cambiar
el resultado final en relación con los números ya reconocidos.
El fraude vergonzoso se realizó mucho antes. Fue un fraude telemático
y periodístico. Un fraude gigantesco. Escribiremos solo sobre
éste. Los otros fueron los pecados de la prepotencia, del abuso
de los débiles, del recurrir a fuerzas extranjeras, políticas
y económicas, para lograr el objetivo. El fin justifica los medios,
de Maquiavelo a Marx. Ni Chávez en toda su euforia los habría
igualado.
Lo que ha salido a flote es la capacidad de algunos de recurrir a cualquier
método para conseguir su propósito. ¿Qué
pueden hacer los puros e idealistas frente a las opciones electorales
o sociales del presente?
El Tribunal Supremo de Elecciones se paralizó y no aplicó
sus propias normas, las cuales advirtieron que dos días antes
de los comicios se entraba en un período de reflexión.
Un período de abstención y de silencio.
Eso significaba que las partes en liza estaban impedidas de violar la
tregua. Pero la violaron. Ambas partes la violaron, el No en menor grado,
porque tuvo un mínimo acceso a los medios.
Todo se veía venir cuando los medios televisivos, radiales y
escritos (tal vez se registró alguna excepción) se abstuvieron
de informar sobre la valoración de la cantidad de personas que
había asistido a la manifestación del No previa a la votación
del domingo 7. El diario Extra, con dignidad profesional, sí
publicó una fotografía que, a quienes no estuvimos allí,
nos confirmó lo que los medios extranjeros constataron.
Hubimos de informarnos por medio de la Agencia Francesa de Noticias
(AFP), la Agencia española de noticias (EFE), la Agencia inglesa
de noticias (Reuters), el diario el Universal de Guayaquil y los periódicos
Washington Post y New York Times, sobre la magnitud de aquella expresión
de voluntad popular. Que sepamos, ningún medio fue capaz de dar
cabida al contenido de estas informaciones.
Algunos de estos medios internacionales valorizaron la magnitud de la
manifestación, expresando que era la más grande en la
historia política de Costa Rica, la cual había contado
con una asistencia de unos 150.000 ciudadanos.
Agregaron que nunca en la historia política del país se
había registrado tal asistencia y que ninguno de los partidos
políticos tradicionales obtuvieron ese resultado. Las votaciones
del domingo 7 confirmaron esta realidad. ¿Qué impidió
a los locales revelar lo que los medios internacionales reconocieron
objetivamente?
Mi pregunta fue y es ¿por qué he de necesitar que los
medios de comunicación foráneos me digan la verdad?
¿Por qué, si en las campañas electorales del pasado,
los medios se atrevían a evaluar y calcular la cantidad de manifestantes,
en esta ocasión no lo hicieron? ¿Por qué solo se
dio la versión de un vocero oficialista, quien dijo que no habían
concurrido más de 10.000 personas?
Estoy escribiendo como periodista con más de medio siglo de ejercicio
profesional, que fue director de tres medios de información,
coeditor de otros dos y redactor de prácticamente todos los existentes
en Costa Rica en el transcurso de los últimos 50 años.
Estoy abogando solo por la verdad, por la responsabilidad ética
de nosotros los diaristas, por la obligación profesional de educar
y de no manipular ni dejar que manipulen a otros. Los periodistas siempre
tendremos que decir: "En mi hambre mando yo". Homenaje para
mi abuelo catalán.
Como dije, ese fue el principio de la aberración, casi al final
de la fecha del referendo. Pero m> ás cerca del día
clave, fue doloroso y abominable observar como casi todos los medios
asumieron una sospechosa parcialidad. Para mí no se trataba de
que se apoyara el Sí o el No, sino de que se tuviera la honradez
intelectual, la integridad moral y el valor profesional de ser consecuentes
con la verdad.
Después vino el abuso del rompimiento de la llamada tregua que
nunca se dio. A mí, un medio de comunicación me invitó
a emitir mis opiniones en una transmisión del viernes, vísperas
del acto electoral, y me negué argumentando que eso "estaba
prohibido".
Pero después noté (todos lo notamos) el descaro de bastantes
medios y de muchos protagonistas, emitiendo opiniones públicas
el viernes, el sábado y hasta el mismo domingo. Es parte de la
crisis ética y moral del país. Los obligados a respetar
la norma no tienen ningún respeto por ella. Y los comprometidos
a ejercer su autoridad, en este caso el Tribunal Electoral, no lo hacen.
Si seguimos por estos rumbos no sé qué clase de país
vamos a construir, con o sin TLC.
El problema, obviamente, es de mayor fondo. La decadencia se observa
en amplios sectores del país, todavía conformado por una
mayoría de gente decente y honrada. Pero la decadencia no se
puede ignorar y, así como la educación de buena calidad
es esencial para al avance y el desarrollo de la sociedad, no lo es
menos la docencia que debemos ejercer los periodistas y los medios de
comunicación.
Estos medios no se deben gloriar de alcanzar grandes avances tecnológicos
o de distribuir enormes réditos entre sus propietarios, ni aun
de participar de sus ganancias a quienes laboran en ellos, si todo eso
se borra de un solo manotazo con la negación de la verdad, con
el desprecio para el equilibrio informativo y con la renuncia a la ética
obligante en quienes deben ayudar a construir un país y a fortalecer
sus tejidos sociales, forjados a través de tantos años
de luchas sanas y de fuertes convicciones institucionales.
Octubre 10, 2007
Las
incoherencias de un Nobel de la Paz
Sol
Fernández-Val
No salgo
de mi asombro al ver las incoherencias suyas, Sr. Oscar Arias Sánchez.
La primera,
que se prestara para colarse con tan poca transparencia, de nuevo en
la lid política. Segunda que trabaje con ahínco para satisfacer
a su grupo empresarial más que a la población. Que ostente
tan digno título: "Nobel de la paz" y no lo honre,
pues se ha dedicado
a dividir al país, como hace muchos años no ocurría.
Hace burda campaña, ofrece y regala de todo como si le perteneciese
exclusivamente. Pone oídos sordos a otros premios Nobel y notables.
Impulsa la entrega de nuestra soberanía, en lugar de fortalecer
la constitución, antes de negociar cualquier tratado sea con
USA, China, Europa... Se burla del pueblo costarricense,
tratándolo de ignorante, irrespeta a las culturas autóctonas
(bribríes), llevando una comparsa limonense a su comunidad, cuando
ellos tenían sus propias representaciones.
Utiliza
el discurso del miedo, que se van las empresas sin el TLC, cuando en
Guatemala se van igual y con el TLC. Los inversionistas dejan un país
cuando este ya no les es rentable. PUNTO. Calla a la iglesia católica,
pero visitó las evangélicas, buscando su apoyo...
Pero para
mí, como ecologista, lo más vergonzoso es pregonar PAZ
CON LA NATURALEZA, cuando a vista y paciencia se destruye lo poco valioso
que queda en esta bendita tierra, para "avalar el progreso."
Permite la construcción de edificios en zonas protegidas, desoyendo
los consejos de expertos y entendidos del daño irreversible que
se hace al fomentar un desarrollo urbanístico desmedido, que
de paso es solo para inversionistas extranjeros por sus precios elevadísimos.
Contamina Guanacaste por medio de quemas en fincas azucareras. Además
no está de más que se respeten las zonas marítimo-terrestres
que serán las primeras que desaparecerán con el cambio
climático.
¿Que
hubiera esperado de un verdadero artífice de la paz? Que no busque
la gloria personal internacional pregonando desarme mundial, cuando
abre portillos para fabricar armas o partes de ellas en su propia nación.
Que antes de llenar los bolsillos empresariales, piense más en
hacer de este un verdadero país verde. La biodiversidad que tenemos
es tan grande que en lugar de "cederla" a empresas transnacionales
que la estudian y patentan luego, podría ser protegida, admirada
por turistasambientalistas. No siga fomentando el turismo sexual, como
su amigo Mel Gibson, asiduo visitante del Hotel del Rey. En lugar de
impulsar Mega- proyectos turísticos que impactan la ecología
y no dejan riqueza en las zonas donde se instalan,hacer de Costa Rica
el pulmón centroamericano. Hay organizaciones que pagan por ello.
Ahora que su gobierno le dona millones de dólares a las municipalidades
del sí, ¿por qué no obligar a que separen la basura
y a reciclarla, fomentar el uso de biogestores con basura de origen
orgánico para generar
electricidad o gas para cocinar? ¿O es sí para los bolsillos,
no a la comunidad? ¿Por qué esta inercia para tomar las
decisiones trascendentales? NO sea pusilánime, tome medidas drásticas
para bajar la contaminación por emisión de gases. Los
importadores de autos deberían traer únicamente vehículos
de baja cilindrada, híbridos con cero impuestos. Imponer los
"car pools" en horas pico en las autopistas, pues aquí
la mayoría de los carros llevan un solo pasajero, el chofer.
Que COOPESA fabrique buses eléctricos. Asi como no le tiembla
la mano para torcer brazos para modificar leyes que se acomoden a sus
intereses, debería hacer ese esfuerzo y más, en aras de
preservar este país. Tantos viajecitos al extranjero no le han
iluminado, para implantar medidas pro-planetarias. Sin embargo como
se le transforma el semblante al aparecer en una fotografía con
un Steve
Case de AOL o un príncipe árabe. Esta actividad que usted
avala, golpea los ecosistemas, favorece la ya cada día más
pronunciada diferencia de clases y no contribuye para nada a reducir
el calentamiento global.
La película
de Al Gore, ¿creyó que era hecha en Hollywood nada más
para ayudarle a una posible campaña presidencial en un futuro?
¿No vio las barbaridades que ocurren en todo el planeta y que
YA deben ser enfrentadas para bajar el ritmo acelerado de la innevitable
destrucción? Y para no ir muy lejos, aquí mismo en Costa
Rica han desaparecido muchas especies, el caudal del agua de los ríos
es impresionantemente menor, gran parte del agua potable está
contaminada. La siembra de cinco millones de árboles tardará
en dar frutos, mejor hubieran evitado talar los que teníamos.
Le recomiendo
que escuche La Verdad Oculta de Costa Rica en la voz del Oceanógrafo
físico Don Guillermo Quiros, pues muchos sabemos lo que su clase
político-empresarial niega y que eventualmente podría
ser, si se maneja en un futuro con tecnología amigable al ambiente,
la salvación de este país.
A usted
posiblemente ya le queden pocos años, ¿pero qué
está legando a las generaciones futuras? ¿Un galerón
árido de microchips, call centers, empleados de zonas francas
y hoteles, donde hay que importar todo lo que se consume, o un país
verde, con agricultura natural u orgánica, produciendo y consumiendo
con orgullo lo básico que Costa Rica necesita para su soberanía
alimentaria, con muchos pequeños y medianos empresarios bien
capacitados, con instituciones fortalecidas y no retorcidas?
Yo le señalo
a usted y cada miembro de su gobierno por negligencia en asuntos ambientales.
Cada movimiento suyo va dirigido únicamente hacia el comercio.
Usted se tacha de intelectual, inteligente y sensible, pero a la hora
de tomar partido, no lo demuestra. Se trata de la sobrevivencia de Costa
Rica. ¿En qué posición está el proyecto
de ley de las garantías ambientales en la Asamblea Legislativa
gracias a PLN-PUSC y Libertarios? ¡Abra los ojos, no se puede
anteponer los negocios a la vida!
Recuerde
que Dios y la patria se lo reclamarán.
La
Costa Rica del pasado se nos está yendo de las manos,
y la del futuro ya no es nuestra
Rodrigo
Quesada Monge, historiador
“La
libertad, por lo menos en su sentido político, es sinónimo
de ausencia de intimidación y dominación”. Isaiah
Berlin.
Es, mi
deseo con este artículo, llegar a los corazones de esos hombres
y mujeres jóvenes que hoy inician un largo y sinuoso camino de
crecimiento y perfección como seres humanos, después de
dejar las aulas de los colegios y de las universidades de nuestro país.
En Costa Rica se hacen ingentes esfuerzos para que la educación
tenga sentido, orientación y productividad. Se invierten sumas
astronómicas en capacitar profesores, investigadores, científicos,
letrados, artistas y profesionales para que el país logre, en
algún momento, desprenderse de una herencia que le fue impuesta
por los insondables designios del destino. No somos de los que creen
que el problema del desarrollo es un asunto que radica en los genes,
o en las dimensiones de la masa gris de nuestros pueblos. El desarrollo
es un asunto social, político y cultural, sus dimensiones humanas
comprometen seriamente la textura histórica con que los pueblos
lo abordan. Pero cuando decimos que es un asunto social, no queremos
decir que le pertenece prioritariamente a una elite, a un pequeño
grupo de iluminados que se sienten dueños de la verdad, la lucidez
y el sentido de la justicia.
No puede haber nada más lastimoso que un pobre hombre, proveído
de unos cuantos centavos, muchas veces debido a la suerte de la herencia,
o de otros medios no siempre muy diáfanos, erigirse a sí
mismo como amo y señor de la inteligencia ajena de grupos humanos
enteros. Hoy, en nuestro mundo, esto es sintomático: ahí
está el presidente de los Estados Unidos para probarlo. Se trata
de los malos síntomas de la democracia, de una democracia que
ya dejó de bastarse a sí misma y busca salidas en la mimesis,
en la parodia y la burla de instituciones en que los pueblos invirtieron
grandes cantidades de sangre, sudor y lágrimas. En estas circunstancias,
cuando tales instituciones se ven sacudidas por el egoísmo, la
arrogancia y la prepotencia de pequeños grupos de sabihondos,
es posible decidir con resignación o con rebeldía sobre
el efecto de los movimientos que busquemos emprender.
Porque los hombres y mujeres se pueden decidir por movimientos hacia
delante o hacia atrás. O simplemente quedarse estáticos
y hacerle creer a la gente que están activos. En estos casos
el Rey rara vez se percata de que va por las calles totalmente en cueros.
Los grandes genios del pensamiento conservador, De Maistre, Burke, Hobbes,
Carlyle y otros, nunca tuvieron miedo del movimiento. Portaban temerosas
reservas por el cambio. No importa moverse en círculos, siempre
y cuando no se cambie. Sabían perfectamente que, con frecuencia,
son otros los que nos mueven el espejo, un espejo en el que queremos
vernos como muy activos, dinámicos y revolucionarios. Sudamos
con la gimnasia de otros. No hay nada más triste que jugar a
la revolución cuando lo hacemos frente a un espejo que otros
mueven. La imagen que ahí se proyecta es difusa, distorsionada
y puede terminar por sabotear la idea que tenemos de nosotros mismos.
Otros conservadores, disonantes y utilitarios ni siquiera se mueven
en círculos, por ello su conservatismo tiene la gélida
dureza de la muerte. Estos son los más peligrosos, porque sus
altisonantes consignas llevan el sello de un supuesto progreso en el
que ni ellos mismos creen. Ellos le han construido guaridas a la democracia,
donde se alojan y se revuelcan con toda clase de bichos. La democracia
limpia, transparente y efectiva no necesita refugios para esa clase
de inadaptados.
Pero la democracia es lo que más se parece a la convivencia sana.
Y resulta que tal convivencia es increíblemente frágil,
vulnerable, por lo que cualquier hijo de vecino se la apropia, tratando
de hacernos creer que la suya es la única interpretación
posible. “Lo que caracteriza a nuestra época no es tanto la lucha
de una serie de ideas contra otras como la creciente hostilidad hacia
todas las ideas en cuanto tales” (Isaiah Berlin, Sobre la libertad,
Madrid: Alianza, 2004, p. 121).
Ciertamente
el pensamiento se ha convertido en un lujo, porque la crítica
y la independencia de criterio le pertenecen a los hombres y mujeres
de valor y de carácter, no a los que se someten a las opiniones
de curso corriente porque en ello les va la supervivencia. Y tenemos
con nosotros a políticos, intelectuales, profesionales y técnicos
que saben vender con eficiencia ese sentido de la supervivencia.
La supervivencia es un artículo de fe. Por ello resulta tan fácil,
en un régimen democrático, sostener la tesis de que aquellos
que sobreviven a las limitaciones físicas, laborales y políticas,
son los verdaderos héroes. ¡Qué puede haber de heroico
en la supervivencia! Tal condición de excepcionalidad es totalmente
anti-democrática, y deja a los supervivientes en los márgenes
de su institucionalidad. De aquí que resulte tan fácil
despojarlos de todo, hasta volverlos invisibles. En estos casos hablamos
de una democracia a todas luces fraudulenta.
Es un fraude hacerle creer a la gente que las esperanzas son tangibles
en un régimen donde el sentido de la esperanza es altamente clasista.
Es fraudulenta la promesa de un mundo mejor cuando hacemos lo posible,
arrollando a los demás, por realizar nuestros sueños aquí
y ahora, sin importar el costo humano, espiritual y moral de los mismos.
Es un fraude la supuesta democracia donde el gobierno de los hombres
cedió su lugar a la administración de las cosas (Henri
Saint Simon, citado por Berlin en Op. Cit., p. 122). Tal clase de utilitarismo
es reaccionario, le arrancó de raíz el perfil humano a
los asuntos cotidianos de las personas, y los convirtió en materia
de técnicos, cuya ignorancia tiene un peso específico
en la existencia de estas últimas, a quienes también terminaron
por decirles cómo vivir sus vidas.
La solidaridad entonces se convirtió en un asunto extraño,
raro, materia de éxtasis para anacoretas y exaltados. Al punto
de que hoy corre el riesgo de ser estigmatizado, aquél a quien
se le ocurra hablar de proyectos sociales en los que la solidaridad
sea prioritaria. Es posible considerar la solidaridad siempre y cuando
ésta no atente o cuestione la estructura institucional existente.
Se trata de una solidaridad que guarda cálidamente sus pretensiones
caritativas muy lejos de discusiones políticas y sociales. Los
neoliberales entonces visualizan a instituciones como la Caja Costarricense
de Seguro Social, al ICE, al sistema bancario nacional y otras similares,
como un resabio intolerable de proyectos sociales periclitados. Sin
embargo, a algunos de ellos nunca les tembló la mano cuando se
trató de saquearlas. ¡Y vaya que lo hicieron con eficiencia!
La historia del estado nacional costarricense ha sido la historia de
una expresión del autoritarismo que pocas veces se nota en nuestras
conversaciones y reflexiones sobre cuestiones políticas, sociales
y culturales. La Costa Rica paradisíaca se nos ha convertido
en asunto de milagreros y conjurados. Pero está repleta de autoritarismo
la historia de Costa Rica, desde su descubrimiento en 1502 hasta su
independencia política de España en 1821. Es autoritaria
la organización social en Costa Rica desde entonces hasta 1948.
Está saturada de golpes de estado, invasiones extranjeras, asonadas
militares, ejecuciones y fusilamientos en virtud de que una determinada
clase social quiso finalmente imponer su proyecto socio-político
y su visión de mundo. Y sigue siendo autoritaria desde la guerra
civil hasta el presente, cuando algunos de los gobernantes nos quieren
hacer creer que sus ideas, su sensibilidad y sus acciones son las únicas
posibles en esta democracia de la imagen, la frivolidad, el desapego
y la superficialidad más indigeribles.
Si usted revisa bien, con cuidado y mucho cariño la historia
de Costa Rica se podrá percatar, sin sorpresa evidente, que solamente
en algunas ocasiones los trabajadores, campesinos, empleados públicos,
mujeres, ancianos y niños, han tenido la atención del
estado. Es una lucha cotidiana, una tirantez perenne, un pesado y árido
estira y encoje el que hay que establecer con los ricos de nuestro país,
para arrebatarles algunas migajas de sus abundantes mesas. Conste además
que, junto a ser los dueños de la riqueza, de las tierras, de
las fábricas, de los medios de producción en sus distintas
expresiones, quieren también ser los dueños de las personas.
Y hay momentos en nuestra historia, en que hasta eso también
ha sido posible. De vez en cuando la candorosa Costa Rica debe recordar
su capítulo de esclavitud durante la dominación colonial
española. Pero en la de hoy se compran y se venden niños,
sus órganos y sus futuros.
Ahora bien, si durante el siglo XX, particularmente durante las décadas
de los años treinta y cuarenta, el pueblo costarricense, despojado
por siglos de sus derechos más fundamentales, alcanzó
algunas conquistas importantes en materia laboral, de salud, de educación
y justicia, eso fue debido a que hubo que liarse en una batalla sin
tregua contra los grupos más poderosos, más ricos y también
más autoritarios de nuestro país. Porque, casi siempre,
las protestas contra los sectores más adinerados de Costa Rica
han terminado en despidos, persecuciones, represiones y ostracismo,
sobre todo para los dirigentes del movimiento popular.
Lo curioso es que la mayor parte de los grupos adinerados en Costa Rica,
se han investido de un raro nacionalismo en el que la entrega al mejor
postor de nuestra riqueza natural y humana, se concibe como una vía
hacia el progreso general. Ese es uno de los ingredientes más
notables del autoritarismo y de las distorsiones ideológicas
en que han caído siempre. Resulta difícil, de cualquier
manera, tratar de entender cómo se las agencian para hacernos
creer que lo que les conviene a ellos es lo mejor para todos. Ni aún
el cinismo tiene estatuto ideológico en estos avatares, puesto
que todo el pueblo costarricense sabe a ciencia cierta, que la riqueza
de unos pocos no garantiza necesariamente el progreso de la totalidad
de los ciudadanos.
Pero aún así es trágica la indiferencia, la hipocresía
y la frivolidad. En la Costa Rica de ayer se pensaba mucho en el largo
plazo. Baste recordar a hombres de gobierno como Don Alfredo González
Flores, o a intelectuales del calibre de Rodrigo Facio Brenes, para
quienes la historia del país siempre tuvo un peso específico
en las decisiones que tomaron o imaginaron. Hoy, cuando el crítico
nos hace tambalear sobre la escogencia de caminos autoritarios hacia
la resolución de los problemas más acuciantes de nuestra
sociedad, lo tildamos de estúpido o ignorante, simplemente porque
no está de acuerdo con nosotros y sus objeciones tienen raíz
popular. El presente, el aquí y el ahora, es lo único
que hoy nos importa, y todo aquel que se oponga a su realización
es un enemigo que debe ser invisibilizado a cualquier costo. La autosuficiencia
onanística del dictador, del remedo de dictador, o del dictadorcillo
a secas, no da para tanto y solo escucha su propia voz. ¡Pobre
infeliz!
Es triste, pero algunos de los hombres de gobierno tienen hasta veinte
años de no leer un libro completo. Se la pasan acariciando sus
solapas nada más. Y es que no tienen tiempo, porque se les van
sus días en recepciones, desfiles de pasarelas, bailongos y fiestas
diplomáticas donde todo el mundo sonríe al nuevo embajador,
con la sonrisa del que espera los cheques que el anterior no tuvo tiempo
de girar. O se les van sus pequeñas vidas asfixiados entre montañas
de papeles. Pero esta frivolidad aristocrática tiene un agravante,
no existe aristocracia en Costa Rica, ni nada que se le parezca. La
aristocracia de cuño francés o inglés, sabía
divertirse, comer bien, conocía cuál era el tono de la
elegancia y, sobre todo, en sus mejores momentos, siempre tuvo claro
que era muy importante hacerse rodear de los mejores intelectos, de
los mejores artistas y pensadores, porque, para los príncipes,
era muy importante estar bien informado.
Nadie representa
esto mejor que el Rey Luis XIV de Francia, el llamado Rey Sol. Pero
en Costa Rica, nuestros aristócratas ni siquiera se acercan al
tamaño de un pequeño guijarro espacial.
Para un político maicero costarricense (y no lo digo de manera
peyorativa), con algo de poder y riqueza, rodearse de nombres altisonantes
tiene una resonancia decisiva en la venta de imagen. Porque el quehacer
de la política en Costa Rica se atoró en la apariencia,
y dejó la sustancia a los empresarios, a los líderes sindicales,
a los tecnócratas y a los supuestos científicos sociales.
Desgraciadamente, como sucede con frecuencia, la imagen y la ciencia
no siempre coinciden, y nuestro pobre político maicero, muchas
veces con estudios académicos importantes, en universidades nacionales
o extranjeras, no sabe qué hacer perdido en un limbo de información
que difícilmente maneja a cabalidad. Entonces acude al insulto
y al desprecio del crítico, en quien ve un personaje muy peligroso,
sobre todo si se trata de un crítico independiente, portador
de un cierto y efectivo sentido del criterio.
A los jóvenes de la Costa Rica de hoy en día, habría
que sugerirles algo de lo más esencial para sobrevivir en este
presente escurridizo e inaprensible: independencia de criterio, pensamiento
creativo, información crítica y sentido de la veracidad.
De lo contrario uno corre el riesgo de que se lo engullan. Y el pensamiento
crítico, el pensamiento independiente, demandan de nuestra parte
iniciativa para informarnos, creatividad para buscar las fuentes más
oportunas y sostenidas, profundidad en el análisis y, por encima
de todo, optimismo y confianza en nuestras capacidades.
En la sociedad de las imágenes, aquella donde la gente joven
se muere de nuevas enfermedades con nombres impronunciables (anorexia,
bulimia, vigorexia y otras), debido a que no les gusta lo que ven en
el espejo, debemos proveernos de una fortaleza inédita de carácter,
porque existe un ejército de personas, perfectamente bien entrenado,
para sacudirnos el espejo y cambiar la imagen de nosotros mismos, aunque
bajo la superficie el sentimiento de invalidez crezca cada día
más. Este último es el que hay que eliminar, pues de él
se sirven políticos y tecnócratas del presente, para hacernos
creer que nada de lo que somos vale la pena y que, por ello, debemos
tratar de parecernos cada vez más al modelo que se diseña
en las grandes ciudades de los imperios.
Nuestros jóvenes de hoy, y aquellos no tan jóvenes, nuestros
hijos y nuestros nietos deberían tomar consciencia del desamparo
en el que están, y de que la tarea que les espera no solamente
está relacionada con su capacidad profesional, sino, por encima
de cualquier otra cosa, con su capacidad moral para hacer de nuestro
país una tierra más auténtica, más justa
y más solidaria.
Julio 27, 2007
Nunca,
en los últimos cien años, un asunto tan complejo, vasto
y sujeto de estudio, ha conmovido tanto a la comunidad costarricense.
El acuerdo, no tratado, ha despertado, en el alma nacional, mayoritaria,
discusiones y diálogos nunca vistos, que se escondían
bajo un acuerdo que pretendieron pasar en horas de la noche, para convertirlo
en madrugón, dividiendo en dos al país sobre contenidos
que estuvieron ocultos, en los párrafos de un texto de cinco
tomos, negociado bajo el amparo que les dio el ser funcionarios del
Estado Paralelo, ese que obedece a las voces del afuera, buscando convertir
el adentro en coto cerrado de casa, venta y usufructo de lo que nos
queda como territorio libre, de ese país llamado todavía
Costa Rica.
De las bendiciones. Ha convertido a nuestro país en una especie
de David frente al gigante Goliath, que ya sabemos cómo terminó,
defendiendo los aspectos más vitales de su soberanía,
defensa de los recursos renovables y una especie de dignidad colectiva,
que parecía perdida, ante la especulación absoluta de
todos los bienes propios en favor del imperio de las transnacionales,
convertidas en gobierno en Estados Unidos, dándole a su tercera
frontera un límite: el valor de aprender a decir ¡no!
Otras bendiciones. Ha logrado establecer el valor conjunto de las opiniones
ciudadanas, en el Sí o en el No, como una manera de discutir,
francamente, un modelo de desarrollo hecho por el pueblo y no solo por
aquellos que dicen gobernar, pero administran. Nunca antes los valores
de ecología, patentes, soberanía, libertad de opinión,
derecho a la palabra real, negocios, inversiones, venta de los activos
del estado al mejor postor, han podido ser expuestos a la vindicta pública,
en su valor real como conjunto de instituciones creadas por nosotros
mismos. Así temas como la salud, la educación, la economía,
el comercio exterior han podido ser puestos sobre la mesa, para darles
la relevancia que tienen en la vida ciudadana.
La particular bendición de este acuerdo, para verle su espacio
propositivo, ha sido el encuentro de millares de personas en un diálogo
abierto, participación ciudadana, relaciones comunales, apertura
de conversatorios, en lo que implica el conocimiento de múltiples
personas bajo el amparo de decir ¡no!, o el sabio precepto: dígales
que sí, péleles el diente: pero vota No. Ha permitido
que la libertad de opinión siga viva por los múltiples
espacios que se han abierto: los diarios La Extra y La Prensa Libre
son un ejemplo de ello, para que todos podamos decir lo que pensamos
en este momento en el cual el pensamiento único pareciera ser
la normativa a imponer. Eso es una conquista ciudadana que tendrá
su nicho en la historia, si esta de verdad se escribe desde las páginas
de nuestros diarios.
Más bendiciones. La juventud de este país sigue siendo
la vanguardia de las luchas sociales, desde Alcoa, pasando por el Combo
y ahora decir ¡No! al acuerdo TLC, como una forma de llevar el
ágora a las calles, convirtiendo las plazas en auténticas
aulas, y la alegría de la juventud en una especie de derroche
dionisíaco, o apolíneo, según se vea, combinando
todo esto con megamanifestaciones, mitines, reuniones, visitas a poblados,
diálogo intergeneracional, lectura de documentos complementarios,
dándole a la red un espacio de beligerancia, no solo para vender,
comerciar, decir tonteras o chatear evitando el verdadero diálogo
voz a voz, saltándose los estúpidos mensajes que se envían
por tele o por la misma red. Otra voz ha nacido para decir lo que otros
callan, y en el espacio del vídeo cine se han logrado hacer documentales
que hoy recorren en el mundo, como un fantasma activo y nuevo, con pies
propios y mirada inteligente.
La Iglesia Católica, el verdadero sentido del Katolikós
o el tiempo del Kairós, se ha hecho presente con una voz definida
y con pastores que no aspiran a recibir privilegios o a inclinar la
cerviz para ser solo un rabo del poder establecido, y sí nos
ha mostrado el rostro de otras sectas, o denominaciones, que ponen al
mejor postor su supervivencia como iglesias convertidas ya, en partido
político.
Las universidades públicas, unas con mayor presencia que otras,
nos definen el espacio de su autonomía como una manera de estar
comprometida con las luchas populares, la soberanía en la difusión
de las ideas, y no solo como espacios planilleros para mantener intelectuales
al servicio del Estado, la empresa pública o privada, sino que
se han descubierto como la consciencia lúcida de la nación
y no como las perras falderas de quienes manejan el poder, e imponen
el silencio, como devoción a los Aparatos Ideológicos
del Estado. La Universidad de Costa Rica, el Alma Mater de quienes hemos
trabajado en otras, ha inscrito, con letras de oro, el significado de
su presencia en la historia en la Educación Superior.
Toda esta discusión nos ha permitido saber que el deseo de quienes
gobiernan es, ha sido y será, tener el control de todos esos
aparatos, para doblegarlos a su servicio, desde las instancias judiciales,
electorales, de control del poder político, para darle forma
a una mayoría, hasta la conversión del Estado-Partido,
en donde solo los fieles son considerados existentes, como lo mostró
una niña, en Liberia, con la lectura de un poema que los dejó
desnudos, y sudando, en una celebración patriótica, con
el enfado incluido, de los políticos convertidos ya en funcionarios.
El acuerdo TLC ha sido el reloj despertador más efectivo que
hemos tenido y tendremos los costarricenses, en estos últimos
cien años de historia. Ha permitido que amplios sectores de la
ciudadanía nazcan a la resurrección de sus mentes y espíritus
que antes creíamos dormidos. Le permitió a don Ottón
Solís ser el presidente virtual de Costa Rica: ¿Se habrá
dado cuenta?, ejerciendo desde la oposición un liderazgo que
nunca habría tenido si hace gobierno. ¡Aproveche la bendición,
don Ottón! Siga el camino junto a los próceres, resurrectos
también, como don Juan Rafael Mora, don Alfredo González
Flores, don Jorge Volio, don Manuel Mora, inscritos con letras de oro
en la historia nacional, al lado de Omar Dengo, García Monge,
Carmen Lyra, Brenes Mesén, quienes, desde el Centro Germinal,
a principios del siglo XX, como santos laicos de nuestra historia, empezaron
su labor en defensa de nuestra soberanía.
Eso fue lo que nos motivó a nueve Premios Magón para difundir
el documento llamado “El manifiesto de los Nueve (2003)”, punto de partida
para entender qué es lo que estaba pasando, y se veía
venir, de no negociarse bien el acuerdo, que ahora ha servido de punto
de unión para todo lo que está ocurriendo.
Como espacio seráfico de actividad militante, así decía
aquella mártir de las libertades sociales y políticas
Santa Rosa Luxemburgo. Y más allá otra mujer admirable:
Luis Michel, desde las históricas barricadas de la Comuna de
París, punto de partida de todo este acopio de bendiciones que
se ciernen sobre nuestro país y sobre el mundo.
El
movimiento social anti TLC, ¿hacia una institucionalidad paralela?
Paúl
E. Benavides Vilchez
Vaticinar
todo lo que sucederá después del TLC y reducirlo al reparto
político en el que algunos partidos se queden con la parte más
grande del pastel electoral y otros con las migajas, es la expresión
de un vicio nacional que pone todo lo que sucede en Costa Rica, como
adelanto de un posible encontronazo de las fuerzas políticas
en la elecciones del 2010. Fallo de algunos economistas que hoy hacen
articulismo en La Nación y antes hacían políticas
neoliberales, que reducen un fenómeno complejo a simple contabilidad
electoral.
El movimiento ciudadano contra el TLC es eso, un movimiento de la ciudadanía
costarricense irreductible solo a lo electoral y un fenómeno
político en sí mismo, que no es apéndice de cierta
coyuntura política o expresión esporádica de algunos
actores sociales que buscan oírse. Es un fenómeno complejo
que se relaciona por todas las vías con el mercado, el estado,
el derecho, la economía, la sociedad, la historia y el devenir
de este país como sociedad. Pero antes de ser pitoniso postTLC,
habrá que ser un buen lector del ahora mismo.
El movimiento ciudadano contra el TLC se sostiene en su propia andadura;
es un movimiento espontáneo y al mismo tiempo está ligado
a un ciclo de largo aliento, que viene gestándose en el subsuelo
emotivo y político de la sociedad costarricense. Es el acumulado
de circunstancias recientes y lejanas, que han subido la intensidad
y tono del conflicto contra el sector gobernante de la clase política
costarricense. Suma de malestar que arranca en lo cercano en el año
1995, cuando los educadores –parte activa e importante de esta ciudadanía–
muestran su disconformidad por la aprobación de la Ley de pensiones
que debilitaba los derechos de jubilación y, por vez primera,
se señala a los políticos como clase política interesada
sólo en los negocios privados, y, en lo reciente, se radicaliza
aún más con el Combo del ICE, que moviliza una heterogeneidad
de actores sociales en un bloque de oposición, en donde de manera
expresa se acusa a la clase política de pretender lucrar con
la venta de los activos estatales.
La evolución discursiva del movimiento social antiTLC integra
la crítica a la conducta ética y a la defensa de instituciones
claves del Estado, pero además opone un modelo alterno de sociedad
al modelo de sociedad neoliberal implícito en el TLC. Conformado
por actores nuevos y tradicionales de la zona rural y urbana, rompe
el esquema jerárquico de las retóricas organizativas tradicionales
y los métodos de imposición de las dirigencias verticalistas.
Incluso la historia de Costa Rica forma parte del repertorio del movimiento
opositor y se activa para dar vida a una ciudadanía dinámica:
don Juan Rafael Mora, el soldado Juan Santamaría, la Guerra Patria
de 1856 y 1857, dejan de ser memoria y el movimiento social antiTLC
se los apropia como parte de su repertorio cultural y simbólico.
Una consecuencia de la agudización entre dos modos enfrentados
para proyectar y concebir la sociedad costarricense, es el paso de la
sociedad civil como ámbito activo y dinámico pero relativamente
estable de las organizaciones y los ciudadanos, a un espacio de álgido
activismo y de combustión ideológica que ha transformado
el espacio público de la sociedad civil en una arena de confrontación
y de interpelación política. Esta ampliación del
espacio público de enfrentamiento ha politizado a una serie de
actores que pasaron de espectadores pasivos a sujetos participativos
y beligerantes; de los colectivos de mujeres a los indígenas,
a los estudiantes de educación secundaria, a los activistas individuales
que no pertenecen a algún grupo; pequeños núcleos
barriales que autogestionan sus propios signos externos y propaganda,
hasta las universidades públicas y la juventud estudiantil nacional,
dos actores claves en la consolidación como movimiento social.
Surge la interrogante de si, como consecuencia de la confrontación
social y política, se consolidará una institucionalidad
política paralela (proyecto de país alternativo, propuesta
de reforma al modelo de representación, modificación de
la cultura política hacia una ciudadanía crítica)
representada por el propio movimiento social postTLC y consensuada por
todos los actores sociales que la forman, en oposición a la institucionalidad
estatal, representada por la clase política gobernante, los grupos
empresariales y la prensa comercial.
Sin lugar a dudas, una consecuencia positiva de todo esto es una ciudadanía
en movimiento con mayor capacidad para interpelar los poderes públicos.
La interrogante es si este avance, en la cultura cívica costarricense,
se corresponderá con una sociedad más democrática,
donde el diálogo, el respeto y la tolerancia sean la regla y
no la excepción.
Junio 20, 2007
¡Que
viva la polémica!… sin que mueran las amistades
Por Lowell Gudmundson
Los que leyeron mi comentario en Ancora el día 3 de junio (www.tribunademocratica.com/2007/06/walkerlosbuenosylos_malos.html)
deben de entender que me ubico firmemente entre los “amantes de la polémica
histórica” desde mi primera experiencia a mediados de los 1970
con críticas a distintas obras de don Carlos Monge Alfaro y don
Carlos Meléndez. También les aclaro que me considero enemigo
de la Santísima Trinidad de las Verdades, la oficial, la única
y la absoluta, además de las vacas y los valores sagrados. Sin
embargo, nunca renuncio a las amistades a causa de la polémica.
No pude conocer a don Carlos Monge Alfaro personalmente a causa de su
muerte prematura, pero sí cultivamos una amistad don Carlos Meléndez
y yo por muchos años. No conozco a don Armando Vargas personalmente
pero espero tener el gusto pronto, mientras conozco y aprecio la persona
y el trabajo de don Juan Rafael Quesada por más de treinta anos,
desde que colaboramos en la publicación de grandes trozos de
su tesis de Licenciatura sobre el cacao en la Revista de Historia (Nos.
5 y 6, de 1977-78), fino ejemplar de la historia económica tan
influyente en aquella época.
Sin embargo, para que la polémica nos ayude a avanzar, es indispensable
que las diferencias de interpretación se confronten en los distintos
textos que presentamos. En ese sentido, si mi crítica les parecía
hacer eco de varios intercambios que han tenido con don Iván
Molina, me parece correcto solo en ese sentido; o sea, mis reservas
frente a la escasa mención de y diálogo con (la esencia
de cualquier polémica fructífera) las distintas interpretaciones
y autores que han contribuido en los últimos años a esta
temática. La crítica por eliminación o silencio
no es polémica, ni siquiera es crítica, es oportunidad
perdida. Con los intercambios actuales entonces, mejor tarde que nunca.
Quisiera ofrecer tres aclaraciones en respuesta a sus varios planteamientos
frente a mi ensayo, seguido por una reflexión muy breve sobre
el problema inherente al nacionalismo y los héroes, su carácter
de arma de doble filo.
Primero, resulta inexplicable cómo podrían haber tomado
mis comentarios sobre las opiniones del Profesor May y su repetición
por otros como una crítica a las obras suyas. Quizás la
palabra “insinuado” es la razón de la molestia, pero en cuanto
a la posición de fondo no hay ninguna diferencia entre nosotros.
El filibusterismo fue, como bien lo han planteado, una versión,
al estilo iniciativa privada, del expansionismo esclavista. Dado que
afirmo lo mismo en mi ensayo, con alusiones a otros ejemplos más
recientes, no comprendo cómo pueden ver crítica o desacuerdo
donde no existen. Y si el término insinuado es motivo de la reacción,
más bien diría que debieron de haberlo hecho y me consta
que, además de este lector, gran parte de sus numerosos lectores
han visto (y secundado) una comparación entre aquella época
y hoy, cosa que tampoco creo les ha de sorprender.
Segundo, ambos autores confunden una afirmación o alusión
mía con una crítica a sus obras. Al referirme a “un TLC
decimonónico,” que a mi manera de ver constituía el paquete
de políticas liberales y pro-cafetaleras de Mora Porras (ofreciendo
luego tres ejemplos de aquello), en ningún momento atribuyo a
ellos semejante afirmación o alusión. La crítica
va en dirección de haber obviado la discusión de tales
políticas en su afán por concentrar esfuerzos sobre los
aspectos diplomáticos y bélicos de la administración
Mora y la Campaña Nacional, algo posiblemente justificable en
parte por el mismo propósito declarado de las obras en cuestión.
Adonde si hay mayor desacuerdo es en cuanto al impacto a más
largo plazo de las políticas de apertura comercial constantes
por décadas desde tiempos de Mora en adelante. La meta y el destino
para el café costarricense en aquel entonces fueron los mercados
europeos y no el norteamericano, pero tales decisiones llevaron a la
construcción del ferrocarril al Atlántico y una larga
y penosa experiencia con los emisarios estadounidenses Minor Keith y
la UFCO. Una vez pasada la crisis de la Campaña Nacional, tampoco
es factible explicar la historia de ambos países simplemente
como basadas en relaciones entre democracias puesto que el surgimiento
del prototipo de empresa multinacional estadounidense “monopolista”
(catalogada así no solo por historiadores de izquierda sino también
por el Departamento de Justicia de EEUU en su condena de la empresa
en la década de 1950) se dio en gran parte en Costa Rica, generando
una literatura tan vasta como compleja en varios idiomas y disciplinas.
Tercero, el uso de “buenos” y “malos” en el título del ensayo
nada tiene que ver con juicios sobre calidad o contribución de
parte de historiadores, sino con el problema de tratar a los procesos
sociales e históricos como cuestiones morales o moralistas al
estilo de héroes y villanos, santos y pecadores; o sea, el arma
de doble filo de toda narrativa histórica heroica. Desde la posición
contestataria, nuestro caso, obviamente en vista de la beligerante posición
oficial a favor del TLC y en contra de cualquier expresión contemporánea
o histórica de las tradiciones antiimperialistas costarricenses,
los héroes parecen plataformas para reivindicaciones. Desde el
poder, son otra cosa, la ortodoxia, la verdad establecida, los valores
cívicos, y su función es otra también. Mi posición
no constituye una crítica de Mora, ni mucho menos una defensa
de Walker, ni tampoco una defensa de la historia profesional o académica
contra una forma más popular y de más amplio atractivo
para los lectores, sino una c