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VIRGILIO*

Leonardo Perucci

*Este cuento forma parte del libro escrito por al actor chileno costarricense Leonardo Perucci, Primer Premio del Concurso de Cuentos "Biblioteca Viva", de Santiago de Chile. En exclusiva para Culturacr.com el autor nos autoriza su publicación.

Cuando salió del Estadio Santa Laura no le quedó ninguna duda que su equipo irremediablemente bajaría a la Segunda División. Sintió un espasmo angustioso al pensar en como llenaría las largas horas de los sábados si eso ocurría.

Virgilio era nieto de italianos y su nombre, motivo de burlas en el Colegio. Se le antojaba perfecto para su escuálida figura, su más que aguileña nariz y una más que incipiente calvicie. Mas de una muchacha le había soltado en su cara:…”increíble, tu cara, tu cuerpo y hasta tu personalidad no podrían ser de una persona que no se llamara Virgilio”…
.
Su autoestima bordeaba los mínimos aceptables y el maldito espejo insistía en reafirmar esa figura esperpéntica coronada por un par de anteojos anticuados y sustentada por unos encorvados zapatos “Soy el único huérfano de 38 años”…, se había permitido decir en un arranque de supremo buen humor en la cena organizada por el albacea del testamento de sus padres después de la lectura del mismo.

Su madre había muerto durante el sueño víctima de un infarto masivo según el parte medico, y su padre al no poder despertarla, sintió que su vida llegaba al final. Cogió el viejo Smith y Wesson e intentó volarse el cerebro. El percutor oxidado por la falta de uso, no se movió ni un milímetro desde su posición y la autoeliminación no se consumó. Intentó con el cordón de la bata. Se encaramó en una silla.

Se lanzó al vacío. El cordón se rompió. Terminó en una silla de ruedas con veinticuatro fracturas entre la rótula y la cabeza del fémur. Don Dante entró en una profunda depresión y al decir de muchos murió de pena siete exactos días después que su mujer.

Virgilio había heredado tres propiedades que le proveían de una mediana renta lo suficientemente alta para llevar una vida sin sobresaltos. Austero, casi avaro, excepto por dos de sus pasiones: las novelas policiales y el fútbol. La pared del lado derecho de su cama lucía en el centro el escudo del club de sus amores: el Audax Club Sportivo Italiano. A la derecha una foto del glorioso equipo en que figuraban las estrellas más grandes que habían brillado en el Club: Ramiro Cortés, Daniel Chirinos, Adelmo Yori, Ataglich, Giorgi, Oscar Carrasco y varios más. Muchos de ellos jamás jugaron juntos. El había armado el equipo ideal, recortando las cabezas de los mejores y pegándolas en una antigua fotografía del Audax de los años 40.

En la pared frente a su cama se levantaba una descomunal biblioteca, tributo a la novela policial. Había mandado hacer en una de las paredes de su dormitorio un armatoste de siete metros de alto por 8 de ancho. Allí en maniático orden se alineaban en los estantes:Agatha Christie, George Simenon, Ian Fleming, Conan Doyle, Edgar Alan Poe, Chesterton, Hammet, Chandler, Hening Mankell y un largo etcétera en el que no faltaban Borges, Capote, Stephen King, Marques de Sade, Conrad, etc etc.

Virgilio había llegado a la exageración de aprenderse de memoria algunas de ellas y podía reproducir hasta los diálogos que le parecían fundamentales para el desarrollo de la trama.

Su avidez por el género lo había convertido en una prolongación de los personajes mas celebres de sus autores. A veces, se sentía Hercules Poirot y entablaba conversaciones con desconocidos con la intención de averiguar quienes eran, con quien se relacionaban y a que se dedicaban. Otras veces, elegantísimo, entraba a los Casinos e imitaba los gestos y gustos de James Bond llegando al extremo en una oportunidad de maltratar de palabra a un mozo por no conocer que existía un champaña llamado Dom Pérignon.

Curiosamente cuando encarnaba a estos personajes su autoestima subía en forma incontrolable rayando en la pedantería.Su favorito, era Sam Spade, el entrañable protagonista de “El Halcón Maltés” de Dashiell Hammet encarnado en la pantalla grande por el carismático Humphrey Bogart. Había algo de cruel y sádico en la sonrisa torcida de Sam. Además bordeaba el delito constantemente olvidando su profesión de detective privado. Esto le producía un grado de excitación notable. Su obsesión por Spade llegó al extremo de tener 10 impermeables de color beige y un sombrero especial para cada uno de ellos.

Virgilio estaba malhumorado, su equipo cada día jugaba peor y no tenía visos de mejorar. Llegó a su casa y ese tufillo a humedad de las residencias antiguas mezclado con el aroma a jazmín que se colaba por las ventanas que daban al patio lo tranquilizaron un poco. Se sentía seguro en la semipenumbra de los pasillos y habitaciones vacías que lo rodeaban. Se fue hasta el fondo de la casa y contempló el patio casi en ruinas. La fuente de los pececitos casi desaparecida bajo una tozuda enredadera. La soledad abrumaba. Sus pasos eran como tonos bajos de un desafinado piano mientras volvía a su dormitorio. Se sentó en su cama. Frente a él, Ramiro Cortés, sonreía blancamente desde sus morenas facciones con la pelota entre las manos. Iba a decirle….como te va campeón…, cuando sintió el golpe de la pequeña manita de bronce de la puerta de calle que llamaba insistentemente.

- Perdón…, es aquí donde necesitan una enfermera.
- La verdad….,no…,bueno eh, mi padre estuvo…,no… lo que pasa es que él falleció y…
- Cuanto lo siento…, qué lástima…
- Muy amable.
Virgilio levantó sus ojos y se encontró con el rostro más bello que
hubiera visto jamás: Velda, pensó….la secretaria fiel de Micke Hammer, la creación más brillante de Mickey Spillane denominado con justicia el inventor del “hard boiled”, el escalón mas bajo de la novela negra. Lo que le fascinaba del detective Mike Hammer era su capacidad de juicio: “disparo primero y después pregunto”.

- Velda...
- Perdón…, me llamo Isabel.
- Ah, si…, perdón no quiere pasar…,le ofrezco un café.., no sé, unas galletas…
- Se lo agradezco..., es que he caminado toda el día…
- Adelante..., pase…
Y así se inició una pequeña amistad que se fue complicando con
saliditas al cine, chocolates, unas hermosas flores por aquello de parecerse a Arsenio Lupin el personaje creado por Maurice Leblanc.

Isabel era graciosa y con un especial sentido del humor, lo hacía reír con ingenuidades…,como cuando le preguntó…Virgilio…tu sabes lo que es un sillón…, por supuesto…un mueble para sentarse.

No, le dijo Isabel mientras se moría de la risa…” es una respuesta afirmativa de Yoko Ono a su esposo John Lennon.

Virgilio comenzó a vivir lo que consideraba la mejor etapa de su tristísima vida. Remodeló la casa, los peces volvieron a nadar en la fuente y el Audax Italiano fue reemplazado por cientos de fotos de Isabel, todas tomadas en la calle por fotógrafos de viejas cámaras de cajón o bien en multitiendas a las que acudían como escolares en cimarra.

Una tarde quedaron de verse en la puerta del cine Variedades. Iban a ver juntos por segunda vez “Testigo de Cargo” Virgilio esperó y esperó. Esto se hizo eterno, ella nunca llegó. Ni al cine ni a ninguna parte.

Pasaron dos meses en que la ausencia se hizo espantosa para Virgilio, sus noches eran insomnes y largas.., hasta que tomó la decisión de buscarla. Saco del closet una de las gabardinas y obsesivamente, como Sam Spade, inició una búsqueda frenética por los lugares menos imaginados. Pasaba horas enteras preguntando. Hacía guardias interminables en las puertas de los hospitales pues recordaba que ella era enfermera o algo así. Entraba en cuanto lugar vendían helados de canela por que a ella le gustaban. Llegó al extremo de pararse en una esquina blandiendo una pequeña foto de pasaporte y preguntando a quien pasaba si la habían visto.

Hasta que un día, famélico, ojeroso, debilitado por las interminables caminatas, a dos cuadras de su casa la encontró.

Estaba al borde de la acera, se acerco y la vio más bella que nunca. Con su abrigo celeste, boina igual y la bufanda azul que le había regalado. Cuando la tuvo a escasos diez metros ensayó su mejor sonrisa, en eso un automóvil se acercó, se detuvo enfrente de Isabel, un muchacho se bajó y se acercó a ella. Con un dolor casi de parto, contempló como se besaban con pasión irrefrenable,desesperadamente abrazados subieron al automóvil y se perdieron en un aceleramiento súbito.

Virgilio se sintió suspendido en la nada. Desencajado llegó a su casa y se tiró en la cama. Los sollozos fueron rebotando de pared en pared y se fueron perdiendo por el fondo del patio mientras se hundía en un magma de algodón y ceniza.

Le pareció que había una radio encendida, abrió sus ojos húmedos aún y a través de la luz que se filtraba desde la calle lo vio…, era él…, hablando con ese tono inconfundible que había escuchado tantas veces, solo que en español no en inglés. Pero el gesto era el mismo, la boca torcida , la mirada ausente y el ala del sombrero cayendo sobre la frente. En su mano empuñaba un Smith y Wesson calibre 38 y estaba vestido, como no, con su impermeable beige…..

- Sam Spade…, será posible.

- No hay tiempo para presentaciones muchacho, estás detenido, acompáñame al patio.

Virgilio sintió la decisión y la fuerza de esas palabras. Trastabillando se calzó las pantuflas, medio se colocó la bata y caminó hacia el patio seguido por Spade. Podía percibir la colonia barata inconfundible del admirado detective, los pasos firmes y decididos y por un instante creyó sentir el punzante cañón del arma sobre sus costillas cuando se detuvo a amarrarse la bata.

- Recoge esa pala y cava. Allí,… junto a lo que queda de la enredadera.., ordenó Spade.

Virgilio pensó que estaba alucinando, se restregó los ojos, pero no, ahí estaba la fuente con sus aguas en movimiento, la luna en el cuarto menguante igual que la noche anterior.

Cogió la pala y comenzó a cavar..,el terreno estaba blando, casi a los 60 centímetros la pala encontró destino.

Una bufanda azul asomaba sus flecos. Enloquecido Virgilio tiró del extremo y la hermosa cara de Isabel quedó a pocos centímetros de la suya. Retrocedió despavorido y un verdadero bramido fue el que salió de sus mismísimas entrañas. Ese fue su último recuerdo antes de caer y ver desvanecerse el cuarto menguante de la luna.

Los golpes eran violentos y despertaron a todo el vecindario, Virgilio solo se dio por aludido cuando un tropel de policías ingresó a su dormitorio:

- Levántese y acompáñenos
- Mmmm…,qué…..
- Vamos al patio…..

Ya en el lugar:

- Una vecina lo escuchó gritar como un loco anoche, se asomó y lo vio con una pala….¿ Se puede saber a quién tiene usted enterrado en este patio?
- Yo…, no sé quien lo habrá hecho…,Sam Spade me obligó a cavar y apareció Isabel. Pregúntenle a él…, él fue quien hizo la investigación.

- ¿ Quién es Isabel y quien diablos es ese tipo… su cómplice?

- No…, él es Humphrey Bogart..,usted verá….el fue novio de Ingrid Bergman…usted sabe…”play again Sam” en Casablanca con Peter Lorre…,también fue novio de Audrey Hepburn en Sabrina con William Holden…,aunque claro en ese entonces estaba casado con Lauren Bacall….,aquí claro el que llegó fue Sam Spade…, usted vio “El Halcón Maltés”..,fue hecha en San Francisco..dirigida por John Houston…el mismo del tesoro de la Sierra Madre..,papá de Angélica Houston…..

Cuando se llevaron a Virgilio en la ambulancia el vecindario se tranquilizó. Se trataba según dijeron las viejas, de un asesino en serie y debería estar en el manicomio y con guarda las veinticuatro horas del día.

El inspector de Policía empeñado en encontrar cadáveres en ese patio ordenó una exhaustiva excavación en todo el perímetro.

A las dos hora apareció el primero, era un hombre alto, atlético y vestía un smoking negro, usaba un peluquín que con los golpes de pala se le había corrido un poco. Llevaba un gran reloj de oro en la muñeca derecha. Cuando se lo quisieron sacar hubo una explosión de gas que dejó a dos guardas inconscientes. El segundo cuerpo apareció junto a la fuente de agua, era el de un señor bajito, mas bien gordito, calvo y con una cabeza en forma de huevo destacando un descomunal bigote. Pero fue el tercer cadáver el que mas los sorprendió. Vestía una gorrita con dos viseras y un abrigo con una pequeña capa sobre los hombros. En sus bolsillos se encontró una pipa y un estuche de plata con dos gramos de cocaína.

Virgilio fue encerrado de por vida. Solicitó que su biblioteca fuera trasladada a la prisión para solaz de los reclusos. Cuando esto se hizo, curiosamente faltaban las obras de Ian Fleming, Agatha Christie y Arthur Conan Doyle.

Leonardo Perucci. Octubre de 2007.

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