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Cinco siglos de prohibición del arcoiris en cielo americano

Eduardo Galeano

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores :
- Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

El 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó : Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó.
Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India ; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.
Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.
El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar (que deprendan fablar). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental (mentally retarded) porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual.
Finalmente, los antropólogos aclararon la situación : Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.
El Paraguay habla guaraní.
Un caso único en la historia universal : la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales. De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español.
La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.) Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño.
Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero. Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue : los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse ?
Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.
El problema indígena : los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos : el genocidio o el otrocidio.
En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte : todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundaçao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea : se encargará de desaparecerlos.
Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás.
Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.
Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria. La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros.
Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel.
O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega.
Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón : de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.
El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario : los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres.
Secuestro de los brazos, robo del alma : para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer : vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.
El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador :
- No sufras hambre, no sufras sed.
Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.
Y canta lo que le cuenta la neblina :
- Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.
Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo :
- Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.
Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo ; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve.
En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice :
Dejo de cantar y me enfermo.
Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan.
Estoy viejo, estoy lastimado.
Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío ?
El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demás instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños.
Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.
Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad.
Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación.
Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo : para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras.
Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América :

Vinieron.
Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra.
Y nos dijeron :
- Cierren los ojos y recen.
Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración : para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura : el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo.
El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas. América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.
Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca.
Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana. El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de los indios araucanos por su libertad :
Son más indómitos, lo que quiere decir : animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.
El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno.
A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.
Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos. El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos.
Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.
El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.
En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada : los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación.
En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable ; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú : su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón.
A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.
Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres.
La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vicio de la rebelión se transmite por los genes. Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte ?
La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas.
Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca : son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se auto desprecia. Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía.
Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo. Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo : ¿Qué es un hombre en el camino ? Tiempo.
Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano : como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.
¿Civilización ?
La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur. No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado : Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá ? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada ?
Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial : ¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo ? Porque son holgazanes. ¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara ? Porque los salvajes no tienen vergüenza.
¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de riqueza ? Porque son más parientes del mono que del hombre. ¿Se bañan con sospechosa frecuencia ? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición. ¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres ? Porque son incapaces de castigo ni doctrina. ¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces ? Por influencia de Satán o por pura estupidez. ¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer ? Porque son incapaces de dominar sus instintos. ¿Aman cuando sienten deseo ? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original. ¿Es libre la homosexualidad ? ¿La virginidad no tiene importancia alguna ? Porque viven en la antesala del infierno.
En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores :
- Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió ?
El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades ?
La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.
En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo.
En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad.
Los jefes son hombres ; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera.
Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.
En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo :
- Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados. Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.
Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza : visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.
En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuoso de los derechos humanos :
- No somos una tribu -aseguró el general.
Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.
Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción ; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime al hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional ?
En ese absurdo vivimos ; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible. Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra ?
Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete ? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado ; se le da descanso, se la protege de la erosión.
El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.
¿Qué sabemos de las culturas indígenas ?
Lo que nos han contado las películas del Far West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos ? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.
Dice un poeta del interior de Bahía :
Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi. La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.
A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots. Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios. Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental.
Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia. En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo.
Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico : las religiones negras, como patología ; los trances, como manifestaciones de histeria.
Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba : Los negros no tienen ideas religiosas.
En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana : a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.
Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas.
Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las aguas dulces, fue la Virgen de la Candelaria... Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas las demás : en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano.
Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan.
Friedrich Nietzsche dijo una vez :
- Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.
Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.
La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias. Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así : la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia racial consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos :
- Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad.
Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo ; y en ellos estamos todavía.
Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia :
- Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.
Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa. La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.
El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitamente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación.
Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.
Hace algún tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo :
- Es el oprimido el que descubre al opresor.
Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido. Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.
¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata ?

Tomado de Mundo Cultural Hispano

Marcel Marceau.
Talento de la cara pintada.

El mimo es teatro profundo con una gran carga de corporalidad, en el que la máxima dificultad pasa por crear un mundo que no existe, por hacer visible lo invisible. Personalmente, he consagrado mi vida a crear un estilo propio, inventando una gramati ca y un lenguaje propio de los mimos, porque donde no hay gramática el arte no existe.
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Marcel Marceau - aclamado universalmente como el más grande mimo del mundo, nació el 22 de marzo de 1923 en Estrasburgo, Francia. Su interés por el arte de la pantomima comenzó desde su infancia, inspirado por artistas del cine mudo como Charlie Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdon, Harold Lloyd, y Laurel & Hardy.

En 1944 se matriculó en la Escuela de Arte Dramático "Charles Dullin" del Teatro Sarah Bernhardt en París, donde cursó estudios con su Maestro de la pantomima Etienne Decroux, quién también enseñó a Jean-Louis Barrault. Se reclutó en el primer Ejército de Liberación y participo en la campaña alemana, al lado de las tropas americanas.

En mayo de 1946, entró a la Compañía de Barrault, y se le asignó la interpretación del papel del Arlequín en la pantomima Baptiste, papel interpretado por el mismo Barrault en la famosa película Les Enfants du Paradis. Marceau continuó trabajando con Decroux hasta 1948.

En 1947, Marcel Marceau creó su famoso personaje, "Bip", con una cara blanca, ropa de payaso de anchos pantalones, una camisa marinera y una chistera vieja y deformada.
Algunos clásicos de su repertorio son: "El fabricante de máscaras", "El jardín Público", y el famoso "Adolescencia, madurez, vejez y muerte", del que un crítico dijo, "él logró en menos de cinco minutos lo que la mayoría de novelistas no hacen en volúmenes."

En 1948 recibió el famoso premio Deburau (establecido en memoria del grande del siglo 19, Pierrot). Marcel Marceau fundó su Compañía de pantomima Marcel Marceau - La única compañía de pantomima en el mundo en esa época - y se presentó en los mejores teatros de París así como también en otros teatros de Europa, Canadá y América del Sur.
Millones de americanos se han familiarizado, a través de sus diversas apariciones televisivas, con el arte del Sr. Marceau. Recibió dos premios Emmy por sus programas de televisión ("The Maurice Chevalier Show" y "Laugh In"). Se presentó en la BBC interpretando a 17 personajes diferentes en "A Christmas Carol" en 1973, y también en 13 películas producidas por la Enciclopedia Británica incluyendo a su personaje Bip y estilos de pantomima.
Ha sido invitado en los programas de televisión de Johnny Carson, Merv Griffin, Mike Douglas, y Dinah Shore, y ha actuado en conjunto con Red Skelton en tres conciertos de pantomimas.

Marcel Marceau ha demostrado su versatilidad en cinematografía, tales como Barbarella con Jane Fonda, dirigida por Roger Vadim; Shanks, dirigida por Bill Castle, en la que combina su arte del silencio interpretando a un titiritero sordomudo y a un científico loco parlante. En la película muda de Mel Brooks la única palabra que dijo fue ("No").

El Gobierno francés le ha conferido al Sr. Marcel Marceau sus más grandes honores: "Officier de la Légion d'Honneur", "Commandeur des Arts et Lettres", y "Grand Officier de l'Ordre National du Mérite". El ha sido elegido miembro de la Academia de Artes en Berlin, de la Academia de Artes en Munich, y es miembro del prestigioso Instituto de Francia. Su Escuela Internacional de Mimodrama de Paris, la cual ofrece dos años de curriculum, ha sido subsidiada por la Ciudad de París desde 1978.

El Sr. Marceau tiene doctorados honorarios de la Universidad de Princeton , de la Universidad del Estado de Ohio, del "Linfield College", y de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. De esta manera América honra a Marcel Marceau por la creación de una forma nueva de arte, heredada de una antigua tradición.
Falleció el sábado 22 de septiembre del 2007 a la edad de 84 años, por muerte natural en su cama durante la noche. Su muerte fue difundida al día siguiente.

La libertad de amar como índice de salud democrática

Adrián Liberman L*

Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis decía que el objetivo del psicoanálisis consistía en devolver a los pacientes su capacidad de trabajar y de amar. Con esta frase, se colocaba en el proscenio de las metas terapéuticas la vida social, en términos de producción, en el mismo rango que la vida amorosa.

Hoy en día, sabemos que el amor tiene muchas caras y facetas. Hemos ido ganando comprensión en los avatares implicados en constituirse como hombre y mujer y en las tareas psíquicas que ello demanda. Y uno de los aspectos capitales con los que contamos hoy en día es la comprensión de que una cosa es la identidad de género y otra cosa es la elección de objeto. Sabemos que un asunto es que una persona se asuma como hombre o como mujer y otra es sobre que tipo de persona recaen sus elecciones de pareja. De esta manera un hombre puede escoger a una mujer, pero también puede hacer una elección sobre alguien de su mismo género. Otro tanto vale para el caso de las mujeres. Hace rato ya que la heterosexualidad no es un resultado invariable y que la homosexualidad no implica ninguna patología en sí misma. Las elecciones son producto de las historias individuales, de complejos mecanismos inconcientes en los cuales ningún resultado es mejor que otro.

Sin embargo, socialmente, aún estamos muy lejos de entender la amplia gama de matices que la diversidad sexual implica. Aún el colectivo se maneja en una lógica de todo o nada, dentro de la cual se atribuye a las elecciones distintas a la de la heterosexualidad una gran variedad de rasgos psicopatológicos. Dentro de estas deformaciones, se considera a la homosexualidad una perversión, y a aquellos cuya identidad psíquica no coincide con su identidad somática (los transgéneros) el ser portadores de severos trastornos emocionales.

Dentro de este panorama, los movimientos GLBT han ido desplegando una continuada serie de acciones que tiendan a modificar estas percepciones, la mayor parte de ellas simples prejuicios sin asidero real. Han luchado por que la sociedad como conglomerado vaya quitándole la connotación de psicopatología que sus elecciones tienen. Protestan por validar sus estilos de vida, sus derechos a no ser perseguidos ni laboral ni académicamente y por sentirse ciudadanos de pleno derecho.

Pelean también porque sus uniones tengan rango y estatuto legal y porque puedan adoptar niños cuando lo deseen. Este último aspecto es particularmente urticante, en cuanto a la respuesta recibida por las instituciones del Estado. En un país con tanto niño abusado y abandonado, los encargados de asignar las adopciones se rigen por un modelo de familia tradicional, privando a muchos niños de la posibilidad de ser criados por parejas bien avenidas y dispuestas a brindar cariño y protección. Se parte de la idea, errada, que la heterosexualidad funciona como garantía de amor y de estructura que garantice la adaptación del huérfano a la matriz social. En mi experiencia clínica y personal, conozco muchas parejas homosexuales que son un modelo de amor, concernimiento y estabilidad, en total contradicción a lo anterior. También conozco parejas heterosexuales totalmente ineptas para amarse o cuidar de otros.

Pero más allá de esto, la lucha de los GLBT se inscribe dentro de las necesidades que tenemos como país de evolucionar hacia formas realmente democráticas de vinculación y gobierno.

La lucha de estas personas tiene que ver con la asunción por parte del país y su administración, de la diversidad como un hecho innegable de la naturaleza humana. Por la validación de la existencia de los matices, los grados que nos hacen distintos y al mismo tiempo iguales a los ojos de la ley. A que no se siga perpetrando el enorme error de confundir diferencia con desigualdad. La primera es un hecho psíquico, un aspecto inevitable de la individualidad. La segunda es una consecuencia de los sistemas sociales y económicos que hemos concebido.
La reivindicación de los GLBT pone el acento en que no puede haber formas lícitas e ilícitas de amarse. El amor como expresión de los deseos humanos es contingente, no está predeterminado mecánicamente. Es la potestad de los humanos el resignificarlo y que no esté limitado a los aspectos somáticos o a la herencia biológica.

La tendencia, para mí inevitable y deseable, que asumamos el amor como diverso es un índice de salud democrática. De nada sirve que nos dotemos de instrumentos jurídicos de avanzada, como las diferentes constituciones, si discriminamos a alguien por las elecciones amorosas que hace. Insisto en que ningún argumento que plantee la diversidad sexual como una señal del grado de salud o enfermedad de alguien puede sostenerse.

Un sistema político verdaderamente inclusivo, que aborrezca las exclusiones, no puede hacerse sin tomar en cuenta la libertad amorosa. Es justamente en esta diversidad, entendida como libertad de expresión que reside la esperanza de poder pensarnos distintos, y hasta mejores de lo que somos.

La libertad amorosa, como un derecho consagrado no es un asunto accesorio, sino que está imbricado en la médula de los derechos fundamentales de los seres humanos.

En la lucha por la igualdad de derechos, dentro de la diversidad sexual, está implicada la posibilidad que realmente hagamos de esta tierra un lugar de bienestar y esperanza para todos.

*Adrián Liberman, psicólogo clínico-psicoanalista, profesor de postgrado en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Católica “Andrés Bello", ensayista, columnista de prensa.

Tomado de www.aladecuervo.com

Elegir la vida

" Humanidades hoy en América Latina".

Lección inaugural de Leonardo Boff en la Universidad de Costa Rica.

Para mí es un honor dictar esta conferencia en el contexto de la apertura de los cursos de Estudios Generales de esta Universidad.

Conozco muchas universidades en el mundo, sea en Oriente, sea en Occidente, pero en ninguna de ellas he sentido tanta consistencia y coherencia como con los Estudios Generales de esta Universidad.
En abril empezaré un semestre como profesor visitante en Estudios Generales de la Universidad de Munich donde estudié, pero son clases puntuales por un semestre.

Aquí es algo permanente y continuo que tiene como consecuencia crear una visión humanista del mundo, una perspectiva muy importante de la realidad porque va a significar un nivel más alto de la población en su condición ciudadana, su cuota de la historia que aquí se hace, los retos que vienen de la realidad.
Quiero reconocer este esfuerzo que hace la Universidad de Costa Rica.

El tema es “Las humanidades hoy en América Latina”. Voy a tratar de alargar el tema, porque hoy América Latina es una pequeña provincia del gran complejo sistema de La Tierra.

Y como todos sabemos, hoy la sociedad mundial está en el ojo de una inmensa crisis de civilización, una crisis de sentido y de falta de rumbo histórico. No sabemos hacia dónde vamos y somos entregados a un sistema económico que absorbió lo político y que hace de todo mercancía: desde el sexo hasta la Santísima Trinidad, con todo se puede ganar dinero.

Y todo eso se rige por la competencia y no por la cooperación. Por eso hay tantos millones y millones de marginados y de excluidos.

Yo veo dos pensadores trascendentales que nos ayudan a entender este momento histórico que son Max Weber y Frederick Nietzsche, que han intuido la raíz de la crisis que sufrimos, pero que empezó mucho antes.

Max Weber mostró que la sociedad moderna se construye sobre el pensamiento funcionalista, sobre la burocracia, sobre la secularización que ha producido el desencantamiento del mundo.
Vivimos desencantados: desencantados con el mundo, desencantados con la política, desencantados con nuestras personalidades políticas, desencantados con Bush, desencantados incluso con Lula y no en último lugar, desencantados con Ronaldinho y Ronaldo, que nos han avergonzado en el último Campeonato Mundial. Vivimos en la era del desencanto y ¿cómo reencantar a la humanidad?

Nietzsche nos trae otro elemento que es la muerte de Dios. No es que Dios murió, porque un Dios que muere no es Dios. Es que nosotros hemos matado a Dios, nos dice Nietzsche. ¿Qué significa esto? Que Dios no tiene relevancia social, no se construye cohesión alrededor de la idea de trascendencia de Dios. Y por eso vivimos en el desamparo existencial.

Ese anuncio de Nietzsche que Dios murió tiene consecuencias graves porque ha creado una desaparición del horizonte utópico de la humanidad. Por millares de años, la humanidad encontraba en las religiones una referencia trascendente, la razón para estar juntos, para crear una comunidad y la cohesión social. Ahora eso ya no funciona. Eso no significa que impera el ateísmo, porque lo que se opone a la religión no es el ateísmo. Lo que se opone a la religión es la ruptura, la falta de un lazo que ligue y religue todas las cosas. Y hoy vivimos colectivamente rotos desde dentro y desamparados.

Es en ese contexto hay que entender la gravedad de la crisis actual, que tiene un agravante muy importante, porque hasta hoy se decía, vamos al encuentro de una gran crisis civilizacional, crisis del sistema de la vida, crisis del sistema de La Tierra.

Un hecho importantísimo que para mí significa una ruptura en la conciencia colectiva de la humanidad. En los primeros días de febrero de este año en París, cuando el Panel Intergubernamental de los Cambios Climáticos que involucra a más de 2000 científicos de la ONU, nos ha dado los datos reales de la situación de La Tierra. Que estamos ya dentro de un cambio irrefrenable de La Tierra, que La Tierra va a calentarse entre 1,8 hasta 4 y en algunos sitios 6,4 grados Celsius y que eso va a significar en los próximos 30 o 40 años inmensas devastaciones en el sistema de la vida. Millones de personas pueden desaparecer.

Según James Lovelock, el formulador de la Teoría Gaia de La Tierra como súper organismo vivo que acaba de lanzar el libro La venganza de Gaia, hasta el año 2050 o 2060 -tal vez sea exagerado, pero tiene autoridad para decirlo- puede desaparecer cerca del 80% de la humanidad. Y cuando ha estado en Brasil en octubre dijo: Brasil que ha tenido el privilegio de tener tanto sol, será su desgracia, prácticamente contará con dos tercios del país inhabitables por exceso de calor y habrá una sabanización acelerada porque la Amazonia no aguanta esos niveles de calentamiento.

Esta realidad nos hace pensar. No basta solamente, como sugiere el documento de esos científicos, adaptarse a la nueva realidad, ni es suficiente aminorar los efectos dañinos del calentamiento global, sino que hay que ir a algo más profundo: hay que refundar el sentido de la vida, hay que recrear una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo sentido más amplio de nuestro pasar por este mundo, de nuestra coexistencia como seres humanos, para hacer que la Tierra, la humanidad, puedan, sigan teniendo futuro.

A la desesperación y al desencantamiento yo creo que hay que contrarrestarlos con motivos que nos hagan descubrir razones para seguir viviendo, con cambios, con adaptaciones, pero desde un nuevo paradigma de civilización.

La cuestión de fondo es, ¿cómo salir de esta crisis?

Si la crisis es global, la solución también tiene que ser global. Y para eso hay que mirar lejos hacia atrás, mirar lejos hacia delante y mirar lejos hacia arriba, porque cuando entramos en crisis nos planteamos las cuestiones más fundamentales: quiénes somos nosotros, de dónde venimos, hacia dónde vamos, cuál es nuestro lugar en el conjunto de los seres de la naturaleza, cuál es nuestra misión en este mundo.

En momentos de crisis esas son las cuestiones básicas que hay que contestar, personalmente cada uno y colectivamente las comunidades humanas, la humanidad que se encuentra globalizada.

Tenemos que crear una especie de viático mínimo para poder caminar y dar sentido a nuestra existencia, bajo estas amenazas que pesan sobre nosotros.

Yo quiero hablar acerca de mirar lejos hacia atrás, ¿de dónde venimos? Yo veo que el ser humano tiene por lo menos cuatro enraizamientos: cósmico, biológico, histórico-cultural y personal.

Todos nosotros venimos de una inmensa deflagración que ocurrió hace 13,7 mil millones de años. Venimos del Big-Bang. En un primer momento estábamos todos juntos, en aquel punto mínimo cargado de energía y materia condensada que explotó, y ahí empezó el proceso de evolución.

Ese proceso se va expandiendo, creando las grandes estrellas rojas, dentro de las cuales se formaron todos los elementos físico-químicos que constituyen nuestra realidad, que es la realidad de todo el universo.

Nosotros somos seres cósmicos por eso, porque tras el famoso isomorfismo del universo, tenemos los mismos elementos constituyentes. Somos hijos de ese inmenso proceso, cargamos en nuestra piel y en nuestro cuerpo todos esos elementos. También cargamos las cuatro energías fundamentales que sustentan el universo y a cada uno de nosotros, que son la energía gravitacional, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte. Somos seres cósmicos y tenemos una dimensión cósmica que no hay que negar. No tenemos que sentir vergüenza de pertenecer a una realidad que nos desborda por todas partes.

Pero somos también seres vivos. Hace 3,8 mil millones de años irrumpió la vida desde una complejidad enorme del proceso de evolución. La vida es un capítulo de la evolución cósmica y la vida humana es un subcapítulo del capítulo de la evolución cósmica. Cuando se realizó una complejidad más alta, irrumpió la vida humana.

Cuando hace 5 o 6 millones de años, nuestros ancestros antropoides salían a recolectar alimentos y a cazar para comer, no comían como hacían los animales para sí, sino que lo traían todo para el grupo y lo repartían fraternalmente y cooperativamente entre ellos. Ese gesto de cooperación es fundador de la humanidad. Permitió el salto de la animalidad a la humanidad. Por eso es que la cooperación, la solidaridad, la interdependencia de unos y otros no es una ley entre otras; es la ley fundamental del universo y de la vida humana.

Por eso es tan perverso el capitalismo que pone todo el acento en el individuo, en la competencia y no en la cooperación. Somos seres vivos, mejor dicho somos mamíferos vivos, mamíferos conscientes. ¿Por qué mamíferos? Porque hace 125 millones de años, cuando emergieron los mamíferos, emergió algo único que no había antes en la historia: nació el afecto, el cuidado, el cariño, el amor que cada mamífero tiene por sus crías.

Nosotros venimos de esta tradición, somos seres de cuidado, seres de sensibilidad, sensibilidad que hace falta en el mundo de hoy.

Cuando en 1952 James D. Watson y Francis H. C. Crick, han decodificado el código genético, han hecho un hallazgo que es único en la historia de la ciencia: se han dado cuenta que todos los seres vivos, desde la bacteria más originaria hasta los animales más grandes como los dinosaurios, pasando por los colibríes y llegando a nosotros, todos los seres vivos tienen fundamentalmente el mismo código genético, tienen los mismos 20 aminoácidos y las mismas cuatro bases fosfatales. Eso significa que todos los seres vivos son parientes, son hermanos y hermanas, son primos entre ellos, constituyen la gran comunidad de vida y nosotros somos una parte de esa comunidad de vida. Lo que Francisco de Asís no intuía en su mística cósmica cuando llamaba al hermano sol y hermana luna, y hermanos y hermanas al pájaro, al gusano que intenta cruzar el camino. A todos ellos los llamaba con la dulce palabra de hermanos y hermanas. Él intuía algo que para nosotros es una experiencia empírica-científica, somos de hecho hermanos y hermanas.

Entonces el ser humano tiene esa ancestralidad junto a otros seres vivos.

Somos seres cósmicos, somos seres vivos, pero también somos seres culturales-históricos.

Todos los vivientes tienen órganos especializados que les garantizan la supervivencia y la vida, el ser humano no; biológicamente es un ser defraudado, no tenemos ningún órgano especializado.

Tenemos que intervenir la naturaleza. Tenemos que crear nuestro hábitat, nuestro hogar. Y estamos obligados a hacer cultura, a hacer historia, a intervenir la realidad, crear el ámbito que protege nuestras vidas y defiende nuestra existencia. La acumulación de esas intervenciones significa la cultura y la historia. Nosotros somos seres culturales.

La evolución posiblemente jamás iba a producir este micrófono o esas luces eléctricas, pero a través del ser humano ha producido una cultura, la tecnología, sin las cuales nosotros no tendríamos condiciones de supervivencia. Lo ha hecho de mil formas diferentes, por eso hay tantas culturas, tanta diversidad de expresiones humanas. Podemos ser humanos de mil formas diferentes: podemos serlo como latinoamericanos, como guaraníes, como yanomamis, como chinos, como hindúes. Mil formas de estar presentes y de organizar el mundo, y mostrar la capacidad inagotable del capital del ser humano.

Somos seres cósmicos, seres biológicos, seres culturales, pero también somos seres con la última irreductibilidad, que es la historia personal de cada uno. Cada uno es irrepetible en el universo, cada uno es uno y único. Por eso en cada persona humana, hombre o mujer, de alguna manera culmina el proceso de evolución, porque tenemos capacidad de decidir, de plasmar nuestro futuro. Por más condicionantes que tengamos, y más presiones que suframos de todas partes, hay un punto de decisión: cada persona tiene su singularidad, que el gran filósofo franciscano medieval Juan Dun’s Escoto llamaba la “exeitas”, la “extidad”. Este ser humano aquí es irrepetible, es único en la historia pasada, será único en la historia futura. Pero él tiene algo de sagrado, de único, porque es un proyecto infinito, que por su libertad puede dar un destino a su vida, feliz o infeliz, realizada o frustrada, desde el momento único de constitución de nuestra individualidad, de nuestra personalidad. Y eso hay que reconocerlo como un dato filosófico, ontológico, es decir irreductible del ser humano. Cada uno es único y tiene su destino y es responsable por ese destino, cada uno tiene la capacidad de ejercer su libertad como decisión, es decir, algo que pone una realidad nueva en la historia.

Si queremos salir de la crisis hay que mirar lejos hacia atrás. Hemos pasado tantos millones de años y hemos llegado aquí. ¿Cómo va el camino hacia delante? Hay que mirar lejos hacia delante.
Yo creo que tenemos cuatro retos fundamentales para el futuro que nos toca vivir.

PRIMERO. De cara a la crisis y al clamor ecológico, hay que garantizar el futuro de La Tierra, y ese futuro no está garantizado. Ese gran cosmólogo y científico, Carl Sagan, dijo en su testamento: las fuerzas directivas del universo ya no pueden garantizar el futuro de La Tierra, porque la hemos agredido y explotado a tal punto que ha sobrepasado el 25 por ciento de su capacidad de regeneración. Si queremos garantizar el futuro de La Tierra tenemos que poner un alto político, tenemos que querer que la tierra tenga futuro. Y es lo que nos piden los últimos datos que nos vienen de la ciencia de La Tierra de la ecología: tenemos que actuar porque si no actuamos en un espacio limitado de tiempo, vamos hacia la devastación.

Incorporar la visión que los astronautas nos hay transmitido de La Tierra, que desde sus naves espaciales, mirando desde sus ventanas decían, La Tierra es pequeña, cabe en la palma de mi mano, puedo esconderla por detrás de mi pulgar. Ahí en esa Tierra está todo lo que sagrado, venerado, amado: mi familia, mis hijos, mi patria. Tenemos que incorporar esa visión, que es un planeta pequeño, el tercero del sistema solar. Un sol vagabundo de quinta categoría, que está a 27 mil kilómetros del centro de nuestra galaxia, al interior de la espiral de Orión. Galaxia nuestra que es mediana, pequeña, entre cien mil millones de otras galaxias. Ahí está nuestra Tierra, pequeñísima, un pálido punto azul, pero ahí estamos nosotros. El universo entero caminó para que llegáramos a este punto y hablar de esas cosas todos. Si hubiera otros cambios y otras relaciones, no estaríamos aquí para hablar de todo esto.

Esta cosa pequeña, que los astronautas dicen muchas veces que desde las naves no hay diferencia entre tierra y humanidad. Es la misma gran unidad: tierra y humanidad. Por eso entendemos a ese gran cantante argentino indígena, Atahualpa Yupanqui, decía que la tierra y el ser humano son una misma realidad, una misma cosa. El ser humano es la tierra que camina, la tierra que siente, que piensa, que ama, que cuida y hoy la tierra que entra en alarma. Nosotros somos tierra. Por eso es que hombre viene de “homo”-“humus”; la tierra fecunda, la tierra fértil. Por eso es que Adán significa Hijo de Adamá, la tierra madre, la tierra buena.

Somos seres terrenales. Somos la misma tierra que en el momento de su evolución empezó a sentir, amar, pensar. Por eso no podemos negar nuestras raíces terrenales. Y esta tierra puede sucumbir debido a la irresponsabilidad sistemática de los seres humanos.

Nuestra civilización hace ya trescientos años que se ha propuesto a esta insania; explotar en forma sistemática, continuada, todos los recursos de la tierra. El suelo, subsuelo, el aire. Esa tierra ya no aguanta, está bajo un “estrés” terrible y nosotros tenemos que garantizar el futuro de La Tierra.

Como decía el profesor Ángel Ocampo: “debemos cuidar de La Tierra, porque ella pertenece a nuestros hijos e hijas, pertenece a nuestros nietos y nietas”. Nosotros somos huéspedes de La Tierra y por amor a aquellos que todavía no han nacido, debemos aprender a amar lo invisible, respetar y cuidar de La Tierra. Porque ellos tienen derecho de habitarla, para que ella sea habitable, que tenga suficiente para todos, que tenga un aire respirable, que puedan pisar los suelos sin contaminarse.

El gran reto que tenemos es cómo garantizar el futuro del sistema de La Tierra. Porque no es solamente el futuro de Costa Rica, de América Latina. No. De la totalidad, porque somos provincias y Costa Rica es una provincia bella, radiante, de este gran planeta Tierra.

SEGUNDO PUNTO. Mirando hacia delante y mirando lejos, es garantizar la supervivencia de la humanidad. Y eso no es poco, porque de nuevo en nuestra insania hemos construido una máquina de muerte, con armas biológicas, químicas y nucleares que pueden destruir de 25 formas diferentes toda la humanidad, sin dejar ningún superviviente; eso ha creado el ser humano. Y hace poco en Le Monde Diplomatique, se daban estos datos: el 70 por ciento de la inteligencia mundial está metida en proyectos militares, en proyectos de guerra. Solamente una humanidad insana, solamente universidades que no tienen estudios generales, humanistas, como tiene esta Universidad, puede llegar a esta expresión de la demencia; alimentar la máquina de muerte.

En uno de los encuentros en que participé sobre derechos humanos con Gorbachov, él decía que hoy por hoy se venden y se construyen más armas de muerte que en los tiempos de la Guerra Fría. Porque la construcción de armas exige inmensas inversiones de capital, investigación científica de punta; es el más grande mercado mundial junto con el mercado de las drogas.

Hay que garantizar la supervivencia de la humanidad que no está garantizada. La cultura de la guerra hay que contrarrestarla con la cultura de la paz. A los héroes militares hay que contraponer los héroes de la paz, del amor a la humanidad, los que han servido a las causas buenas de la humanidad.

TERCER RETO. Garantizar la unidad de la familia humana, porque el gran riesgo hoy es hacer la bifurcación de la familia humana. Por una parte aquellos que tienen acceso a todos los medios de vida, que pueden eventualmente vivir hasta 130 años, porque es la edad de nuestras células, y eso es solamente para 1,6 mil millones de personas. Pero ocurre que nosotros somos 6,5 mil millones de personas. La otra parte de la humanidad vive como en la tradición, muriendo con 50 o 60 años; no es como aquí en Costa Rica donde las personas superan los 70 años. En Brasil yo estaría ya muerto, porque tengo 68 años, y la edad media es de 64 años. Yo estaría vencido por la usura del tiempo.

Entonces, ¿como mantener la unidad, la no bifurcación de la vida humana? Porque los ideales de igualdad, de unión, son muy débiles en la historia de la humanidad; es una historia de enfrentamientos y guerras.

El gran riesgo es que ya no nos consideremos como semejantes, sino como desiguales, como diferentes, de otra especie que no sea la especie humana. Por eso es que los serbios castraban a los musulmanes de Yugoslavia. Por eso podemos torturarlos, matarlos, sin ofender la carta de los derechos humanos, porque ellos “no son humanos”. Tantos piensan así ahora.

Y ese filósofo Richard Rorty, de los Estados Unidos, que escribió un bellísimo artículo sobre cómo la degradación de la cultura hace que nosotros no seamos solamente diferentes, sino que seamos tratados como desiguales, de otra especie que no sea la especie humano. Cómo mantener la familia humana sentada alrededor de la mesa, disfrutando de la generosidad de la naturaleza, en casa como hermanos y hermanas.

CUARTO RETO. Cómo garantizar la singularidad, la identidad de América Latina, de Costa Rica, porque el proceso de globalización a nivel cultural es una especie “hamburguerización” del mundo, de uniformación de hábitos, de música, de visiones del mundo. Sería una desgracia que en la naturaleza hubiera solamente cucarachas para desesperación de las mujeres, o solamente escorpiones para desesperación de los hombres. Lo importante es la biodiversidad. Cuántos más árboles, pájaros, peces mejor; porque la interdependencia de todos con todos hace que tengan futuro, que puedan sobrevivir. Entonces tenemos que defender la biodiversidad. Una parte de la globalización como la etapa nueva, la etapa planetaria de la humanidad.

Que los pueblos que estaban perdidos por ahí en sus regiones, se encuentran todos juntos, se encuentran en un único lugar que es el planeta Tierra como casa común. Pero traen la riqueza de sus experiencias históricas, de sus identidades nacionales, de sus experiencias espirituales, de su cultura, de su música; todo eso revela la riqueza. Cómo hacer el capital más grande. Inagotable es el capital humano que todavía no fue desarrollado plenamente, porque somos un proyecto infinito. Yo veo ahí que hay que preservar y ofrecer a la humanidad este inmenso ensayo civilizatorio de magnitud histórica que hemos hecho aquí en América Latina.

Solamente a mi país vinieron representantes de 60 etnias, naciones y pueblos diferentes. De cada país de América Latina se puede decir lo mismo. De todas las partes del mundo vinieron inmigrantes que han constituido nuestros pueblos. Cómo guardar ese ensayo civilizatorio exitoso, porque con algunas excepciones, tenemos la convivencia en las diversidades, la aceptación de unos y otros.

Segundo, en este continente esta la más grande biodiversidad de planeta. “La Pacha Mama”, la madre tierra, fue muy generosa en nuestro continente. Somos el continente más desigual de la tierra; más que África. África es más pobre, pero tiene más igualdad. Y a pesar de eso tenemos una riqueza de biodiversidad fantástica, porque aquí está la mayor superabundancia de agua dulce, que será dentro de poco el bien más escaso de la naturaleza. Aquí en América Latina tenemos más del 24% de toda el agua dulce del mundo, asequible al consumo humano. Aquí tenemos la más grande biodiversidad del planeta. Solamente en un espacio similar a un campo de fútbol, la flora y la fauna amazónica tiene más animales y especies vegetales que toda Europa junta. Esta es una propulsión fantástica del misterio de la vida.
Aquí en América Latina está el regulador del clima de todo el planeta. Los países amazónicos con las forestas húmedas que regulan todo el clima del planeta. El futuro de la humanidad en términos ecológicos, pasa por América Latina. Tenemos una responsabilidad inmensa de cuidar esas forestas de las partes verdes.

Tenemos que rescatar nuestro pasado, las grandes sabidurías de los pueblos originarios, aztecas, incas, mayas quechuas, misquitos, y tantas culturas que aquí tenemos, de mucha sabiduría, con saber ecológico que debe ser preservado y continuamente revisado. Tenemos que superar el presente con tantas desigualdades y preparar el futuro para que América Latina pueda ofrecer lo que tiene no solo para su beneficio sino para la humanidad.

VOY LLEGANDO AL FINAL. Necesitamos mirar lejos hacia arriba. Miramos lejos hacia atrás y hacia delante, pero ahora hay que mirar hacia arriba que es la otra dimensión del ser humano.
Yo creo que hay que desarrollar una visión espiritual del mundo, como la manera más corta, más inmediata de encontrar una solución. Cuando yo hablo de encontrar una visión espiritual del mundo, no estoy hablando de una visión religiosa del mundo. Las religiones no tienen el monopolio de la espiritualidad. La espiritualidad es la dimensión de lo humano. Tenemos el cuerpo y somos parte del cosmos. Tenemos una psique que es parte de toda la vida interior de todos los seres vivos. Pero tenemos también el espíritu, que es aquel momento de la conciencia por el cual nos sentimos parte de un todo, que nos desborda por todas partes. Por el espíritu captamos que las cosas no están puestas una al lado de la otra, sino que todo forma un inmenso sistema. Forma un cosmos ordenado. Que hay un velo que liga y re-liga todas las cosas, que el universo tiene un mensaje que decirnos la majestad de las estrellas, la grandeza de la complejidad, que todas las cosas tienen su otro lado, su dimensión que nos habla que el ser humano es aquel que puede escuchar, descifrar los mensajes que vienen de la realidad, que puede escuchar su propio corazón y los llamados a la generosidad a la compasión, al amor, al cuidado por todo lo que vive y existe, porque lo que existe merece existir, y todo lo que vive merece vivir.

Esa dimensión de la espiritualidad subyace en todas las iniciativas y alternativas posibles, en términos de paradigma, de esa civilización que nos ha llevado a esa crisis mundial. Porque mirar hacia arriba nos hace mirar una percepción nueva del ser, de la última realidad, y del ser humano portador de esa realidad. Necesitamos una espiritualidad.

Como decía el gran teólogo del siglo pasado, Karl Rahner, el siglo XXI será un siglo de espiritualidad, o no será. Espiritualidad en ese sentido profundo del ser humano, que es capaz de vivir, aceptar, elaborar valores que no sean esos materiales del consumo, del utilitarismo, sino valores de la gratuidad, del amor, la amistad, y de la compasión de cara a los que sufren, de cuidado de la tierra y de nuestra vida y nuestro futuro.

Quiero terminar con el texto de las escrituras judaico-cristianas. En un momento habla Dios así: “Hoy tomo el cielo y la tierra como testigo, yo les pongo la vida y la muerte, la bendición o la maldición. Elijan la vida para que tú y tus descendientes puedan vivir. Elijan la vida”.

Nosotros hemos elegido la vida y estoy seguro que todos ustedes también han elegido la vida.

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MI LUCHA CONTRA EL MACHISMO

Jorge Luis Ramírez

Qué es el machismo, de dónde viene, es genético, o un aporte social, porqué cuesta tanto ser consciente de que se padece, en realidad es tan malo? Estas y muchas preguntas más se pueden hacer del machismo. Pero por ahora quiero concentrarme en la primera.

¿Qué es Machismo?

Para contestar esta pregunta tenemos primero que ver los síntomas o el tipo de manifestaciones externas que se dan, para luego ir a encontrarnos con la raíz.
Uno de los síntomas o actitudes más predominantes del machista es su tendencia a no asumir responsabilidad, a echarle la culpa a otros. Y además lo hace con un nivel de violencia. Es típico de los machistas gritar a familiares, aún en lugares públicos, asumiéndo que se ven forzados a hacerlo. El machista asume que él es superior a quienes le rodean, sobre todo si se trata de mujeres, niños, homosexuales, y afeminados, u hombres que sean más tímidos. Los comentarios irrespetuosos también son típicos de los machistas, así como las bromas ofensivas, chistes groseros, la agresión sicológica es un padecimiento de la gran población, que muchas veces es acompañada por agresiones fisicas, y sexuales. La ridiculización es otra manera en que el machista maltrata y crea complejos hasta en sus propios hijos, que crecen inseguros y con un frágil autoestima.
El machista es misógeno por naturaleza, lo asusta y lo ofende todo lo que sea femenino. No expresa sentimientos, llorar, ternura, lo poético, lo suave, lo amable. El machista está forzado a permanecer aislado, por temor a que su familia, amigos y compañeros de trabajo puedan ver en él una debilidad. El macho debe ser siempre más que todos, más fuerte, más grande, aguantar más, licor, mujeres, horas de trabajo, etc. Es un ser muy competitivo.

Entonces ¿qué es el machismo?

El machismo es la creencia de un hombre en que él es superior, y en que él posee el derecho a ser servido. Tal vez, y lo digo por experiencia propia, es algo más profundo que una creencia. Más bien es su mismo ser, es decir, es su naturaleza básica, su identidad.
Esto es algo muy grave, por varias razones:
• Cuando un hombre cree que el superior a otros asume que todo el mundo le debe.
• Esto a su vez le impide cuestionarse, crecer, asumir responsabilidades
• No puede ver la necesidad de crear vínculos
• Le castra sus capacidades humanas para relacionarse, para madurar, y para convertirse en un ser pleno en todas sus capacidades.

En vez de esto el machismo nos mantiene enanos, subdesarrollados, incapaces de crecer.

¿De dónde viene el machismo?
El machismo viene desde antes de nacer, y no es genético. Es la suma de una serie de elogios y sensaciones de orgullo que siente la madre al saber que tiene un hijo varón en su vientre. Y si es primogénito, estas impresiones en el incosciente del feto son todavía más fuertes.
La sociedad entera entra en una celebración, que recibe el feto antes de nacer, desde el padre, los abuelos, y amigos de la pareja, cuando se sabe que un niño va a nacer.
Una vez que nace, la madre lo protege y hace todo lo posible para que aquel niño, tan especial, siempre tenga todo lo necesario para salir adelante. Esto es algo cultural, y ninguna madre lo hace pensando en hacerle un daño a su hijo, de hecho ella y todo el mundo piensan lo contrario. Enseñándole de alguna manera que efectivamente es superior, a sus hermanas, y otros hermanos. El siempre será el privilegiado, el que deberá estudiar, ser mejor que su papá, o su familia, casi se espera de él que saque al la familia de la situación adversa en que se encuentra. O si no, están en una situación económica adversa, se espera de él que herede los negocios de su padre, o de la familia. Todo esto es impuesto, no se toma en cuenta los deseos personales del niño, ni del adolescente.
El padre de los machistas es también machista, y aunque no sea un hijo primogénito, encuentra con otros hermanos, amigos, y familiares la entrada a esa clase especial de los hombres.
Y hay muchas maneras de llegar a ganarse la entrada a estos grupos de machos: peleando, tomando licor, demostrando tener poder sobre las mujeres, o sobre afeminados. Ganando dinero abundante, ya que el dinero da poder sobre otros, y otras.

La madre es la influencia más fuerte en la creación de un machista. Y como lo aclaré anteriormente, esto es un patrón cultural. Los hombres son fuerza de trabajo, cuando niños y adolescentes para su familia, y luego cuando forman su propia familia será el proveedor. De allí que este rol es un factor determinante en el proceso educacional del hombre. Las niñas por el contrario, van a trabajar en sus casas, criando sus hijos, o en algún trabajo fuera de la casa, que será mal pagado, condicionando su subsistencia a estar unida a un hombre que si puede ganar lo suficiente.
El hombre por lo tanto, goza de un status especial, ya que a él le toca enfrentar el mundo, luchar por su subsistencia y la de los suyos. Y en esta lucha él deberá ser fuerte, valiente, inteligente y astuto, no mostrar sentimientos, deberá ser un gladiador en la arena, donde los débiles fracasan.

El padre, machista en sí mismo, siente celos de su hijo, ya que roba la atención de su mujer. El padre machista elige un patrón de trato violento contra su propio(s) hijo(s), ya que compiten por la atención de la madre.
Recién casados, eran solo ellos dos, ella cocinaba, lavaba la ropa, y hacía todas esas cosas “tontas” que hacen las mujeres. Y si no las hace ella, pues ella contrata alguien que lo haga por ella, y ella organiza todo para que “El Rey” de la casa esté contento. Ella también aprende de su suegra cómo es que a él le gustan la cosas. Cómo le gusta que le cocinen, que le queden las camisas, etc.
Pero una vez que llegan los hijos, la madre ya no tiene el tiempo que tenía para él, pasándolo a un segundo lugar. Y empiezan los pleitos y los golpes porque ya no tienen la atención absoluta de sus parejas que les complacían en todo como ellos lo merecen (después de tanto trabajo).
Por dicha están las compañeras de trabajo, los night clubs, o las viejas amigas de la juventud. Ellas son los paños de lágrimas de todos estos hombres que trabajan tanto, y que llegan a casa cansados para encontrarse con una mujer fría, cansada, y que se pone un buzo para dormir. Y ellas, que comprenden aquellos hombres, les dan el cariño que tanto necesitan, porque ellas en sus propias relaciones pasaron por las mismas situaciones. Cuando ellas estaban cansadas de hacerse cargo del hogar, y trabajar, llegaban sus parejas y les gritaban, o insultaban, y eran solo pleitos y golpes. Y ellas lo que necesitan es ese hombre tan bueno que la otra tonta no sabe como cuidar.

Cuando el machista crece viendo y reproduciendo el comportamiento y las actitudes machistas de sus congeneres, su padre, abuelo, tíos, y amigos, todavía más reafirma el hecho de que ser hombre y ser macho es lo mismo, y que entre más macho, más hombre.

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