Ontología Menor - De Julio
Acuña
En estos días
tristes con la pérdida del buen amigo Julio Acuña, reafirmamos
la belleza y la fragilidad de la vida…
En
el mes de marzo, había escrito un breve comentario a Ontología
Menor, con la única intención de compartirlo con Julio,
hoy, si no es atrevimiento, me gustaría compartirlo con todos
los demás interesados en Julio y su Obra…(Germán)
Germán Hernández
Siempre vienen las
reminiscencias, te recuerdo – a ti Julio – no distante, pero borroso;
como a diez años de distancia, seguramente más lejos,
en los recitales, como un bochornoso espectador – yo – que te muele
y no te lee…
Y escucho tu voz,
leyendo, pues intuyo que renunciaste a la inútil vocación
de los recitadores, que actúan inútilmente por salvar
el texto que finalmente devorarán las fieras.
Y recuerdo tus poemas,
largos como un viaje en bus, los sonámbulos monólogos
de las cosas, tal vez una pajilla en un vaso de pepsi, o de coca cola…
no sé…
Eran largos y demoledores
aquellos poemas de entonces, plásticos y llenos de servilletas
sucias, elementales como el hormigón, el aluminio y el vidrio,
que pretenden arruinar las dislocadas vértebras de esta ciudad
insignificante que sufre como mártir.
Ahora vuelves, no
sé, te miro de lejos saludando, con tu sonrisa de siempre, y
no sé si es a mi - que extiendo los brazos - y podría
ser a otro, al que está detrás de mi, y que también
extiende sus brazos y pasas de largo y mis brazos extendidos saludan
mis ganas.
Estos poemas de
ahora, me llevan hacia cuatro escenarios: los poetas, la calle, el bar
y ella… son minimalistas, brevísimos, como imágenes instantáneas
de una polaroid. En fin… “para tomar una foto y verla hasta morir”.

“exhibiendo
inhibiendo el deseo, la culpa”
Los Poetas
Y qué
distingue a las obsesiones del deseo? todo lo pueden: “ser lo que alguno
sueña” sin abandonar la flema de Leónidas, el primero
en morir gustoso desafiando a los dioses…
Pero son
distintas: el deseo busca; las obsesiones mueven…
La primera
obsesión son las lecturas, luego estas se convierten en diálogos
con los muertos, con los muertos vivientes, y finalmente con los vivos…
con Hart Crane, arrojado al mar por los marinos que amaba… “impregnando
en el abismo su milagro”
Y hay otros
diálogos, no con los muertos, si no con los que buscan la muerte:
Alfredo Trejos, “pero los poemas suceden y no temen por sus vidas”
Y hay vidas
más reales que las del poeta, Álvaro de Campos, Ricardo
Reis y Alberto Caeiro, más reales que Pessoa.
Pero siempre
los que amamos las herramientas tristes de la gente común, caemos
deslumbrados por la luz que manosea la culpa, tu la llamas Schiele –
exhibiendo – Dalí – “cómo se odiaban esos átomos
hasta el amor” – yo la llamo Klimt, mejor aún Guayasamín,
curiosamente ese es el tono que siento en tus poemas..
Y por eso
me vuelvo odiosamente vernáculo, humilde ante las mentes portentosas,
ante los dioses encarnados como Carlos Martínez Rivas, ese que
se emborrachaba en el Bar Morazán y que algunos sospechaban sobre
sus vínculos con la CIA, y otros lo espiaban como agentes de
la CIA, mientras arrecho, digno, como corresponde, “ceñida la
discordia de los gestos” brindaba con la revolución perdida de
Cardenal, de la misma manera que el amargo To Fu, hace guiños
hoy .
Pero tu
eres de los poetas que aman a los poetas por sus cantos, evitaste la
tentación fetichista, al final estaba la calle, frente al “muro
sereno y encendido. La puerta azul y brillante. Las tiernas y tiesas
aldabas” de Cardoza y Aragón, de esa puerta, que no se abre…
y frente a ti la calle, o a Rolando Rivera, a ti poeta “sin vino, sin
piano con calle” en todo caso: la Calle.

“alguno
pintó ese negro perro flaco”
La
Calle – El bar - Ella
Porque
en la calle – pero no únicamente como espacio urbano – están
las obsesiones que nos mueven, y “todo aquello que es anhelado” los
rincones tibios como el bar donde transcurre el día “poco a poco
el ocaso de la luz, cómo se rinde el Venadito que tiembla en
la etiqueta” , donde pasa el tiempo “entre huracanes América
Central moría”
En la calle
están los poemas, ya lo dije: como fotos instantáneas
y en la calle está don Claudio el cuida carros, los indigentes,
el pordiosero, aquí el poemario increpa al lector, le muestra
ese puñado de fotos para que los reconozca, para que usted lo
sepa y los vea, allí también está ella, como regocijo,
“mientras la veo, descanso”, “hasta que envejezca viéndote”,
para entonces “el día ha cambiado su impasible argumento por
la frescura de su paso”, usted también la vio pasar, y la dejó
pasar, o corrió tras ella reconociéndola, en una niña,
en un supermercado, paseando a los perros, en un bar, y me detengo,
pues es la Cantinera donde convergen todas ellas, transcribo aquí
poema completo:
Bonito
el arete
en la nariz,
la nariz,
la nariz que baja
hasta el labio;
bonito el arete
en el labio,
el labio,
el labio que cubre
la lengua;
bonito el arete
en la lengua,
la lengua,
sus bestias.
Hay poemas
que se desprenden del texto y cobran vida propia, se desprenden del
autor y se liberan, quizás este sea uno de ellos, en él
está el juego, lo lúdico, la mirada que explora hasta
sus bestias, el juego es sencillo: la miro desde un arete a otro, y
es bonito, y está bien como la obra de un creador, y las bestias
son su misterio, o sus carcajadas, o sus insultos, la reserva de energía
necesaria para mantenerse firme ante la zalamería, pero él
la mira, solo la mira, y comprende que ella no es una foto, que ella
también es una niña vendiendo prestiños, una niña
descalza en Managua.
Ella es
para cada uno y en cada caso alguien que amamos, o quisimos amar… a
mi modo de ver es el punto más alto del poemario, y donde el
lector acude a si mismo para leerlos; la vida nos hace tropezar con
ella, no las lecturas.

“Imagino cómo se odiaban esos átomos hasta el amor.”
El
Matapalo
Este breve
momento del poemario es un homenaje, y un abrazo fraterno, lo intuyo,
no lo sé, ¿lo sabrá alguien en 10 años sin
la inoportuna intervención o explicación de los subtextos
y las glosas eruditas? lo sabrá alguien dejando todo afuera y
sometiéndose únicamente al texto que lee?
Es un asunto
difícil, hay poemas que son saludos y guiños, fórmulas
secretas y recuerdos para que los amigos que lean estos poemas rían
junto a ti, pero a mi me pierden por momentos…
Me quedo
con los poemas que podrían pasarnos a los dos, los que nos pasan,
como la vida.
Por supuesto,
el poeta tiene derecho a escribir lo que quiera, nadie le exige lo contrario,
ni siquiera se le exige que escriba… pero ahí está la
ingratitud en medio de la marea de la indiferencia, el poeta ya no es
dueño de sus versos, si alguien más los reclama.
¿Pero
si nadie los reclama?
Me tomaré
el atrevimiento de suponer que Ontología Mayor no es un poemario,
si no varios poemarios, incluso momentos, el poeta trabajó verso
por verso, necesitaba igual que los antiguos poetas japoneses encontrar
el “efecto” en cada uno de ellos.
Y muchas
veces ese efecto es circunstancial, solo el poeta lo sabe y su interlocutor
secreto…
Pero basta,
ahora vamos al objeto libro, el fetiche, las bellas ediciones de Andrómeda
son indiscutibles… aunque, no sé, a veces un poco pomposas, ¿estrategia
de mercadeo editorial? no lo creo, simplemente bellas, y gente que ama
los libros como objetos de arte y que como artesanos trabajan sobre
ellos para que sean hermosos, creo yo…
Sobre la
contraportada que escribe T. S. (¿Tomás Saravi?) una contraportada
más que no añade ni quita nada al texto, inclusive afirma
una supuesta relación entre tu amor al cine y el poemario, nada
más absurdo… no pude encontrar ningún rastro en el texto
que confirme eso.
“Nada, el silencio acaso”
Esta, finalmente
es mi preocupación, los poemas con rótulo y dedicatoria
no son para mi, los tomo o los dejo… Pero no dejes de escribir sobre
ella… y el bar.
Recuérdales
a los intelectuales orgánicos… a los niños de bien… a
las modelos en cintura… recuérdales cronista de tu tiempo… escribe
sobre nosotros, los que no escribimos y no leemos…
A los amigos
íntimos léeles secretamente… pero no nos ignores…
Gracias
Julio por tu bello poemario, muchas cosas más que decir las podremos
comentar en el bar, quizás con ella sirviendo…
Germán
Hernández
2008